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Después de comer, Mike, Joe y yo regresamos al despacho. Mike pone a Joe al corriente de la situación y entre los tres decidimos organizar una nueva investigación. Para empezar, les pido que me enseñen los documentos que Jesse, la esposa de Erik, encontró sobre lo que su marido descubrió de Albert Fontaine y del pasaporte ruso que encontró y fotocopió de Andrey Ivanov.

–  Mike ha reconocido a Albert Fontaine como Andrey Ivanov en la foto de su expediente. – Le digo a Joe dejando a un lado mi enfado por su trato anterior. – Tú también conociste a Albert Fontaine y me gustaría que vieras a Andrey Ivanov y me confirmases que es la misma persona. – Me vuelvo hacia a Mike y añado: – No significa que no me fíe de ti ni de tu criterio, tan solo quiero contrastar todos los puntos para evitar cualquier mínimo error.

–  Adelante. – Concede Mike con complicidad.

Joe mira detenidamente la fotografía del expediente de Andrey Ivanov en la pantalla del ordenador portátil y finalmente dice:

–  Es él, no tengo ninguna duda.

–  Bien. – Asiento con la cabeza. – Quiero revisar los documentos que encontró la mujer de Erik y pediré un informe sobre Andrey Ivanov. – Les miro a los ojos y les advierto: – Mientras tanto, no quiero que juguéis a los detectives por vuestra cuenta, ¿de acuerdo?

–  ¿No tienes toda la información que necesitas en el expediente? – Me pregunta Joe sin poder ocultar su tono de desconfianza.

–  Joe. – Le advierte Mike severamente.

Me armo de paciencia y, ocultando mis ganas de sacarle los ojos a Joe, le respondo:

–  En su expediente tan solo constan los datos oficiales como los colegios a los que ha asistido, los antecedentes penales, las propiedades que posee y algunos vínculos familiares. Necesitamos otra clase de información para llegar hasta a él. Andrey Ivanov es un tipo con recursos, ante cualquier sospecha cambiará de identidad y desaparecerá.

–  ¿Cómo vamos a conseguir ese tipo de información? – Me pregunta Mike.

Sonrío al darme cuenta que utiliza el plural, ya piensa que somos un equipo. Me pongo seria de nuevo y, con tono de voz firme, les digo:

–  Mi abuelo fue agente de la KGB y aunque está retirado, de vez en cuando colabora con el Servicio Secreto de Inteligencia Ruso. No le va a hacer ninguna gracia que ande metida en estos asuntos, pero no se negará a ayudarnos cuando le digamos lo que Erik descubrió sobre el tráfico de órganos y el secuestro de niños. Pero antes de que acepte ayudarnos os investigará a fondo y os querrá conocer en persona. – Hago una pausa para que asimilen mis palabras y, como no dicen nada, añado: – Sería la manera más rápida y eficaz para conseguir la información, pero si no os parece bien podemos buscar una alternativa…

–  Me parece bien. – Me interrumpe Mike con solemnidad. – Quiero empezar y acabar con esto cuanto antes y no nos vendrá mal tener a un antiguo agente de la KGB de nuestro lado.

Durante el resto de la tarde revisamos los documentos del reportaje que Erik estaba realizando y todo lo que descubrió sobre Albert Fontaine. Una vez revisada toda la documentación de la que disponemos, llamo a mi abuelo Oleg y le pongo al corriente de la situación.

–  Si tus padres se enteran de que te estoy ayudando se enfadarán. – Me dice mi abuelo cuando termino de contarle toda la historia. – Pero te conozco bien y sé que lo harás con o sin mi ayuda, así que no puedo decirte que no, pero sí puedo exigirte conocer antes al hombre al que quieres ayudar y por supuesto lo voy a investigar.

–  Me lo imaginaba, pero aun así queremos seguir adelante con esto.

–  Envíame todo lo que tengas y ven a verme con tu amigo en una semana. – Me responde mi abuelo aceptando lo que le pido. – Mientras tanto, quiero que os mantengáis a la espera, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo, abuelo. – Le respondo y añado antes de colgar: – Te quiero.

–  ¿Todo bien? – Me pregunta Mike.

–  Nos ayudará, pero quiere vernos en una semana. – Le informo encogiéndome de hombros. – Le enviaremos toda la información de la que disponemos y tratará de averiguar todo lo que pueda sobre Andrey Ivanov.

–  ¿Es necesario que vayamos a Rusia? – Me pregunta Joe no demasiado convencido.

–  Es su condición. – Le contesto volviéndome a encoger de hombros. – Ha sido agente de la KGB, la desconfianza ha sido lo que a día de hoy lo mantiene con vida.

–  ¿Dónde vive tu abuelo? – Pregunta Mike.

–  En Kurovo, una pequeña ciudad situada a unos 70 km al norte de Moscú. – Respondo. – Si estáis de acuerdo, puedo empezar a organizar el viaje.

Mike y Joe se muestran de acuerdo, así que le envío a mi abuelo toda la información que tenemos y organizamos el viaje a Rusia.

Son las ocho y media de la tarde cuando Mike reserva los billetes de avión a Moscú y los tres estamos agotados. Joe mira el reloj de pared del despacho y le dice a Mike:

–  Tengo que irme, llámame si hay alguna novedad. Regresaré en un par de horas.

Mike asiente con la cabeza y Joe se marcha tras despedirse.

–  ¿Tienes planes para salir a cenar? – Me pregunta Mike mirándome a los ojos. – Me gustaría invitarte y pasar juntos un rato para conocernos mejor, sin hablar de trabajo ni de nada que tenga que ver con Andrey Ivanov.

–  Acepto, pero con una condición.

–  Tú dirás. – Me responde Mike con su sonrisa perfecta en los labios.

–  Después de cenar tendrás que llevarme a tomar una copa, hace siglos que no salgo de copas y no conozco la ciudad.

–  Seré el anfitrión perfecto, no te arrepentirás. – Me asegura divertido mostrándome una sonrisa traviesa que enciende mi cuerpo.

Estoy segura de que de una forma u otra acabaré arrepintiéndome, pero ahora mismo lo único que quiero es salir con Mike, aunque con ello me salte mis propias normas.

A las nueve y media de la noche llegamos a uno de los restaurantes de moda de la ciudad. Mike para el coche en la puerta y, tras salir del coche y abrir la puerta del copiloto para ayudarme a salir, le entrega las llaves del coche al aparcacoches y le da una generosa propina. El maître nos recibe con excesiva amabilidad y educación, sabe quién es Mike y lo adula.

Apenas dos minutos más tarde, Mike y yo estamos sentados en la mejor mesa del local, una mesa íntima y romántica frente a un ventanal con vistas al río que atraviesa la ciudad. Un camarero se acerca a tomarnos nota y Mike me pregunta:

–  ¿Qué quieres tomar para beber? ¿Vino? – Asiento con la cabeza y le dedico una tímida sonrisa antes que le pida al camarero: – Beberemos vino tinto.

–  Enseguida se lo servimos y le traemos la carta. – Nos informa el camarero.

El camarero regresa dos minutos después con una botella de vino tinto en las manos y nos sirve un par de copas tras entregarnos la carta. Mike me sugiere que pruebe el solomillo con salsa de trufas y ambos pedimos lo mismo.

Pasamos la velada haciéndonos preguntas para conocernos mejor. Hablamos de la música que nos gusta, de los lugares que nos gustaría visitar, de cine y literatura, y de muchas otras cosas más. Descubro que Mike y yo tenemos gustos muy similares y disfruto escuchando como narra algunas anécdotas de cuando era pequeño.