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Dulce tentación.

Dulce tentación

Norah está preocupada por el futuro de la empresa y, en consecuencia, por su trabajo. Un hombre misterioso ha comprado gran parte de las acciones de la empresa y se ha convertido en el accionista mayoritario.

Lo que no se imagina Norah es que, cuando lo conozca, se sentirá tan atraída por él que incluso terminará dejando que la ayude con sus problemas familiares.

A pesar de que Norah siempre se ha mostrado estricta con su norma de no mezclar el placer con el trabajo, la tentación que ambos sentirán será tan fuerte que ¿serán capaces de resistirse a ella?

Si quieres leer más sobre esta historia, aquí tienes todos los capítulos:

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 17

CAPÍTULO 18

Dulce tentación 18.

Dulce tentación

Seis meses después de aquel fin de semana en Palmville, Norah y Samuel continuaban pasando juntos todas las noches, casi siempre en casa de él. Amy también se pasaba casi todas las noches en casa de Josh, así que las chicas seguían viéndose a diario. Gerard y Becky habían comenzado a salir juntos desde que se conocieron en Palmville y les iba muy bien. Elvira y Frank estaban encantados de ver a sus hijos enamorados y felices, igual que lo estaban los abuelos de Norah y los padres de Amy.

Era sábado por la noche y Norah quería salir a cenar con Samuel, pero él prefería cenar en casa y se encargó de preparar la cena.

–  Me apetecía ponerme un vestido sexy y provocarte toda la noche. – Le susurró Norah a Samuel al oído mientras él servía dos copas de vino.

–  Ve a ponerte un vestido sexy y provócame todo lo que quieras, pequeña. – Le susurró Samuel buscando sus labios para besarlos. – Pero no tardes, la cena ya casi está.

Norah salió de la cocina y regresó veinte minutos después vestida con un ceñido y corto vestido de color rojo con un gran escote hasta el ombligo en forma de pico y sujeto por dos finos tirantes atados al cuello con un lazo fácil de deshacer.

–  Pequeña, estás muy sexy. – Le dijo Samuel con la voz ronca. – Vamos al comedor, ya está lista la cena. – La acompañó al comedor y la ayudó a sentarse.

Norah se quedó asombrada cuando descubrió la romántica mesa que Samuel había preparado, con velas y un ramo de rosas rojas de centro de mesa.

–  No puedo creer que hayas hecho esto en tan poco tiempo, ¿lo tenías preparado? – Bromeó Norah mientras se sentaba en su silla. Esperó a que Samuel se sentara su lado y añadió: – Todo esto es perfecto, grandullón.

–  Tú lo haces perfecto, pequeña. – Le dijo Samuel besándola en la mejilla. – Quería que cenáramos en casa por un motivo, quiero que esta noche sea una de esas noches que recordemos cuando seamos ancianos. Y mira, he preparado tu plato preferido.

Samuel y Norah cenaron en el salón bajo la tenue luz de las velas, alternando cada bocado que se llevaban a la boca con suaves caricias y breves besos. Brindaron con sus copas de vino por su futuro y Samuel encontró el momento perfecto para preguntarle lo que tantas veces había deseado. Se sacó una pequeña caja cuadrada de terciopelo rojo del bolsillo, hincó la rodilla izquierda en el suelo, abrió la cajita para mostrarle a Norah el precioso anillo de oro blanco con un rubí tallado y engarzado en el contorno del anillo y le preguntó con voz firme pese al temor de oír lo que no deseaba:

–  Norah Smith, ¿quieres casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz de la Tierra?

Norah no se lo podía creer. Los ojos se le llenaron de lágrimas de felicidad, estar con Samuel el resto de su vida era lo que más deseaba y que Samuel también deseara estar con ella la hacía sentirse la mujer más afortunada del mundo.

–  Cariño, será mejor que me des una respuesta antes de que me dé un ataque al corazón. – Le rogó Samuel nervioso.

