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Duermo toda la noche abrazada a Mike. Sé que esto no acabará saliendo bien pero decido disfrutar del momento y lo que tenga que ser será. Mike se comporta con naturalidad conmigo, es cariñoso, amable, atento y un Dios del sexo, pero tampoco ha sacado el tema sobre la definición de nuestra relación y yo tampoco pienso hacerlo.

–  Buenos días, pequeña. – Me saluda cuando abro los ojos. Le dedico una sonrisa pese a estar medio dormida y me froto contra su piel con sensualidad. – Mmm… Me parece que me ha tocado un hada de la suerte insaciable. – Me coloca sobre él y me acaricia la espalda, el trasero, los muslos y gimo cuando llega hasta el centro de mi deseo y acaricia mi humedecido clítoris. – Me encanta encontrarte siempre tan húmeda para mí, preciosa. ¿Te apetece un poco de sexo soñoliento?

–  Mmm… – Es lo único que logra salir de mi boca en respuesta.

–  Me lo tomaré como un sí. – Me susurra divertido al mismo tiempo que guía su pene hasta la entrada de mi vagina y me penetra despacio y con suavidad. Entra y sale de mí sin prisa, pero la posición de nuestros cuerpos aumenta nuestro placer y nuestras respiraciones se aceleran. – Pequeña, quiero que te corras conmigo. Vamos, quiero oírte.

Sus palabras son como una orden para mi cuerpo que le obedece al instante y juntos alcanzamos el orgasmo. Cuando nuestras respiraciones se acompasan, le susurro al oído:

–  Me ha encantado el sexo soñoliento.

–  A mí también, deberíamos patentarlo dentro de nuestra terapia de relajación. – Me responde bromeando. Me mueve para salir de mí y vuelve a abrazarme antes de añadir: – Vamos a la ducha, desayunamos y nos ponemos en marcha, que todavía nos quedan unas cuantas horas de camino.

Mike no espera a que me levante de la cama, me coge en brazos y me lleva a la ducha, donde nos es inevitable volver a hacer el amor. Después bajamos al restaurante del hotel para desayunar y luego nos ponemos en marcha hacia Kazan.

Durante todo lo que dura el trayecto, Mike se muestra cariñoso y atento a cada momento, se preocupa por mí y me repite una y otra vez que cuidará de mí. Sé que está preocupado y se siente culpable por ponerme en esta situación, pero he sido yo quien ha decidido estar donde estoy y tampoco tiene nada por lo que preocuparse, al fin y al cabo he sido entrenada desde niña por uno de los mejores agentes que tuvo la antigua KGB.

Llegamos a Kazan a las 17:00 horas y nos registramos en el hotel donde pasaremos los próximos días para tratar de investigar el entorno de Andrey Ivanov. Lo primero que hace Mike al entrar en la habitación es comprobar el baño. Cuando comprueba que todo está en orden, se acerca a mí con su sonrisa perfecta en los labios, me abraza y me susurra al oído con voz ronca:

–  Tenemos un enorme jacuzzi en el baño, ¿quieres que nos relajemos un poco antes de cenar?

–  Mmm… Me muero de ganas. – Ronroneo excitada por las expectativas de su proposición.

–  Pequeña, ¿dónde has estado todo este tiempo? – Me dice Mike cogiéndome en brazos. – Todo hubiese sido más fácil contigo a mi lado.

–  ¿A qué te refieres? – Le pregunto confusa.

Mike me da un beso en los labios y me deja de pie sobre la alfombra del baño. Abre el grifo del jacuzzi y mientras se llena de agua se desnuda rápidamente y se toma su tiempo para desnudarme a mí. Cuando el jacuzzi está listo, me ayuda a entrar antes de entrar él y me coloca entre sus piernas, dejando que mi pecho descanse sobre el suyo. Me abraza y, mientras acaricia mi espalda con ambas manos, empieza a decir:

–  Hacía años que no me sentía tan bien como cuando estoy contigo. Puedo hablar contigo de cualquier cosa, eres inteligente y muy astuta, por no hablar de lo perseverante e insistente que puedes llegar a ser para conseguir lo que sea. – Me besa en la frente y añade sonriendo: – La primera vez que te vi estabas en el hall del Luxe y me sorprendió tu reacción porque fue la misma que tuve yo cuando entré al Luxe por primera vez. No pude evitar acercarme a ti y necesitaba saber quién eras y qué hacías allí, así que le pedí a Bree que lo averiguara, aunque lo averigüé yo mismo antes de que ella pudiera decírmelo. – Me besa de nuevo en los labios, me mira a los ojos y me dice: – Creo que tenemos pendiente una conversación sobre lo que está pasando, hada de la suerte.

