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Tú, yo y las estrellas 21.

Tú, yo y las estrellas

Tras aguantar las bromas de los compañeros de la oficina durante toda la semana, el viernes Álex me lleva a casa después del trabajo para recoger mi maleta y a Thor y dirigirnos a su cabaña de los Pirineos para pasar allí el fin de semana, tal y cómo me había prometido. La verdad es que nos hace falta un par de días solo para nosotros ya que durante las dos últimas semanas, entre conocer a nuestras familias, mi sobrina, nuestros amigos y el trabajo, no hemos tenido tiempo para relajarnos juntos.

–  Gracias por dejar venir con nosotros a Thor, últimamente lo tengo muy abandonado. – Le agradezco cuando nos montamos en el coche.

–  Cariño, Thor es uno más de la familia. – Me dice sonriendo. – Además, tu sobrina ya me ha advertido que me tengo que portar bien con Thor o su tita me dará una patada en el culo.

–  ¿Qué? – Pregunto alucinada. – ¡Esta niña no tiene remedio!

Llegamos a la cabaña y Thor corre feliz por el jardín mientras Álex enciende la chimenea y yo preparo algo para cenar.

Esa noche, antes de irnos a dormir, salimos a la terraza. Álex se coloca detrás de mí y me envuelve con sus fornidos brazos. Nos quedamos un rato abrazados y mirando las estrellas hasta que me dice:

–  Cariño, lo he estado pensando y creo que deberíamos vivir juntos. – Al ver mi cara de pánico, añade rápidamente: – Eli, no te estoy proponiendo que lo dejes todo para venirte conmigo. Lo que te propongo es que ambos conservemos nuestro apartamento pero, en vez de estar de un lado a otro siempre corriendo, podemos instalarnos en uno, que es lo mismo que ya estamos haciendo pero en los dos apartamentos.

–  Y, ¿dónde propones tú que vivamos? – Espero su respuesta pero no dice nada, se limita a mirarme. – Cariño, ¿me has escuchado?

–  Sí perdona, es que me acabas de dejar sin palabras. – Me responde sonriendo y abrazándome con más fuerza. – Esperaba un no rotundo como respuesta y me había preparado para recitarte un arsenal de buenas razones para convencerte. Pero, aunque no me hayas dicho que no, tampoco me has dicho que sí.

–  Cómo tú has dicho, se puede decir que ya vivimos juntos pero en dos apartamentos, así que supongo que será lo mismo pero viviremos con mayor comodidad. – Le respondo sonriendo. – Ahora dime, ¿dónde habías pensado vivir?

–  Había pensado que a lo mejor prefieres mi apartamento, así el tuyo estará siempre libre y dispuesto cuando lo necesites. – Me responde. – Además, Thor estará más cómodo en mi apartamento en esa enorme terraza. Incluso podemos comprarle una de esas casetas para perros de jardín para que duerma fresquito en verano. En cuanto a ti, te prometo que te haré sentir como en casa y no echarás de menos tu apartamento ni un solo instante. ¿Qué me dices, pequeña amazona?

–  Veo que también habías preparado un arsenal de buenas razones para mudarnos a tu apartamento. – Le digo bromeando. Le doy un beso en los labios y añado: – Supongo que es buena idea y, si algo sale mal, siempre puedo regresar huyendo a mi apartamento.

–  No vas a querer salir huyendo, pequeña. – Me susurra al oído con la voz ronca. – De hecho, no vas a querer alejarte de mí nunca.

Nos besamos y, cuando nuestras caricias se tornan cada vez más atrevidas y necesitadas, Álex me coge en brazos y me lleva a la habitación, me deposita sobre la cama con suavidad para después hacerme el amor con pasión y lujuria, una y otra vez hasta acabar agotados.

 

 

Un año después…

 

En cuanto Álex sale a pasear con Thor, me levanto de la cama y corro al baño a vomitar. Hace diez días que tendría que haberme venido el período y llevo tres días vomitando por las mañanas, creo que estoy embarazada. He aguantado las ganas de vomitar para no alarmar a Álex, no quiero que me vea así, al menos no hasta estar segura de lo que me pasa. Puede que solo sea un virus, una de esas pasas gastrointestinales que se pasa en unos días, aunque empiezo a dudarlo. Vomito por las mañanas, durante el día me atiborro a comida como si no hubiera un mañana, tengo sueño a todas horas y mis cambios de humor me asustan hasta a mí.

Aún y así, Álex se ha creído que alguna comida me ha sentado mal, que estoy cansada y que el estrés de los últimos días en la oficina ha acabado con mis fuerzas, lo cual no deja de ser cierto, al menos en parte.

Saco de mi bolso el test de embarazo que compré ayer, donde lo tenía bien escondido, me armo de valor y decido hacerme la prueba y que sea lo que tenga que ser.

Tras leer y seguir las instrucciones, espero los tres minutos que indican y miro la pantallita rectangular del test. Dos rayitas de color rosa. Estoy embarazada.

–  Cariño, ¿estás bien?  Me pregunta Álex al otro lado de la puerta.

–  Sí, ahora salgo. – Logro responder.

–  Voy a preparar el desayuno, ¿lo tienes ya todo preparado para marcharnos?

–  Sí, solo me falta vestirme y desayunar.

–  De acuerdo, no tardes. – Me contesta.

Como ayer le dije que estaba cansada, Álex ha pensado que tomarnos un par de días libres para irnos a la cabaña de los Pirineos era lo mejor para que me recupere, pero el que va a necesitar recuperarse será él cuando le dé la noticia. ¿Cómo reaccionará? Una cosa es que Álex adore a mi sobrina y le guste pasar el rato con ella, otra muy distinta es decirle que va a ser papá.

Desde ese momento, me convierto en un zombi. Desayuno sin apenas hablar y me paso todo el trayecto en el coche de camino a la cabaña en el más absoluto silencio. El resto del día en la cabaña tampoco va mucho mejor, me lo paso evadida en mis propios pensamientos mientras él se muestra paciente conmigo. Hasta después de cenar, que ya no puede más y me dice con voz dulce:

–  Cariño, no sé qué te pasa pero es obvio que algo te ocurre. ¿Quieres contármelo o piensas seguir torturándome otro día más?

–  Quiero contártelo desde esta mañana, pero no sé cómo hacerlo. – Le confieso.

–  Cariño, estoy contigo para lo bueno y para lo malo. – Me dice abrazándome. – Ahora dime qué te ocurre antes de que me dé un infarto. Solo estamos tú, yo y las estrellas. Bueno, y también Thor.

–  Hay alguien más, Álex. – Le contesto y él empieza a mirar a nuestro alrededor preocupado hasta que cojo su mano, la coloco sobre mi vientre y le susurro: – Estoy embarazada.

A Álex se le ilumina la cara y sus labios dibujan una amplia sonrisa. Me abraza con fuerza y me besa en la frente, en la mejilla, en los labios, por el cuello… Hasta que se para de repente, me mira a los ojos y me pregunta:

–  Cariño, antes de que siga haciéndome ilusiones, ¿deseas tener el bebé?

–  ¿Lo deseas tú?

–  Más que mi propia vida.

–  Yo también, cariño. – Le respondo dejándome envolver por sus brazos. – Tenía miedo de tu reacción, no sabía cómo te lo ibas a tomar.

–  Pequeña, ¿desde cuándo lo sabes?

–  Saberlo con certeza desde esta mañana que me he hecho el test de embarazo, pero lo sospecho desde hace tres días, cuando empecé a vomitar. – Le confieso. – No quería decirte nada hasta estar segura, no quería preocuparte por nada…

–  Cariño, acabas de hacerme el hombre más feliz y lo único que deseo es que confíes plenamente en mí, juntos para lo bueno y lo malo. – Me responde sonriendo y sin dejar de abrazarme. – Un pequeño guerrero o una pequeña guerrera, Nerea se pondrá muy contenta cuando se entere que por fin va a tener un primito.

–  Aún es pronto para anunciarlo, cariño. – Le respondo. – Te prometí que serías el primero en saberlo y lo he cumplido, pero de momento seremos los únicos, al menos hasta que visite al doctor y nos confirme que todo está bien.

–  Cómo tú ordenes, pequeña. – Me consiente. Me da un beso en los labios antes de cogerme en brazos y añade: – Vamos dentro que no quiero que cojas frío, pequeña.

Y me lleva a la habitación, donde me desnuda y, antes de hacerme el amor, me besa una y otra vez en cada centímetro de mi vientre, con amor y ternura. Él desea tanto este bebé cómo lo deseo yo.

 

FIN

Tú, yo y las estrellas 20.

Tú, yo y las estrellas

El lunes se me complica el día en la oficina. Roldán ha vuelto a tener sus diferencias con nuestro director productivo y exige hablar directamente conmigo. Yo accedo resignada y Álex refunfuña porque piensa que lo único que quiere Roldán es pasar tiempo conmigo.

En la oficina, nadie sabe nada de nuestra relación, al menos no oficialmente. Álex no se molesta en disimular y por todos es bien sabido que llegamos y nos vamos juntos, por no mencionar nuestras miradas y sonrisas durante las reuniones, es nuestro secreto a voces.

–  Jesús, soy consciente del error que Enjoy cometió contigo, pero ya lo hemos solucionado y estamos dispuestos a realizar nuestro trabajo con la misma eficacia de siempre, pero si no confías en nosotros, puede que lo mejor es que ceses el contrato. – Le digo a Roldán frente al rostro de desconcierto de Álex, Raúl y Javier, el director de producción. – Antes de que tome una decisión arriesgada, le propongo que haga un balance de pros y contras sobre contratar una nueva empresa. ¿Qué garantías le pueden ofrecer de cara a la seguridad y organización de sus eventos? Mi abuela siempre decía que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer y, si me lo permites, te diré que Enjoy es de lo bueno lo mejor, conoces como trabajan sus empleados y, a excepción de ese lamentable acontecimiento, todo ha salido siempre bien. Le garantizamos seguridad, confianza y sobre todo le demostramos que en Enjoy lo primero son siempre los clientes. Enjoy ha hecho frente a las críticas, ha subsanado todos los errores de mi antecesor y ha indemnizado económicamente a las víctimas del incidente, pero Enjoy también es una víctima, no lo olvide.

–  Supongo que tienes razón, buscar a otra empresa de eventos solo me crearía más inseguridad de la que ya tengo, pero no es fácil volver a confiar en Enjoy. – Me responde Roldán.

–  Debo matizar que Enjoy no le ha defraudado, en todo caso lo hizo mi antecesor, el cual tengo entendido que está pendiente de rendir cuentas frente a la justicia. – Matizo. Le tiendo el contrato para que firme los cinco años de exclusividad con Enjoy y añado: – Me gusta que la confianza sea recíproca y, dado que nosotros le estamos dando plena confianza, espero que usted sepa lo que debe hacer.

–  Firmaré el dichoso contrato, pero exijo que seas tú quién supervise todo el proceso. – Condiciona.

–  Estaré encantada de atenderle siempre que lo desee, pero creo que Javier Oliveras, nuestro director productivo, será más efectivo a la hora de resolver sus dudas sobre el evento, escuchar sus sugerencias y, en según qué aspectos, deberá recurrir a él, aunque estoy dispuesta a estar presente en sus reuniones para asegurarme de que todo va como la seda. – Le respondo triunfal.

–  El idiota de Weiner no sabe lo que ha dejado escapar. – Me dice Roldán. – Sin embargo, estoy seguro de que el señor García sí sabe lo que tiene y no te dejará escapar.

–  Puede darlo por sentado, señor Roldán. – Le responde Álex. – No pienso dejar escapar a Eliana de Enjoy ni de mi vida.

Álex acaba de marcar territorio y ¡de qué manera! La tensión entre Álex y Roldán es palpable entre todos los presentes. Raúl me mira en busca de apoyo, ¿qué pretende que haga? Si estuviera en la calle ya les habría puesto a los dos en su lugar, pero estoy en la oficina, Álex  es mi jefe y Roldán el mayor cliente de Enjoy. Estoy atada de pies y manos.

–  Eliana y, ¿qué dices tú al respecto? – Me pregunta Roldán decidido a molestar a Álex.

–  No tengo intención de escaparme a ninguna parte y no permitiré que Álex deje que me escape.

Espero haberle dejado bien claro con eso que estoy con Álex y pienso seguir estándolo el resto de mi vida, ya sea profesional o personalmente hablando.

Raúl y Javier nos miran atónitos. Raúl sabe que estamos juntos, igual que Javier y el resto de la oficina, pero nunca lo hemos dicho abiertamente y ahora lo acabamos de hacer. Era el último muro que nos quedaba rebasar como una pareja que empieza a brotar como las flores en primavera.

