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La Torre de Hércules.

La Torre de Hércules es el faro más antiguo del mundo en funcionamiento, el único romano y el tercero más alto de España gracias a sus 55 metros de altura (sólo superado por el de Chipiona y el de Maspalomas); es además Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 2009 y, siendo tan antiguo, es fuente no sólo de historia sino también de algunas leyendas.

La mitología cuenta que el rey de Brigantium, un gigante llamado Gerión, obligaba a todos los súbditos que vivían en la zona a entregarle todos sus bienes, incluyendo incluso a sus hijos. Un día, Hércules llegó en barca a la ciudad, y los súbditos del gigante artos de los abusos a los que los sometían le pidieron ayuda.  Hércules decidió retar a Gerión a una pelea. Y como no, Hércules ganó. Enterró al gigante y construyó una gran estructura coronada por una antorcha. Alrededor de esta construcción fundó una ciudad. La mitología dice que la gente para fundar la ciudad fue traída desde Galatia, en Anatolia, y por eso se le acabó llamando Galizia. Como la primera mujer que llegó se llamaba Cruña, Hércules decidió ponerle ese nombre a la ciudad.

Esta leyenda es una de las más conocidas, y fue muy famosa durante los siglos XIX y XX, por eso, se cambió el nombre del faro de Brigantium al actual de la Torre de Hércules.

Aún quedan muchas incógnitas sobre el origen y el aspecto primitivo de la Torre de Hércules, pero los datos hasta ahora suministrados y contrastados por la investigación científica (excavaciones arqueológicas, estudio de los paramentos arquitectónicos y de los métodos constructivos, documentación conservada) permiten asegurar que fueron los romanos los constructores del primitivo faro.

La Torre de Hércules fue construida como faro por los romanos, posiblemente hacia finales del siglo I y comienzos del siglo II. De su primitivo aspecto hoy conservamos su interior revestido por un recubrimiento arquitectónico realizado a finales del siglo XVIII. A su pie, también se conserva una inscripción latina grabada sobre roca, hoy protegida por una pequeña edificación, en la que se recoge el nombre del posible arquitecto romano autor de la torre.

Por la inscripción conservada al pie de la Torre, sabemos que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la ciudad de Aeminium (la actual ciudad de Coimbra en Portugal). Con los datos actuales disponibles y sin tener certeza absoluta, se atribuye su construcción a la época del emperador romano Trajano que gobernó entre los años 98 y 117 d.C.

No conocemos con certeza como era su aspecto exterior. Pero tras las excavaciones arqueológicas realizadas en la base de la Torre, sabemos que contaba con un muro perimetral exterior y con una rampa o escalera de piedra que daba acceso a la plataforma superior. Tampoco conocemos con exactitud cómo sería el coronamiento romano de la Torre, pero por los datos conservados tendría una planta circular acabada en forma de cúpula con un hueco en el centro para la salida de la luz y del humo que serviría de guía a los barcos. El núcleo interior, hoy conservado, tiene una base cuadrada en plata con cuatro huecos interiores que se comunicaban dos a dos; se articulaba en tres pisos de altura y los huecos estaban abiertos con bóvedas de cañón. Posiblemente estos espacios servían, entre otras funciones, para guardar el material combustible que ardería en la parte superior y también para resguardo del personal de servicio en la Torre.

En 1927 se realizó la electrificación del faro. En el siglo XIX y hasta finales del XX, las reformas fueron mínimas y apenas afectaron al interior de la Torre, tuvieron mayor importancia las que se acometieron en su entorno. En 1849, el interior de la Torre fue acondicionado para instalar las clases de la primera Escuela de Torreros de Faros de España, que se mantuvieron hasta 1854. Desde 1858 y hasta 1906 las paredes interiores de la Torre estuvieron revestidas con papel estampado. En 1909 la barandilla de madera de la escalera interior fue sustituida por otra de piedra. Y en 1861 y 1956 se construyeron diversos edificios destinados al alojamiento de los fareros, situados al pie de la plataforma de la base de la Torre.

En el año 2009 fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y, hoy en día, ya sea por su historia o por sus leyendas, es un monumento imprescindible de visitar si estás haciendo turismo por la zona.

Samuráis.

Todos hemos visto alguna película de samuráis, aunque ahora no estén muy de moda, hubo una época en la que sí lo estuvieron y el mundo del cine fue partícipe de ello. Nos referirnos a los samuráis como esos guerreros del antiguo Japón, capaces de manejar una catana como si fuera una extensión de su propio cuerpo, dominan las artes marciales y pueden ser tan sigilosos que pueden entrar o salir de una habitación sin que te des cuenta. Pero la verdad es que los samuráis eran una élite militar que gobernó Japón durante cientos de años.