–  ¡Sí! ¡Sí quiero casarme contigo! – Le respondió Norah arrojándose a sus brazos. Le besó con verdadera pasión y necesidad y añadió: – Me alegro de haberme quedado en casa, así puedo hacerte el amor en este mismo momento.

–  Mm… Pequeña. – Gruñó Samuel excitado. Atrajo a Norah hacia a sí y la colocó sobre su regazo al mismo tiempo que le susurraba al oído: – Voy a quitarte este vestido sexy para poder ver tu preciosa piel desnuda. – Le quitó el vestido deslizándolo suavemente hacia arriba mientras ella estiraba los brazos para ayudarle y el vestido ascendió sobre su cabeza y salió volando hasta caer al suelo. Samuel tuvo que recordar cómo se respiraba al ver a Norah completamente desnuda a horcajadas sobre él: – ¿Dónde está tu ropa interior, cariño? – Le preguntó Samuel divertido.

–  Ya que íbamos a quedarnos en casa, he pensado en darte una sorpresa. – Le respondió Norah riendo divertida mientras Samuel acariciaba su suave y desnuda piel.

Samuel retiró con el brazo todos los utensilios de cocina que había sobre la mesa y colocó a Norah sobre la misma, con la espalda pegada a la mesa y el trasero pegado al filo. Samuel se deleitó unos segundos observándola y después acarició sus pechos, mordisqueó sus pezones y tiró suave y placenteramente de ellos hasta que se pusieron duros. Acto seguido, deslizó su mano entre las piernas de ella y acarició su pubis antes de introducir dos dedos en su vagina para comprobar lo húmeda que estaba.

–  Me encanta encontrarte siempre tan mojada para mí. – Le susurró Samuel y añadió al mismo tiempo que acariciaba lentamente su clítoris. – Quiero probar tu sabor, pequeña.

Samuel se agachó y recorrió con su lengua cada recoveco del sexo de Norah, presionando el centro de su placer, rozándolo con los dientes, haciendo que ella sintiera una mayor intensidad y notando cada espasmo que aquel placer le producía. Hasta que Norah ya no pudo aguantar más y, agarrando a Samuel con ambas manos por la mandíbula, le dijo con urgencia:

–  Te quiero dentro, te quiero ahora.

Samuel le dedicó una sonrisa y obedeció las órdenes de Norah, que le miraba salvajemente con ese brillo en los ojos que ardían de pasión y deseo. La penetró de una sola estocada y con fuerza, como sabía que a ella le gustaba, y la vio arquear su perfecto cuerpo, buscando un mayor placer con cada una de las siguientes embestidas que Samuel le propinó. Samuel siguió entrando y saliendo de ella mientras acariciaba los pechos de Norah con su mano izquierda y con la mano derecha buscaba su clítoris para estimularlo con movimientos rápidos y circulares que rápidamente hicieron que Norah alcanzara el éxtasis del placer y acto seguido lo hiciera Samuel. Unos segundos después, en cuanto Samuel pudo ser capaz de respirar con normalidad y controlar su cuerpo, se terminó de quitar la camisa y se la puso a Norah por encima antes de cogerla en brazos y llevarla a la habitación, donde volvieron a hacer el amor.

Con Norah entre sus brazos y con su anillo de compromiso en el dedo, Samuel se sintió el hombre más feliz del mundo y le susurró al oído a Norah antes de que se durmiera:

–  Te quiero, pequeña.

–  Yo también te quiero, grandullón. – Le dijo Norah tras darle un beso en los labios.

 

FIN

Dulce tentación 17.

Dulce tentación

El viernes a las tres de la tarde, Samuel y Becky fueron a la oficina de Events para recoger a Norah y reunirse con Amy y Josh para dirigirse en dos coches hacia Palmville.

Esa misma mañana, Norah llamó a sus abuelos para avisarles que serían uno más y se alegraron al descubrir que se trataba de Becky, la hermana de Samuel. Tanto Anne como Ray estaban encantados de que por fin su nieta se dejara querer y dejara de temer al amor.

