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Durante el resto de la semana, Joe se encarga de recogerme todas las mañanas para llevarme al Luxe y me trae de vuelta todas las tardes.

Mike no ha vuelto a mencionar el tema de los rusos y yo tampoco me he atrevido a hacerlo, prefiero centrarme en mi verdadero trabajo como directora ejecutiva del Luxe. Nadie me ha especificado qué hizo mi antecesor, pero tras echar un vistazo a los archivos me doy cuenta de que habrá hecho de todo menos trabajar. Me ha costado treinta y dos horas organizarlo todo, pero lo he conseguido y ahora puedo disfrutar del fin de semana.

Estoy recogiendo mi despacho para marcharme a casa cuando llaman a la puerta y Mike asoma la cabeza:

–  ¿Se puede?

–  Adelante. – Le respondo mientras continúo recogiendo.

–  Solo venía a preguntar qué tal te ha ido la primera semana en Luxe.

–  Agotadora. – Le confieso. – No tengo ni idea de quién ocupaba mi puesto antes de que yo llegara, pero te aconsejo que no lo vuelvas a contratar ni para limpiar los baños. Lo he organizado todo de nuevo y he pensado en crear un nuevo sistema para que sea más fácil acceder a los archivos, el que estamos utilizando está muy anticuado.

–  ¿Ya has acabado de organizar todos los archivos? – Me pregunta Mike confuso.

–  Bueno, he tardado un poco más porque todo estaba fatal, pero te aseguro que no he podido ir más rápido…

–  Llevo un mes tratando de organizar algo de todo ese caos y me he rendido y tú lo has hecho todo en tan solo una semana. Estoy perplejo.

–  Es mi trabajo y lo hago lo mejor que puedo. – Le respondo encogiéndome de hombros. Le miro fijamente a los ojos y, armándome de valor, le suelto: – Se acaba el plazo para dar una respuesta a los rusos, ¿has pensado qué vas a hacer?

–  No vas a desistir, ¿verdad? – Me dice con una media sonrisa.

–  No volveré a insistir más, pero quiero que sepas que sigo dispuesta a ayudarte si cambias de opinión.

–  No es fácil cambiar de opinión, sigo pensando que es demasiado peligroso y que no debo involucrarte en este asunto, pero tampoco tengo alternativa. – Me dice con cautela pero sin dejar de mirarme fijamente a los ojos. – Si te parece bien, mañana te invito a comer y te pongo al corriente de la situación. No quiero que tomes una decisión sin estar al tanto de todo.

–  Me parece bien. – Le contesto. – Podemos quedar a partir de las doce si te va bien, antes no puedo porque me entregan las llaves de mi nuevo apartamento.

–  Me gusta tu manera de negociar, hada de la suerte. – Me dice divertido. – Por cierto, si vas a mudarte tendrás que darle tu nueva dirección a Joe, va a seguir llevándote y trayéndote del trabajo a casa.

–  Eso todavía lo tenemos que discutir. – Le replico molesta.

–  No hay nada que discutir, Milena. – Sentencia Mike. – Llámame mañana cuando termines con lo del apartamento y te paso a buscar, ¿de acuerdo?

–  ¿No vas a enviar a Joe? – Le pregunto sorprendida.

–  No, Joe tiene cosas que hacer. – Me responde un tanto incómodo. – Iré yo a buscarte, si no tienes inconveniente.

–  No, no tengo inconveniente. – Le aseguro.

Tras despedirse, Mike regresa a su despacho y yo me dirijo hacia el ascensor. En cuanto salgo por la puerta principal del Luxe, me encuentro con Joe apoyado en el todoterreno como todas las tardes, dispuesto a llevarme a casa. Abre la puerta del copiloto y me subo al coche sin rechistar, sé que no tengo alternativa.

Cuando llego a casa hablo con Tom y le digo que no podré acompañarlo al partido al día siguiente y le explico un poco por encima el motivo.