Roldán nos sonríe y firma el contrato para después estrecharnos la mano a todos.

–  Espero no equivocarme con esto, Eliana. – Me dice Roldán.

–  No lo harás, puedes estar seguro de ello. – Le contesto estrechándole la mano con firmeza y despidiéndome de él. Acompaño a Roldán a la puerta del ascensor y cuando regreso a la sala de reuniones me encuentro a todos los directivos allí. – ¿Me he perdido algo? – Le pregunto a Marga en voz baja.

–  Álex nos ha reunido para ponernos a todos al corriente de la situación con Jesús Roldán y, por lo que ha dicho hasta el momento, tú eres la responsable de que haya firmado un contrato por cinco años más de exclusividad con nosotros. Enhorabuena, Eli. Eres lo que le hacía falta a Enjoy y a Álex, profesional y personalmente hablando. – Me responde Marga guiñándome un ojo.

Cuando Álex termina su discurso, todos me felicitan antes de regresar a sus respectivos despachos y Álex se queda en la sala hasta que todos desaparecen dejándonos a solas.

–  Pequeña, nos merecemos un fin de semana relajados. – Me dice besándome en los labios. – Me da igual si es en la cabaña de los Pirineos, en el Caribe o encerrados en casa, pero quiero un fin de semana solo para los dos.

Me agarra de los muslos y me sienta sobre la mesa para después colocarse entre mis piernas y besarme apasionadamente en los labios.

–  Cariño, estamos en la oficina, más concretamente en la sala de reuniones. – Protesto sin demasiado énfasis. – Cualquiera puede entrar y vernos y, si sigues así, no voy a ser capaz de razonar con lógica.

–  Me encantaría tumbarte en la mesa y hacerte el amor, pequeña. – Me susurra con la voz ronca.

Justo en ese momento, Raúl entra en la sala de juntas y nos sorprende.

–  Utilizad el despacho para estas cosas, esto es una zona común. – Se mofa. – Eliana, un mensajero está esperando que le firmes la notificación de entrega de trescientos ramos de rosas. – Se vuelve hacia a Álex y le dice bromeando: – Con un ramo hubiera bastado, ¿dónde vas a colocar trescientos?

–  Yo no he mandado esas flores. – Responde Álex frío como el hielo. Me mira inquisitivo y me pregunta algo molesto: – ¿Debo preocuparme por que alguien te envíe trescientos ramos de flores o es que es tu cumpleaños y todos tus amigos de Facebook se han puesto de acuerdo para llenar tu despacho y la oficina de rosas?

–  Mi cumpleaños es el quince de agosto. – Le respondo. – Debe de haber un error, ¿quién me iba a enviar trescientos ramos de rosas? – Entonces la fecha de hoy retumba en mi cabeza. Un día como hoy, hace seis años, empecé a salir con Norbert. – ¡Oh, mierda!

Salgo de la sala de reuniones y me dirijo directamente a la recepción donde Marga está ayudando a los pobres mensajeros a colocar la enorme cantidad de ramos de rosas rojas. Firmo la notificación de entrega y acto seguido me dedico a recoger todas y cada una de las tarjetas de los ramos y, cuando las tengo todas, las meto en la trituradora de mi despacho tras abrir la primera y comprobar mis sospechas, son de Norbert.

Álex me ha estado observando desde que salí de la sala de reuniones y me ha seguido hasta mi despacho donde, apoyado en el quicio de la puerta, me pregunta con seriedad:

–  ¿Piensas explicarme qué significa esto?

–  No tenía la menor intención, la verdad. – Le confieso. – Confiaba en poder limpiar todo esto sin tener que dar explicaciones.

–  Son de Norbert Weiner, ¿no es así? – Asiento con la cabeza y añade: – Eli, evitas hablar de él conmigo y tratas de ocultarme sus llamadas, sus e-mails y sus flores. Ya no sé qué pensar. A veces creo que sigues enamorada de él y que en cualquier momento te marcharás y regresarás a Alemania para estar a su lado.

Descuelgo el teléfono de mi despacho, marco la extensión de Marga y, cuando me contesta, le pido con un hilo de voz:

–  Marga, tira las flores, regálalas o quédatelas, pero deshazte de ellas, por favor. – Suspiro profundamente y añado: – Estoy reunida con Álex, ¿podrías impedir que alguien nos moleste?

–  Tranquila, cielo. – Me dice Marga divertida. – Nadie sabrá que estáis en el despacho.

Cuelgo el teléfono y le hago un gesto a Álex para que pase, cierre la puerta y se siente frente a mí. Él obedece pero en su rostro veo la tristeza y la desolación y siento una opresión en el pecho. Su dolor también es mi dolor.

–  Cariño, las rosas son de Norbert. – Le confieso. – No tengo la más mínima intención de regresar a Alemania y mucho menos de regresar con Norbert.

–  Entonces, ¿a qué vienen esas rosas de repente? – Me pregunta desconfiado.

–  Hoy hace seis años que conocí y empecé a salí con Norbert, hoy sería nuestro aniversario y supongo que las rosas han sido una forma más de llamar la atención y fastidiarme la vida. – Le contesto. – Álex, no quiero que desconfíes de mí. Te quiero más que a mi propia vida, lo que siento por ti nada tiene que ver con Norbert, es totalmente diferente.

–  Teniendo en cuenta que con él estuviste a punto de casarte, ¿cómo debo tomarme lo que acabas de decir? – Me pregunta con tristeza.

–  Cariño, contigo me casaría en este mismo momento. – Le respondo plantándole un beso en todos los morros. – Te quiero y no tienes nada de lo que preocuparte, ¿de acuerdo? – Asiente con la cabeza y me sonríe con ternura. – Y ahora, pequeño, me gustaría seguir con el asunto pendiente que hemos dejado en la sala de reuniones.

–  Te quiero, pequeña. – Me dice antes de besarme y tumbarme sobre la mesa de mi despacho.

Hacemos el amor allí mismo, sin preocuparnos por que nos puedan descubrir, dejándonos llevar por la pasión y el deseo. Me envuelve entre sus brazos, me besa y me acaricia como si yo fuera lo más preciado y delicado que pueda tener y yo me dejo querer por él.

Estando con él me siento en el paraíso, somos cómo Eva y Adán en el jardín del Edén, solo espero que en nuestro jardín no crezcan frutas prohibidas.

Tú, yo y las estrellas 19.

Tú, yo y las estrellas

El sábado por la tarde, me preparo para ir a casa de los padres de Álex o, como mi hermana me ha dicho, a casa de mis futuros suegros. En cualquier otro momento de mi vida pensar en conocer a futuros suegros sería como arder en el infierno, pero contra todo pronóstico, estoy ilusionada y emocionada, aunque también estoy hecha un manojo de nervios.

Aconsejada por mi hermana, me pongo un vestido malva de tubo hasta las rodillas, bastante ceñido pero compensado con un escote recatado. Me calzo mis zapatos negros de tacón de aguja y una chaqueta de color negro de manga 3/4. Para no parecer tan formal, me dejo el pelo suelto y apenas me maquillo. Cuando salgo del baño y me encuentro con Álex en el salón esperándome, me dice en cuanto me ve:

–  Cariño, estás preciosa pero, ¿no crees que vas muy elegante para una cena familiar?

–  Así no ayudas. – Protesto dando media vuelta para regresar a mi habitación y cambiarme de ropa. Él me sigue hasta la habitación y, apoyado en el quicio de la puerta con gesto despreocupado, me dice: – Solo ponte algo con lo que te sientas cómoda, unos tejanos y una camiseta. Yo tampoco me he puesto traje.

–  Fuera, voy a cambiarme de ropa. – Le ordeno. Me mira sorprendido, no es la primera vez que me cambio de ropa delante de él y nunca me ha importado, pero ahora estoy demasiado preocupada y nerviosa como para relajarme mientras él no me quita ojo de encima. – Espérame en el salón, lo último que quiero es que me entretengas y lleguemos tarde.

Obedece de mala gana y regresa al salón mientas yo vuelvo a inspeccionar mi armario. Opto por ponerme una mini falda tejana con una blusa de tirantes con estampado floral y unas sandalias con tacón de cuña, arreglada pero informal. Salgo de nuevo al salón y cuando Álex me ve me dice sonriendo maliciosamente:

–  Cariño, si vas así vestida solo voy a tener ganas de desnudarte. ¿Es tu venganza por haberte dicho que te cambiaras de ropa?

–  Será tu recompensa al final de la noche. – Le contesto socarronamente. – Entonces, ¿crees que estoy bien así vestida para ir a casa de tus padres?

–  A mí me gustas más desnuda, pero estoy seguro de que a ellos les incomodaría un poco.

Entre bromas y risas subimos al coche de Álex y conduce hasta a las afueras de la ciudad, cerca de donde vive su abuela Charo. En esta zona todas las casas son enormes, como en el barrio de mis padres y mis tíos.

Aparca el coche en la calle, frente a la puerta de acceso al jardín de casa de sus padres. Salimos del coche y se coloca rápidamente a mi lado, rodeándome la cintura con su brazo. Me da un beso en la frente y me susurra al oído:

–  Relájate, no te dejaré sola ni un segundo. – Vuelve a besarme, esta vez en los labios, y añade: – El próximo fin de semana nos lo tomaremos de descanso, solos tú y yo, ¿dónde te gustaría ir?

–  Quiero ir a la cabaña. – Le contesto convencida de mi decisión. – Me gusta que estemos solos tú, yo y las estrellas.

–  Te quiero, pequeña. – Me dice por primera vez. Me da un beso dulce en los labios y añade: – Y ahora vamos a entrar ahí dentro y les vas a dejar a todos con la boca abierta.

–  Álex, espera. – Le digo agarrándole del brazo. Le miro fijamente a los ojos y, armándome de valor, le confieso con un hilo de voz: – Yo también te quiero.

Me besa apasionadamente en los labios hasta que nos interrumpe la voz de Carol, que está parada frente a nosotros diciéndonos:

–  Ya os daréis el lote luego, me han enviado a buscaros porque tenían miedo de que Eli se echara atrás.

–  Estaba a punto de echarse atrás y la estaba convenciendo para que entrara. – Bromea Álex. – Lo cierto es que el resultado estaba siendo bastante efectivo, hasta que has aparecido.

–  Carol, ¿voy bien así vestida? – Le pregunto nerviosa.

–  Así estás perfecta, creo que incluso me gustas para mí. – Se mofa Carol.

–  Ten cuidado, que soy como una droga para todo aquel que me prueba. – Le sigo la broma.

–  ¡Vaya dos! – Exclama Álex divertido. Nos abraza a ambas por la cintura y entramos en la majestuosa casa donde una pareja de la edad de mis padres nos espera en el hall, sonriendo alegremente junto a Charo. – Mamá, papá, quiero presentaros a Eliana, mi novia. – Les dice orgulloso. Me da un beso en la frente y me dice: – Cariño, ellos son mis padres, Celia y Nicolás. A mi abuela ya la conoces.

–  Encantada de conocerles. – Les digo estrechándoles la mano a los padres de Álex, que sin dudarlo me dan la mano y un cálido abrazo. – Charo, me alegra volver a verte. – Añado tras saludarla con un afectuoso abrazo, le he cogido mucho cariño a esta mujer.

Pasamos al salón y Nicolás es el primero en romper el hielo y hablar:

–  La verdad es que vuestra historia es muy interesante. – Empieza a decirnos. – Es como si el destino se hubiera empeñado en cruzar vuestros caminos. Os conocéis sin saber que vais a trabajar juntos y Eliana conoce a Carol sin saber que es tu hermana. Me hubiera gustado haber visto la cara de mi hijo cuando se enteró de quién eras realmente.

–  Sinceramente, creo que mi cara fue peor que la suya. – Bromeo.

–  Casi tuve que rogarte que no renunciara al trabajo porque yo fuera el jefe. – Me recuerda Álex. – Y menos mal que la convencí porque, si no llega a ser por ella, uno de mis mejores clientes nos hubiera dejado y hubiera sido un duro golpe, tanto económico como para la imagen de la empresa.

–  No todo el mérito es mío, y aún no lo tenemos asegurado. – Le recuerdo.

–  Nuestro hijo ha sabido elegir bien, Celia. – Le dice Nicolás a su esposa. – Ha escogido a una chica educada, inteligente y muy hermosa.

–  Me basta con ver cómo os miráis para saber que vais a ser felices juntos. – Me dice Celia.

–  Ya vale, me la vais a asustar y me quedaré sin novia. – Les dice Álex al ver cómo me ruborizo. – Ya me ha costado lo mío conseguir que esté donde está, no hagáis que se arrepienta.

