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La décima planta era igual de lujosa que el hall y la tercera planta, pero tenía unas vistas de toda la ciudad y de las montañas que la rodeaban que la hacía más especial.

Bill me condujo unos pocos metros por el pasillo central hasta llegar al centro de la oficina donde se ubican los despachos de los directivos de Luxe, y nos paramos frente a una amplia mesa tras la cual se sentaba una mujer de unos cincuenta y pocos años, de pelo negro no más de cinco centímetros de largo y una sonrisa permanente que transmitía bondad y amabilidad.

–  Buenos días, Bill. – Saluda la ¿secretaria? – Veo que vienes muy bien acompañado.

–  Buenos días, Norma. – Le devuelve el saludo Bill. – Te presento a Milena Ayala, es…

–  ¡Tú debes ser la nueva directora ejecutiva! – Exclama Norma interrumpiendo a Bill. – Eres mucho más joven y más guapa de lo que me podía imaginar, muchacha. Por cierto, soy Norma.

–  Encantada de conocerte, Norma. – Le respondo al mismo tiempo que le estrecho la mano.

–  El señor Madson os estaba esperando. – Nos dice Norma. – Le aviso ahora mismo.

Norma descuelga el teléfono y anuncia nuestra llegada al señor Madson. Tras una breve pausa en la que el señor Madson debe de estar dándole instrucciones, la respuesta de Norma lo confirma:

–  ¿En dos horas? No creo que pueda encontrar a alguien en tan poco tiempo, pero lo intentaré. – Cuelga el teléfono y nos dice: – Podéis pasar. – Me sonríe con ternura y añade: – Suerte, muchacha.

–  Gracias, Norma. – Le contesto sonriendo tímidamente.

Bill me guía hasta llegar a la puerta del despacho del señor Madson, donde llama antes de entrar y decir:

–  Buenos días, señor Madson. Vengo con la señorita Ayala.

–  Os estaba esperando, pasad. – Responde una voz que no tardo en asociar.

Bill da un par de pasos para estrecharle la mano y entonces puedo verlo. Efectivamente, es él. Sus ojos me encuentran y su sonrisa perfecta aparece en sus labios instantáneamente.

–  Milena. – Me saluda Mike sin dejar de sonreír.

–  Mik… Señor Madson. – Me corrijo en el último momento el saludo.

–  ¿Señor Madson? ¿No puedo seguir siendo Mike? – Me pregunta Mike bromeando.

Bill nos mira como si estuviera en un partido de tenis hasta que la voz por fin sale de su garganta:

–  ¿Os conocéis?

Me quedo callada, no sé qué contestar. Por suerte, Mike decide sacarme del atolladero:

–  Digamos que más o menos. – Le estrecha la mano a Bill a modo de despedida y añade: – Gracias por acompañar a la señorita Ayala, más tarde regresará para firmar el contrato.

De repente me pongo nerviosa, acaba de decir que el puesto es mío, sin embargo estoy preocupada. ¿Cómo se supone que voy a trabajar si mi jefe hace que me tiemble todo el cuerpo y no de miedo precisamente?

–  Bill me ha hablado de tu trayectoria profesional y debo admitir que he quedado impresionado, sobre todo por lo joven que eres. – Empieza a decir Mike al mismo tiempo que me hace un gesto con la mano para ofrecerme asiento. Espera a que tome asiento para sentarse él y continuar hablando: – Tengo entendido que nos han dado muy buenas referencias sobre ti en tu anterior empleo, tienes experiencia, Bill me ha asegurado que eres una persona responsable y también profesional, así que no tengo ninguna objeción respecto a la decisión de Bill. – Mira su móvil y continúa: – Necesitamos que te incorpores de inmediato, el anterior director ejecutivo no hizo su trabajo como debía y esto es un caos, ¿tienes algún problema en incorporarte tan pronto?

–  En absoluto, puedo incorporarme hoy mismo. – Le respondo con ganas de empezar a trabajar.

Unos golpes en la puerta me hacen dar un respingo y Mike responde alzando la voz:

–  Adelante.

La puerta se abre y tras ella aparece un hombre de unos dos metros de estatura, con los músculos más que definidos, de facciones duras y con pinta de tener muy mal humor.

–  El avión de los rusos acaba de aterrizar, disponemos del tiempo que tarden en recoger el equipaje, registrarse en el hotel y acudir a la reunión, un par de horas como mucho. – El tipo me mira sorprendido y acto seguido mira a Mike arqueando una ceja.

