fairy-309929__180

La casa de Mike es una mansión, si no estuviera agarrada a su brazo posiblemente me hubiera caído de la impresión. Predomina el minimalismo en la decoración jugando con el blanco y el negro. Es una casa moderna, pero también muy masculina e impersonal, se nota que aquí vive un hombre soltero. Cruzamos el hall y accedemos al salón. La estancia es muy amplia llena de luz natural que entra por el enorme ventanal que ocupa toda una pared que ofrece las vistas del perfecto jardín. Un amplio sofá en forma de U junto con un televisor de 50″, una mesa de café y un mueble de madera negra es el mobiliario del que consta la estancia. No hay ninguna fotografía suya ni de su familia, tan solo algunos cuadros abstractos en blanco y negro, a juego con el resto de la escasa decoración.

–  ¿Estás bien? Te has quedado muy callada. – Me pregunta Mike preocupado.

–  Estoy bien, es solo que no me esperaba que vivieras en un lugar así…

–  ¿Y eso es bueno o malo? – Me pregunta confuso.

–  No es ni bueno ni malo, simplemente es diferente. – Respondo encogiéndome de hombros.

–  Diferente. – Repite Mike no demasiado entusiasmado con el adjetivo. – ¿Te apetece algo de beber?

–  Una Coca-Cola estará bien.

Atravesamos el salón y llegamos a la cocina, donde predomina el negro y el rojo. Una señora de unos sesenta años ataviada con un delantal y una amplia sonrisa en el rostro, nos recibe con simpatía:

–  Buenos días, Mike. Buenos días, señorita.

–  Buenos días. – Saludo tímidamente.

–  Buenos días, Carmen. – Saluda Mike. – ¿Puedes traer una Coca-Cola para la señorita Ayala y un agua para mí a mi despacho?

–  Por supuesto, ahora mismo os lo llevo. – Responde Carmen. – ¿Os apetece algo de comer?

–  Comeremos más tarde. – Sentencia Mike. Se vuelve hacia a mí y añade: – Vamos, tenemos mucho qué hacer todavía.

Mike me dirige a su despacho, situado en la planta baja y con vistas al jardín trasero de la casa. Me ofrece asiento y, tras sentarme obedientemente, él toma asiento frente a mí. Tan solo nos separa una mesa de madera, pero el corazón me late como si estuviéramos piel con piel.

Carmen entra en el despacho tras golpear suavemente la puerta y nos sirve nuestras bebidas justo en el momento en que mi móvil empieza a sonar. Al ver en la pantalla del móvil que es Vladimir, uno de los amigos de mi abuelo, decido contestar:

–  Hola Vladimir, ¿va todo bien?

–  Hola Milena. – Me responde Vladimir. – Oye, alguien lleva intentando acceder a tu expediente desde hace un par de horas. No sé quién es, pero hemos podido averiguar su posición y curiosamente está en la misma casa donde tú estás ahora.

–  Espera, ¿dices que lo están intentando en este mismo momento? – Pregunto sorprendida, ya que Mike está frente a mí y ni siquiera ha encendido el ordenador.

–  Mientras tú y yo estamos hablando han intentado acceder tres veces. – Me confirma Vladimir.

Carmen sale del despacho tras dejar nuestras bebidas y Mike me observa detenidamente, aunque no puede entender nada de lo que digo porque estoy hablando en ruso. Joe asoma la cabeza por la puerta del despacho y, tras cruzar una mirada con Mike, murmura:

–  Me ha resultado imposible, ni con un nivel cuatro.

Y entonces sé quién ha estado tratando de acceder a mi expediente. Suspiro resignada y, volviendo a mi conversación telefónica, le digo a Vladimir antes de colgar:

–  No te preocupes, Vladimir. Yo me encargo, está todo bajo control. – Cuelgo y me quedo mirando a los dos hombres que me observan con el ceño fruncido. – ¿Tenéis algo que contarme?

–  Creo que eso deberíamos preguntarlo nosotros. – Me contesta Joe.

–  Llevas dos horas tratando de acceder a mi expediente y, a pesar de que es confidencial, has seguido intentando acceder una y otra vez. – Empiezo a decir. – Si fueras un poco listo sabrías que cada vez que alguien intenta acceder a un expediente confidencial se genera una alarma y automáticamente se localiza la ubicación exacta del punto desde donde se intenta acceder. – Me vuelvo hacia a Mike y le digo: – Creo que lo mejor es que olvidemos este asunto y que me dedique única y exclusivamente a mi trabajo en Luxe, si es que aún sigues queriendo que trabaje para ti.

–  Espera Milena, siéntate por favor. – Me ruega Mike poniéndose en pie y acercándose a mí para impedir que me marche. – Puede que intentar investigarte no haya sido la mejor opción, pero necesitaba asegurarme de saber quién eras para poder confiar en ti.