Pasamos al comedor entre bromas y risas. Los padres de Álex son tan encantadores como él, su hermana y su abuela. Todos están pendientes de que me sienta cómoda entre ellos y no me falte de nada, sobretodo Álex, que no se despega de mí ni un segundo tal y como me ha prometido.

Después de cenar, tomar el postre y café, Álex decide que ya es hora de irse y nos despedimos de su familia prometiéndoles regresar pronto para cenar de nuevo todos juntos.

Regresamos a casa y, tumbados en el sofá, me dice:

–  Mis padres te adoran, igual que te adoramos mi abuela, mi hermana y yo desde que te conocimos.

–  Me alegro de que saliera bien, estaba preocupada porque no fuera así.

–  Cariño, todo va a ser perfecto entre nosotros, pienso ocuparme de ello. – Me dice abrazándome con fuerza y besándome en la coronilla.

–  Nunca me he sentido tan bien como me siento ahora. – Le confieso. – Haces que me sienta segura, contigo no le tengo miedo a nada y eso me preocupa.

–  No lo entiendo, ¿te preocupa?

–  Si esto no sale bien…

–  Va a salir bien, saldrá perfecto. – Me interrumpe. – Ya te he dicho que me voy a encargar de que así sea, pequeña amazona.

–  Pues deberías empezar a ocuparte, cariño. – Le digo con voz melosa al mismo tiempo que acaricio su cuello suavemente con mis labios. – Quiero sexo, pequeño.

–  Tus deseos son órdenes para mí, pequeña. – Me responde colocándome sobre él. – Me encanta complacerte, cariño.

Nos besamos, nos acariciamos, nos desnudamos y hacemos el amor en el sofá para después seguir haciéndolo en el suelo de la habitación y por último en mi cama.

Aún no me creo que esto esté pasando de verdad, es todo tan bonito y perfecto que me da miedo despertar un día y darme cuenta de que todo ha sido un sueño, una ilusión.

El domingo Álex propone llevarme a un pequeño pueblo costero y vamos en su moto. No sé por qué, esperaba una moto como Harley Davidson, pero la moto de Álex me ha impresionado más, es como una de esas motos enormes de carrera en la que solo de pensarlo te da pánico imaginarte subida en ella.

–  Venga pequeña, no dejaré que te ocurra nada y prometo ir despacio. – Me anima al verme dudar. Me subo a la moto y me susurra antes de darme el casco: – Esa es mi pequeña amazona.

Pasamos el día comiendo con vistas al mar, paseando por la orilla de la playa o por las pintorescas calles del pequeño pueblo donde todo el mundo se saluda con alegría. Álex me lleva cogida por la cintura y me besa en los labios cada tres pasos que da, no puede estar separado de mí ni yo separada de él, todo esto está yendo demasiado rápido y lo cierto es que no me importa. Estoy dispuesta a dejarme llevar por lo que siento y disfrutar del presente sin temer el futuro.

Tú, yo y las estrellas 18.

Tú, yo y las estrellas

Al día siguiente, Álex y yo llevamos a mi sobrina a montar a caballo, a comer una hamburguesa y a pasear a Thor, tal y como le habíamos prometido. Nerea vuelve a mencionar el asunto de los primitos y yo vuelvo a ponerme pálida. Si nunca he pensado en tener hijos, ¿por qué me lo planteo ahora que apenas estoy empezando una relación? Con Norbert estuve cinco años, cuatro de ellos viviendo con él y uno prometida. Estaba a punto de casarme con él, estaba dispuesta a pasar el resto de mi vida con él, sin embargo, nunca me había planteado tener hijos. Apenas hace dos meses que conozco a Álex y mi mente ya ha imaginado cómo sería tener hijos con él.

–  Pequeña guerrera, vamos a hacer un trato. – Le dice Álex a mi sobrina. – Tú cuidas muy bien durante un tiempo a Iker y, si lo haces bien, la tita y yo nos lo pensamos, ¿de acuerdo?

–  ¿Durante cuánto tiempo tengo que cuidar a Iker? – Le pregunta mi sobrina.

–  Durante algún tiempo, pequeña. – Le dice Álex. – No queremos que la tía se asuste y salga huyendo, ¿verdad?

Por suerte, él siempre está ahí para sacarme del atolladero, y eso me recuerda que le debo una explicación. Esa misma noche, cuando nos sentamos en el sofá después de cenar, le digo:

–  Gracias por contestar las impertinentes preguntas de mi sobrina, no es fácil y tú lo has hecho muy bien, pequeño.

–  Has vuelto a ponerte pálida cuando lo ha mencionado. – Me dice sonriendo. – El caso es que como no dices nada, he empezado a darle vueltas a la cabeza. Incluso he llegado a pensar que te has quedado embarazada y tratas de ocultármelo. Nunca harías algo así, ¿verdad?

–  ¿Qué? ¿A qué te refieres?

–  Quiero que me prometas que si te quedas embarazada, nunca me lo ocultarás. – Me dice mirándome fijamente a los ojos.

–  Deja de darle vueltas a la cabeza, no estoy embarazada. – Le digo divertida. – Y, si me quedo embarazada, serás el primero en saberlo, te lo prometo. – Le doy un beso en los labios y, abrazándole con fuerza, le confieso: – Nunca había pensado tener hijos, ni siquiera estando a punto de casarme. No es que no quisiera tenerlos, sino que me parecía algo demasiado lejano como para pensar en ello. Sin embargo, cuando mi sobrina dijo que quería un primito, me di cuenta que sí quiero tener hijos. No ahora, en un futuro lejano. – Le aclaro para no asustarlo.

–  A mí no me importaría tener hijos contigo ahora mismo, de hecho tengo que confesarte que la idea de que pudieras estar embarazada me gustaba. – Me dice bromeando. – Me gustaría tener a un pequeño demonio corriendo por los pasillos detrás de Thor, un pequeño demonio nuestro.

–  Y yo que creía que la loca era yo… – Musito divertida.

La semana en la oficina se me hace cuesta arriba, Roldán le está dando problemas a Javier Oliveras, el director de producción, y me veo obligada a intervenir entre ellos. Finalmente, logro que Roldán se tranquilice y escuche las sugerencias de Javier, que me parecen de lo más apropiadas y así se lo hago saber a Roldán.

El viernes quedo para comer con Helena y Carol y les cuento lo nerviosa que estoy por la cena de mañana en casa de los padres de Álex, que también son los padres de Carol.

–  No te preocupes, mis padres aún no te conocen y ya te adoran, mi abuela les ha hablado maravillas de ti. – Me dice Carol animándome. – Además, mi abuela y yo también estaremos en la cena, no tienes de qué preocuparte.

–  ¿Qué me dices de la cena de esta noche en casa de tus padres? – Me pregunta Helena.

–  Mis padres adoran a Álex, no tengo nada de lo que preocuparme. – Le respondo encogiéndome de hombros y añado bromeando: – Si no ha salido corriendo después de tratar con mi sobrina y toda mi familia al completo, no creo que lo vaya a hacer precisamente esta noche.

–  Yo tengo que confesaros algo. – Nos dice Helena. – Raúl y yo hemos empezado a salir en serio, lo hemos hablado y los dos queremos algo más que ser un par de amigos que se divierten juntos.

–  Me alegro por vosotros. – Le digo dándole un abrazo. Me vuelvo hacia a Carol y le digo: – Y tú no deberías perder el tiempo con Iván, deberías llamarle y quedar con él.

–  Ya me gustaría a mí, pero Iván solo me ve como la hermana pequeña de su amigo y ahora encima también su jefe. – Se lamenta Carol. – No me ve como una mujer.

–  Eso es lo que tú te crees. – Le aseguro. – Iván no te quita el ojo de encima, pero creo que el hecho de que seas la hermana pequeña de su amigo y jefe y que acabes de dejarlo con tu novio le echa un poco para atrás. Tendrás que ser tú quien dé el primer paso y tendrás que hacerlo rápido si no quieres que alguna lagarta se te adelante.

Carol saca su móvil y le manda un mensaje a Iván invitándole a cenar y él responde aceptando de inmediato. Puede que necesiten ir poco a poco, pero estoy segura que terminarán juntos tarde o temprano, igual que Álex y yo.

Esa misma noche, Álex y yo vamos a cenar a casa de mis padres. Por extraño que parezca, mi madre no ha invitado a mis tíos y mi padre trata a Álex como si de Jorge se tratara, uno más de la familia. Mi madre no hace ninguna de sus preguntas indiscretas y todos se muestran encantadores. La primera vez que llevé a Norbert a cenar a casa de mis padres nos fuimos antes de que sirvieran el segundo plato, Norbert no aguantó más las preguntas inoportunas, inapropiadas y despiadadas de mi familia y esa noche yo me enfadé mucho con ellos, aunque ahora me arrepiento de no haberles hecho caso en su momento.

–  Cielo, estás muy callada, ¿va todo bien? – Me pregunta mi padre cuando estamos en el salón, tomándonos una copa después de cenar.

–  Todo va genial, papá. – Le respondo sonriendo. – Gracias por esta noche tan tranquila.

–  Ambos hemos aprendido de nuestros errores, pequeña. – Me dice abrazándome y besándome en la frente como acostumbra a hacer para después susurrarme al oído: – Este chico me gusta para mi princesa y, si ha sabido ganarse a Nerea, no hay duda de que merece la pena intentarlo, pequeña.

–  Basta ya de cuchicheos, está muy feo. – Nos regaña mi madre mientras Álex nos mira divertido. – Por cierto, ¿mañana vas a cenar a casa de los padres de Álex, verdad?

–  Así es, mamá. – Le digo poniéndome tensa.

–  Relájate, mis padres te van a adorar en cuanto te conozcan. – Me dice Álex acariciándome la mano para llevarla hasta sus labios y besarla. – No tienes que preocuparte de nada.

–  Y, ¿si no les gusto? – Pregunto horrorizada.

–  Pequeña, estoy segura que les vas a gustar. – Me dice mi padre. – De lo contrario limítate a comportarte educadamente y pon alguna excusa cuando Álex te diga que quiere que vayas con él a visitarles, es lo que hacía yo con tus abuelos. – Añade bromeando.

–  ¡Manuel! – Le regaña mi madre mientras nosotros nos reímos. – Y tú, no te rías, ¡eres igual que tu padre!

–  Mamá, reconócelo. – Le digo. – Pasé un verano con el abuelo y los chicos del pueblo dejaron de hablarme porque el abuelo los amenazó.

–  A lo mejor son mis padres los que no te gustan. – Bromea Álex divertido.

–  Eli está acostumbrada a nuestra familia, estoy seguro que cualquier otra familia le parecerá celestial comparada con la nuestra. – Se mofa mi padre.

–  ¡Manuel! – Vuelve a regañarle mi madre. – ¿Qué va a pensar Álex de nosotros?

–  Después de lo que vio en el cumpleaños de tu nieta, si ha vuelto es porque quiere de verdad a tu hija y tengo que reconocer que el chico me cae bien, me gusta cómo mira y cómo trata a mi pequeña. – Le dice mi padre con total naturalidad.

–  Papá, las dos copas de vino que te has tomado te han sentado mal. – Me mofo. Me vuelvo hacia a Álex y le digo orgullosa: – Eres el primer novio que le cae bien a mi padre.

Le doy un beso en los labios sin pensar en dónde ni con quién estoy. Mis padres nos miran sonriendo y Álex se queda paralizado, sorprendido por lo que acabo de hacer.

–  No pongas esa cara, tú querías que nuestra relación fuera estable y formal y lo bueno de eso es que puedo besarte donde y cuando quiera. – Le respondo divertida.

Me sonríe maliciosamente, me abraza y me besa en la frente, igual que acostumbra a hacer mi padre. Mi padre nos mira divertido y le dice a Álex:

–  Ándate con ojo, muchacho. Aquí donde la ves, cuando saca ese carácter que tiene tiembla hasta el mismísimo diablo. Es mejor que no la hagas enfadar. – Le advierte.

–  Aún no he visto ese carácter, pero he podido comprobar las consecuencias. – Le responde Álex sonriendo, seguramente recordando la noche de la fiesta en casa de Izan, cuando me peleé con Fabián en la cocina. – No me atrevería a hacerla enfadar, no tengo la menor intención de conocer en primera persona el carácter de tu adorada hija.

–  Entonces, si no te vuelvo a ver, deduciré que ya has conocido el lado oscuro de su carácter. – Se mofa mi padre.

–  ¡Papá! – Le regaño. Me vuelvo hacia Álex y le dijo poniéndole ojitos de cordero: – No hagas caso a mi padre, soy tan dulce como un osito de peluche.