Charles y Susana Walsh, los padres de Amy, esperaban junto a los abuelos de Norah a que Amy y Norah llegaran acompañadas por Samuel, Josh y Becky.

Ambos coches aparcaron en la calle frente a las dos casas y rápidamente se bajaron del coche para estirar las piernas y acercarse a saludar a las dos parejas que esperaban su llegada con una sonrisa en los labios.

–  ¿Cómo ha ido el viaje, cielo? – Le preguntó el abuelo Ray a su nieta mientras la saludaba con un fuerte abrazo y añadió en un susurro: – ¿Sigue cuidando Samuel tan bien de ti?

–  Demasiado bien, abuelo. – Le confesó Norah sonriendo tímidamente. Se volvió hacia a su abuela y, mientras la saludaba con un abrazó le preguntó: – ¿Cómo estás abuela?

Amy también saludó a sus padres y acto seguido hicieron las presentaciones oportunas. Samuel ya conocía a los abuelos de Norah, por lo que los saludó educadamente y les presentó a su hermana Becky y a su mejor amigo y abogado Josh, a quienes también adoraron nada más conocer. Amy cogió de la mano a Josh y se lo presentó a sus padres como su yerno, algo que los Walsh y todos los allí presentes se alegraron de escuchar, sobretodo Josh.

Una vez hechas las presentaciones oportunas y después de saludarse, todos entraron en casa de los Smith y se acomodaron en el amplio salón mientras que la abuela Anne y Susana traían de la cocina una estupenda merienda con galletas caseras que habían pasado haciendo toda la mañana para darles una sorpresa, pues a Norah y Amy les encantaban.

–  Mm… ¿Quién ha hecho esta maravilla de galleta? – Preguntó Becky devorando una de las galletas.

–  ¿Te gustan? Las hemos preparado Susana y yo esta mañana, a Norah y Amy les encantan. – Le respondió la abuela Anne.

–  Espero que no se trate de una receta secreta, me encantaría aprender a hacer éstas galletas. – Le dijo Becky con sinceridad.

–  Si quieres, puedo enseñarte. – Se ofreció la abuela Anne encantada. – No tienen ningún misterio y ya verás cómo te salen buenísimas.

Merendaron todos juntos y después dejaron que los invitados se instalaran en sus habitaciones. Josh se instaló en la habitación de Amy en casa de los Walsh, Becky en la habitación de invitados de casa de los Smith y Samuel se instaló en la habitación de Norah.

–  ¿Estás segura de que a tus abuelos no les importará que duerma contigo? – Le preguntó Samuel algo preocupado por lo que los abuelos de Norah pudieran pensar.

–  Mis abuelos, pese a su edad, tienen una mentalidad muy abierta. – Le dijo Norah divertida. – De hecho, ha sido idea de mi abuela que tú te instalaras en mi habitación conmigo. – Le dio un beso en los labios y añadió bromeando: – Si nos descuidamos, son capaces de organizar una boda.

–  Me casaba contigo ahora mismo, pequeña. – Le susurró Samuel al oído mientras la agarraba de la cintura para atraerla hacia a sí y envolverla con sus brazos. – Sé que todo esto está yendo muy rápido y que tú tienes una especie de miedo al compromiso por lo que no quiero presionarte, pero espero que al menos pueda disfrutar del fin de semana contigo, como una pareja que se está conociendo.

–  ¿Qué me estás pidiendo exactamente? – Quiso saber Norah sabiendo que se traía algo entre manos.

–  Básicamente, te estoy pidiendo carta blanca para besarte, acariciarte y abrazarte como una pareja, es decir, nada de ser un amigo con derecho a roce. – Le aclaró Samuel mirándola a los ojos para observar su reacción. – ¿Qué me dices?

