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Cuando terminamos de instalarnos en la casa de invitados, Mike y yo regresamos a la casa de mis abuelos y mi abuela Anika nos hace pasar al comedor donde mi abuelo nos espera sentado a la mesa y mi abuela empieza a servir los platos. Mientras comemos, observo cómo Mike se desenvuelve fuera de su entorno y, aunque está un poco tenso, tampoco parece estar incómodo. Mi abuelo también nos observa, sabe que nuestra relación va más allá de lo profesional y de la amistad, a pesar de que tan solo hace unos diez días que nos conocemos.

–  Todo estaba delicioso, Anika. – Le agradece Mike a mi abuela.

–  Me alegro que te haya gustado, así seguro que volverás. – Le responde mi abuela guiñándome el ojo con complicidad.

Tras reposar la comida, mi abuelo nos invita a pasar a su despacho y los tres nos sentamos en los sillones en silencio hasta que mi abuelo empieza a decir:

–  Milena me ha explicado lo de tu amigo Erik y también me ha enviado todo lo que habéis encontrado y averiguado hasta el momento. – Se vuelve hacia a Mike y le pregunta: – ¿Cómo de importante es para ti obtener respuestas? ¿Tan importante como para poner tu vida y la de mi nieta en peligro?

–  Abuelo. – Le advierto con tono severo.

–  Milena, la única manera de conseguir lo que tu amigo quiere es infiltrarse en el círculo de Andrey Ivanov. – Me dice mi abuelo. – Solo quiero saber si tu amigo va a consentir que seas tú la que se infiltre.

–  No, no pienso consentirlo. – Inquiere Mike.

–  Mike, no hemos venido a aquí para nada. – Le recuerdo. – Antes de tomar una decisión deberíamos escuchar todas las opciones.

–  Ya habíamos hablado de esto, Milena. – Sentencia Mike. – Y no pienso cambiar de opinión.

–  ¿De qué habéis hablado? – Me pregunta mi abuelo en ruso para evitar que Mike lo entienda.

–  No quería que me involucrara en este asunto y cuando conseguí que aceptara mi ayuda me hizo prometer que no me involucraría de una manera activa. – Le explico a mi abuelo encogiéndome de hombros mientras Mike nos mira sin entender nada. – Se supone que yo solo debo hacer el trabajo de oficina.

Mi abuelo se echa a reír y le dice a Mike:

–  Muchacho, está claro que no conoces a mi nieta si crees que se va a quedar de brazos cruzados.

–  ¡Abuelo, así no ayudas! – Le regaño. Me vuelvo hacia a Mike y le digo suavizando el tono: – Solo serán unos días, podemos alquilar un apartamento en Kazan y observar los movimientos de Andrey Ivanov mientras fingimos que somos turistas. Será algo discreto, te prometo que no me meteré en ningún lío.

–  Es demasiado tarde para que salgáis hoy, es un viaje de ocho horas en coche y es mejor que salgáis al amanecer. – Nos aconseja mi abuelo. – Por cierto, los detectives privados con los que os reunisteis en realidad pertenecen a un clan de la mafia, la Interpol les está investigando.

–  Saldremos al amanecer y estaremos allí sobre las dos de la tarde. – Le digo a Mike mientras él me mira con desaprobación. – No me mires así, no tienes nada por lo que preocuparte.

Pasamos la tarde en el despacho de mi abuelo, revisando toda la información que ha conseguido sobre Andrey Ivanov. No averiguamos mucho más de lo que ya sabemos, pero estudiamos a fondo su entorno y cómo pasar desapercibidos. Mike ha dejado claro desde el primer momento que todo esto no le hacía ninguna gracia, pero tampoco se ha opuesto ni me ha dicho directamente que no lo vayamos a hacer, así que continuamos adelante con el plan.

Después de cenar, nos dirigimos a la casa de invitados. Mike me abraza desde atrás y me lleva directamente al baño. Abre el grifo de la bañera para que se vaya llenando de agua caliente mientras me desnuda y se desnuda con rapidez.

–  Vamos a relajarnos en la bañera, pequeña.

Y ambos nos relajamos en la bañera hasta que Mike saca el tema:

–  Milena, no creo que sea buena idea ir a Kazan. No sabemos dónde nos estamos metiendo y si te pasa algo no me lo perdonaré nunca.

–  Creía que íbamos a relajarnos. – Protesto molesta.