Todos se ríen y yo con ellos. Pero mi madre se ve en la obligación de ser sincera con Álex y le dice:

–  Soy su madre y la adoro, es una buena chica que siempre ha tenido los pies en la tierra, pero cuando saca la mala leche no hay quién pueda con ella así que, si quieres un consejo, te recomiendo que cuando se enfade la dejes sola y dejes que se le pase.

–  Mamá, lo estás asustando. – Le reprocho al ver la cara de sorpresa de Álex. Le doy un breve beso en los labios y le susurro: – Si tú puedes aguantar a mi familia, estoy segura que yo podré soportar a la tuya. De hecho, estoy segura de que me encantarán, aunque solo sea porque no pueden sacar mis trapos sucios a la luz.

Cuando regresamos a casa, Álex está feliz y yo también, aunque solo sea porque verlo feliz me hace feliz a mí. Oh, Dios. Creo que empiezo a hablar como mi hermana…

Álex se ha divertido en casa de mis padres y ha soportado todos y cada uno de sus comentarios con paciencia y buen humor, todo lo contrario de Norbert.

De hecho, Álex es todo lo contrario de Norbert y creo que eso es parte de lo que le hace tan encantador. No es egoísta ni egocéntrico, es generoso y detallista con los demás. Trata a todos sus empleados como a un igual, aunque él sea el jefe. En fin, nada qué ver con Norbert.

Tú, yo y las estrellas 17.

Tú, yo y las estrellas

Han pasado tres semanas desde nuestra pequeña escapada a la cabaña de los Pirineos y mi relación con Álex cada vez es más fuerte y apasionada. Nos entendemos a las mil maravillas y siento mariposas en el estómago cada vez que lo veo o escucho su voz.

El sábado llega y con él la fiesta de cumpleaños de mi sobrina. He tenido que hablar con mis padres y mis tíos sobre la relación que tenemos Álex y yo. Cómo aún no le hemos puesto nombre, les he dicho que nos estamos conociendo, aunque ya nos conocemos de sobra, pues además de trabajar juntos, se puede decir que prácticamente vivimos juntos. Álex se queda a dormir en casa casi todos los días, sacamos juntos a pasear a Thor, vamos al supermercado a hacer la compra y salimos a tomar un par de copas con Helena, Carol, Raúl e Iván. Helena y Raúl siguen viéndose y saliendo juntos, pero ninguno de los dos admite que van en serio, pese a que no se ven con terceras personas y ambos ponen cara de idiotas enamorados cuando se miran. Por otra parte, Álex me ha confesado que Carol siempre ha estado enamorada de Iván, pero él nunca le había dado esperanzas primero porque la consideraba una niña y luego porque empezó a salir con Fabián, pero parece que el destino por fin ha obrado y ha cruzado sus caminos, aunque ambos van con pies de plomo y no han pasado del inocente coqueteo. Una de esas noches, mi hermana y mi cuñado dejaron a los niños con mis padres y vinieron con nosotros a tomar un par de copas. Mi hermana y mi cuñado los invitaron a todos al cumpleaños de Nerea y todos aceptaron felizmente.

Cuando llegamos a casa de mi hermana, todos ya están ahí.

–  ¡Tita Eli, Álex! – Grita mi sobrina al vernos y viene corriendo para lanzarse a nuestros brazos. – ¡Sois los últimos en llegar!

–  Sentimos ser los últimos, pequeña guerrera. – Le dice Álex. – La tita Eli y yo queríamos estar muy guapos para tu cumple.

–  Supongo que tú debes ser Álex, ¿verdad? – Pregunta mi tía Lola. – Nerea no ha dejado de hablar de ti y todos queríamos conocerte.

–  Álex, ella es mi tía Lola.

–  Encantado de conocerla, señora. – La saluda Álex educadamente.

–  Por favor, llámame Lola o tía Lola. – Le responde mi tía guiñándole un ojo. La fulmino con la mirada y añade: – Deja de mirarme así, te prometí que sería buena con él y pienso cumplir mi promesa, no necesito que me vigiles.

–  Lola, cariño, deja de incomodar a los chicos. – Le dice mi tío Paco. Se vuelve hacia a Álex y le dice tendiéndole la mano: – Soy Paco, el tío de Eli y Rocío. Cuidado con las mujeres de esta familia, son de armas tomar. – Añade bromeando.

–  ¿Dónde está mi pequeña? – Pregunta mi padre abrazándome. Me da un beso en la mejilla y, tras mirar severamente a Álex, le dice: – Soy Manuel, el padre de Eli y el abuelo de Nerea. – Le doy un codazo a mi padre sin nada de discreción y añade: – Estamos encantados de conocerte por fin, mi hija te tiene muy escondido.

–  Suficiente, papá. – Le interrumpo. – Ve a avisar a mamá y así pasamos por el mal trago de un tirón.

–  Al menos este no parece un capullo. – Me dice mi padre en lo que pretende ser un susurro pero sin conseguirlo.

–  No te molestes, eso es lo mejor que ha dicho de cualquiera de los hombres que he llevado a casa. – Le susurro a Álex al oído para tranquilizarlo. – Y prometo compensarte todo esto esta noche.

–  Creo que este es el momento oportuno para decirte que mis padres quieren que te lleve a casa a cenar con ellos. – Me dice divertido. – Quizás puedas compensármelo viniendo a esa cena.

–  ¿Es que no pensáis saludarme? – Nos pregunta mi hermana sonriendo. Nos saluda a ambos con uno de sus afectuosos abrazos. – Ahí viene mamá, suerte.

–  Hola, mamá. – La saludo dándole un beso en la mejilla. – Él es Álex. – Me vuelvo hacia a Álex y, cogiéndole de la mano para acercarlo a nosotras, le digo: – Ella es Rosa, mi madre.

–  Encantado de conocerla, Rosa. – Le dice Álex mostrando su sonrisa más seductora.

–  Lo mismo digo, Álex. – Le responde mi madre ¿coqueteando? – Y por favor, tutéame.

Tras saludar a todos los presentes, Álex y yo nos refugiamos con nuestros amigos en el salón y mi sobrina decide acompañarnos, no quiere separarse ni de Álex ni de mí.

–  Pequeña guerrera, ¿quieres abrir tus regalos?  – Le pregunta Álex divertido.

–  ¡Sí! – Grita ella eufórica. – Tita Eli, ven conmigo y con Álex a abrir los regalos.

Nerea abre los regalos bajo la atenta mirada de todos los presentes y todos disfrutamos viendo a mi sobrina jugando con sus nuevos juguetes.

Como estoy pendiente de Álex todo el tiempo, mi madre y mi tía cambian de estrategia y deciden tratar de sonsacarle información a Carol, pero mi hermana me guiña un ojo y la rescata tras regañar a ambas mujeres que ponen cara de no haber roto un plato en su vida mientras Álex y yo nos reímos divertidos.

Mi sobrina se acerca a mí y me susurra al oído:

–  Tita Eli, ¿Álex ya es tu novio?

La cojo en brazos y salgo con ella al jardín. No quiero mentirle, pero tampoco puedo decirle toda la verdad, así que opto por hablar solo de lo que se puede hablar con una niña de cinco años.

–  Cariño, Álex me gusta mucho, pero nos conocemos desde hace muy poco tiempo y antes de ser novios tenemos que estar seguros de que queremos serlo. – Empiezo a decirle. – Las relaciones entre dos adultos son difíciles de entender, mucho más de explicar.

–  Helena dice que tienes miedo de que Álex sea como el frío. – Me dice mi sobrina dejándome muerta.

–  Cariño, Álex no tiene nada que ver con Norbert. – Le aclaro. – Álex es bueno contigo y conmigo, no es justo que pague por el error que cometió Norbert.

–  Entonces, ¿puedo llamarle tito Álex? – Me pregunta mi sobrina, sin haberse enterado de nada de lo que le acabo de decir e interesándose de nuevo por él.

–  Creo que eso se lo tendrás que preguntar a él, pequeño demonio. – Le respondo sonriendo.

–  Ya se lo he preguntado muchas veces, pero siempre me dice que tengo que esperar a que tú quieras que él sea mi tito. – Me dice enfurruñada. – ¿Es que no quieres que sea mi tito? Yo no quiero que vuelva el frío, quiero que se quede Álex.

–  Cariño, el frío no va a volver, te lo prometo. – Le aseguro. Ni por todo el oro del mundo volvería con Norbert. – En cuanto a Álex, me encantaría que fuera tu tito. ¿Quieres que vayamos las dos a preguntárselo?

–  ¡Sí! – Me responde abrazándome.

Entramos de nuevo en el salón y todos nos miran con expectación, saben que Nerea y yo estamos tramando algo y no quieren perderse ningún detalle. Nerea se dirige directamente hacia a Álex, se coloca frente a él con los brazos en jarras y le dice con su voz de sabelotodo:

–  La tita Eli y yo queremos hablar contigo, ¿puedes venir con nosotras al jardín?

Álex asiente con la cabeza y se pone en pie, cruzando su mirada conmigo buscando una explicación, pero yo me limito a levantar las manos en señal de inocencia y a encogerme de hombros mientras que el resto de los presentes intentan contener la risa.

Salimos los tres al jardín y nos sentamos en el sofá-balancín en absoluto silencio hasta que mi sobrina se anima a hablar:

–  La tita Eli y yo queremos que seas mi tito, pero la tita Eli dice que primero te lo tengo que preguntar a ti. – Le informa mi sobrina. – Entonces, ¿quieres ser mi tito?

Álex me mira a los ojos antes de responder y, cuando me ve sonreír, le dice a mi sobrina:

–  Pues claro que quiero ser tu tito. – Le revuelve el pelo cariñosamente y añade: – ¿Qué te parece si mañana vamos a pasear a Thor y a comer una hamburguesa para celebrarlo?

–  Sí, se lo voy a decir a mamá. – Dice la niña antes de salir corriendo en busca de su madre.

–  Si soy su tito, tú y yo… – Dice Álex esperando que yo acabe la frase.

–  Tú y yo… ¿estamos juntos?

–  Me hubiera gustado algo más comprometido, pero supongo que con eso me basta por el momento.

–  Quiero ir a cenar con tus padres, Álex. – Le digo acercándome más a él. – No sé cómo lo has hecho, pero ya no imagino mi vida sin ti.

–  Eso sí que no me lo esperaba. – Me dice sonriendo dulcemente antes de besarme. – Y me gusta oírlo, porque no pienso separarme de ti, pequeña amazona.

Álex me vuelve a besar y yo le correspondo con pasión, hasta que oímos a nuestra espalda:

–  Ejem, ejem. – Nos separamos bruscamente y ambos nos ruborizamos al ver a mi padre plantado frente a nosotros. – Siento interrumpir, pero Nerea está a punto de soplar las velas.

–  Papá, espera. – Le digo antes de que desaparezca.

–  No, no quiero saberlo. – Me dice divertido. – Y más vale que tu madre no se entere o no te la sacarás de encima hasta que os vea casados. – Se vuelve hacia a Álex y le dice: – Cuídamela bien, muchacho, te llevas a mi pequeña joya.

–  Como a una reina. – Le asegura Álex al mismo tiempo que me estrecha entre sus brazos. Me da un beso en la frente y sonriendo alegremente, se levanta y me dice: – Vamos a ver cómo tu sobrina sopla las velas.

Mi sobrina ya se ha encargado de darle la noticia a todo el mundo y todos nos miran sonriendo, felices de conocer nuestro pequeño secreto a voces.

–  ¡Tito Álex, la mama me deja ir mañana a montar a caballo! – Le grita mi sobrina arrojándose a sus brazos. – La tita Eli también viene, ¿verdad?

–  Por supuesto que voy, cariño. – Le respondo. – Y después nos comeremos una hamburguesa.

–  ¡Bien! – Exclama mi sobrina. Me da un abrazo y añade: – Tita Eli, ¿cuándo tendré primitos?

La carcajada es general, pero yo no me río. ¿Tener hijos? Lo cierto es que nunca me lo había planteado, ni siquiera estando prometida a Norbert se me había pasado por la cabeza.

–  Cielo, creo que aún tardarás un poquito en tener primitos. – Me saca del atolladero mi madre.

Todos continúan riéndose, pero esta vez Álex se queda callado, mirándome fijamente a los ojos. Se acerca lentamente y me pregunta susurrando:

–  ¿Estás bien? Tu sobrina ha mencionado que quiere un primito y te has puesto pálida. – Le miro suplicando una tregua y, tras besarme en la frente con dulzura, me dice: – Ya hablaremos de tu reacción cuando estés preparada.

Mi sobrina sopla las velas después de que todos le cantemos el “cumpleaños feliz” y le aplaudimos. Helena, Carol, Raúl e Iván son los primeros en marcharse seguidos de mis tíos Paco y Lola. Álex y yo también decidimos marcharnos y mis padres aprovechan el momento para invitarnos a cenar la próxima semana. El sábado vamos a cenar con los padres de Álex, así que Álex les dice que iremos el viernes por la noche, sin darme tiempo a responder.

