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Me miro en el espejo y compruebo que estoy lista antes de salir de la habitación y reunirme con Mike en el salón. Estoy bajando las escaleras y lo veo en el hall, esperándome. Se ha puesto un traje negro con una camisa gris marengo y está para comérselo. Me sonríe en cuanto me ve y me mira de arriba a abajo con lujuria. Le devuelvo la sonrisa y camino hasta llegar junto a él.

–  Estás preciosa, Hada de la Suerte.

–  Tú también estás muy guapo, Ángel de la Guarda. – Le respondo divertida.

Mike me rodea la cintura con su brazo y me guía hacia el jardín trasero donde Carmen nos ha preparado una cena romántica bajo la marquesina. Sobre la pequeña mesa improvisada hay dos velas que iluminan el espacio. Nos sentamos en el sofá de dos plazas y murmuro:

–  Vaya, todo esto es… precioso.

–  Me alegra que te guste, pero tengo que confesarte que el mérito es de Carmen. – Me confiesa. – Nos ha preparado un delicioso risotto de setas que acompañaremos con un vino espumoso muy suave.

Mike destapa los platos y el delicioso aroma del risotto inunda mis fosas nasales. Sirve dos copas de vino espumoso y brindamos por nosotros.

Cenamos tranquilamente mientras charlamos de lo que hemos hecho hoy. Mike se muestra encantador y muy cariñoso, manteniendo el contacto conmigo en todo momento, pero tampoco va más allá.

–  Bueno, tenemos una conversación pendiente. – Me dice finalmente Mike, mirándome a los ojos, cuando terminamos de cenar. – Me gustaría saber qué piensas de lo que ocurrió ayer.

–  Sinceramente, no quiero pensarlo. – Le confieso. – Es obvio que entre ambos existe una fuerte atracción y que debería evitarte porque eres mi jefe, pero no quiero pensar en ello.

–  Yo tampoco quiero que pienses en ello, no quiero que me evites, Milena. – Me dice acunando mi rostro con ambas manos. – Pero tampoco quiero que hagas nada de lo que no estés segura.

Sé que Mike no va a ser el primero en dar el paso por mucho que lo desee, no quiere presionarme y quiere que sea yo quién lo dé cuando esté segura, pero yo ya estoy segura de lo que quiero. Doy el primer paso y me siento sobre él a horcajadas. Mike coloca sus manos en mi cintura y gruñe antes de devorarme la boca.

Cuando sus labios se despegan de los míos se me escapa un gemido de protesta y Mike comenta divertido con una sonrisa arrebatadora en los labios:

–  Mi hada de la suerte quiere jugar. – Desliza sus manos por el exterior de mis muslos y añade con la voz ronca por la excitación: – Será mejor que vayamos a la habitación, quiero ser el único que vea ese regalito que has comprado para mí. – Mike me besa en los labios y me lleva en brazos hasta su habitación, donde me deposita en el suelo y, mirándome de arriba a abajo con lujuria, añade atrayéndome hacia a él: – Ven aquí, preciosa. Quiero desnudarte.

Le obedezco sin rechistar y le rodeo el cuello con mis brazos cuando sus manos se posan en mi trasero y empieza a deslizar hacia arriba mi vestido hasta que se deshace de él tirándolo al suelo.

–  Joder, recuérdame que le dé las gracias a mi hermana. – Exclama Mike excitado. – Deja que te vea bien, preciosa. – Me dice cogiéndome de la mano y girándome sobre mí misma. – Estás muy sexy con las botas de tacón, el liguero y ese diminuto conjunto de color rojo. – Me besa apasionadamente y me alza entre sus brazos al mismo tiempo que yo le rodeo la cintura con mis piernas. Mientras nos besamos me deshago de la chaqueta de Mike y también de su camisa. Acaricio su firme y duro torso y él me sonríe y murmura con tono burlón: – Me encanta ver a mi hada de la suerte tan impaciente.

Mike me deja sentada con cuidado sobre el escritorio de su habitación y me quita las botas. Acto seguido, se quita los zapatos y el pantalón y se coloca entre mis piernas, pero aun lleva puestos los bóxer. Me besa apasionadamente, acaricia mis brazos, mis muslos, mi cintura y mi clavícula, haciendo que cada vez desee más sus caricias, jugando conmigo. Si quiere jugar, jugaremos. Le pago con la misma moneda: le acaricio deslizando mis manos hacia su miembro duro y erecto oculto por los bóxer, pero reculo justo cuando estoy a punto de tocarlo y vuelvo a seguir el mismo recorrido una y otra vez mientras dejo que continúe besándome.

