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A la mañana siguiente cuando me despierto Mike no está en la cama, pero está sentado junto al tocador y tecleando en su portátil.

–  Buenos días, ¿has dormido bien? – Me pregunta cuando ve que estoy despierta.

–  Buenos días. – Le respondo con una mueca llevándome las manos a la cabeza, me duele todo.

–  Le diré a Carmen que te prepare el desayuno. – Comenta Mike. – Pero antes tengo que decirte algo, Milena.

–  ¿Qué ocurre? – Pregunto al ver su cara de preocupación.

–  Has recibido un ramo de rosas rojas esta mañana. – Me contesta Mike mirándome a los ojos para adivinar mi reacción. – No he leído la tarjeta, pero tampoco me hace falta hacerlo para saber de quién son.

–  Tíralas. – Le digo agobiada. – Voy a darme una ducha.

–  Espera, no he terminado. – Me dice Mike acercándose y sentándose a los pies de la cama. – Dada la situación, lo más conveniente es que adelantemos nuestro viaje a Rusia. Joe se quedará aquí y se ocupará de tu ex.

–  ¿Cuándo quieres salir hacia Rusia? – Le pregunto con serenidad.

–  El próximo vuelo a Moscú sale mañana a las nueve de la mañana, a las siete de la mañana tenemos que salir de aquí.

–  Necesito ir de compras, Mike.

–  Joe te llevará y te acompañará a dónde quieras ir. – Sentencia Mike.

–  Había quedado con Kate…

–  Lo sé, ya la he llamado. – Me interrumpe Mike pasándose las manos por la cabeza. – Le he dicho que adelantábamos nuestro viaje y está de camino, pero si no quieres…

–  No te preocupes, iré con Kate de compras. – Lo interrumpo antes de que acabe la frase, sé que se siente algo incómodo con el hecho de que haya quedado con su hermana, así que añado: – A menos que a ti te parezca mal, claro.

–  Me parece genial, pero Joe os acompañará. – Sentencia. – Tengo que ir al Luxe para terminar unos asuntos antes de marcharnos, llévate el móvil y si puedo me acercaré a comer con vosotras antes de regresar de nuevo al Luxe. Llámame si necesitas algo. – Me da un leve beso en los labios y añade mostrándome su sonrisa perfecta: – Esta noche terminaremos esa conversación pendiente, así que será mejor que no bebas.

Mike se marcha a la oficina y yo me doy una ducha y bajo a la cocina a desayunar en compañía de Carmen. Kate llega poco después y ambas nos marchamos con Joe en su todoterreno.

–  No entiendo como Mike te lleva a Rusia con el frío que hace allí, podría haber escogido otro destino más cálido. – Comenta Kate consternada. – No entiendo a los hombres.

Joe nos mira por encima del hombro, pero no dice nada. Supongo que él tampoco nos entiende a nosotras y no le culpo.

–  Mis abuelos maternos viven en Rusia, podré hacerles una visita. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Kate y yo recorremos media ciudad de tienda en tienda mientras Joe nos sigue a todas partes sin decir nada, al menos tampoco protesta. De vez en cuando veo que Kate le pone ojitos a Joe y sé que le gusta, pero él parece incomodarse y huye. Cuando la escena se repite por quinta vez no me puedo contener más y le pregunto a Kate:

–  ¿Se puede saber qué te traes con Joe?

–  ¿Tanto se nota? – Me pregunta horrorizada. Me encojo de hombros a modo de respuesta y, tras suspirar profundamente, Kate me dice: –  Estoy enamorada de él desde que le conocí hace ya tres años. Joe siempre ha sido educado y amable conmigo, pero hace unas semanas coincidimos en la fiesta de unos amigos de mis padres y él había bebido un par de copas de más. No estaba borracho ni mucho menos, tan solo un poco más parlanchín. Nos estábamos saludando cuando llegó mi madre y le pidió a Joe que me sacara a bailar. Mientras bailábamos me dijo que era preciosa y que le gustaría tenerme entre sus brazos para siempre. Estaba a punto de besarme cuando el hijo del anfitrión se acercó y pidió un baile conmigo. Joe asintió con la cabeza y me dejó bailando con el hijo de los amigos de mi padre. Desde entonces, me rehúye. Evita quedarse conmigo a solas ni me mira a los ojos mientras yo trato de no volverme loca.