Tú, yo y las estrellas 16.

Tú, yo y las estrellas

A la mañana siguiente, Álex me despierta a las seis en punto de la mañana. Me da los buenos días, abre un poco la persiana para que entren por la ventana los primeros rayos de sol y me apremia para que me duche y me vista antes de bajar a la cocina a desayunar. Le obedezco de mala gana, pero ni siquiera le devuelvo el saludo. Tengo un humor pésimo cuando me despierto. Media hora más tarde, entro en la cocina y me lo encuentro leyendo un periódico pero al verme lo aparta y mira su reloj antes de decirme:

–  Media hora, no está mal. – Me sirve un vaso de café y unas tostadas.

–  No te quejes, podría haber tardado mucho más. – Le contesto malhumorada. – ¿Dónde vamos a estas horas? ¡No estarán puestas ni las calles!

–  Ya veo que tu hermana no bromeaba sobre tu humor por las mañanas. – Musita entre dientes.

Tras desayunar, cogemos el coche y nos ponemos en marcha hacia a los Pirineos. Durante la primera hora de camino, Álex conduce en silencio, prestando toda su atención en la carretera. Cuando mi mal humor empieza a desaparecer, me dedico a observarle en silencio.

–  Me estás poniendo nervioso. – Me dice sin apartar los ojos de la carretera.

–  ¿Te molesta que te mire?

–  No me molesta, solo me pone nervioso porque no sé por qué me miras así. – Me responde. – ¿Es bueno o malo?

–  Haces demasiadas preguntas. – Le contesto riendo. – Se supone que hemos venido a relajarnos y yo me relajo viendo cómo conduces, cómo dedicas toda tu atención a la carretera.

–  Si continuas mirándome así, no recordaré ni que voy conduciendo. – Me advierte con picardía.

–  De acuerdo, miraré a la carretera cómo tú. – Le digo encogiéndome de hombros. – Pero solo porque no quiero que nos matemos.

Después de tres largas horas en el coche, por fin llegamos a lo que Álex llama su cabaña, que es una enorme casa de piedra y madera frente a un lago con un pequeño muelle para barcos pequeños situado en mitad de la llanura de un valle rodeado de montañas. Salgo del coche y observo a mi alrededor, no hay nadie ni se escucha nada, salvo el cantar de los pájaros y el soplar del viento.

–  ¿Te gusta el paisaje? – Me pregunta cuando llega a mi lado.

–  Me encanta. – Le respondo sonriendo.

–  Pues espera a ver la casa. – Me dice divertido. – Tenemos hasta piscina interior y exterior climatizadas y ambas están conectadas. Podemos salir al jardín o entrar en la casa sin salir de la piscina.

Me enseña la casa y todas sus habitaciones. Me asigna la habitación de al lado de la suya, pero a mí me es indiferente porque no tengo pensado pasar la noche ahí. Tras deshacer las maletas, hacemos la comida  y después de comer y recoger nos quedamos dormidos en el sofá hasta que Álex se despierta. Me propone dar un paseo por el bosque y yo acepto encantada.

Una hora más tarde, mientras caminamos entre el frondoso bosque, el cielo se nubla y los escasos rayos de sol que nos alumbraban el camino desaparecen detrás de las nubes.

–  ¿Por qué se ha hecho de noche a las siete de la tarde? – Le pregunto preocupada.

–  Se avecina una tormenta, debemos regresar a casa. – Me dice mirando hacia el cielo. – Venga, corre o acabaremos empapados.

Corrimos de regreso a casa pero aun así la tormenta nos pilló y llegamos a casa empapados, pero a salvo de los rayos que la tormenta había traído. Cojo a Álex de la mano y lo arrastro hasta la piscina cubierta, donde me quito la ropa y, quedándome en ropa interior, le animo diciendo:

–  Venga, vamos a meternos en la piscina ahora que ya estamos mojados.

Le tiro del brazo de nuevo para llevarlo hacia a las escaleras de la piscina pero él me sujeta con firmeza y me pregunta con la voz ronca de excitación:

–  ¿Es que pretendes torturarme?

–  ¡Pero si esto me tapa más que cualquiera de mis bikinis! – Le digo divertida. – ¿O acaso prefieres que me lo quite todo?

–  Para o no respondo de mis actos.

–  No quiero que respondas de tus actos. – Le susurro. Coloco mis brazos alrededor de su cuello y le digo con picardía: – Solo será un baño, prometo no tratar de ahogarte.

Me sonríe al mismo tiempo que se quita las zapatillas deportivas, la camiseta y por último el pantalón, quedándose vestido tan solo con un bóxer muy ceñido que marca su abultada erección.

Sin perder el tiempo, me coge en brazos y se adentra en la piscina conmigo. El agua está templada, ni fría ni muy caliente, pero yo me abrazo a él igualmente al notar el contacto del agua. Álex me estrecha con fuerza contra su cuerpo y, tras mirarme fijamente a los ojos, me besa en los labios. Lo que ha empezado como un romántico beso está convirtiéndose en un beso de pasión y necesidad, un beso hambriento. Me desabrocha el sujetador y me lo quita lentamente, dejándolo sobre uno de los peldaños de la escalera de la piscina. Me mira con admiración y me acaricia los pechos y los pezones con la yema de los dedos. Arqueo mi espalda facilitándole el acceso y Álex me lo agradece con una sonrisa para después lamer y mordisquear mis duros y excitados pezones. Mis manos se mueven y acarician su torso, su abdomen y su trasero, excitándolo y excitándome.

–  Esto no es ir despacio, pequeña. – Me susurra al oído con la voz ronca.

–  No, no lo es. – Afirmo. – Pero es lo que ambos deseamos en este momento.

Esta vez soy yo quién lo besa y él me abraza con fuerza, como si temiera que en cualquier momento fuera a salir huyendo.

–  Eres preciosa, pequeña. – Me susurra al oído mientras desliza por mis piernas el culote que aún llevo puesto. Lo deja junto a mi sujetador y añade: – Realmente preciosa, pequeña.

–  Quiero ver lo precioso que eres tú, pequeño. – Le digo divertida, sin sentirme incómoda por estar totalmente desnuda en la piscina con él.

Me obedece de inmediato y se quita el bóxer, quedando totalmente desnudo ante mí. Su inmensa erección por fin está libre y mis entrañas arden de deseo por la expectativa que me da su ardiente cuerpo.

–  Ven aquí, pequeña. – Me dice estrechándome contra su cuerpo. – Quiero verte, tocarte y lamer cada centímetro de tu piel.

Y cumple con su palabra. Hacemos el amor en la piscina, subimos a la habitación y volvemos a hacer el amor en la ducha. Cenamos en el salón, viendo una película, y volvemos a hacer el amor, está vez en el sofá, para después seguir en su cama hasta caer dormidos por el cansancio.

A la mañana siguiente, me despierto abrazada a Álex, le miro y veo que me está mirando con una amplia sonrisa en los labios.

–  Buenos días, pequeña amazona. – Me dice besándome en la frente. – ¿Has dormido bien?

–  Buenos días. – Le respondo devolviéndole la sonrisa. – He dormido mejor que nunca.

Me da otro beso, esta vez en los labios, y me pregunta sin dejar de sonreír:

–  ¿Qué te apetece hacer hoy? Podemos ir de pesca al lago, a caminar por el bosque o también podemos quedarnos en casa y relajarnos en el jacuzzi.

–  ¿Tenemos jacuzzi? – Pregunto sorprendida. – Creo que hoy me gustaría quedarme en casa contigo, mañana ya iremos a dónde tú quieras.

Pasamos el puente como si estuviéramos en una luna de miel. No podemos dejar de acariciarnos ni de besarnos, nuestro apetito sexual es insaciable y me siento segura, totalmente calmada estando con él.

El martes, cuando Álex me deja en casa después de recoger a Thor de casa de mi hermana, le digo mientras sirvo un par de copas de vino:

–  Gracias por este maravilloso y placentero puente.

–  Eli, tengo que decirte algo. – Me dice mirándome a los ojos. – Le prometí a mi abuela que si todo salía bien, iríamos a comer mañana a su casa. Sé que debería habértelo dicho con tiempo y entiendo que no quieras venir, pero me encantaría que me acompañaras.

–  Y a mí me encantaría acompañarte.

–  ¡Esa es mi chica! – Me dice sonriendo al mismo tiempo que se sienta en el sofá y me coloca sobre su regazo. – A mi abuela le va a encantar vernos juntos.

–  ¿Qué le vas a decir?

–  Lo sabe todo, Eli. – Me responde sonriendo. – Le hablé a mi abuela de ti antes de saber que eras amiga de mi hermana y de saber que trabajas en Enjoy. No te preocupes, no dirá nada que te haga sentir incómoda, le has gustado mucho.

–  Tienes suerte, yo no puedo decir lo mismo de mi familia. – Bromeo. – Si la cena en casa de mi hermana te pareció incómoda, espera a ir al cumpleaños de mi sobrina y encontrarte con mi madre y mi tía Lola, vas a querer salir corriendo.

–  No creo que pueda ser tan malo. – Me dice con su habitual calma. – Tendría que haberte llevado a mi casa, así ahora podría meterte en mi cama y pasar la noche contigo.

–  ¿Qué tiene de malo mi casa? – Le pregunto coquetamente. – Puedes secuestrarme y llevarme a mi habitación, estoy dispuesta a colaborar.

–  ¿Me estás invitando a pasar la noche en tu casa?

–  Sí. – Contesto ruborizándome.

–  Nada me apetece más que pasar la noche contigo. – Murmura mientras me acaricia la espalda con sus manos. – Me encanta tenerte entre mis brazos, pequeña amazona.

Esa noche, fue la primera de las muchas noches que Álex se quedó a dormir en casa. En la oficina ambos actuamos como los profesionales que somos, pero fuera de la oficina actuamos como una pareja estable. Hablamos de los planes para el fin de semana, preparamos juntos la cena, vemos películas abrazados en el sofá y salimos a pasear con Thor. Los lunes los reservamos para ir a comer a casa de Charo, la abuela de Álex, que está encantada de vernos juntos y felices.

Tú, yo y las estrellas 15.

Tú, yo y las estrellas

El viernes, nada más salir del trabajo, me dirijo a casa a preparar las maletas y a arreglarme para la cena en casa de mi hermana. Tengo que reconocer que estoy nerviosa, estoy dejando a Álex entrar en mi vida y en la de mi familia y eso me asusta. Por el contrario, él parece encantado con la situación.

A las siete de la tarde, Álex viene a buscarme y, cargando con las maletas y con Thor, se empeña en llevarlo todo él solo hasta el parquing. Carga el maletero con mis maletas y sube a Thor en la parte trasera del coche para después abrirme la puerta como todo un caballero.

Llegamos a casa de mi hermana pocos minutos después y, en cuanto salimos del coche, mi sobrina corre a recibirnos dándonos un fuerte abrazo.

–  ¡Habéis venido con Thor! – Exclama encantada.

–  Pues claro que hemos venido, pequeña guerrera. – Le dice Álex revolviéndole el pelo. – Y te hemos traído a Thor para que cuides de él unos días, ¿qué te parece?

–  ¡Me encanta! – Grita mi sobrina eufórica.

Rocío y Jorge salen a recibirnos y, tras saludarme rápidamente, ambos se quedan mirando a Álex, esperando ser presentados.

–  Álex, ellos son mi hermana Rocío y mi cuñado Jorge. – Le digo y, dirigiéndome a mi hermana y mi cuñado, añado: – Él es Álex.

Los tres se saludan educadamente y mi hermana nos hace pasar a todos al salón, dónde charlamos tomando una cerveza hasta que mi sobrina se empeña en salir a pasear a Thor con Álex y Jorge. Ninguno de los dos sabe decirle que no a Nerea, así que los tres se van con Thor y mi hermana y yo nos quedamos a solas.

–  Es un auténtico bombón, Eli. – Me dice Rocío. – Es guapo, inteligente, trabajador, tiene dinero y te trata como a una reina, se ve que está loco por ti.

–  Se te olvida el pequeño detalle de que es mi jefe. – Me lamento. – Es como si la historia se repitiera y tengo miedo, Rocío.

–  Álex no es como Norbert, no tienes más que fijarte en cómo trata a Nerea. – Me dice mi hermana intentando animarme. – Relájate un poco, estás muy tensa.

Rocío y yo continuamos hablando hasta que, media hora más tarde, Álex, Jorge y Nerea regresan con Thor. Jorge manda a Nerea a lavarse las manos y, cuando se asegura de que la pequeña no puede oírle, nos dice acusándonos con el dedo pero sin poder ocultar una sonrisa:

–  La próxima vez que habléis de vuestras cosas, espero que os aseguréis de que Nerea no puede oíros.