El origen del samurái se remonta alrededor del siglo X y se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun, por el cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país. Su momento cumbre tuvo lugar durante el período Sengoku, una época de gran inestabilidad y continuas luchas de poder entre los distintos clanes existentes, por lo que esta etapa de la historia de Japón es referida como “período de los estados en guerra”. El liderazgo militar del país continuaría a manos de esta élite hasta la institución del shogunato Tokugawa en el siglo XVII por parte de un poderoso terrateniente samurái llamado Tokugawa Ieyasu, quien paradójicamente, al convertirse en la máxima autoridad al ser nombrado como shōgun, luchó por reducir los privilegios y estatus social de la clase guerrera, proceso que finalmente culminó con su desaparición cuando el emperador retomó su papel de gobernante durante la Restauración Meiji en el siglo XIX.

Históricamente, la imagen de un samurái estuvo más relacionada con la de un arquero a caballo que con la de un espadachín, y no fue hasta que reinó una relativa paz que la espada adquirió la importancia con la que se la relaciona actualmente; la fantasía y la realidad de los samuráis se ha entremezclado e idealizado y sus historias han servido de base tanto de novelas, como de películas e historietas.

Los vínculos familiares, así como la lealtad de vasallos hacia el daimyō eran sumamente fuertes, y eran estos factores los que regían sobre la estructura de un ejército samurái.​ Cualquiera que naciera en una casa de guerreros era entrenado desde su niñez con el fin de convertirlo en un digno representante de sus antepasados.​ Por otro lado, las alianzas entre clanes representaron los vínculos más débiles y a lo largo de la historia se repitieron episodios donde un clan traicionó a su “aliado” en el mismo momento de la batalla.

Hasta mediados del siglo XVI, la organización común de un ejército samurái fue casi la misma:​al término de las campañas, el ejército se disolvía y la gran mayoría de los ashigaru y algunos samuráis regresaban a sus labores del campo. No fue hasta el periodo Sengoku en que algunos daimyō con suficientes recursos mantuvieron un ejército estable y buscaron un grado de especialización en el ejército, incluyendo la infantería.

La estructura jerárquica dependía de factores como el nacimiento, el vasallaje vitalicio y aspectos sociales y militares.​ En el vértice de la pirámide estaban los daimyō y a su lado sus parientes cercanos y familia; seguían los criados vitalicios de la familia, los cuales servían a su señor por muchos años; el siguiente escalón lo constituían los vasallos, ya fuera que se hubieran unido a su servicio o fueran obligados después de la derrota de sus antiguos señores.​ Los ashigaru del periodo Sengoku estaban en el último escalón y estaban divididos en tres secciones según el arma que manejaran, ya fueran arcabuces, lanzas o arcos.​ Había también ashigaru dedicados a servir a los distintos samuráis, otros eran portaestandartes y algunos otros estaban asignados a tambores.​

 

Durante gran parte del periodo Sengoku, se esperaba que todo samurái estuviese listo para presentarse en el campo de batalla con sus respectivas armas, armadura y caballo al momento de existir algún conflicto. Además se deseaba que cada uno proporcionara tropas al servicio de su señor acorde con la riqueza del feudo al que pertenecieran. De este modo el reclutamiento de las tropas necesarias recaía en los samuráis. Estos últimos llevaban consigo a otros samuráis o a jornaleros que dejaban sus tierras para convertirse en ashigaru.

Cuando había que reunir al ejército, se les notificaba la fecha y el lugar en que se pasaría revista. Cada ashigaru reunía sus armas y armadura a la espera de que sonara el horagai (trompeta de concha), el tambor o campanas, los cuales indicarían la hora de partir. Al llegar al punto acordado, el samurái les pasaba revista. Desde ese punto marcharían juntos para presentarse en el castillo y unirse al resto del ejército.​

Un aspecto de vital importancia a lo largo de la historia de los samuráis fueron los castillos. Las primeras fortificaciones en Japón eran difícilmente lo que la gente asocia con “castillos”, ya que eran elaboradas casi exclusivamente con madera. Se apoyaban mucho más en las defensas naturales y la topografía del lugar (como ríos, lagunas, etc.) que cualquier elemento creado por el hombre, y se prefería colocarlos en la cima de las montañas. Este tipo de construcciones, conocidas como kōgoishi y chiyashi, no se construían pensando a largo plazo, por lo que los nativos del archipiélago construían estas fortificaciones y posteriormente eran abandonadas.

Los habitantes de Yamato comenzaron a construir ciudades al inicio del siglo VII, expandiendo el complejo del palacio, rodeado a los cuatro lados por murallas y unas puertas impresionantes. Las fortificaciones de madera se construyeron a lo largo del país para defender el territorio de los emishi, los ainus y otros grupos. A diferencia de sus predecesores, estas construcciones eran relativamente más duraderas y eran construidas durante tiempos de paz.