–  A ver si me ha quedado claro. – Apuntó Norah. – Además de exclusividad, me pides carta blanca para comportarte como mi pareja delante de mis abuelos. – Le miró a los ojos y le preguntó: – Mi abuela va a pensar que eres alguna especie de actor que he contratado para que finja ser mi novio y deje de darme la tabarra con lo de formar una familia.

Samuel se echó a reír al escuchar las burradas que Norah acababa de decir y, cuando se recompuso, la miró con dulzura y le susurró antes de besarla en los labios:

–  No me has entendido, pequeña. Simplemente quiero que seas mi pareja, mi novia, mi chica, no quiero ser uno más en la lista, quiero ser el último.

Norah y Samuel se entretuvieron haciendo el amor en la habitación y fueron los últimos en regresar al salón, pese a que Amy y Josh habían tenido que ir a la casa de al lado. Cuando entraron en el salón, se encontraron con Gerard y a Samuel le cambió la cara, sobre todo cuando lo vio charlando alegremente con su hermana pequeña.

–  Ni se te ocurra hacer ni decir nada. – Le advirtió Norah leyéndole el pensamiento. – Becky necesita distraerse, conocer gente nueva y tomar las riendas de su vida, no puedes interferir en sus decisiones. Y la verdad es que Gerard es un gran tipo, te gustaría tenerlo de cuñado.

–  De acuerdo. – Aceptó Samuel. – Si tanto confías en él y tan buena persona crees que es, supongo que estoy obligado a darle una oportunidad. Pero si le hace daño a mi hermana…

–  Sht. – Le interrumpió Norah. – Mira los ojos de Gerard y los ojos de tu hermana, están brillantes de alegría y felicidad, se han gustado.

–  Por el bien de tu amigo, espero que no te equivoques. – Murmuró Samuel sin quitarles el ojo de encima a Gerard y Becky que continuaban charlando alegremente.

Norah rodó los ojos y lo dejó por imposible.

Pasaron la tarde charlando todos juntos en el salón, contando y escuchando viejas anécdotas de cuando Amy y Norah eran pequeños. Josh recibió una llamada que le confirmó que el estado había retirado la demanda para reclamar el coste de los desperfectos causados en el museo y les anunció la estupenda noticia, dándoles una alegría a todos los allí presentes.

Durante el fin de semana, Norah y Amy aprovecharon para enseñarle el pueblo a sus invitados, llevándoles a los rincones más emblemáticos mientras que les relataban viejos recuerdos de épocas pasadas. Gerard se apuntó a acompañarles y no se separó ni un instante de Becky, aunque mantuvo una distancia prudente con ella debido a las miradas asesinas que le dirigía Samuel.

Samuel besó acarició y abrazó a Norah todo lo que le apeteció, estuviera quien estuviese delante, y a Norah le encantó que se mostrara tan cariñoso y atento con ella, tanto que derribó los últimos pedazos que aún quedaban en pie de su muralla de defensa.

Dulce tentación 16.

Dulce tentación

Los días de la semana fueron pasando y Norah continuaba quedándose todas las noches en casa de Samuel, cómo él le había pedido. Nunca había convivido con nadie que no fueran sus abuelos o Amy, pero debía admitir que vivir con Samuel le resultaba mejor que vivir sola. Además, Samuel se mostraba pendiente de ella en cada momento. La llevaba al trabajo por la mañana y pasaba a recogerla por la tarde, se encargaba de preparar la cena mientras dejaba que ella se relajara dándose un baño y cenaban juntos en la cocina o en el salón mientras charlaban de todo un poco.

El jueves por la tarde, mientras Norah se daba un baño y Samuel empezaba a preparar la cena, recibieron la inesperada visita de Becky.

–  Becky, ¿qué haces aquí? – Le preguntó Samuel sorprendido cuando abrió la puerta y se la encontró.

–  Sé que piensas que tu casa es tu santuario y que ninguna mujer debe entrar, pero necesito que me acojas aquí unos días. – Le respondió Becky besando en la mejilla a su hermano y rodeándolo para entrar en la casa cargada con su maleta. – Ted está en la ciudad y sé que aquí no se atreverá a venir a buscarme.

