Tu hada de la suerte 1.

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Después de haberme despedido del trabajo dos meses atrás y haberme mudado a 300 km de distancia del pueblo donde nací y crecí, por fin tenía una entrevista de trabajo bastante interesante. El puesto de trabajo era de directora ejecutiva en una multinacional, estaba muy bien remunerado y tenía una baza a mi favor: la persona que me iba a hacer la entrevista era un amigo de mi mejor amigo. Sí, había conseguido la entrevista por enchufe, pero no había sido fácil. Bastantes favores me había hecho ya mi buen amigo Tom como para pedirle uno más, pero el destino había querido que la empresa para la que trabajaba su amigo como director de RRHH necesitara con urgencia cubrir el puesto que había quedado vacante sin previo aviso y querían a alguien de confianza. Y Tom pensó en mí, supongo que después de dos meses viviendo en su apartamento quiere que me busque mi propio apartamento y le deje la intimidad que todo hombre soltero necesita.

–  Ya estás otra vez con el ceño fruncido, ¿se puede saber qué te preocupa? – Me pregunta Tom entrando en la cocina vestido pero con el pelo mojado todavía de la ducha. – La entrevista con Bill es una mera formalidad y no tienes que estar nerviosa, compórtate con normalidad y te adorarán, es imposible no adorarte. – Me besa en la frente y se sirve un café y unas tostadas para desayunar. – ¿Necesites que te lleve a la entrevista?

–  No hace falta, el metro me deja justo al lado de la oficina y solo son tres estaciones. – Le contesto de mejor humor y más relajada. – Me voy ya que no quiero llegar tarde.

–  ¡Llámame luego para contarme qué tal te ha ido y mucha mierda! – Se despide Tom al mismo tiempo que salgo por la puerta.

La idea de ir en metro me da curiosidad, en Beach Ville no tenemos metro y para mí es toda una novedad de Highland, la Gran Ciudad. En los dos meses que llevaba en Highland aún no me había acostumbrado al cambio de temperatura, cuando caía la noche también caían unos quince grados.

En apenas veinte minutos recorrí en metro el trayecto que me separaba de la oficina de Luxe, la multinacional donde Bill, el amigo de Tom y director de RRHH de Luxe, me iba a hacer la entrevista. Bill me había advertido que la última decisión la tomaría el director general de Luxe, que a su vez también era el fundador de la empresa. Tan solo esperaba que mi jefe fuera cordial y profesional, de ese modo no tendría problema en entenderme con él.

Nada más poner un pie en el hall del edificio de Luxe, la grandeza, elegancia y poder de la arquitectura me fascinó. Los altos techos y los enormes ventanales clásicos contrastaban con la moderna decoración minimalista y hacían del lugar una digna imagen representativa de Luxe.

–  Un edificio fascinante, ¿verdad? – Me susurra una voz grave a mi espalda.

Me doy cuenta de que me he quedado parada en mitad del hall, mirando hacia el techo y dando una lenta vuelta sobre mí misma, así que debo parecer una loca recién salida de un centro de salud mental. Me doy la vuelta para disculparme y me topo con la sonrisa más perfecta que jamás había visto, seguida de unos ojos grises que me miraban fijamente como si pudiera ver a través de mis ojos. Me quedo hipnotizada por esa mirada durante unos segundos, hasta que sus ojos se oscurecen y su sonrisa se esfuma.

–  ¿Te encuentras bien? Estás empezando a asustarme. – Me pregunta preocupado.

–  Sí, perdona. – Me disculpo mientras trato de recomponerme. – El edificio es realmente fascinante y majestuoso pero sin ser cargante ni excesivo, el decorador ha hecho un gran trabajo. – Trato de parecer normal y no una tarada.

–  Estoy completamente de acuerdo. – Me responde de nuevo con esa sonrisa perfecta en los labios. – Por cierto, me llamo Mike.

Me tiende la mano y se la estrecho como si fuera parte de un proceso automático mientras lo observo con mayor atención. Es un hombre extremadamente atractivo, de mirada penetrante y sonrisa perfecta. Iba vestido con un traje de color gris oscuro, una camisa negra y sin corbata, pero su gesto y el brillo de sus ojos esconden un lado oscuro que no puedo resistir.