Hacia finales del periodo Heian, el nacimiento de la clase samurái influyó drásticamente en la construcción de los castillos. Esto se debió a que ya no solo se planeaba su posición con la idea de defender el territorio nacional de ataques externos, sino a que desde ese momento, los distintos clanes tuvieron que cuidarse unos de otros. Los llamados jōkamachi “pueblo bajo castillo” también aparecieron, crecieron y se desarrollaron. A pesar de los avances en cuanto a construcción, la mayoría de los castillos de la época permanecieron con la misma forma de las fortificaciones de madera de siglos atrás, solo que más largos y un poco más complejos.​ Del mismo modo se buscó ubicarlos en lo alto de las montañas, por lo que este tipo de castillos es conocido como yamashiro “castillo de montaña”.​

Algunas familias poderosas no solo controlaban un castillo, sino una serie de castillos, donde el principal era llamado honjō y los castillos satélite shijō. Aunque los shijō generalmente eran castillos en toda la extensión de la palabra, frecuentemente eran construcciones de madera o tierra. Usualmente, faros de fuego, tambores taiko o conchas marinas eran utilizadas para establecer comunicaciones entre los castillos a grandes distancias. El Castillo Odawara de la familia Hōjō y su red de satélites era uno de los más poderosos ejemplos del sistema honjō-shijō; los Hōjō controlaban tanta tierra, que tuvo que crearse una jerarquía de sub-satélites.

Krampus, el Diablo de la Navidad.

En esta época navideña, no podía dejar escapar la oportunidad para hablaros de Krampus, un ser mitad cabra, mitad demonio; con cuernos, colmillos y pelos oscuro, una horrenda bestia que azota a la gente hasta que se vuelve buena. Krampus es un anti San Nicolás que viene con una cadena y unas campanillas, con una serie de varas de abedul para azotar a los niños malos y llevárselos al inframundo.

Su nombre deriva de la palabra alemana krampen, que significa garra, y se cree que es el hijo de Hel, de la mitología nórdica. Su leyenda forma parte de una traducción navideña secular en Alemania, donde las celebraciones de Navidad comienzan a principios de diciembre.

Krampus era todo lo opuesto al amable San Nicolás, que daba golosinas a los niños que eran buenos. Según el folclore, Krampus aparece la noche antes del 6 de diciembre, conocida como Krampusnacht o “noche de Krampus”. El 6 de diciembre también es el Nikolaustag o “día de San Nicolás”, cuando los niños alemanes comprueban si el zapato o la bota que han dejado la noche anterior contiene regalos (una recompensa por su buen comportamiento) o una vara (para los malos).

Una perspectiva más moderna de la tradición en Austria, Alemania, Hungría, Eslovenia y la República Checa consiste en que hombres borrachos se vistan de demonios y vaguen por las calles en un Krampuslauf, una especie de carrera de Krampus en la que persiguen a la gente.

La Iglesia católica prohibió durante años la terrorífica presencia de Krampus y las escandalosas celebraciones, y durante la Segunda Guerra Mundial, los fascistas veían a Krampus como algo vil, porque se consideraba una creación de los socialdemócratas. Pero Krampus parece estar reapareciendo en algunos países, en parte gracias a la cultura pop, ya que la gente busca celebrar estas festividades de formas poco tradicionales. En Estados Unidos, la gente está sumándose a la moda de las “fiestas de Krampus”. Por su parte, Austria intenta comercializar este duro personaje vendiendo chocolate, figurines y cuernos coleccionables.

¿Qué niño se atrevería a portarse mal sabiendo que Krampus puede venir a buscarlo y llevárselo?

El Rey Mulhacén.

El nombre de Muley Hacén aparece por primera vez en las crónicas durante la sublevación de su padre contra el sultán de Granada, Muhámmed XI “El Chiquito”. Allí se le describe como un hombre bravo, arrogante, impetuoso y entusiasta por la causa de su patria.

Para conseguir los máximos apoyos musulmanes, el padre de Hacén, Abu Nasr Saad “Ciriza”, rompió relaciones con Castilla a la muerte de Juan II y se proclamó sultán legítimo en Ronda, controlando la parte occidental del emirato. Ese mismo año, en 1454, “El Chiquito” firmó una tregua con Castilla que aseguraría el reino, pero le hizo perder muchos apoyos.

Los ejércitos de Saad derrocaron al «Chiquito», que se escondió en Málaga con toda su familia, pero finalmente fue capturado por Hacén y llevado a la Alhambra para ser ejecutado con toda su familia en alguno de los patios de la fortaleza granadina. Ciriza se hizo sultán y trató de combatir a los castellanos, aunque en 1457 se ve obligado a firmar una tregua.

En 1462, Ciriza hizo matar a varios miembros de la prestigiosa familia de los Abencerrajes haciendo huir al resto del clan a Málaga, donde llamaron a las armas a Yusuf V, un antiguo sultán que había gobernado durante 6 meses, entre 1445 y 1447. El pulso entre los Abencerrajes y Ciriza se alargó hasta el invierno de 1462, cuando Yusuf logró entrar triunfante en Granada, donde días después fue derrotado por Ciriza, que recuperó el trono.

