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Después de cenar, Mike decide llevarme a un pub situado cerca del apartamento de Tom. Al entrar en el local, Mike se coloca detrás de mí y posa sus manos en mi cintura para guiarme hacia a la barra. Pedimos un par de copas al camarero y cuando nos las sirve Mike coloca su brazo alrededor de mi cintura y me guía hasta uno de los sofás libres de la zona chill-out de la terraza.

–  ¿Te gusta el local? – Me pregunta Mike.

–  Sí, es fantástico. – Le respondo.

Y realmente lo es. Se trata de un local moderno, lleno de gente joven y elegante, con zona chill-out para escuchar la música de fondo mientras charlas y con pista de baile por si lo que quieres es mover el esqueleto.

–  ¿Milena? – Oigo una voz familiar detrás de mí. Me vuelvo y veo a Tom. – ¿Qué estás haciendo aquí?

–  ¡Tom! – Exclamo. Me levanto de un brinco y casi me caigo, pero Tom me coge al vuelo. Me temo que he bebido alguna copa de más. – Siento no haber podido ir al partido, ¿habéis ganado?

–  Por supuesto, ¿acaso lo dudabas? – Me responde divertido.

Mike se pone en pie y caigo en la cuenta de que no los he presentado.

–  Mike, éste es mi amigo Tom. Tom, él es Mike.

–  ¿Solo Mike? – Me pregunta Tom alzando una ceja con complicidad.

–  Mike Madson. – Lo saluda Mike estrechándole la mano.

–  Encantado de conocerte, Mike. – Le responde Tom. Se vuelve hacia a mí y añade antes de marcharse de nuestro lado: – Estaré por aquí, avísame si te quedas sola y regresamos juntos a casa.

–  No será necesario, yo te llevaré a casa. – Me susurra Mike al oído. – ¿Quieres bailar?

–  ¿Me estás invitando a bailar? – Pregunto sorprendida.

–  Sí, ¿tan extraño te parece?

–  No, es solo que no pensaba que fueras de los que bailan. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Mike me dedica su perfecta sonrisa y lleva a la pista de baile agarrándome por la cintura. Justo en ese mismo momento, empieza a sonar una balada de Leona Lewis y Mike me da la vuelta para quedar frente a él, coloca mis brazos alrededor de su cuello y me envuelve entre sus brazos estrechándome contra su firme y duro cuerpo.

Para mi sorpresa, descubro que es un buen bailarín y que me encanta estar entre sus brazos.

–  Milena, ¿puedo preguntarte algo? – Me susurra al oído mientras bailamos.

–  Ajá. – Logro balbucear.

–  ¿Hay o ha habido algo entre tú y tu amigo Tom?

–  Tom es mi mejor amigo, es casi como un hermano. – Le contesto sin levantar la cabeza de su hombro y sin dejar de bailar. – Nunca ha habido nada entre nosotros.

–  ¿Estás viviendo con él?

–  Sí, necesitaba un cambio de aires y Tom me ofreció mudarme a la gran ciudad. La idea era vivir en su apartamento unos meses hasta encontrar trabajo y un apartamento para mí. Ahora solo tengo que comprar algunos muebles y mudarme.

–  Avísame si necesitas ayuda para la mudanza.

–  ¿Además de bailar también haces mudanzas? – Bromeo divertida.

–  Hay muchas cosas que sé hacer y que te dejarían verdaderamente sorprendida. – Susurra con voz ronca.

–  ¿Cómo qué? – Le pregunto con fingida inocencia.

–  Tendrás que descubrirlo tú. – Me susurra divertido.

La canción termina y Mike me guía de nuevo hacia el sofá de la zona chill-out. El camarero nos trae dos copas más y Mike brinda por «su hada de la suerte». Nuestras miradas se encuentran y nuestras bocas se buscan, pero cuando estamos a punto de besarnos, una voz femenina nos interrumpe:

–  ¡Mike, qué agradable sorpresa! – La chica se le echa literalmente a los brazos y Mike pone los ojos en blanco cuando añade: – ¿No vas a presentarme a tu amiga?

–  Milena, te presento a mi hermana Kate, la cotilla de la familia. – Nos presenta Mike con tono burlón.

–  Encantada de conocerte, Milena. – Me saluda Kate dándome dos besos en las mejillas y comenta con simpatía: – Debes de ser alguien especial si has conseguido que mi hermano baile contigo.

Mi mirada se cruza con la de Mike y sale en mi ayuda:

–  No seas cotilla, Kate.

–  No lo soy, tan solo me intereso por el estirado de mi hermano. – Le replica Kate. – Te veo mañana por la noche, no lo olvides o mamá se enfadará. – Se vuelve hacia a mí y añade antes de desaparecer entre la multitud: – Espero verte de nuevo, Milena.

–  No deberías hacer enfadar a tu madre. – Le reprendo burlonamente en cuanto nos quedamos a solas.

–  Tienes razón, pero es difícil no hacerla enfadar. – Se mofa. Las luces del pub se encienden para que los clientes vayan terminando sus copas y se marchen. – Parece que es hora de marcharse, te llevaré a casa.

–  No es necesario, Tom está por aquí y puedo irme con él.

–  De eso nada, yo te llevo. – Sentencia Mike.

Veinte minutos más tarde, Mike aparca el coche frente al portal del edificio de Tom y rápidamente sale del coche para abrir la puerta del copiloto y ayudarme a salir. Me agarro a su mano y Mike tira de mí hasta ponerme en pie y quedar frente a él. Me tambaleo a causa del alcohol y me sostiene entre sus brazos antes de decirme con tono burlón:

–  Me temo que has bebido demasiado.

–  Es por tu culpa, yo no estoy acostumbrada a beber tanto. – Me excuso inocentemente.

–  Te lo compensaré, por nada del mundo quiero que mi hada de la suerte se enfade conmigo. – Me contesta divertido. Me acompaña hasta el portal del edificio y añade antes de darme un beso en la mejilla para despedirse: – Buenas noches, Milena. Te llamaré mañana.

–  Buenas noches, Mike. – Le deseo antes de entrar en el edificio.

Cuando entro en el apartamento, Tom me está esperando de pie junto a la puerta y con los brazos cruzados sobre el pecho. Está enfadado.

–  Lo sé, pero no es lo que parece. – Me defiendo.

–  ¿No es lo que parece? Porque a mí me parecía que estabas bebiendo y bailando con tu jefe de una manera demasiado íntima y que, además, te estás involucrando en algo peligroso por su culpa. – Me espeta Tom furioso. – ¿Se puede saber en qué estás pensando?

–  Ya soy mayorcita, Tom. No necesito que hagas de padre conmigo. – Le reprocho antes de encerrarme en mi habitación.

Sé que Tom tiene razón, pero estoy demasiado cansada y he bebido más de la cuenta, ahora no quiero pensar en las consecuencias, ya lo haré mañana.

Me meto en la cama y a mi mente empiezan a acudir los recuerdos del día con Mike, en especial el casi beso que ha interrumpido su hermana Kate. Sé que Mike hubiera preferido besarme en los labios cuando se ha despedido, lo he visto en sus ojos. Pero finalmente ha decidido besarme en la mejilla, desearme las buenas noches y marcharse.

Me quedo dormida pocos minutos después y mi imaginación me hace soñar con él.

A la mañana siguiente cuando me levanto, descubro que Tom se ha marchado. Me ha dejado una nota en la que me informa que pasará el día fuera y no regresará hasta la hora de cenar.