–  Créeme que lo estoy intentando. – Me contesta resoplando. Me coloca entre sus piernas y me tumba sobre su pecho antes de envolverme con sus brazos. Me besa en la frente y añade: – Prométeme que pase lo que pase no te separarás de mi lado ni un solo segundo. Somos un equipo y lo que tengamos que hacer lo haremos juntos.

–  Te lo prometo. – Le susurro estrechándome contra su cuerpo. – Todo va a salir bien, solo seremos dos turistas que buscan un lugar donde relajarse.

Sé que Mike sigue sin estar convencido, pero al menos ha dado el tema por zanjado así que al amanecer nos dirigiremos a Kazan.

Tras relajarnos en la bañera y hacer el amor, nos metemos en la cama y nos quedamos profundamente dormidos. Mike me despierta al amanecer y, tras despedirnos de mis abuelos y prometerles que regresaremos a visitarles antes de volver a Highland, nos encaminamos hacia a Kazan.

–  Hay unos 850 km de distancia hasta Kazan, lo que supone unas doce horas de viaje, pero está empezando a nevar y es posible que esas doce horas se conviertan en veinte según el estado de las carreteras. – Me dice Mike cuando nos ponemos en marcha. – Pararemos para dormir a mitad de camino, ¿qué te parece en Kstovo?

–  Me parece bien. – Le respondo.

Por el camino le explico a Mike algunas anécdotas que he vivido en Rusia junto a mi abuelo y le cuento que he colaborado en alguna ocasión con el servicio secreto ruso y con la Interpol para que no se preocupe, pero consigo justo el efecto contrario y Mike se tensa más.

Después de diez horas de camino llegamos a Kstovo y nos registramos en un hotel de la zona. Mike está muy serio y callado y cuando entramos en la habitación para instalarnos voy directa hacia el baño para comprobar si tiene ducha o bañera. Por suerte, me encuentro con una enorme bañera con hidromasaje.

–  ¿Está todo bien por aquí? – Me pregunta Mike apoyado en el marco de la puerta del baño.

–  Sí, está todo perfecto. – Le respondo sonriendo. – Voy a llamar a mi abuelo para decirle que hemos llegado a Kstovo.

–  No tardes, voy a llenar la bañera. – Me dice tras besarme en los labios.

Llamo a mi abuelo y le digo que hemos llegado bien a Kstovo y que pasaremos la noche aquí, mañana emprenderemos el viaje y llegaremos a Kazan por la tarde. Mi abuelo me da algunos consejos y antes de colgar me pide que le llame cuando lleguemos a Kazan.

Cuando regreso al baño Mike está en la enorme bañera cubierto de espuma, me mira con deseo y me pregunta con voz ronca:

–  ¿Te apetece bañarte conmigo, pequeña?

–  Por supuesto, ¿acaso lo dudabas?

Me desnudo rápidamente y entro en la bañera con la ayuda de Mike, que me coloca entre sus piernas y me abraza con fuerza.

–  Me encanta bañarme contigo, podría pasarme horas así. – Me susurra al oído.

–  A mí también me gusta bañarme contigo, quizás deberíamos patentarlo como terapia de relajación, puede que nos hagamos ricos. – Bromeo.

–  ¿Qué harías si fueras rica? – Me pregunta Mike divertido.

–  Me compraría una casa en una de esas islas paradisiacas que están prácticamente vírgenes. – Le respondo sin dudar. – También viajaría por todo el mundo, descubrir otras culturas y me tomaría un año sabático para escribir un libro.

–  ¿Y todo eso te haría feliz?

–  Sí, pero no por completo.

–  ¿A qué te refieres? – Me pregunta con curiosidad.

–  Las cosas que de verdad me importan no se pueden comprar con dinero. – Le respondo. – Tener todo eso no me haría feliz si no tuviera a mi familia y a mis amigos.

–  Que valores a tu familia y a tus amigos por encima del dinero dice mucho de quién eres. – Me susurra Mike estrechándome entre sus brazos y añade tras besarme en los labios: – Eres preciosa por fuera y por dentro.

–  Mmm… Creo que vamos a tener que bañarnos juntos todos los días. – Le respondo con voz melosa mientras acaricio su cuello.

–  ¿Mi hada de la suerte está juguetona?

No me da tiempo a responder, Mike me devora la boca y terminamos haciendo el amor en la bañera.