Pero los Abencerrajes no se dieron por vencidos y urdieron un nuevo plan en el que incluyeron a Muley Hacén, el hijo de Ciriza. En agosto de 1464, con la ayuda de los Abencerrajes, Hacén usurpó el trono a su padre y ordenó su encarcelamiento. Así comenzó su sultanato.

Una de las muchas leyendas sobre Muley Hacén narra la historia de Isabel de Solís, una joven noble que es raptada en una de las muchas razias efectuadas en territorio castellano. Isabel fue hecha cautiva en la Alhambra, donde Hacén se enamoró perdidamente de ella y ella también de él, ya que renunció a su fe y se convirtió al islam con el nombre de Zoraida. Se dice que pronto se convirtió en la esposa favorita del harén, provocando los celos y la enemistad de Aixa, la esposa de Hacén que había dado a luz a Boabdil, su primogénito.

La fechoría de Muley Hacén no cayó en el olvido y, en 1480, el reino volvió a dividirse en dos facciones, los que estaban a favor de pactar con el reino de Castilla y los que querían combatirlo. Cada bando tenía sus candidatos, el de Hacén era el de las ideas combativas y el partidario de pactar tuvo como candidato a su hijo Boabdil, con el gran apoyo de su madre Aixa. Padre contra hijo por el poder, la historia se repetía. En esta coyuntura, los Reyes Católicos enviaron sus legados a Granada para exigir el pago de las parias estipuladas en los tratados acordados. Muley Hacén, arrogante como era, les respondió:

“Decid a vuestros príncipes que son ya muertos los reyes que pagaban vergonzoso tributo a los cristianos. Y que en Granada no se funden sino alfanjes y hierros de lanzas contra nuestros enemigos.”

En 1482, Rodrigo Ponce de León inició la campaña, tomando varias villas de la sierra de Ronda. En revancha, Muley asaltó por sorpresa Zahara de la Sierra en una noche de tormenta, pasando a cuchillo a todos sus habitantes. Para vengar la afrenta de Zahara, reunió 4000 infantes y 3000 caballeros, así como ilustres capitanes como Diego de Mena, el Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez, Pedro de Zúñiga, Juan de Robles o Sancho de Ávila. Muchos morirían en aquel combate. La idea era tomar Alhama, considerada la “llave de Granada” y dar un golpe mortal a las continuas razias y ofensivas nazaríes. Y la tomaron, a sangre y fuego. Muley Hacén trató de recuperarla sitiándola, pero el mismísimo rey Fernando con cerca de 50.000 hombres, se acercaba a socorrer aquella avanzadilla.

Para hacer frente a los ejércitos cristianos, Hacén llegó a un acuerdo con su hijo para unir fuerzas y no debilitar el sultanato en aquellos difíciles momentos. Pero al recibir la noticia de la pérdida de Alhama, Boabdil lo traicionó, sublevándose en Guadix y se hizo con el trono en Granada ese mismo año.

Hacén y parte de su familia, como su hermano “El Zagal”, se establecieron en Málaga defendiendo aquel territorio contra los intentos de invasión cristianos, con buenos resultados. Aun hoy existe un cerro en los Montes de Málaga conocido como “Cerro de la Matanza”, más de 1500 hombres cayeron en aquellas alturas en nombre de los Reyes Católicos a manos de las tropas lideradas por “El Zagal”.

Boabdil, al conocer la victoria de su padre quiso demostrar que también podía obtener una victoria contra los cristianos. Salió de Garnata por Puerta Elvira al frente de un ejército a Lucena, pero sus tropas cayeron derrotadas y tratando de escapar, su caballo quedó atascado en el fango y corrió a esconderse entre las malezas. Fue encontrado y capturado, llevado prisionero al castillo de Lucena. Más tarde trasladado a Porcuna donde fue retenido en la torre del castillo que ahora lleva su nombre. La vestimenta, zapatos y espadas jinetas de Boabdil fueron regalados como obsequio por los Reyes Católicos a los captores del joven sultán. A día de hoy, todo el conjunto se conserva en el Museo del Ejército en Toledo.

Tras su captura, Hacén volvió a ocupar el trono de Granada. Para recobrar su libertad “El rey Chico” aceptó ser vasallo de Fernando y combatir a su padre como “buen vasallo”. Lograría hacerse con territorios en la zona de Almería con la promesa de hacer llevarles la paz con los demás reinos y la tranquilidad para cultivar sus tierras. Muley Hacén y su hermano combatieron a Boabdil, pero el viejo sultán ya tenía una avanzada edad y falleció en 1485, nombrado a su hermano El Zagal como su sucesor. La historia de El Zagal es muy interesante, al final pacta con su sobrino y se reparten el reino; Boabdil se queda con Madinat Garnata y la Alhambra; y el Zagal es reconocido señor del resto de ciudades nazaríes de importancia como Málaga, Almería y Guadix. Con la caída de Málaga en 1487, El Zagal se rinde y acepta vasallaje de los Reyes Católicos en 1489, entregándoles Almería y Guadix.

