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El resto del camino hasta llegar al Luxe y entrar en el despacho de Mike, lo pasamos en absoluto silencio. Joe nos ha dejado enfrente de la puerta principal del edificio y se ha marchado en el todoterreno cuando Mike le ha dicho que se ocupase del «otro asunto» y que le mantuviera informado.

Al entrar en el despacho, toma asiento y me ordena:

–  Siéntate y explícame por qué tengo que desconfiar de ellos.

Hubiera preferido seguir en silencio, su tono de voz autoritario, la mandíbula tensa y esa mirada fulminante me asustan, pero decido respirar y, señalando su portátil para pedirle permiso para cogerlo, le pregunto:

–  ¿Te has fijado en el tatuaje que llevaba en la muñeca el del traje gris? – Mike me ayuda a colocar el portátil en una posición donde ambos podamos ver la pantalla y, tras negar con la cabeza en respuesta a mi pregunta, añado: – Llevaba una serpiente tatuada en la muñeca, una serpiente que representa a un clan de la mafia rusa. Si se han tomado la molestia de venir hasta aquí para reunirse contigo, solo puede ser por dos razones: quieren mantener oculto el paradero de tu amigo o tratan de sacarte información y dinero para ser ellos los primeros en localizarlo, en cuyo caso no será para nada bueno. – Encuentro el dibujo del tatuaje que estaba buscando en internet y se lo enseño. – Este es el tatuaje y también puedes leer el artículo al que le hacen referencia.

Le doy un par de minutos para que lo lea y pueda procesarlo. Mike se pasa las manos por el cabeza, nervioso, se frota el mentón pensativo y finalmente me dice:

–  ¿Puedo preguntarte por qué sabes hablar ruso?

–  Mi madre y toda mi familia materna son de Rusia, he pasado muchos veranos y navidades allí con mis abuelos. Además, mi madre siempre me habla en ruso, dice que así practica ella y practico yo. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Y lo del tatuaje del clan de la mafia rusa? ¿Eso también lo aprendiste durante tus vacaciones de verano y navidad en Rusia? – Me pregunta Mike alzando una ceja.

–  Comprendo que no confíes en mí, apenas hace unas horas que nos conocemos. – Empiezo a decir sabiendo que me estoy metiendo en la boca del lobo. – Si me das tu consentimiento, ahora mismo puedo hacer una llamada y en cuestión de minutos tendrás ante ti la ficha policial de esos dos tipos.

–  ¿Puedes hacer eso? – Me pregunta sorprendido. – ¿Cómo piensas conseguirlo?

–  Digamos que soy tu hada de la suerte. – Le respondo dando largas.

–  ¿Vas a hacer algo ilegal? – Me pregunta con voz severa.

–  Ya te he dicho que solo voy a hacer una llamada. – Contesto con voz de no haber roto un plato en mi vida. – Solo necesito que estés de acuerdo, de lo contrario me olvidaré del tema y me limitaré a hacer de traductora.

–  Me gusta tu manera de negociar, Milena. – Me dice mostrándome por fin su sonrisa perfecta a la que creo que me he vuelto adicta. – Haz esa llamada y, mientras esperamos a que nos lleguen esas fichas policiales, te invito a comer.

Sin tiempo que perder, saco mi móvil del bolso y llamo a mi abuelo Oleg, el padre de mi madre que vive en Rusia y que fue agente de la antigua KGB, aunque ese es un detalle que le voy a omitir a Mike. Tras saludar brevemente a mi abuelo, le explico por encima lo que ocurre y accede a enviarme la información en cuanto la tenga, en un par de horas como mucho, según me ha dicho.

–  En dos horas como mucho, dispondremos de las fichas policiales de esos dos tipos. – Le informo.

–  Estupendo, nos da tiempo de salir a comer. – Me responde con su sonrisa perfecta.

Le devuelvo la sonrisa y me siento idiota. ¡No me he comportado así ni cuando era una adolescente! Noto como me sonrojo y camino por delante de él al dirigirnos hacia el ascensor para evitar que me mire.

Mike me lleva a un restaurante cercano al Luxe, un restaurante de comida local que resulta ser un lugar bastante elegante. Nos sentamos en una de las mesas y pedimos la comida tras examinar la carta. Mientras esperamos a que nos sirvan, Mike me dice:

–  Háblame de ti. Cuéntame qué te ha traído a Highland.