–  Sí, supongo que debemos hablar. – Le contesto resignada.

–  Dime qué piensas de todo esto, Milena.

–  Si te soy sincera, no sé qué pensar. – Le confieso. – Eres mi jefe, no debería estar desnuda contigo en un jacuzzi, sin embargo no hay nada que me apetezca más en este momento. – Me acurruco entre sus brazos y añado: – No han pasado ni dos semanas desde que nos conocimos, pero hemos pasado tantas horas juntos que cuando estoy contigo es como si te conociera de toda la vida, a pesar que apenas sé nada de ti.

–  Entonces deja que sigamos conociéndonos, te prometo que tendremos una cita de verdad en cuanto regresemos a Highland. Y, por supuesto, nuestra vida personal no influirá en lo profesional.

–  ¿Te has parado a pensar en lo que pensarán tus empleados cuando sepan que estamos liados? Acabo de llegar a la oficina y estoy liada con el jefe, creo que lo mejor será que te busques una nueva directora ejecutiva para Luxe. – Le sugiero.

–  Me da igual lo que piensen los demás, solo me importa lo que pienses tú. – Sentencia Mike y me dice muy serio: – Podemos ser discretos durante un tiempo si eso hace que te sientas mejor, pero no pienso salir contigo a escondidas, no somos unos adolescentes.

–  También podemos disfrutar de estos días juntos y tener esta conversación cuando regresemos a Highland. – Le sugiero.

–  Como mi hada de la suerte desee. – Me complace Mike. – Pero te advierto que no voy a cambiar de opinión.

Pasamos más de una hora en el jacuzzi antes de vestirnos y salir a cenar. Mike parece estar de mejor humor cuando nos bañamos juntos y yo tengo que reconocer que me encanta.

Cenamos en un restaurante cerca del hotel donde nos alojamos y, pese a que hace mucho frío en la calle, ambos disfrutamos del paseo y caminamos cogidos de la mano.

–  Mira a tu derecha, ese que está ahí es Andrey Ivanov. – Le susurro a Mike mientras cenamos en el restaurante. – Está cenando con una chica, ¿su novia, quizás?

–  Quizás. – Me responde Mike encogiéndose de hombros.

–  Quédate quieto, voy a intentar sacarles una foto sin que se den cuenta. – Le ordeno mientras saco el móvil del bolso y les saco un par de fotos. – Ya está, después averiguaremos quién es y qué relación tiene con Ivanov.

Alargamos la cena todo lo que podemos hasta que Andrey Ivanov pide la cuenta a uno de los camareros y nosotros hacemos lo mismo. Queremos ver el coche con el que han venido y probablemente podremos obtener más información. Cuando veo que la acompañante de Andrey se dirige al baño, me levanto y decido seguirla a pesar de la mirada de desaprobación que me lanza Mike.

Entro en el baño y me encuentro a la rubia que estaba cenando con Ivanov que se está retocando el maquillaje. Me coloco a su lado y hago lo mismo. Ella me dedica una sonrisa de complicidad a través del espejo y veo que sus ojos brillan de emoción. Entonces me percato del enorme pedrusco que lleva en el dedo y ella, al darse cuenta de lo que miro, me dice feliz:

–  Mi novio me acaba de pedir que me case con él y le he dicho que sí.

–  Enhorabuena. – La felicito sonriendo, sabiendo que esta es mi oportunidad. – ¿Lleváis mucho tiempo juntos?

–  En realidad, no. – Me confiesa. – Nos conocimos hace tres meses, pero me enamoré de él la primera vez que lo vi y desde entonces no nos hemos separado.

–  Amor a primera vista, qué romántico. – Le digo siguiéndole la corriente.

Ella me sonríe feliz y se despide de mí antes de salir del baño. Espero un par de minutos antes de regresar junto a Mike y cuando lo hago veo que está furioso.

–  Regresemos al hotel. – Me ordena poniéndose en pie tras haber pagado la cuenta y dejado una más que generosa propina.

Regresamos al hotel caminando, pues está a un par de calles. Tardamos diez minutos en llegar al hotel, pero debido al absoluto silencio que reina entre nosotros se me hace eterno. Trato de hablar con él cuando entramos en la habitación, pero Mike se niega con un escueto «ahora no» y se mete en la cama. Yo también me meto en la cama y me tumbo a su lado, pero Mike no se acerca a mí ni me abraza. Sabiendo que lo mejor es darle tiempo para que se le pase el enfado y no acabar discutiendo, decido tratar de dormir.