En 1491 se exilió en Fez, donde el sultán era de la familia, pero más partidario de Boabdil y, por orden del “Chico”, le arrancaron los ojos durante aquel exilio.

Según una de sus leyendas, la última voluntad de Muley Hacén fue la de ser inhumado en Sierra Nevada, en un lugar lo más cercano posible a su Granada y al cielo. Y entre Granada y el cielo se quedó, en las laderas del pico que recibió su nombre, el Mulhacén.

Los años pasaron y fueron muchos los que trataron de buscar la “tumba del rey moro” que se creía llena de tesoros, pero por más que se ha buscado en el lugar, todavía nadie ha podido encontrarlo.

 

 

 

Rómulo y Remo.

Según cuenta la leyenda, Ascanio, hijo de Eneas, fundó la ciudad de Alba Longa sobre la orilla derecha del río Tíber. En esta ciudad reinaron muchos de sus descendientes hasta llegar a Numitor y su hermano Amulio. Amulio destronó a Numitor y, para que no pudiese tener descendencia que le disputase el trono, condenó a su hija, Rea Silvia, a ser sacerdotisa de la diosa Vesta para que permaneciese virgen.

Sin embargo, Marte, el dios de la guerra, engendró en Rea Silvia a los mellizos Rómulo y Remo. Cuando nacieron los mellizos, para salvarlos fueron arrojados al Tíber dentro de una canasta que encalló en la zona de las siete colinas situada cerca de la desembocadura del Tíber en el mar. Una loba llamada Luperca, se acercó a beber y los recogió y amamantó en su guarida del Monte Palatino hasta que los encontró y rescató un pastor cuya mujer los crió. Ya adultos, los mellizos repusieron a Numitor en el trono de Alba Longa y fundaron una ciudad en la ribera derecha del Tíber, en el lugar donde habían sido amamantados por la loba, para ser sus Reyes.

Se dice que la loba que amamantó a Rómulo y Remo fue su madre adoptiva humana. El término loba, en latín lupa, también era utilizado, en sentido despectivo, para las prostitutas de la época.

La leyenda también nos cuenta cómo Rómulo mató a Remo. Cerca de la desembocadura del río Tíber había siete colinas. Rómulo y Remo discutieron sobre el lugar en el que fundar la ciudad y decidieron consultar el vuelo de las aves, a la manera etrusca. Rómulo vio doce buitres volando sobre el Palatino y Remo sólo divisó seis en otra de las colinas. Entonces Rómulo, para delimitar la nueva ciudad, trazó un recuadro con un arado en lo alto del monte Palatino y juró que mataría a quien osase traspasarlo. Remo le desobedeció y cruzó con desprecio la línea, por lo que su hermano le mató y quedó como el único y primer Rey de Roma. Este hecho habría ocurrido en el año 754 a. C., según la versión de la historia oficial de la Roma antigua.

Ana Bolena.

Ana Bolena era hija de sir Thomas Boleyn, que la llevó a Francia en 1519 para que se desenvolviera en la corte como dama de honor de la reina Claudia. Cuando regresó a Gran Bretaña, fue dama de honor de Catalina de Aragón, esposa de Enrique VIII. Llegó a inspirar tal pasión en el monarca que se divorció de Catalina para estar con Ana.

El 25 de enero de 1532 contrajeron matrimonio en secreto, y en mayo el arzobispo Cranmer declaró nulo el matrimonio con Catalina y legitimó la unión con Ana Bolena. Los amores entre Ana Bolena y Enrique VIII, y el consiguiente divorcio de Catalina de Aragón, fueron la causa directa del cisma de Inglaterra.

En junio de 1533 fue coronada como la legítima reina de Inglaterra. Con el tiempo, Ana se quedó embarazada, pero el Rey quería tener un hijo varón y se decepcionó cuando nació su hija, a la que llamaron Isabel. Esta niña se convertiría posteriormente en Isabel I, reina de Inglaterra y única heredera de Enrique.

En enero de 1536, Ana dio a luz a un niño muerto el mismo día en que Catalina de Aragón falleció. Esta circunstancia unida al mal carácter de Ana y a que el Rey ya se había encaprichado con Jane Symour, dama de honor de Ana, hicieron que la reina perdiera el favor de Enrique. Tras la noticia de la muerte de Catalina, se dice que Enrique y Ana se engalanaron con ropas de color amarillo brillante. Algunos historiadores lo han interpretado como demostraciones públicas de alegría en cuanto a la muerte de Catalina, pero es dudoso que la pareja real hubiera celebrado en público la muerte de Catalina, puesto que Enrique la consideraba como la «Princesa viuda de Gales», la viuda de su hermano el príncipe Arturo.