–  Necesitaba cambiar de aires y un amigo me ofreció mudarme aquí. Llegué hace un par de meses a la ciudad y lo más interesante que me ha pasado desde que llegué ha sido todo este asunto de los rusos. – Le respondo sin dar detalles.

–  Y, ¿qué te parece la ciudad?

–  Me gusta, aunque todavía no la conozco demasiado bien. – Le contesto sonriendo tímidamente. El camarero nos trae nuestros platos y le pregunto: – Y tú, ¿siempre has vivido aquí?

–  Sí, así es. Me gusta esta ciudad y no he encontrado un sitio mejor en el que vivir. – Me responde de buen humor. – Aunque tengo que confesar que en verano siempre me escapo un par de semanas a algún lugar donde haya playa.

–  No hay nada mejor que disfrutar de unas vacaciones en la playa sin hacer nada, excepto tomar el sol y darse un chapuzón en el agua. – Opino recordando mis vacaciones con Tom este verano, pero omitiendo las borracheras nocturnas.

Comemos mientras charlamos sobre nosotros, pero sin entrar en detalles. Descubro que le gusta su ciudad pero también disfruta de unas vacaciones en la playa, también que Joe, además de ser su mano derecha y su escolta personal, es uno de sus mejores amigos. Pero no descubro nada de su familia. Me ha preguntado por mi familia y cuando iba a preguntarle por la suya ha cambiado de tema antes de que pudiera abrir la boca, así que he decidido no preguntar, al fin y al cabo es mi jefe.

Cuando regresamos al Luxe reviso mi correo electrónico y veo que tengo un mail de mi abuelo con la información que le he pedido. Imprimo los archivos adjuntos y se los doy a Mike.

–  La ficha policial y los antecedentes de los investigadores privados rusos. También incluye la lista de antecedentes y los casos en los que se le relaciona pero que no se les ha podido imputar. – Le informo mientras él observa los documentos. – Mike, esos tipos son peligrosos.

–  Tampoco tengo otra opción, Milena. – Me contesta tras pasarse las manos por la cabeza.

–  Sí que tienes otra opción, me tienes a mí. – Le replico sentándome frente a él. – Si quieres, puedo ayudarte. No puedo prometerte nada, no hago milagros, pero te aseguro que podrás obtener mucha más información que si contratas a esos tipos.

–  No puedo meterte en esto, Milena. – Me responde tras suspirar profundamente. – Tú misma has dicho que es peligroso.

–  Ya estoy metida en esto, me han visto la cara. Pero el peligro no me asusta y estoy preparada y capacitada para responder ante situaciones difíciles. Además, soy tu hada de la suerte. – Le respondo sonriendo para quitarle seriedad al asunto. – Piénsatelo, Mike. No tienes que responder ahora.

–  Lo pensaré. – Me responde mirándome a los ojos. – Ahora vete a casa y descansa, ya has tenido bastante por hoy.

Asiento con la cabeza y salgo del despacho dispuesta a marcharme. Nada más cruzar la puerta principal del Luxe, me encuentro a Joe apoyado en el todoterreno y, cuando pasa por su lado, me dice con voz firme:

–  La llevaré a casa, señorita Ayala.

–  No es necesario, gracias Joe. – Le respondo.

–  Es una orden directa del señor Madson, que intenta velar por su seguridad, señorita Ayala. – Me contesta al mismo tiempo que abre la puerta del copiloto y me hace un gesto para que suba al todoterreno.

Obedezco sin rechistar, Joe no es una de esas personas a las que se les replica y mucho menos después de haber escuchado su severo tono de voz.

Tras darle la dirección dónde me alojo en casa de Tom, Joe conduce en silencio hasta que para el coche frente al portal del edificio.

–  ¿Es aquí? – Me pregunta observando los alrededores. Me entrega un papel con un número de teléfono y añade: – Si ves o notas algo extraño, llámame.

–  Gracias, pero estaré bien. – Le respondo guardando el papel en el bolso. – Sé cuidar de mí misma y aún no he encontrado a nadie que lo haga mejor que yo.

Me bajo del coche y entro en el edificio sin despedirme de Joe. Sé que él tan solo cumple órdenes, pero Mike se ha pasado de la raya. Para empezar, si tan preocupado estaba podía haberme traído él y, si me respetara, antes me habría preguntado si yo estaba de acuerdo.