–  ¿Por qué? ¿Qué ha dicho? – Pregunta mi hermana divertida mientras yo me temo lo peor.

–  Tu hija me ha dicho que tenga cuidado con su tita porque me va a tirar para que su mamá no deje de hablarle. – Nos dice Álex sonriendo. – ¿Me lo podéis explicar?

Fulmino a mi hermana con la mirada y ella, ni corta ni perezosa, me suelta:

–  Necesitas relajarte un poco y estoy segura que Álex sabrá cómo hacerlo, si no funciona a la vuelta puedes venir y sermonearme todo lo que quieras. Por cierto, ¿le has dicho algo a mamá de tu repentino viaje o quieres que me encargue de eso yo también?

–  Ya he hablado con ellos. – Contesto.

–  ¿Y qué les has dicho? – Pregunta mi hermana mofándose.

–  Espero que no les hayas dicho que te vas con tu jefe. – Se mofa Jorge.

–  ¿Tan malo sería? – Le pregunto.

–  ¿Qué les has dicho a tus padres, Eli? – Me pregunta Álex molesto.

–  No quería que me hicieran preguntas de las que ni siquiera yo tengo respuestas, así que les dije que era un viaje de trabajo y punto.

–  Genial. – Me dice Álex con ironía.

–  Tita Eli, ¿vas a tirar a Álex para que la mama no te deje de hablar?

–  No, cariño. – Le digo a mi sobrina y después murmuro: – Estoy pensando en matarla y así solucionar el problema de raíz.

Durante la cena, mi cuñado se empeña en tratar de relajar la tensión y lo consigue, aunque Álex sigue un poco molesto conmigo.

–  Nerea no deja de hablar de ti, te has convertido en su ídolo. – Le dice mi hermana a Álex. – Está tan encantada con su paseo en poni que hemos tenido que prometerle que la llevaremos de nuevo.

–  A mí también me hizo prometerle que la llevaríamos otra vez a la hípica, así que creo que va a ir unas cuantas veces. – Bromea Álex.

–  Estoy seguro de que mi hija será un pez gordo en el mundo de los negocios. – Se mofa Jorge. – Y también en el periodismo.

–  Tita Eli, toma las invitaciones de mi cumple para ti y para Álex. – Me dice mi sobrina. Se vuelve hacia a Álex y le pregunta: – Vendrás, ¿verdad? Me lo prometiste.

–  Claro que vendrá, cariño. – Le dice mi hermana a Nerea. – Si te lo prometió, estoy segura que cumplirá su promesa, ¿verdad?

Mi hermana es muy estricta en cuanto a las promesas. Para ella, una promesa es mayor que un juramento ante un tribunal y le ha inculcado esas ideas a mi sobrina. A mí no me parece mal, pero algún día mi sobrina aprenderá que la gente rompe sus promesas y preferiría que estuviera preparada.

–  Yo siempre cumplo mis promesas y aquí estaré el día de tu cumpleaños. – Le asegura Álex.

–  ¡Chachi! – Grita mi sobrina. – Ya verás cuando se lo cuente a la abuela Rosa y a la tía Lola, se pondrán muy contentas cuando lo sepan.

Fulmino a mi hermana con la mirada y ella, levantando las manos en señal de inocencia, se defiende:

–  Te prometo que yo no les he contado nada, ha sido tu adorada sobrina.

–  Por cierto, dudo mucho que tu madre se trague que te vas de viaje de trabajo un puente. – Me advierte mi cuñado divertido.

–  No quiero seguir hablando de esto, ¿podemos cambiar de tema? – Les sugiero.

Después de cenar y tomarnos un par de copas en casa de mi hermana, Álex nos excusa diciendo que mañana madrugamos para salir de viaje y nos despedimos de ellos.

Tras salir de casa de mi hermana, nos subimos al coche y Álex conduce en silencio hasta su casa, un ático en un lujoso edificio a dos o tres manzanas de mi edificio, y deja el coche en el parquing del sótano, desde dónde subimos en ascensor hasta su apartamento. Nada más entrar, Álex me acompaña a la habitación de invitados y me manda a dormir alegando que tengo que descansar porque mañana nos levantaremos a las seis de la mañana.

–  Si vas a estar así, no pienso ir a ninguna parte. – Le digo empezando a molestarme. – ¿Se puede saber qué te pasa?

Tras resoplar sonoramente, me contesta:

–  Cuando te pedí que pasáramos juntos el puente, ¿por qué aceptaste?

–  Simplemente porque me apetecía. – Le respondo. – Me siento cómoda y a gusto contigo y pensé que unos días lejos de la oficina, de mi sobrina y de mis amigas nos podrían sentar bien.

–  Entonces, ¿por qué le dijiste a tus padres que te ibas de viaje de trabajo? – Insiste. – ¿Por qué no les dijiste que te ibas de puente unos días a la montaña para desconectar?

–  Mi sobrina no deja de hablar de ti y todos me preguntan qué rollo me traigo contigo que, además de ser el hermano de Carol, también eres mi jefe y, sinceramente, yo no sé qué contestar. – Le digo mientras se apodera de mí una risita histérica. – Ni siquiera sé qué estoy haciendo aquí. Tan solo sigo el consejo de mi hermana, hago lo que me apetece sin pensar en las consecuencias. Aunque creo que no se me está dando demasiado bien.

–  Creo que a ninguno de los dos se nos está dando demasiado bien todo esto. – Me susurra al oído al mismo tiempo que me envuelve entre sus brazos. – Me alegra saber que estás aquí porque te apetece y no porque es tu jefe quién te lo ha pedido.

–  ¿Eso es lo que te ha molestado? ¿Qué querías que les dijera a mis padres? – Le pregunto retóricamente antes de continuar hablando con tono burlón: – Hola mamá, me voy de puente con mi jefe en plan amigos. No suena muy bien, la verdad. Además, Nerea no ha dejado de hablar de ti y mi madre ya está haciendo demasiadas preguntas.

–  ¿Tienes miedo de oír tus propias respuestas o de la reacción de tu madre al oírlo?

–  Tengo miedo de equivocarme, Álex. – Murmuro con un hilo de voz. – No me hace falta ponerle un nombre a nuestra relación, me basta con saber que eres mi jefe en la oficina y también un gran amigo fuera de ella. Me encanta ver cómo te diviertes con mi sobrina y cómo ella se ríe cuando está contigo. Me gusta estar contigo.

–  A mí también me gusta estar contigo. – Me responde sonriendo. – Y supongo que puedo esperar algún tiempo antes de ponerle un nombre a nuestra relación, pero te entiendo y no voy a presionarte. Iremos despacio. – Me dice dándome un beso en la frente y añade: – Ahora ve a dormir, mañana madrugamos.

No tengo ganas de discutir y le obedezco, aunque lo que en realidad desearía es meterme en su cama y no en la cama de la habitación de invitados como estoy haciendo. Ya pensaré un plan para cuando estemos en la cabaña, rodeados de montañas y naturaleza, sin nadie a nuestro alrededor y sin nada interesante qué hacer. Si no lo consigo allí, me daré por vencida.

Tú, yo y las estrellas 14.

Tú, yo y las estrellas

El domingo quedo con Carol y Helena para comer en casa y la arpía de mi sobrina les cuenta con todo detalle cómo nos pilló la otra noche a Álex y a mí. Helena manda a Nerea a dibujar y, cuando se asegura que mi sobrina no puede oírnos, me dice:

–  Cuéntanoslo todo, no omitas ni un pequeño detalle.

Tal y cómo me pide Helena, les cuento todo lo que ha pasado con Álex con pelos y señales, sin importarme que Carol sea su hermana, sé que puedo confiar en ella.

–  No hay más que ver cómo te mira mi hermano, está loco por ti. – Me dice Carol. – Por cierto, mi abuela sabe que entre tú y él hay rollito y te juro que yo no le he contado nada.

–  Pero, ¿te lo has tirado ya o no? – Me pregunta Helena directa al grano.

–  ¡Helena! – Le reprocho. Helena me mira con indulgencia y me veo obligada a contestar. – No, no me lo he tirado y te juro que no ha sido por falta de ganas.

–  ¿Qué es lo que has tirado, tita? – Me pregunta mi sobrina.

–  Nada cariño, la tita no ha tirado nada. – Le contesto sonriendo. – Ve a pintar y luego iremos a pasear con Thor, ¿de acuerdo?

Por suerte, mi sobrina no insiste más y se va a pintar alegremente. Suspiro aliviada y, tras mirar a Helena y Carol, nos echamos a reír.

–  ¡Joder con tu sobrina! – Se mofa Helena.

–  Pues mi hermano la adora. – Comenta Carol.

–  Y tú sabes eso porque… – Empieza a decir Helena.

–  Lo sé porque me lo ha dicho. – Responde Carol. – Ayer tendría que haber venido a comer a casa de mi abuela pero llamó para decir que iba a la hípica contigo y con Nerea. Me dijo que tu sobrina era un pequeño demonio al que adora y mi abuela, cuando le dije que Álex no venía a comer porque se iba contigo, lejos de enfadarse se alegró y me dijo que eras la chica perfecta para él.

–  Entonces tita, ¿ya eres la novia de Álex? – Mi sobrina otra vez.

–  No cariño, la tita no tiene novio. – Le respondo. – ¿No ibas a pintar?

–  Quiero estar con Álex, ¿vendrá a sacar a Thor con nosotras?

–  Cariño, Álex está muy ocupado y no puede estar siempre con nosotras. – Le respondo a pesar de que yo también deseo lo mismo.

El móvil de Carol empieza a sonar y ella responde sonriendo al ver quién está al otro lado del teléfono.

–  Tienes telepatía, estábamos hablando de ti. – Responde Carol al teléfono. Se queda callada para  escuchar a su interlocutor, que sin duda es Álex, y después le explica: – Nerea ha preguntado por ti, quiere verte y salir a pasear a Thor contigo.

–  ¡Yo quiero hablar con él! – Grita eufórica mi sobrina. Carol le da el teléfono y mi sobrina empieza a rajar, como de costumbre. – La tita dice que estás muy ocupado pero yo quiero que vengas con nosotras a pasear a Thor. – Mi sobrina escucha con atención al mismo tiempo que va asintiendo con la cabeza para después decirme entregándome el teléfono: – Me ha dicho que no está tan ocupado y puede venir a pasear a Thor con nosotras y quiere hablar contigo, creo que te la vas a cargar tita.

–  Genial, más problemas. – Me lamento antes de contestar al teléfono. – Hola.

–  Tu sobrina quiere que vaya a pasear con vosotras a Thor y tú le dices que estoy muy ocupado en lugar de preguntarme si quiero ir, ¿cómo se supone que debo tomármelo?

Salgo del salón y me meto en mi habitación cerrando la puerta detrás de mí, quiero intimidad para poder mantener esta conversación.

–  Álex, mi sobrina te está cogiendo demasiado cariño. – Le digo al fin.

–  ¿Qué significa eso? ¿Estás celosa de tu sobrina? – Me dice burlonamente. – Eli, no pienso haceros daño, ni a ti ni a ella.

–  A Nerea le encantará poder salir de paseo contigo y con Thor. – Le respondo mientras el corazón me va a mil por hora.

–  Paso a buscaros en una hora. – Me dice alegremente y añade antes de colgar: – Tengo una sorpresa para ti.

Paso el resto de la tarde con Álex y mi sobrina paseando a Thor por el parque. Álex lleva a mi sobrina sobre los hombros y a mí me coge de la mano mientras Thor camina a nuestro lado, cualquiera que nos viese pensaría que somos una familia de verdad.

–  ¿Dónde está mi sorpresa? – Le pregunto divertida cuando mi sobrina decide jugar con Thor.

–  Mmm. Impaciente, me gusta. – Me susurra al oído con la voz ronca. – ¿Tienes planes para este fin de semana? El martes es fiesta y hacemos puente en la empresa.

–  No tengo planes, de momento.

–  ¿Qué te parece pasar el puente en la cabaña de los Pirineos? – Me propone.

–  ¿Solos tú y yo? – Le pregunto coqueteando.

–  Tú, yo y las estrellas. – Me responde acercando sus labios a los míos.

–  ¿Os vais a besar otra vez? – Pregunta mi sobrina sobresaltándonos. – No lo entiendo, ¿por qué os besáis si no sois novios?

–  Estoy tratando de convencer a la tita de que sea mi novia y creo que se lo va a pensar. – Le responde Álex divertido con la situación. – ¿Tú crees que deberíamos ser novios?

–  ¡Sí! – Contesta mi sobrina eufórica.