–  ¿Es que no se va a cansar nunca de buscarte? – Pensó Samuel en voz alta.

–  Eso mismo me pregunto yo. – Le contestó Becky encogiéndose de hombros. – ¿Qué tal te va con mi futura cuñada? Tengo que decirte que me cae genial, lo que es bastante raro teniendo en cuenta que todas tus amiguitas siempre me han caído mal. Lo que no entiendo es qué hace ella con alguien cómo tú, ¡puede aspirar a mucho más! – Le dijo bromeando divertida.

–  ¿Quieres que llame a Ted y le invite a cenar? – Se mofó Samuel. – Por cierto, tu futura cuñada se está dando un baño y bajará en cualquier momento.

–  ¿En serio? – Preguntó Becky sonriendo. Samuel asintió con la cabeza, sonriendo divertido y Becky añadió: – ¡Es perfecto, así podré hablar con ella de algunos asuntos!

–  ¿Qué clase de asuntos? – Preguntó Samuel frunciendo el ceño.

–  Eso no es asunto tuyo, hermanito. – Le respondió Becky burlonamente.

–  ¡Becky! – Exclamó Norah al ver a Becky sentada junto a Samuel en la cocina. La saludó con un par de besos en la mejilla y un abrazo y añadió: – ¿Cuándo has llegado?

–  Hace cinco minutos, el maleducado de mi hermano ni siquiera me ha ofrecido algo de beber todavía.

–  Si os molesto me voy al salón. – Dijo Samuel con sarcasmo.

–  Cariño, ve a ver un rato la tele, yo me encargo de la cena. – Le dijo Norah con dulzura antes de darle un leve beso en los labios.

–  ¿Acabas de echarme de la cocina? – Fingió ofenderse Samuel.

–  No te ha echado, te ha invitado a salir. – Se mofó Becky.

–  Prometo compensártelo, grandullón. – Le susurró Norah mientras le acompañaba a la puerta para que se dirigiera al salón.

Samuel se marchó de la cocina refunfuñando, pero se marchó. En cuanto Norah cerró la puerta y se quedó a solas con Becky, le preguntó:

–  ¿Se trata de Ted?

Durante la semana, Becky y Norah habían estado hablando por teléfono a diario. Becky le había contado a Norah su historia con Ted, aunque ya había oído parte de ella en casa de los Smith. Becky había salido con Ted desde que iban al instituto y cuando acabaron la carrera universitaria alquilaron juntos un apartamento en el centro donde han vivido los últimos cinco años. Hace unos meses, Becky decidió acabar con aquella relación cuando descubrió que, pese a que le tenía un gran cariño, ya no estaba enamorada de él. Pero Ted no quería aceptarlo y seguía pensando que se trataba de algo temporal y que Becky tan solo necesitaba algo de tiempo, hasta que se cansó de esperar y comenzó a perseguirla.

–  Ted ha regresado a la ciudad y he venido a esconderme a casa de mi hermano porque es el único lugar donde él no vendrá a buscarme. – Le dijo Becky. – Aunque, de haber sabido que estabas aquí, hubiera buscado otro sitio.

–  Mañana nos vamos a Palmville a pasar el fin de semana, Samuel y Josh también vendrán, ¿te apetece venir con nosotros? – Le propuso Norah. – Ted no te molestará y así también cambias un poco de aires y te relajas, incluso podremos salir a tomar un par de copas.

–  No sé, no quiero molestar…

–  No es ninguna molestia. – La interrumpió Norah. – Además, estoy segura de que nos lo pasaremos bien todos juntos.

Samuel regresó a la cocina cuando se cansó de esperar en el salón. No había nada interesante en la programación de la televisión y sentía curiosidad por la camaradería que había descubierto entre su hermana y Norah.

–  ¿Va todo bien por aquí? – Preguntó entrando en la cocina.