–  Encantada de conocerte, Mike. Yo soy Milena.

–  Milena, bonito nombre. – Me susurra con voz perturbadora. – Encantado de conocerte, espero que volvamos a vernos.

Me muestra su sonrisa perfecta y se aleja hasta llegar al mostrador para decirle algo a la recepcionista, una chica de pelo moreno y aspecto tímido que se ruboriza en cuanto ve a Mike. Mike le dice algo en voz baja y acto seguido se encamina hacia uno de los ascensores. ¿Trabajará en el Luxe?

Me acerco a la recepcionista y me recibe con una amplia sonrisa, sintiéndose más cómoda tratando conmigo que soy una desconocida que con Mike, al que probablemente ya conocía.

–  Buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarla?

–  Buenos días. – La saludo devolviéndole la sonrisa. – Tengo una entrevista con el señor Bill Morris.

–  Está en la tercera planta, allí está el ascensor. – Me responde con una cálida sonrisa al mismo tiempo que señala en dirección al ascensor. – Buena suerte, señorita.

–  Llámame Milena y, si tengo suerte, mañana te invito a un café. – Le contesto antes de entrar en el ascensor.

Las puertas del ascensor se abren en la tercera planta y Bill ya me está esperando en el vestíbulo. Es agradable contar con una cara conocida, aunque solo conozca a Bill de haberlo visto los sábados en los partidos de fútbol de Tom y de un par de veces que Tom me ha obligado a salir de copas con él y sus amigos.

–  Hola, Milena. – Me saluda Bill. – ¿Qué tal ha ido el viaje en metro?

–  ¿Te ha dicho Tom que venía en metro? – Pregunto sorprendida.

–  Me ha llamado hace dos minutos para comprobar si habías llegado bien, justo cuando la recepcionista me ha avisado de que estabas subiendo. – Me responde divertido. – Pasa, vayamos a mi despacho.

Me conduce por la tercera planta donde se ubica el departamento de recursos humanos hasta que llegamos a su despacho. Me hace un gesto para que me siente en uno de los sillones y él se sienta en el sillón de en frente. Coge una carpeta y me la entrega.

–  Teniendo en cuenta tus estudios, tu trayectoria profesional, las referencias de la última empresa en la que has trabajado y que me pareces una persona en su sano juicio, al menos todo lo que se puede estar hoy en día, tan solo queda que le eches un vistazo al contrato y, si estás interesada en el puesto de directora ejecutiva, subimos al despacho del jefe para una entrevista final.

–  ¿Una entrevista final? – Pregunto horrorizada.

–  Él es el director general y tú vas a ser la directora ejecutiva, vais a pasar mucho tiempo juntos y es lógico que antes de contratarte quiera conocerte. Es un tío bastante carismático y aquí todo el mundo lo aprecia, seguro que te caerá bien. – Me tranquiliza Bill. – El puesto es prácticamente tuyo, no tienes nada de qué preocuparte.

Leí el contrato y Bill me aclaró todas y cada una de las cláusulas para asegurarse de que lo entendía todo. No podía quejarme, si conseguía el trabajo iba a poder alquilar mi propio apartamento y dejar de ser un parásito para Tom.

–  Entonces, ¿quieres esa entrevista final? – Me pregunta Bill sonriendo cuando por fin terminamos de repasar el contrato.

–  Sí, vamos allá. – Le confirmo.

Salimos del despacho de Bill y cruzamos de nuevo la tercera planta hasta llegar al vestíbulo, nos montamos en el ascensor y subimos a la décima planta, la última planta del edificio donde se ubicaban los despachos de los directivos de altos cargos.

4 comentarios

  1. Bueno, bueno. Esto pinta muy bien.
    Esperaré al siguiente capítulo a ver qué ha sido de la entrevista, aunque es casi seguro que a Milena la admitirán en el trabajo con esa pedazo de recomendación que lleva ¡Qué suerte! Del paro a Directora Ejecutiva… claro que hay motivos para extrañarse y querer seguir de cerca los pasos de este personaje que has creado.
    Un saludo

  2. Es un placer el tener tiempo para pode leerte nuevamente. La introducción me ha parecido muy bonita y sencilla, cotidiana en verdad.
    Tienes magia en tu narrativa.
    Saludos y mucha suerte.

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