–  Sé que tu intención no es otra que ayudar, pero no conoces de nada a ese tipo y además es tu jefe. – Me recuerda Tom. – Y eso por no mencionar lo peligroso que puede llegar a ser ese asunto.

–  Sé lo que hago, al igual que tú sabes que sé cuidarme sola.

Tom no insiste, me conoce y sabe que cuando se me mete algo en la cabeza no hay nada que pueda hacer para que me olvide del tema.

El sábado por la mañana me levanto temprano, me doy una ducha, desayuno y me dirijo a mi nuevo apartamento para firmar el contrato de alquiler con la inmobiliaria. A las 11:30 horas ya tengo firmado el contrato y las llaves de mi nuevo hogar en las manos. A solas en mi nuevo apartamento, saco mi móvil del bolso y llamo a Mike:

–  Ya estoy libre, soy toda tuya.

Nada más pronunciar esas palabras me arrepiento, soy consciente del doble sentido que se puede interpretar.

–  Si eres toda mía, dime dónde estás para que pueda ir a buscarte. – Me contesta y adivino que está sonriendo al otro lado del teléfono.

–  Estoy en la calle Sunset número 25. – Respondo.

–  Tardo dos minutos, estoy aquí al lado. – Me dice de buen humor y añade antes de colgar: – No tardes, te espero frente al portal.

Tras echar un último vistazo a mi vacío apartamento, recojo mi bolso y me dispongo a bajar a la calle y esperar a Mike, pero para mi sorpresa Mike ya me está esperando. Vestido con unos tejanos y un jersey de cuello de pico, está apoyado en el lateral de un Audi R8 de color negro, como no. Nuestras miradas se encuentran y me dedica una sonrisa perfecta de lo más sugerente.

–  Buenos días, Hada de la Suerte. – Me saluda abriendo la puerta del copiloto para que me siente.

–  Buenos días. – Le saludo antes de subir a su coche.

Dos segundos más tarde, Mike ocupa el asiento del conductor, arranca el motor del coche y se incorpora al tráfico de la ciudad.

–  Lo que te voy a contar es algo delicado y confidencial, por lo que no puedo hablar de ello en un lugar público donde cualquiera pueda escucharnos.

–  Me niego a pisar ese mugriento motel otra vez. – Le advierto.

–  En realidad, había pensado en ir a mi casa. – Me responde con una sonrisa burlona. – Y espero que no me malinterpretes, igual que yo no te he malinterpretado cuando has dicho que eras toda mía.

Mis mejillas arden y, aunque no las vea, sé que están muy coloradas, la sonrisa burlona de Mike me lo confirma.

–  Si así te sientes más cómodo para hablar de ello, no tengo ninguna objeción. – Le respondo encogiéndome de hombros tratando de aparentar normalidad pero sin conseguirlo.

Este hombre me atrae cada día más y yo me comporto como una adolescente cuando estoy con él, no sé qué me está pasando…

Mike vive a escasas manzanas de mi nuevo apartamento, cerca del centro de la ciudad en una casa con jardín y piscina que ocupa toda una manzana. Detiene el coche frente a la puerta principal de la verja que rodea el terreno, aprieta un botón de un pequeño mando a distancia y la puerta se abre. Entramos en la propiedad por un camino asfaltado que conduce a una gran casa de hormigón con grandes ventanales. Los jardines están perfectamente cuidados y la piscina es enorme, es un pequeño paraíso dentro de la gran ciudad.

Aparca frente al camino de acceso a la puerta principal de la casa y un tipo con uniforme abre la puerta y me ayuda a salir del coche tendiéndome la mano al mismo tiempo que me saluda:

–  Buenos días, señorita.

–  Buenos días. – Lo saludo tímidamente.

Mike se acerca y, tras decirle al tipo uniformado que se encargue de aparcar el coche en el garaje, se vuelve hacia a mí y me ofrece su brazo para que me agarre a él. Sin dudarlo, entrelazo mi brazo con el suyo y me guía hacia el interior de la casa.