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La Torre de Hércules.

La Torre de Hércules es el faro más antiguo del mundo en funcionamiento, el único romano y el tercero más alto de España gracias a sus 55 metros de altura (sólo superado por el de Chipiona y el de Maspalomas); es además Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 2009 y, siendo tan antiguo, es fuente no sólo de historia sino también de algunas leyendas.

La mitología cuenta que el rey de Brigantium, un gigante llamado Gerión, obligaba a todos los súbditos que vivían en la zona a entregarle todos sus bienes, incluyendo incluso a sus hijos. Un día, Hércules llegó en barca a la ciudad, y los súbditos del gigante artos de los abusos a los que los sometían le pidieron ayuda.  Hércules decidió retar a Gerión a una pelea. Y como no, Hércules ganó. Enterró al gigante y construyó una gran estructura coronada por una antorcha. Alrededor de esta construcción fundó una ciudad. La mitología dice que la gente para fundar la ciudad fue traída desde Galatia, en Anatolia, y por eso se le acabó llamando Galizia. Como la primera mujer que llegó se llamaba Cruña, Hércules decidió ponerle ese nombre a la ciudad.

Esta leyenda es una de las más conocidas, y fue muy famosa durante los siglos XIX y XX, por eso, se cambió el nombre del faro de Brigantium al actual de la Torre de Hércules.

Aún quedan muchas incógnitas sobre el origen y el aspecto primitivo de la Torre de Hércules, pero los datos hasta ahora suministrados y contrastados por la investigación científica (excavaciones arqueológicas, estudio de los paramentos arquitectónicos y de los métodos constructivos, documentación conservada) permiten asegurar que fueron los romanos los constructores del primitivo faro.

La Torre de Hércules fue construida como faro por los romanos, posiblemente hacia finales del siglo I y comienzos del siglo II. De su primitivo aspecto hoy conservamos su interior revestido por un recubrimiento arquitectónico realizado a finales del siglo XVIII. A su pie, también se conserva una inscripción latina grabada sobre roca, hoy protegida por una pequeña edificación, en la que se recoge el nombre del posible arquitecto romano autor de la torre.

Por la inscripción conservada al pie de la Torre, sabemos que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la ciudad de Aeminium (la actual ciudad de Coimbra en Portugal). Con los datos actuales disponibles y sin tener certeza absoluta, se atribuye su construcción a la época del emperador romano Trajano que gobernó entre los años 98 y 117 d.C.

No conocemos con certeza como era su aspecto exterior. Pero tras las excavaciones arqueológicas realizadas en la base de la Torre, sabemos que contaba con un muro perimetral exterior y con una rampa o escalera de piedra que daba acceso a la plataforma superior. Tampoco conocemos con exactitud cómo sería el coronamiento romano de la Torre, pero por los datos conservados tendría una planta circular acabada en forma de cúpula con un hueco en el centro para la salida de la luz y del humo que serviría de guía a los barcos. El núcleo interior, hoy conservado, tiene una base cuadrada en plata con cuatro huecos interiores que se comunicaban dos a dos; se articulaba en tres pisos de altura y los huecos estaban abiertos con bóvedas de cañón. Posiblemente estos espacios servían, entre otras funciones, para guardar el material combustible que ardería en la parte superior y también para resguardo del personal de servicio en la Torre.

En 1927 se realizó la electrificación del faro. En el siglo XIX y hasta finales del XX, las reformas fueron mínimas y apenas afectaron al interior de la Torre, tuvieron mayor importancia las que se acometieron en su entorno. En 1849, el interior de la Torre fue acondicionado para instalar las clases de la primera Escuela de Torreros de Faros de España, que se mantuvieron hasta 1854. Desde 1858 y hasta 1906 las paredes interiores de la Torre estuvieron revestidas con papel estampado. En 1909 la barandilla de madera de la escalera interior fue sustituida por otra de piedra. Y en 1861 y 1956 se construyeron diversos edificios destinados al alojamiento de los fareros, situados al pie de la plataforma de la base de la Torre.

En el año 2009 fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y, hoy en día, ya sea por su historia o por sus leyendas, es un monumento imprescindible de visitar si estás haciendo turismo por la zona.

El Magosto.

La historia de la fiesta de Magosto nace con la suma de varias tradiciones y culturas a lo largo de los siglos, pero su origen se remonta hasta el Paleolítico ya que la castaña, junto a la bellota, era el principal alimento de la época. Se cree que la influencia de los celtas en la zona norte de la península puso las bases de la festividad en torno a otras fiestas, las de Samaín, que celebraban en la misma época, el fin de la cosecha y el inicio de un nuevo ciclo.

Pero fueron los romanos y la llegada del cristianismo lo que dio un empujón radical a la fiesta de Magosto. Los romanos trajeron una nueva especie de castaño que era mucho más resistente, poblando así toda Galicia de sus frutos y convirtiéndose en uno de los alimentos más recurrentes e importantes de los campesinos.

Durante la Edad Media, la llegada de una enfermedad a la zona acabó llevándose por delante buena parte de los castañares y cobraron protagonismo otros alimentos llegados de América, como la patata o el maíz. Sin embargo, en las zonas del interior de Galicia se siguieron conservando los castañares y hoy es donde más peso tiene esta celebración.

Según la tradición, por cada castaña asada en las brasas, un alma es liberada del purgatorio y regresa para celebrar con los vivos durante el Magosto. Con este espíritu es con el que, en el presente, se siguen celebrando estas fechas. El Magosto empieza el día de todos los Santos y dura hasta el 11 de noviembre, coincidiendo con San Martiño y es una celebración cargada de recuerdos y homenajes al pasado.

El Magosto ha conseguido sobrevivir a los siglos y a la historia, y pasar de generación en generación. Lo más tradicional durante estas fiestas es reunirse en torno al fuego de las brasas y asar las castañas que se han ido cosechando durante todo el año para dar de comer a todos los presentes, pero no es el único alimento que se destaca. También es el tiempo de abrir las botellas de vino nuevo y de comer chorizos asados en las brasas.

Las celebraciones del Magosto reúnen cada año a cientos de habitantes y de turistas que quieren conocer de primera mano el ambiente de estas fiestas alrededor del fuego y empaparse de esta antigua tradición tan plagada de historia y de leyendas. Las castañas, a pesar de haber pasado a ser un fruto típico únicamente en otoño, siguen teniendo gran peso en la región. Son las grandes protagonistas durante todos estos días, suponiendo el comienzo de un nuevo ciclo y una nueva cosecha que comenzará a dar los primeros brotes en primavera.

Debido a las enfermedades que asolaron la región de Galicia durante la Edad Media, buena parte de los castaños acabaron desapareciendo y con ellos también el gran peso de su tradición. Sin embargo, aún se mantiene vivo el espíritu del Magosto en las regiones gallegas de interior, en especial en Lugo y Ourense, donde sus bosques siguen ofreciendo castaños que abastecen a todos los lugares de la zona.

En la actualidad, Lugo y Ourense se han convertido en las dos regiones donde más peso tiene la fiesta de Magosto y donde más gente se reúne a disfrutar de la tradición. En el año 2008, la celebración de Ourense fue declarada Fiesta de Interés Turístico de Galicia.

 

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