–  Becky se vendrá mañana con nosotros a Palmville. – Le dijo Norah sonriendo. Le dio un beso en los labios y añadió: – Voy a poner la mesa, la cena ya casi está.

–  Sentaos, ya lo hago yo. – Les ordenó Samuel sonriendo divertido al mismo tiempo que le daba una palmada en el trasero a Norah.

Becky observó el comportamiento de su hermano con Norah y no pudo ocultar una sonrisa, le gustaba ver a su hermano enamorado por fin pero más le gustaba que fuera de una chica como Norah.

Cenaron los tres juntos y poco después Becky se retiró a la habitación de invitados y Samuel y Norah a la habitación principal, donde volvieron a hacer el amor una vez más hasta quedarse dormidos.

Dulce tentación 15.

Dulce tentación

Samuel aparcó su coche frente a la puerta del edificio de Events y se dirigió directamente a la última planta, donde se encontraba el despacho de Norah. Nada más salir del ascensor, se dirigió a la recepción y, tras saludar a Clare, le preguntó:

–  ¿Norah está en su despacho?

–  Sí, ¿quiere que la avise? – Le preguntó Clare rendida ante aquella perfecta sonrisa de Samuel.

–  No hace falta, ya voy yo. – Le respondió Samuel mientras caminaba alejándose por el pasillo para dirigirse al despacho de Norah. Golpeó suavemente la puerta del despacho de Norah, la abrió y le preguntó antes de entrar: – ¿Puedo pasar?

–  ¿Qué haces aquí tan temprano? – Le preguntó Norah gratamente sorprendida. – ¿Tanto me has echado de menos?

–  Yo siempre te echo de menos, pequeña. – La saludó Samuel besándola en los labios. – Me he reunido con Gerard Benson esta mañana.

–  Lo sé, Gerard ha pasado a saludarme esta mañana. – Le dijo Norah sonriendo. – ¿Qué tal ha ido la reunión con Gerard?

–  Sospechosamente bien. – Reconoció Samuel. – Ha aceptado firmar el contrato una vez su abogado lo revise.

–  Creía que eso era lo que querías. – Comentó Norah al ver que Samuel no parecía demasiado contento. Samuel le sostuvo la mirada y ella supo exactamente qué era lo que estaba pensado. – Ya te he dicho que entre Gerard y yo nunca ha habido nada ni lo habrá.

–  Debo parecerte un psicópata, ¿verdad?

–  Conociendo a Gerard, seguro que te ha dicho algo para que le des vueltas a la cabeza. – Le dijo Norah encogiéndose de hombros. – ¿Qué te ha dicho?

–  No lo ha dicho, pero ha dado a entender que le has ayudado a tomar su decisión para que firme con nosotros y no con la competencia. – Confesó Samuel. – Cuando le he preguntado si tú tenías algo que ver, me ha dicho que tú nunca interferirías en los negocios de ambos, pero que ha hablado contigo de ello y que debería preguntarte qué es lo primero que le has dicho cuando te ha mencionado el tema.

–  Y por eso has venido a la oficina dos horas antes. – Comentó Norah burlonamente. – Gerard se lo va a pasar genial contigo. – Norah suspiró y le dijo: – Gerard empezó a contarme que tu presupuesto se salía de su presupuesto pero que aun así iba a aceptar tu oferta haciendo un esfuerzo, ya había tomado la decisión cuando lo vi esta mañana. La única razón por la que primero ha venido a verme es porque no quiere que lo nuestro salga mal y, cito textualmente, tenga que contener las ganas de partirte la cara cada vez que te vea.

–  Se ha reído de mí. – Reconoció Samuel molesto.

–  No se ha reído de ti, solo se comporta de la misma forma que te comportarías tú con tu hermana. – Le dijo Norah con ternura, sentándose sobre su regazo. – Estás muy mono cuando te pones celoso, pones esos morritos que me entran ganas de besar y…

–  No empieces lo que no puedes terminar, pequeña. – La interrumpió Samuel haciendo un gesto con las manos para recordarle que estaban en su despacho.