–  Tengo inmunidad diplomática, por esa razón mi expediente es confidencial y solo puede acceder a él alguien que tenga un nivel A de seguridad. – Le contesto lo más cordial que puedo. Cojo mi portátil y accedo a mi expediente tras introducir una clave de seguridad y lo muevo de manera que la pantalla quede frente a Mike: – Aquí tienes lo que buscabas, ¿quieres algo más?

Mike suspira profundamente y le dice a Joe:

–  Joe por favor, déjanos a solas. – Joe asiente y se marcha. Mike se vuelve hacia a mí, se pasa las manos por la cabeza y después se toca el mentón. Lo he visto hacer ese gesto cuando se pone nervioso y sé que ahora mismo lo está. – Milena, no me hace falta leer tu expediente, el gesto que has tenido mostrándomelo ya me dice mucho de ti. – Cierra el portátil y añade: – Si aún estás dispuesta a escucharme, me gustaría explicarte algunas cosas. – Tomo de nuevo asiento y Mike continúa hablando: – Hace unos meses un buen amigo desapareció y dos días más tarde lo encontraron muerto en un pantano junto con otro cadáver que no fue identificado. Mi amigo Erik estaba haciendo un reportaje de investigación sobre el tráfico de órganos y conoció a un tipo que dijo que le ayudaría a conseguir las pruebas que estaba buscando para su reportaje.

–  ¿El cadáver que apareció en el pantano puede ser de ese tipo? – Pregunto con cautela.

–  Le dimos a la policía el nombre de Albert Fontaine, el nombre con el que mi amigo nos presentó, pero no consta en las bases de datos de la policía. – Me responde Mike. – La policía me permitió ver los cadáveres, pero no era el tipo que iba a ayudarle en el reportaje. Hace unas semanas me llamó la mujer de mi amigo, había encontrado algunos documentos en el despacho de Erik y quiso que los revisara. Erik estaba investigando a Albert Fontaine y había descubierto que era un estafador y que ese no era su verdadero nombre. Registrando sus cosas encontró un pasaporte ruso con su foto a nombre de Andrey Ivanov, a quien estoy tratando de encontrar.

–  Si Andrey Ivanov tiene un pasaporte tiene que estar en la base de datos, solo tenemos que buscarlo y salimos de dudas. – Le digo apoderándome de nuevo del portátil. Busco en la base de datos y aparece el expediente frente a nuestros ojos.

–  ¡Es él! – Exclama Mike al ver la fotografía del tipo en cuestión.

–  Aquí dice que tiene varias propiedades en Kazan, una ciudad situada a unos 800 km al este de Moscú. – Le informo mientras continúo leyendo el expediente. – No está casado ni tampoco tiene hijos reconocidos. Sus padres están muertos pero tiene un hermano vivo, Sergei Ivanov, que también vive en Kazan.

–  Tengo que ir a Kazan. – Musita Mike.

–  No es una buena idea, Mike. – Le contradigo. – No sabemos lo que nos vamos a encontrar allí, lo más sensato es investigar y conseguir la mayor información posible. Si vamos a ir a por ellos debemos saber a qué nos estamos enfrentando.

–  Milena, te agradezco enormemente lo que estás haciendo, pero no pienso poner tu vida en riesgo llevándote a Rusia, ya te he involucrado demasiado en esto.

–  Me necesitas, Mike. – Le recuerdo mirándole a los ojos. – Y, si quieres que te ayude, tendrás que aceptar mis condiciones.

–  ¿Tus condiciones?

–  Así es, mis condiciones. – Le confirmo. – Para empezar, cuando quieras saber algo sobre mí deberás preguntármelo directamente, es la forma más efectiva de tener respuestas. Si vamos a colaborar juntos en esto, tendrás que dejar que lo hagamos a mi manera. – Mike abre la boca para decir algo pero lo interrumpo diciendo: – Recuerda que soy tu hada de la suerte y estoy aquí para que todo salga bien. Y no te preocupes, no haré nada sin tu previo consentimiento, tú eres quien pone los límites en este asunto, pero no olvides que somos un equipo.

–  Y si decido ir a Kazan, ¿vendrás conmigo? – Me pregunta Mike escudriñándome con la mirada.

–  Sí, estamos juntos en esto. – Le aseguro. – ¿Aceptas mis condiciones?

–  Sí, Hada de la Suerte. – Me responde con su sonrisa perfecta en los labios. – Pero antes vamos a comer algo. – Nos ponemos en pie y, antes de salir del despacho, añade: – Una cosa más, Milena. Joe solo ha seguido mis órdenes, no te enfades con él.

Asiento con la cabeza y nos dirigimos a la cocina, donde Carmen ya está sirviendo la comida. Nos sentamos a la mesa y Joe se nos une sin decir nada, pero noto su constante mirada de desaprobación durante todo el tiempo que dura la comida.