–  Pues dame un poco de tiempo y ya verás cómo la tita terminará siendo mi novia. – Le dice guiñándole un ojo.

–  ¿Podré llamarte tito?

–  Podrás llamarme como quieras, pequeña. – Le contesta revolviéndole el pelo.

Regresamos a casa cogidos de la mano, como una familia perfecta.

El lunes y el martes, después de ir a buscar a Nerea al colegio, Álex y yo nos reunimos en el parque para pasear los tres juntos a Thor.

El miércoles tengo la reunión con Roldán y, esforzándome en darle un poco de coba para que confíe de nuevo en Enjoy, consigo que firme un nuevo contrato de cinco años para la organización de los eventos de su empresa, todo un logro. Con la excusa de recoger a mi sobrina del colegio, me deshago de Roldán y llevo a mi sobrina a casa de mi hermana, que acaban de regresar de León, ya que tanto su suegro como su cuñado han salido del hospital y se recuperan rápidamente. Como mi sobrina no deja de hablar de Álex, me veo obligada a explicarle a mi hermana toda la historia.

–  Nerea parece tu hija en vez de tu sobrina, todo el mundo lo dice. – Se mofa Rocío. – Tú eras igual que ella de pequeña. Por cierto, quiero conocer al buenorro del hospital. Invítalo a cenar el viernes por la noche con la excusa de que Nerea no deja de hablar de él y queremos conocerlo, algo informal.

–  Se lo preguntaré, pero no te prometo nada. – Le respondo. – Por cierto, tengo que pedirte un favor.

–  Soy todo oído. – Me contesta burlonamente.

–  Necesito que te encargues de Thor este puente, ¿te supone un problema? – Le pregunto rezando para que no ponga ninguna pega.

–  Por supuesto que no, tú has cuidado al pequeño demonio diez días, yo podré cuidar del bueno de Thor cuatro días. – Me responde. – De hecho, estoy pensando que puedes traerme a Thor el viernes, cuando vengas con Álex a cenar. Pero antes, dime a dónde tienes pensado irte de puente y con quién.

–  Álex me ha invitado a ir con él a su cabaña de los Pirineos. – Le confieso. – Sé que no debería ir, pero lo cierto es que me muero de ganas.

–  ¿Por qué no deberías ir? – Me replica mi hermana. – Es obvio que le gustas y cuida de ti y también ha cuidado de Nerea. Además, sabe que eres amiga de su hermana y, por si fuera poco, también es tu jefe.

–  Ese es el problema, Rocío. Es mi jefe. – Le digo cubriéndome la cara con las manos. – ¿Qué pasa si no sale bien? ¿Vuelvo a quedarme sin trabajo? Tengo a Norbert más que olvidado, pero no estoy preparada para tener otra relación estable tan pronto.

–  Y si esperas demasiado, cuando te decidas a lo mejor Álex ya no está esperándote. – Me increpa mi hermana. – Si quieres un consejo, déjate llevar por lo que sientes y deseas. Aunque solo sea por una vez, deja de comportarte como una alemana fría y calculadora y compórtate como la española que eres, fogosa e impulsiva. Si no te tiras a Álex en este puente, dejo de hablarte.

Tras despedirme de mi hermana, mi cuñado y mi sobrina y prometerles que el viernes vendré a cenar con Álex, si él quiere, regreso a casa y saco a pasear a Thor mientras le doy vueltas a la cabeza pensando en el consejo que me ha dado mi hermana.

Tú, yo y las estrellas 13.

Tú, yo y las estrellas

A la mañana siguiente, Álex aparece temprano con churros y chocolate. Llevamos a Nerea al colegio y después vamos a trabajar.

El resto de la semana transcurre casi igual: me levanto, llevo a Nerea al colegio, voy a trabajar, vuelvo a buscar a Nerea del colegio, salimos al parque a pasear a Thor (dónde se nos une Álex), regresamos a casa a cenar y, muertas de cansancio, caemos rendidas en la cama.

El sábado por la mañana, tal y cómo Álex había prometido, nos pasa a recoger en su coche y nos lleva a la hípica de su amigo. Mi sobrina está eufórica, pero yo estoy histérica. Cuando éramos pequeños, mi madre se empeñó en apuntarnos a mi hermana y a mí a clases de equitación, pero me empeñé en subirme al caballo blanco y el puñetero era de lo más indomable. Mi hermana Rocío siempre bromea diciendo que no entiende como no me quedé medio lela con todas las veces que el caballo me lanzó por los aires. Como era igual de testaruda, seguí intentándolo una y otra vez hasta que el caballo se hartó de mí y me lanzó con tanta fuerza por los aires que me rompí dos costillas al caer y mi madre no permitió que volviéramos a montarnos a un caballo. De hecho, estoy segura de que si se enterara de que estoy a punto de subir a Nerea a uno me mataría con sus propias manos.

–  Relájate, estás más nerviosa tú que la niña. – Me susurra Álex al bajar del coche. Se vuelve hacia a mi sobrina y le pregunta divertido: – ¿Estás preparada, pequeña guerrera?

–  ¡Sí! ¡Quiero montar a caballo y quiero una foto como la foto que tiene la tita con Rayo! – Grita mi pequeño demonio emocionada.

–  ¿Con Rayo? – Me pregunta Álex con curiosidad.

–  Rayo era el caballo de la tita, pero le hizo pupa y la abuela no la dejó montar más a Rayo porque decía que era un caballo malo, pero la tita dice que no era malo, solo un poco rebelde y testarudo. – Le explica Nerea repitiendo lo que tantas veces ha oído.

Álex sonríe, coge a mi sobrina de la mano, me rodea la cintura con su brazo libre y caminamos al interior del recinto, donde nos recibe un hombre de mediana edad:

–  Buenos días señor García, señora. – Se agacha para ponerse a la altura de mi sobrina y, con gran don para los niños, le pregunta ganándose a mi sobrina: – ¿Quieres dar un paseo a caballo?

–  ¡Sí!

–  ¡Genial! – Le responde el tipo. Se vuelve hacia a mí y me dice: – Soy Alfredo Miranda, el director de la Hípica Miranda. Álex es un gran amigo y queremos que os sintáis como en casa.

–  Muchas gracias, es muy amable. – Le respondo observando a un jinete que me resulta familiar como galopa y se prepara para los saltos. – Disculpe, ese jinete de allí, ¿es Juan Acosta?

–  Asombroso, ¿cómo ha podido saberlo a tanta distancia? – Me pregunta Alfredo asombrado.

–  A un jinete se le identifica por su forma de montar, nunca por su figura o su rostro. – Le respondo lo que a mí siempre me decía mi profesor.

–  Veo que no es ninguna novata, ¿conoce a Juan Acosta?

–  Dimos clases de equitación juntos cuando éramos pequeños. – Le contesto.

Alfredo le hace un gesto a Juan para que se acerque y éste le obedece sin demasiadas ganas pero, en cuanto me ve, sonríe y dice:

–  Eliana Robles, la mujer más testaruda que he conocido nunca. – Baja de su caballo de un salto y me abraza como cuando éramos pequeños y yo me enfurecía porque Rayo no me dejaba montarlo. – La única lo suficientemente loca como para querer montar a Rayo.

–  Un momento, ¿ella es el jinete de Rayo? ¿El caballo loco? – Pregunta Alfredo estupefacto.

–  La misma. – Responde Juan. Se percata de la presencia de mi sobrina y, tras echarle un rápido vistazo a Álex, me pregunta: – ¿Es tu hija?

–  No, es mi sobrina Nerea. – Le respondo. – Es la hija de mi hermana Rocío.

–  Pues es igual que tú cuando tenías su edad, aunque espero que sea más responsable y tranquila que tú a esa edad. – Se mofa.

–  Mi padre dice que Nerea parece hija mía porque tiene mi carácter, así que puedes echarte a temblar,  Juan. – Le contesto divertida. Álex me aprieta suavemente contra su cuerpo para recordarme que sigue ahí y yo hago las presentaciones pertinentes: – Álex, te presento a Juan, éramos compañeros de equitación cuando éramos pequeños y nos pasábamos el día haciendo trastadas.

–  Encantado de conocerte. – Le dice Juan a Álex al estrecharle la mano y añade bromeando: – Por tu bien espero que no siga siendo tan testaruda, de pequeña ya tenía mucho carácter.

–  Y creo que lo sigue teniendo. – Bromea Álex.

–  Aún no he sacado mi carácter contigo. – Le susurro al oído y él levanta las manos en señal de inocencia y poniendo cara de no haber roto un plato.

Acompañamos a Nerea al taller de hípica para niños donde les enseñarán a preparar a un poni, a cuidarlo y, por la tarde, saldrán a pasear con ellos. Tenemos toda la mañana libre mientras Nerea está ocupada en el taller y Álex, sonriente como siempre, me dice:

–  Vamos a montar a caballo, pequeña amazona. Y de paso me cuentas qué pasó con Rayo y por qué eres una leyenda en el mundo de la hípica.

Nos dirigimos al establo y uno de los mozos de la cuadra ya tiene preparado un caballo negro con una mancha blanca en la cara. Me quedo mirando a los mozos esperando que preparen otro caballo y Álex me susurra al oído:

–  No sabía que sabías montar, así que solo pedí que nos preparan un caballo. – Me ayuda a subir al hermoso caballo y después sube detrás de mí. Agarra las riendas rodeando mi cintura con sus brazos y me estrecha contra su cuerpo para sujetarme con firmeza. – A unos quince kilómetros de aquí hay un pequeño pueblo donde se encuentra el mejor restaurante de la zona.

Le miro sonriendo agradecida y me recuesto sobre su pecho, dejando escasamente expuesto mi cuello que Álex se encarga de terminar de exponerlo apartándome el pelo para poder besarlo con libertad.

–  Será mejor que no empiece lo que no va a acabar, señor García. – Le digo con un hilo de voz.

–  ¿Señor García? ¿Desde cuándo soy el señor García? – Me pregunta divertido.

–  Desde que has decidido torturarme. – Le respondo. – Te aseguro que no pienso volver a darme una ducha de agua fría.

–  Mmm. Ahora eres tú la que me tortura. – Me susurra con la voz ronca.

Ambos nos echamos a reír como adolescentes. Tras un largo paseo a caballo, llegamos al restaurante del que me ha estado hablando y comemos mientras charlamos y bebemos un par de copas de vino. Le cuento a Álex lo que pasó con Rayo y cómo ninguno de los jinetes profesionales quería montarlo, nadie excepto yo, una niña de quince años. Él escucha las anécdotas que le cuento y se ríe divertido, disfrutando tanto como yo de este momento.

Regresamos al recinto temprano, pues quiero estar junto a Nerea cuando se suba a ese poni, le he prometido a mi hermana que la vigilaría.

Permanezco al lado de Nerea constantemente y el único motivo por el que Alfredo me permite quedarme junto a Nerea es porque Juan le ha asegurado que sé lo que me hago. Álex nos mira divertido desde el otro lado del vallado y mi sobrina lo saluda con devoción cada vez que pasamos por su lado mientras él le devuelve el saludo. Estoy segura de que será un auténtico padrazo.

De regreso a casa, mi sobrina está tan cansada que se queda dormida, pero se despierta nada más llegar y me pregunta medio dormida:

–  ¿Vamos al parque a pasear a Thor?

–  Sí, pero después irás directa a la ducha, cenarás y a dormir, ¿de acuerdo? – Le digo cogiéndola en brazos.

–  Tita Eli, mi cumple es el mes que viene y ya sé qué quiero que me regales. – Me abraza con fuerza y me susurra al oído: – Quiero que Álex sea tu novio y así será mi tito.

A pesar de que Nerea ha susurrado, Álex lo ha escuchado todo y me dedica una amplia sonrisa, mostrándose encantado con lo que mi sobrina acaba de decir.

Salimos a pasear a Thor, regresamos a casa y mientras Álex pide pizza a domicilio yo le doy un baño a Nerea y le pongo el pijama, dejándola lista para cenar e irse a dormir.

Cuando consigo que por fin mi sobrina se duerma, Álex y yo nos sentamos en el sofá, encendemos la televisión y vemos una película de las que a mí me gustan: Transporter 3. Además, el protagonista está buenísimo. A mitad de la película, me empieza a entrar sueño y me acomodo junto a Álex, que me abraza estrechándome contra su cuerpo sin dejar de mirar la película.

Pocos minutos después, escucho a Álex susurrarme:

–  Será mejor que me vaya, es muy tarde.

–  No. – Le contradigo.

–  ¿No?

–  No. – Corroboro abrazándole con más fuerza. – Quédate esta noche.

–  Eli, nada me gustaría más que pasar la noche contigo. – Me dice suspirando. – Pero quiero hacer las cosas bien y no creo que quedarme estando tu sobrina aquí sea una buena idea.