Circularon rumores de que Catalina había sido envenenada (culpaban tanto a Ana como a Enrique); los rumores surgieron tras descubrir durante su embalsamamiento que su corazón estaba ennegrecido. Los expertos médicos modernos están de acuerdo en que la oscuridad del corazón de Catalina no era debida al envenenamiento, sino al cáncer de corazón, algo que no se conocía por entonces.​ Tras la muerte de Catalina, Ana intentó mejorar sus relaciones con la hija de Catalina, María, pero fue rechazada de nuevo.

Durante el día del entierro de Catalina, el 29 de enero de 1536, Ana sufrió un aborto. Para la mayor parte de observadores, esta pérdida personal fue el principio del fin del matrimonio real. Lo que pasó después es uno de los períodos más polémicos de la historia inglesa, dado que es tanto una tragedia personal como un indicativo de las tendencias políticas más extensas que gobernaron la Casa de Tudor en ese período.

Cuando Ana se repuso de su aborto, Enrique declaró que su matrimonio había sido maldecido por Dios. Juana Seymour fue trasladada a nuevas dependencias y el hermano de Ana no fue aceptado en una prestigiosa orden de caballería, la Orden de la Liga, que en cambio le fue otorgada al hermano de Juana Seymour. En varias ocasiones a lo largo de estos meses, Ana expresó su temor ante la posibilidad de un próximo divorcio.

En los últimos días de abril, un músico flamenco al servicio de Ana llamado Mark Smeaton fue detenido y torturado por Thomas Cromwell. Al principio negó que él fuera el amante de la reina, pero bajo tortura confesó. También proporcionó el nombre de otro cortesano, Henry Norris, un viejo amigo tanto de Ana como del rey. Norris fue detenido durante el May Day (1 de mayo), pero dado que era un aristócrata no podía ser torturado. Él negó su culpabilidad y juró que Bolena era también inocente. Francis Weston fue detenido dos días más tarde bajo el mismo cargo. También detuvieron a William Brereton, un mozo de la cámara privada del rey, que también fue arrestado por adulterio, pero realmente parece probable que fue víctima de un viejo rencor contra él, sostenido por Thomas Cromwell. El acusado final fue Jorge Bolena, el propio hermano de la reina Ana, detenido bajo acusación de incesto y traición, acusado de mantener relaciones sexuales con su hermana durante los últimos doce meses.

El 2 de mayo de 1536, tras asistir a un partido de tenis, Ana fue detenida y llevada a la Torre de Londres.​ Allí sufrió una crisis nerviosa menor, exigiendo saber todos los detalles sobre el paradero de su familia y los cargos contra ella.

Cuatro de los hombres fueron procesados en Westminster el 12 de mayo de 1536. Weston, Brereton y Norris mantuvieron públicamente su inocencia y solo el torturado Smeaton apoyó a la Corona declarándose culpable. Tres días más tarde, Ana y Jorge fueron procesados por separado en la Torre de Londres. Ella fue acusada de adulterio, incesto y alta traición. La sospecha popular contra Enrique y su amante, Juana Seymour, los cuales fueron vistos de banquete en el Támesis, era generalizada. Varios panfletos circularon por Londres burlándose de los procesos y apoyando a la reina.

Vinieron por Ana durante la mañana del 19 de mayo para llevarla a la Torre Verde, donde debía permitírsele la dignidad de una ejecución privada.

El gobierno no aprobó proporcionar un ataúd apropiado para Ana. Tras la decapitación, su cuerpo y su cabeza fueron depositados en un arca alargada y sepultados en una tumba sin marcar en la capilla de San Pedro ad Vincula. Su hija, la reina Isabel I, a su llegada al trono nunca se preocupó de rehabilitar su memoria y buscar un lugar más digno para que los restos de su madre descansaran. En 1876 su cuerpo fue identificado en unas reformas de la capilla bajo el reinado de la reina Victoria y de esta manera el lugar de descanso de los restos mortales de Ana está marcado ahora en el suelo de mármol.

 

 

 

El Magosto.

La historia de la fiesta de Magosto nace con la suma de varias tradiciones y culturas a lo largo de los siglos, pero su origen se remonta hasta el Paleolítico ya que la castaña, junto a la bellota, era el principal alimento de la época. Se cree que la influencia de los celtas en la zona norte de la península puso las bases de la festividad en torno a otras fiestas, las de Samaín, que celebraban en la misma época, el fin de la cosecha y el inicio de un nuevo ciclo.