–  ¿Mike sabe algo de esto?

–  No y va a seguir sin saberlo. – Me advierte Kate. – Creo que Joe se echa atrás por mi hermano, puede que incluso Mike le haya dicho algo, no lo sé. Pero tampoco importa demasiado porque si Joe me amara ya hubiera venido a buscarme.

–  No sé qué decirte, apenas conozco a Joe, es poco hablador y creo que no le caigo demasiado bien, pero he visto cómo te mira y te aseguro que le gustas. Quizás un poco de celos le ayude a espabilarse. – Le sugiero.

Seguimos comprando durante toda la mañana y a la hora de comer Mike me llama para decirme que no puede venir a comer pero me promete estar en casa a las seis. Joe, Kate y yo vamos a un restaurante griego y después Kate se empeña en ir a una tienda de lencería. Joe se queda en la puerta de la tienda mientras nosotras entramos y miramos algunos conjuntos. Kate se empeña en que me compre lencería provocativa para que la utilice en Rusia con su hermano. Intento resistirme pero con Kate es imposible, así que termino comprándome cinco conjuntos a cuál más provocador.

Llegamos a casa de Mike a las siete de la tarde y adivino en su rostro que está molesto.

–  Vaya horas de volver. – Nos gruñe cuando pasamos al salón. Se vuelve hacia a mí y añade con reproche: – Espero que hayas encontrado todo lo que necesitabas.

–  No te quejes, hermanito. Milena también ha comprado un regalito para ti. – Le dice Kate divertida.

–  ¿Un regalito? – Me pregunta Mike.

Como no contesto, Kate le dice:

–  Ha intentado resistirse, pero al final la he convencido así que, cuando te dé tu regalo, espero que me agradezcas lo que he hecho por ti, hermanito.

Mike entiende lo que dice su hermana y me sonríe pícaramente al mismo tiempo que yo me ruborizo tanto que podrían confundirme con un tomate.

–  Joe, lleva a casa a Kate, por favor. – Ordena Mike. Le da un beso en la mejilla a su hermana y le dice divertido: – Ya hablaremos tú y yo cuando vuelva.

–  Por supuesto, tendrás que darme las gracias. – Se mofa Kate. Me da un abrazo para despedirse y me dice al oído: – Llámame cuando quieras, me encanta ir de compras contigo.

Joe se marcha con Kate y Mike y yo nos quedamos a solas.

–  Así que has comprado muchas cosas y un regalito para mí. – Me dice Mike con tono sugerente acercándose a mí lentamente. Me besa levemente en los labios y añade sonriendo: – Me muero de ganas de ver mi regalo.

–  En realidad, son cinco regalos. – Le corrijo. – Tu hermana tendría que ser vendedora.

–  ¿Tienes hambre? – Me pregunta Mike. Asiento con la cabeza y me dice: – Le he pedido a Carmen que nos prepare la cena en el jardín, bajo la marquesina.

–  Suena genial, voy a darme una ducha y soy toda tuya.

–  Mmm… ¿Toda mía? – Me pregunta excitado.

–  Toda tuya. – Le confirmo antes de besarle en los labios. – No tardaré, te lo prometo.

Subo las escaleras para dirigirme a mi habitación y me meto directamente en la ducha, no quiero demorarme ni un segundo. Salgo del baño envuelta con una toalla y me dirijo al armario. Mientras decido qué ponerme, hago la maleta para mañana con toda la ropa que he comprado. Finalmente decido ponerme uno de los conjuntos nuevos que he comprado con Kate, concretamente un sujetador de media copa rojo de encaje con su diminuto tanga a juego y liguero. Cojo del armario un vestido negro muy ceñido, de escote cuello de cisne y corto por debajo de los muslos. Aunque todavía no estemos oficialmente en invierno ya hace bastante frío, así que decido ponerme mis botas altas de tacón de aguja. Regreso al baño para secarme el pelo y me lo aliso. Si así no soy capaz de seducir a Mike, me rindo.