–  Tienes razón. – Contesto sin dejar de abrazarle.

Álex me retira un poco de su lado y, mirándome pícaramente a los ojos, susurra:

–  Aunque por un beso de buenas noches tampoco pasa nada, ¿verdad?

Sonrío y Álex me besa apasionadamente. Nuestras manos cobran vida propia y empiezan a explorar nuestros cuerpos hasta que él recobra la sensatez y sujetándome las manos con suavidad pero con firmeza, me dice con la voz ronca:

–  Te lo compensaré, pequeña amazona.

–  Eso espero, de lo contrario acabarás conmigo. – Bromeo.

Álex me da un casto beso en los labios a modo de despedida y se marcha a su casa mientras yo me meto en mi cama, completamente sola y añorando la compañía de un solo hombre, Álex.

Tú, yo y las estrellas 12.

Tú, yo y las estrellas

Como he dejado el coche en el edificio de Enjoy, vamos en el coche de Álex a buscar a mi sobrina al colegio. Estoy nerviosa porque no sé cómo se va a tomar el que sus padres se hayan ido sin ella y aunque yo soy su “supertita Eli” no es lo mismo estar conmigo a ratos que estar días sin ver a sus padres.

–  Estás muy tensa, ¿qué te pasa? – Me pregunta Álex sin dejar de mirar a la carretera.

–  Nerea no sabe que sus padres se han ido y estoy nerviosa por su reacción.

–  Tu sobrina te adora, estoy seguro que se alegrará de pasar unos días contigo.

–  No es lo mismo que pase el día conmigo a que esté diez días separada de sus padres. – Le respondo nerviosa. – Desde que ella nació yo he vivido en Alemania y, aunque nos llevamos bien, no sé si la convivencia se nos va a dar muy bien. No tengo mucha mano con los niños, la verdad.

–  Lo harás genial, ya lo verás. – Me responde sonriendo. – De todas formas, si me dejas, a mí me encantaría echarte una mano.

–  Vas a pasar la tarde con mi sobrina, estoy segura que cuando te vayas a tu casa desearás no haberme conocido. – Bromeo haciéndolo reír.

Llegamos al colegio de mi sobrina diez minutos antes de que salga y encontramos aparcamiento en la misma puerta, los padres esperan hasta el último minuto para buscar a sus hijos. Bajamos del coche y Álex, echando una ojeada a los pocos padres que ya merodean por la puerta, me dice:

–  Parece un buen colegio, aunque pocos padres sean puntuales.

Tras esperar unos minutos, los padres empiezan a llegar y los niños empiezan a salir del colegio. Álex y yo buscamos a mi sobrina entre los demás niños y la vemos venir corriendo hacia a nosotros al mismo tiempo que dice gritando con su voz cantarina llena de felicidad:

–  ¡Tita Eli, has venido a buscarme con tu novio!

El pequeño demonio se arroja a mis brazos y a mí me entran ganas de estrangularla, pero hay demasiada gente mirando.

–  Cielo, Álex no es mi novio. – Le aclaro.

–  Jo, pues yo quiero que sea tu novio, tita. – Me responde el pequeño demonio. Se vuelve hacia a Álex y le pregunta: – ¿Mi tita te ha dado una patada en el culo? La tía Lola dice que la tita Eli siempre les da una patada en el culo a sus novios.

–  ¡Nerea! – La regaño mientras Álex intenta ocultar la risa sin éxito.

–  ¡Jo, pero es verdad! – Protesta mi sobrina.

–  Ya hablaré yo con la tía Lola. – Murmuro. – Cielo, papá y mamá se han ido a León a ver a los abuelos y, cómo tú tienes cole, hemos pensado que te gustaría quedarte en casa con Thor y conmigo. ¿Té parece una buena idea?

–  ¿Tú también te quedas en casa de la tita Eli? – Le pregunta mi sobrina a Álex.

–  Me encantaría, pero no sé si tu tita me va a dejar. – Le responde Álex sonriendo.

–  Tita, ¿se puede quedar? – Me pregunta Nerea con cara de no haber roto un plato en su vida. – Por fa, tita. Que te prometo que me portaré bien con él y no como con el frío.

Se me escapa una carcajada y hago subir al coche a mi sobrina, le abrocho el cinturón de seguridad y subo al asiento del copiloto intentando ocultar la risa.

–  ¿El frío? – Me pregunta Álex.

–  Mi ex. – Le respondo divertida. – Así es como lo llama mi padre y ya sabes cómo son los niños, ¡repiten todo lo que oyen!

–  Oye Nerea, ¿sabes cómo me llamo? – Le pregunta Álex mirándome con picardía.

–  Mamá y Helena dicen que eres el buenorro del hospital, pero la tita Eli las regaña y les dice que te llamen por tu nombre. Te llamas Álex, ¿verdad? – Le contesta mi sobrina.

–  Sí, me llamo Álex. – Le responde y, mirándome divertido, añade: – Aunque tampoco me molesta que me llamen el buenorro del hospital.

–  Oh, basta por favor. – Le suplico. – No estás jugando limpio.

Álex me dedica una sonrisa y sigue conduciendo hasta llegar a mi edificio, donde aparca en una de las dos plazas de parquin que tengo, pues mi coche está en el edificio de Enjoy. Subimos a casa y Nerea se vuelve loca al ver a Thor. Cómo no, nos hace salir al parque a pasear con Thor y Álex nos acompaña encantado.

–  Interesante primera cita. – Me susurra al oído mientras mi sobrina está distraída con Thor. – Al menos podemos decir que ha sido original.

–  Lo siento, tampoco es como yo había imaginado. – Le respondo sonriendo.

–  Y, ¿cómo la habías imaginado?

–  Si te soy sincera, me he negado a imaginarla. – Le confieso. – Eres mi jefe, ni siquiera sé qué estoy haciendo contigo.

–  ¿Te sientes incómoda conmigo?

–  No, todo lo contrario. – Me oigo decir. – Pero pensar que eres mi jefe… Eso sí me hace sentir incómoda.

–  Nuestra relación personal no va a influir ni para bien ni para mal en nuestra relación profesional, si es eso lo que te incomoda. – Me dice con la voz tranquila y pausada.

–  ¿Eso significa que si, por ejemplo, le ordeno a Thor que te muerda, seguiré manteniendo mi puesto de trabajo? – Le pregunto bromeando.

–  Será mejor que no lo intentes. – Me responde sonriendo.

–  ¡Tita Eli, mira! – Grita mi sobrina señalando a un jinete que va a lomos de un caballo. – ¡Yo también quiero subirme a un caballo!

–  ¿Te gustaría montar a caballo? – Le pregunta Álex.

–  Sí, ¿tú tienes uno? – Le pregunta mi sobrina.

–  Yo no, pero tengo un amigo que tiene un montón de caballos. – Le responde ganándose toda la atención de Nerea. – Si a tu tita le parece bien, podemos ir el sábado a hacerle una visita.

–  ¡Sí! – Grita mi sobrina eufórica. – Tita Eli, ¡di que sí!

–  Luego llamamos a mamá y se lo preguntamos, ¿de acuerdo? – Le respondo sin saber muy bien qué decir. ¿Debo dejar que mi sobrina monte a caballo estando a mi cargo? ¿Y si le pasa algo?

–  Relájate. – Me dice Álex sonriendo y añade susurrando con voz ronca: – No montará sola y no le pasará nada. Además, así tú y yo también podremos pasear a lomos de un caballo.

–  Mmm. Suena tentador. – Le susurro coqueteando. – Pero debo pedirle permiso a mi hermana.

Regresamos a casa y, mientras yo baño a Nerea, Álex prepara la cena. Espaguetis a la boloñesa, a petición de mi sobrina. Llamo a mi hermana y me cuenta que tanto su suegro como su cuñado se encuentran fuera de peligro pero que estarán ingresados una semana por lo menos. Hablamos de Nerea y le comento lo de ir el sábado a montar a caballo pero cuando mi hermana empieza a hacer preguntas, le paso el teléfono a mi sobrina, quien le cuenta con pelos y señales todo lo que ha hecho y con quién lo ha hecho.

–  Y Álex me va a llevar a montar a caballo el sábado. – Tras una pausa añade: – La tita Eli dice que no es su novio, pero yo creo que sí lo es.

¡Maldita cría! Si no fuera mi sobrina ya la habría matado. Álex me mira y sonríe, sin duda alguna él también adora a mi sobrina.

Después de cenar y después de conseguir que se duerma, regreso al salón completamente agotada. Oigo a Álex trastear por la cocina, decido asomarme sin hacer ruido y lo veo terminando de recoger la cocina, está todo impoluto.

–  Eres como mi hada madrina. – Bromeo. – Me caigo y apareces para rescatarme, me das trabajo en tu empresa, me ayudas con mi sobrina y además recoges mi apartamento. Creo que estoy a punto de pedirte que te cases conmigo.

–  Ten cuidado, quizás acepte. – Me dice volviéndose hacia a mí sonriendo. – Creo que ya es hora de marcharme, mañana pasaré a recogerte para llevar a Nerea al colegio.

–  Eres muy raro. – Musito. Álex me mira alzando una ceja, buscando una aclaración. – Pasas el día con mi sobrina y conmigo y cuando nos quedamos a solas quieres marcharte. Lo de pedirte que te cases conmigo era una broma, no tienes que salir corriendo.

–  ¿Nos tomamos una copa en la terraza? – Me pregunta sin dejar de sonreír. Asiento con la cabeza y Álex coge un par de copas de cristal y una botella de vino y salimos a la terraza, donde nos sentamos en las sillas de exterior junto a la pequeña mesa y él, tras servir las copas, brinda. – Por nuestra primera cita.

–  Esta es la primera cita más rara que he tenido. – Le digo riendo.

–  Te aseguro que yo tampoco suelo hacer esto en mis primeras citas. – Bromea. – De hecho, nunca antes había tenido una cita así. Aunque tengo que confesarte que me ha encantado.

–  Te prometo que te compensaré, pero para eso tendremos que esperar a que mi hermana regrese.

–  No prometas lo que no vas a cumplir, pequeña amazona.

–  Nunca lo hago, pequeño ogro. – Le respondo divertida. Me acerco mucho a él y, sonriéndole con picardía, le susurro al oído: – Si es que sigues interesado en tener una cita de verdad conmigo.

–  Eres lo único que me interesa desde que te conozco, pequeña amazona. Aunque tengo que confesarte que ya no eres la única en la que pienso, ahora también adoro a un pequeño demonio de rizos rubios y sonrisa traviesa que es una versión de ti veinte años más joven. – Me contesta sonriendo y mirándome a los ojos añade con voz ronca: – Voy a besarte, pequeña.

Y me besa. Me besa en los labios primero con suavidad y delicadeza y después con pasión y lujuria. Sus manos bajan por mi espalda y cuando llegan a mi trasero me agarra con fuerza y me coloca sobre su regazo para después hacer que le rodee la cintura con mis piernas. Puedo notar su tremenda erección clavándose en mi entrepierna y me apego más a su cuerpo.

–  ¿Qué hacéis? – Oigo la voz adormilada de mi sobrina y doy un respingo, incorporándome de inmediato. – ¿Por qué os besáis si no sois novios?

–  Venga a dormir, Nerea. Mañana tienes cole. – Le digo ruborizada.

–  Pero tita, yo quiero que Álex sea mi tito. – Protesta mi sobrina.

–  Pequeña guerrera, si quieres que sea tu tito tendrás que hacerme caso, ¿de acuerdo? – Le dice Álex poniéndose a su altura. – Para empezar, tienes que obedecer a la tita y portarte muy bien. Mañana vendré a buscarte para ir al cole juntos y te traeré el desayuno.

–  Vale, pero me lo has prometido y la tita siempre dice que se tiene que cumplir todo lo que se promete, ella nunca falta a su promesa.

–  No sabes cuánto me alegra oír eso, pequeña guerrera. – Le contesta y me guiña un ojo con complicidad.

–  Cielo, ve a la cama, ahora voy yo a arroparte. – Le digo a mi sobrina tras besarla en la frente. Espero a que mi sobrina se vaya a su habitación y le digo a Álex: – Lo siento, ya sabes cómo es mi sobrina…

–  Es como su tía, encantadora. – Me interrumpe. – Será mejor que me vaya antes de que vuelva. Buenas noches, pequeña amazona.

–  Buenas noches, Álex.

Me besa suavemente en los labios y se marcha sonriendo. Voy a la habitación de mi sobrina y la arropo tal y como le he prometido. Espero a que se duerma y me doy una ducha de agua fría antes de meterme en la cama y caer rendida en los brazos de Morfeo.