Pero fueron los romanos y la llegada del cristianismo lo que dio un empujón radical a la fiesta de Magosto. Los romanos trajeron una nueva especie de castaño que era mucho más resistente, poblando así toda Galicia de sus frutos y convirtiéndose en uno de los alimentos más recurrentes e importantes de los campesinos.

Durante la Edad Media, la llegada de una enfermedad a la zona acabó llevándose por delante buena parte de los castañares y cobraron protagonismo otros alimentos llegados de América, como la patata o el maíz. Sin embargo, en las zonas del interior de Galicia se siguieron conservando los castañares y hoy es donde más peso tiene esta celebración.

Según la tradición, por cada castaña asada en las brasas, un alma es liberada del purgatorio y regresa para celebrar con los vivos durante el Magosto. Con este espíritu es con el que, en el presente, se siguen celebrando estas fechas. El Magosto empieza el día de todos los Santos y dura hasta el 11 de noviembre, coincidiendo con San Martiño y es una celebración cargada de recuerdos y homenajes al pasado.

El Magosto ha conseguido sobrevivir a los siglos y a la historia, y pasar de generación en generación. Lo más tradicional durante estas fiestas es reunirse en torno al fuego de las brasas y asar las castañas que se han ido cosechando durante todo el año para dar de comer a todos los presentes, pero no es el único alimento que se destaca. También es el tiempo de abrir las botellas de vino nuevo y de comer chorizos asados en las brasas.

Las celebraciones del Magosto reúnen cada año a cientos de habitantes y de turistas que quieren conocer de primera mano el ambiente de estas fiestas alrededor del fuego y empaparse de esta antigua tradición tan plagada de historia y de leyendas. Las castañas, a pesar de haber pasado a ser un fruto típico únicamente en otoño, siguen teniendo gran peso en la región. Son las grandes protagonistas durante todos estos días, suponiendo el comienzo de un nuevo ciclo y una nueva cosecha que comenzará a dar los primeros brotes en primavera.

Debido a las enfermedades que asolaron la región de Galicia durante la Edad Media, buena parte de los castaños acabaron desapareciendo y con ellos también el gran peso de su tradición. Sin embargo, aún se mantiene vivo el espíritu del Magosto en las regiones gallegas de interior, en especial en Lugo y Ourense, donde sus bosques siguen ofreciendo castaños que abastecen a todos los lugares de la zona.

En la actualidad, Lugo y Ourense se han convertido en las dos regiones donde más peso tiene la fiesta de Magosto y donde más gente se reúne a disfrutar de la tradición. En el año 2008, la celebración de Ourense fue declarada Fiesta de Interés Turístico de Galicia.

 

Catrina.

Hoy en día, la Catrina se ha convertido en uno de los iconos más representativos de la cultura mexicana. Todos hemos visto la imagen de una calavera con sombrero francés, especialmente cuando se acerca el Día de Los Muertos. Pero, ¿sabes cuál es el origen de este personaje?

La Catrina nace del descontento del pueblo mexicano respecto a las clases más privilegiadas cuando, durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, las imágenes de esqueletos y calaveras eran una forma común de denuncia y de crítica social en las publicaciones de la época que usaron varios caricaturistas como Constantino Escalante, Santiago Hernández y Manuel Manilla.

La versión original es un grabado en metal con autoría del caricaturista José Guadalupe Posada y cuyo nombre original es “Calavera Garbancera”. La palabra “Garbancera” provenía de los vendedores de garbanzo, que siendo pobres aparentaban ser ricos y querían ocultar sus raíces indígenas. Este grupo de comerciantes pretendía tener el estilo de vida de los europeos. Esta crítica social la supo plasmar magistralmente este caricaturista y le dio fama a nivel mundial. La influencia de la obra de Posada le llegó posteriormente a Diego Rivera. Este importante muralista acopla el término de “La Catrina” en 1947 en su obra “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, donde aparece el artista José Guadalupe Posada en el lado derecho, una versión infantil de Diego Rivera a la izquierda y, por detrás, la reconocida pintora mexicana Frida Kahlo. Actualmente, el mural se encuentra en el Museo Mural Diego Rivera, localizado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

El Día de Muertos es una de las fiestas más antiguas de México. El 1 y 2 de noviembre se celebra con altares y la gente acude a los cementerios para visitar a los difuntos. La imagen de la Catrina se está convirtiendo en la imagen mexicana por excelencia sobre la muerte, es cada vez más común verla plasmada como parte de celebraciones de día de muertos a lo largo de todo el país, incluso se ha convertido en motivo para la creación de artesanías y en el disfraz más elegido por las mujeres para Halloween.

 

 

 

La Castanyera.

Igual que los países anglosajones tienen su Halloween y los mexicanos celebran el Día de los Muertos, en Catalunya también se celebra la Castanyada. Su origen procede de antiguos rituales funerarios que datan de finales del siglo XVIII; rituales destinados a conmemorar a los antepasados ​​fallecidos.