–  Llévame a casa y podré terminar con lo que quiero empezar, grandullón. – Le susurró Norah.

–  Te voy a llevar a tu casa para que recojas las cosas que necesites para venirte a mi casa. – Le dijo Samuel sin opción a réplica. – Y, antes de que utilices a Amy como excusa, creo que deberías saber que ella pasará la semana en casa de Josh, que vive en la casa de al lado, así que podréis veros cuanto queráis.

–  Tú siempre pensando en todo. – Le dijo Norah burlonamente. Le dio un beso en los labios y añadió susurrándole al oído: – Recuérdame que te compense por ello.

–  Te lo recordaré en un rato, ahora vámonos a casa.

Norah dejó su coche en el parquin de Events y se subió al coche de Samuel. Una vez llegaron a su casa, hizo una pequeña maleta con ropa para toda la semana, incluido el fin de semana, y cuando se disponía a cerrar la maleta Samuel entró en la habitación y abrazó a Norah por la espalda al mismo tiempo que le susurró con la voz ronca:

–  He intentado contenerme hasta llegar a casa, pero me estás haciendo esperar demasiado y ya no puedo más.

Samuel empezó a acariciarla sensualmente y, cuando comprobó que Norah no ponía resistencia, la desnudó lentamente. Norah se dejó hacer, era demasiado difícil resistirse a esas caricias que Samuel le ofrecía y que cada día que pasaba eran más certeras. Samuel había estudiado todas y cada una de las reacciones de Norah con el fin de averiguar con qué caricias se excitaba y lo había conseguido.

Cuando estuvo totalmente desnuda, Norah se volvió frente a Samuel y, tras dedicarle una sonrisa traviesa, le preguntó con la voz ronca:

–  ¿Cómo te gustaría que compensase lo bien que te portas conmigo, grandullón?

–  Necesito pensar muy bien la respuesta, no es algo que se pueda contestar a la ligera.

–  Entonces tendré que improvisar mientras te decides. – Le respondió Norah juguetona.

Se arrodilló frente a él y se deshizo de sus pantalones, dejando su largo y erecto miembro libre. Acarició su pene con ambas manos y se lo llevó a la boca mientras miraba a Samuel a los ojos y observaba su expresión de sorpresa y placer en su rostro. Norah lamió y besó la verga de Samuel mientras él entraba y salía de su boca aumentando la profundidad y la velocidad de las embestidas hasta que trató de retirarse para correrse pero Norah se lo impidió, dejando que se derramara en su boca, deleitándole tragándose su semen. Samuel gruñó al alcanzar el clímax y acto seguido cogió en brazos a Norah, la besó en los labios apasionadamente y la colocó a cuatro patas sobre la cama para penetrarla de una sola estocada y embestirla una y otra vez al mismo tiempo que estimulaba su clítoris con los dedos para hacerla alcanzar el orgasmo más rápidamente. Y lo consiguió. Ambos se desplomaron sobre la cama y, sin haber recuperado aún la respiración con normalidad, Samuel estrechó a Norah entre sus brazos y le susurró al oído:

–  Eres mi dulce tentación, pequeña.

Dulce tentación 14.

Dulce tentación

El lunes por la mañana Samuel llevó a Norah a la oficina de Events y después se dirigió a su oficina, donde se reunió con Josh y Tom para modificar el contrato y que Gerard Benson acabara firmándolo.

–  Acaba de llamar Benson, se reunirá con nosotros a las once y nos informará de su decisión. – Le dijo Josh en cuanto Samuel entró en la sala de reuniones.

–  ¿Ya lo ha decidido? – Preguntó Samuel sorprendido.

–  Eso parece, tendremos que esperar a que llegue para saber su decisión. – Le confirmó Tom.