–  Eres un hada muy traviesa. – Me regaña dándome un pequeño azote en las nalgas cuando por enésima vez vuelvo a retirar mis manos cuando estoy a punto de acariciarle el pene. Posa su mano en mi entrepierna, gruñe de satisfacción y susurra con voz ronca: – Estás empapada, pequeña. – Gimo a modo de respuesta y Mike me pone en pie y termina de desnudarme. Empieza desabrochándome el sujetador y lo deja caer al suelo. Sus ojos se concentran en mis pechos y antes de darme cuenta me está mordisqueando y lamiendo los pezones. – Me vuelves loco. – Me susurra al oído antes de besarme en los labios y continuar con su tarea. Me quita el liguero y el tanga con gran habilidad y rapidez y vuelve a cogerme en brazos para dejarme sentada sobre el escritorio. – Abre las piernas, quiero probar tu sabor.

Hago lo que me pide y Mike sonríe antes de enterrar su cara entre mis piernas. Su lengua presiona contra mi clítoris y se desliza hasta la entrada de la vagina. Le agarro del pelo y me arqueo en busca de un mayor placer mientras Mike introduce un dedo en mi vagina, luego dos y después tres dedos y gimo cuando su lengua vuelve a presionar en mi clítoris.

–  Eso es, pequeña. Quiero oírte gritar. – Susurra contra mi sexo y vuelve a arremeter con su lengua, me acaricia el clítoris con los dientes y yo me vuelvo loca de placer, grito, gimo y le tiro del pelo. – Córrete para mí, mi caliente hada de la suerte.

Sus palabras me vuelven loca, mi cuerpo se convulsiona cuando llego al orgasmo. Mike bebe de mí hasta el último espasmo y me dice antes de besarme en los labios:

–  Eres deliciosa, prueba tu sabor.

Nos besamos apasionadamente y cuando nuestros labios se separan me encuentro en los brazos de Mike que me lleva a la cama y se tumba a mi lado, dejando que recobre la respiración con normalidad. Me incorporo y le quito el bóxer, dejando su enorme, duro y erecto pene al descubierto frente a mí. Lo cojo con mimo y me lo llevo a los labios. Lo introduzco por completo en mi boca succiono cuando lo retiro mientras mi lengua lo acaricia con dedicación. Repito de nuevo la misma acción pero Mike me detiene y me coloca a horcajadas sobre él.

–  Quiero estar dentro de ti. – Me dice apretando su pene contra mi pubis.

Mike estira el brazo y coge un preservativo del cajón de la mesita de noche, rasga el envoltorio con los dientes y me da un azote en el trasero para que me levante un poco y poder colocarse el preservativo. Cuando termina, coloca su pene en la entrada de mi vagina, posa sus manos sobre mis caderas y me hace descender lentamente al mismo tiempo que me penetra y me llena por completo.

–  Encajamos a la perfección. – Me dice moviendo la pelvis en círculos.

Cabalgo sobre él mientras me acaricia los pechos. Me deja tener el control durante un rato, pero entonces nos da la vuelta y quedo debajo de él. Me sonríe y me besa en los labios al mismo tiempo que entra y sale de mí. Las embestidas son cada vez más rápidas y mi cuerpo se enciende de nuevo. Los músculos de mi vagina se tensan y los espasmos de placer empiezan a sacudir mi cuerpo cuando Mike me susurra al oído:

–  Córrete conmigo, pequeña.

Su tono de ordeno y mando junto con esa voz ronca me vuelven loca y mi cuerpo se convulsiona mientras Mike entra y sale de mí con ímpetu hasta que nuestros cuerpos se arquean y se deja llevar por el placer del orgasmo. Sin salir de mí, Mike nos da la vuelta y quedo tumbada sobre él. Cuando nuestras respiraciones se acompasan, me besa dulcemente en los labios, sale de mí y retira el preservativo, le hace un nudo y lo tira al suelo.

–  ¿Estás bien, preciosa? – Me pregunta envolviéndome con sus brazos.

–  Perfectamente. – Le respondo estrechándome contra él.

–  Pues a dormir que mañana tenemos que coger un avión. – Me dice divertido. Apaga la luz de la habitación y añade: – Buenas noches, preciosa.

–  Buenas noches, Mike. – Le respondo antes de quedarme dormida.

A la mañana siguiente cuando me despierto sigo entre los brazos de Mike. Él ya está despierto y me mira sonriendo antes de decirme de buen humor:

–  Buenos días, pequeña. Es hora de levantarse y darse una ducha, nuestro avión sale en poco más de tres horas.

Me obligo a deshacerme de la pereza y me levanto de la cama, pero apenas pongo un pie en el suelo Mike se levanta y me coge en brazos para llevarme hasta el baño.

–  Dúchate mientras yo traigo tu ropa. – Me dice tras darme un beso en los labios.

Hago lo que me pide sin rechistar, estoy demasiado confusa y yo soy de las que no puede pensar con razonamiento hasta después del desayuno.