Al parecer, la tradición de comer ciertos alimentos provenía de la necesidad de energía para permanecer despiertos toda la noche. Los campaneros de las iglesias recorrían los vecindarios diciéndole a la gente que era hora de rezar por los difuntos. También se dice que era costumbre dejar los fuegos encendidos durante la noche y preparar la comida para los antepasados ​​para que pudieran comer y calentarse cuando regresaran de visita.

Cuentan que, antes de celebrar el día de Todos los Santos, las familias se reunían para velar a sus muertos. Para aguantar, se aprovisionaban de los primeros frutos del otoño, que principalmente eran las castañas, las legumbres y los boniatos. De esta costumbre nació la carismática figura de la Castanyera ya que mientras se asaban las castañas, se rezaba.

La Castanyera estaba representada como una anciana vestida con ropas pobres, una falda larga que cubría sus pies y un pañuelo sobre la cabeza, parada frente a un asador, asando y vendiendo castañas en la calle, envolviéndolas en periódicos.

Otra teoría afirma que el festín era para los campaneros, que hacían repicar las campanas durante toda la noche para recordar a los fieles la necesidad de rezar por el alma de sus difuntos. Cada vez que descansaban, reponían fuerzas comiendo lo que la gente les traía que, en este caso, eran los frutos del otoño.

En Catalunya, además de las castañas, la tradición también es comer panellets, unos panecillos parecidos al mazapán que se depositaban en las tumbas de los difuntos para que estuvieron nutridos en la otra vida. Ahora los hay de todo tipo: de almendras, piñones, coco, yema quemada, higo… Sin embargo, los más demandados son los de piñones.

Y tú, ¿ya has comido castañas asadas y has probado los panellets? ¿Cuáles son tus preferidos?

Halloween.

Aunque muchos piensen que Halloween es una festividad de origen americano, lo cierto es que su origen es europeo. Los celtas, que habitaban algunas regiones en Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia, realizaban una gran ceremonia para conmemorar el fin de la cosecha a finales de octubre. La festividad era conocida con la palabra gaélica Samhain, que significa “el final del verano” y, durante la celebración, se despedían de Lugh, dios del Sol.

El Samhain marcaba el momento en que los días se iban haciendo más cortos y las noches más largas. Los celtas, al igual que muchas culturas prehispánicas, creían que en Samhain los espíritus de los muertos regresaban a visitar el mundo de los mortales. El año céltico terminaba el 31 de octubre, en el otoño, cuya característica principal es la caída de las hojas, que para ellos significaba el fin de la muerte o la iniciación de una nueva vida.

La costumbre era dejar comida y dulces fuera de sus casas a modo de ofrenda, también era común encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y descanso junto a Lugh. La noche del 31 de octubre también se hacían rituales de carácter purificador para despedir el año. Pero, con el auge del catolicismo, esta fiesta pagana se cristianizó y comenzó a llamarse “La Víspera de Todos los Santos”. Su traducción en inglés es “All Hallow´s Eve”, de ahí nació la palabra «Halloween».

Con la inmigración europea a los Estados Unidos, sobre todo de irlandeses católicos en 1846, esta tradición llegó a América. La festividad de Samhain se transformó y pasó a ser conocida como Halloween muchos lugares.

Si existe un país que celebra Halloween a lo grande, sin duda es Estados Unidos, donde esta fiesta también es conocida como la Noche de Brujas y ha exportado este trocito de cultura por todo el mundo. Allí, cuando cae la noche, las calles de ciudades y pueblos se llenan de niños disfrazados de monstruos y toda clase de seres fantásticos que salen a las calles para pedir dulces casa por casa. El tradicional “truco o trato” es la frase más repetida entre los niños mientras recolectan dulces. Las casas, los colegios y otros edificios se adornan con todo tipo de objetos alusivos a criaturas sobrenaturales como vampiros, brujas, hombres lobo, muertos vivientes y figuras icónicas del cine de terror. No faltan tampoco las imágenes de tumbas, cementerios, arañas, gatos y calabazas. Durante el mes de octubre, se organizan atracciones tradicionales para celebrar Halloween, como las casas embrujadas, donde niños y adultos recorren una terrorífica casa decorada para “sobrevivir” e interactuar con todo tipo de espantos y criaturas aterradoras. En las zonas más rurales, la gente pasea en carretas llenas de paja hasta llegar a un campo de maíz y los participantes tienen que recorrer los pasillos naturales de los trigales, que alcanzan grandes alturas, y encontrar la salida. Cuando salen, los participantes escogen una calabaza para tallarla y formar una cara en ella.

Aunque la forma de celebrarlo haya cambiado mucho desde su origen, lo cierto es que queremos seguir pensando que el 31 de octubre es una noche mágica en la que los muertos pueden entrar en el mundo de los vivos.

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