–  Ella es Milena Ayala, la nueva directora ejecutiva de Luxe. – Le informa Mike con una media sonrisa en los labios. Se vuelve hacia a mí y añade: – Milena, te presento a Joe.

Joe me estrecha la mano con firmeza pero sin apretarme demasiado, intercambia otra mirada significativa con Mike y dice antes de marcharse:

–  Dos horas para encontrar a un traductor que esté libre y dispuesto a acudir a la reunión, ¡no me lo puedo creer!

Joe sale del despacho y Mike se pasa las manos por la cabeza sin despeinarse mientras suspira resignado. Le observo en silencio hasta que nuestras miradas se encuentran.

–  Creo que puedo ayudarte. – Me oigo decir.

–  ¿Hablas ruso? – Me pregunta sorprendido.

–  Sí. – Respondo con cautela.

–  No se trata de una reunión de negocios, es más bien algo personal. – Me dice mirándome a los ojos, tratando de averiguar algo. – ¿Sigues estando dispuesta a ayudarme?

–  Sí, si así lo quieres. – Le contesto segura de mí misma. – Solo te pido una cosa, si hay algo que deba saber o crees que hay algo que creas que no me va a gustar, será mejor que me lo digas ahora, detesto las sorpresas y no reacciono demasiado bien ante ellas.

–  ¿A qué te refieres exactamente? – Me pregunta divertido.

–  Si voy a hacer algo ilegal, me gustaría saberlo. Si existe la posibilidad de que corra el mínimo peligro, quiero saberlo. Y, si la reunión con los rusos es tan solo una reunión de amigos que va a acabar en algo ilegal, también quiero saberlo. – Le advierto. – No quiero detalles, simplemente quiero saber si voy a hacer algo ilegal o peligroso.

–  Es una larga historia, pero básicamente estoy tratando de encontrar a una persona legalmente muerta y que creo que está viva y en Rusia. – Me responde un tanto nervioso.

Sé que no me ha contado toda la verdad, ni siquiera he avistado la punta del iceberg, pero aún y así sigo estando dispuesta a ayudarle. Pero no a su manera, no estaba haciendo las cosas bien. No es que fuera una rastreadora, pero mi abuelo me había enseñado desde pequeña a dominar toda clase de situaciones. Era un antiguo agente de la KGB y la seguridad era su obsesión, especialmente la de su familia. Buscar a una persona oficialmente muerta no es fácil, cambian de look, de profesión, de nombre e incluso de hobbies. Aunque supongo que lo que debería preocuparme es el motivo por el cual se ha hecho pasar por muerto o muerta, no ha especificado si era hombre o mujer.

–  ¿Confías en esos tipos? – Le pregunto sin pensar. No debo olvidar que estoy hablando con mi jefe.

–  Me los ha recomendado un buen amigo y, tras verificar que realmente eran detectives privados, que lo tenían todo en regla y estaban limpios, incluso tienen un edificio de oficinas para su empresa con más de veinte agentes en plantilla. Contraté a un traductor profesional y concertamos una reunión para hoy, su mujer se ha puesto de parto y no puede venir a la reunión. – Me mira fijamente a los ojos con semblante serio y añade: – Milena, si no quieres hacerlo, lo entenderé perfectamente.

–  Quiero hacerlo. – Le aseguro, aunque ni yo misma sé por qué. Está tenso y sus ojos no dejan de escudriñarme tratando de captar todas y cada una de mis reacciones. Le dedico una sonrisa burlona y bromeo para tratar de relajarle: – Siempre que a mi jefe no le importe que falte el primer día.

–  Si tu jefe se atreve a decirte algo se las tendrá que ver conmigo. – Me responde mostrando su perfecta sonrisa, divertido con la broma. – Te acompaño al despacho de Bill para que puedas firmar el contrato y nos vamos a la reunión. Por cierto, se supone que vamos a una reunión de negocios con un posible cliente. – Lo cierto es que eso no me tranquiliza y él parece notarlo porque añade: – Eres la nueva directora ejecutiva, tendremos miles de reuniones con posibles clientes y nadie pensará lo que no es.

–  Perfecto. – Contesto asintiendo con la cabeza.

Salimos de su despacho y Mike le dice a Norma que ya no es necesario que busque a ningún traductor y que no regresará hasta por la tarde. Acto seguido, saca su móvil del bolsillo y hace una rápida llamada antes de entrar en el ascensor:

–  Ya tenemos traductor. Prepara el coche, nos vemos en veinte minutos.

Cuelga sin decir nada más y me imagino que ha debido llamar a Joe.