Samuel asintió con la cabeza y se encerró en su despacho. No podía permitirse perder a un cliente como Gerard Benson y mucho menos que se fuera a la competencia, el mercado estaba difícil con la crisis y él quería expandir la empresa, necesitaba esa inversión económica para conseguirlo.

Josh llamó a la puerta del despacho de su jefe y mejor amigo y entró en el despacho sin esperar ser invitado, cerró la puerta tras de sí, se sentó en un sillón frente a Samuel y le preguntó:

–  ¿Te ocurre algo con Norah?

–  ¿Con Norah? – Preguntó Samuel sorprendido.

–  Sí, con Norah. – Le confirmó Josh. – ¿Fue todo bien anoche con ella?

–  Sí, la llevé a casa de mis padres a cenar con toda la familia y todos la adoran. – Le respondió Samuel sonriendo tímidamente.

–  Entonces, ¿qué es lo que te preocupa? – Insistió Josh.

–  No lo sé. – Le confesó Samuel. – Siempre han sido ellas las que querían una relación cuando yo simplemente buscaba un poco de sexo, pero Norah me gusta de verdad. – Samuel suspiró y añadió: – Su abuelo me dijo que Norah nunca les había presentado a un novio oficialmente, siempre les dice que son amigos con derecho a roce.

–  Unos abuelos muy modernos. – Comentó Josh divertido pero al ver la cara de su amigo se puso serio y le dijo: – No debería decirte lo que voy a decir porque me juego mucho, pero lo diré porque eres mi amigo. – Respiró profundamente y añadió: – Amy me ha dicho que Norah no suele tener más de cinco citas con sus amantes, que jamás los lleva a su casa y mucho menos van a visitar a la familia en pareja, por lo que ha deducido que tú eres algo más que uno de sus amigos.

–  ¿Es que Amy y Norah no se cuentan nada? – Preguntó Samuel esperando descubrir más cosas.

–  Al parecer, tu chica es toda una fiera y cuando se cierra en banda es mejor no tocar el tema. – Se mofó Josh divertido. – No tienes nada de lo que preocuparte, ella se ha saltado sus propias normas para estar contigo, eso es lo único que te debe importar.

Los dos amigos continuaron hablando sobre las dos chicas que habían conocido y que les habían robado el corazón en un abrir y cerrar de ojos.

Norah estaba en su despacho cuando Gerard Benson entró en la oficina y anunció su visita. Norah lo recibió en su despacho y, tras saludarle e invitarle a sentarse, le preguntó:

–  ¿A qué se debe esta visita?

–  Tengo una reunión con Samuel Smith en una hora y quería hablar contigo antes.

–  Te escucho. – Le dijo Norah con curiosidad.

–  ¿Puedo preguntarte qué relación tienes con él?

–  Antes tendrás que decirme por qué quieres saberlo.

–  Voy a invertir una gran cantidad de dinero para que mi empresa funcione con energías renovables y tengo que decidir si invierto mi dinero en la empresa de tu amigo Samuel o en la competencia. – Le respondió Gerard poniendo todas sus cartas sobre la mesa. – He seguido de cerca su trayectoria y tiene una muy buena reputación en su campo, pero su presupuesto es algo más elevado de lo que tenía pensado invertir, por eso he estado estudiando la posibilidad de firmar el contrato con la competencia.

–  Si estás aquí para pedirme que consiga que Samuel te reduzca el presupuesto, no pienso hacerlo. – Le advirtió Norah.

–  Nunca te pediría algo así, Norah. – Le replicó Gerard rodando los ojos. – El caso es que había medio decidido firmar el contrato con la empresa de Samuel Smith, pero antes quería asegurarme de que tú estás bien con él. Si firmo ese contrato tendré que verle casi diariamente durante un mínimo de cinco años, no quiero estar con él y desear partirle la cara porque se ha portado mal con mi protegida.

–  Me gusta Samuel, me gusta de verdad. – Le confesó Norah. – Tú sabes que nunca he querido y mucho menos necesitado mantener una relación estable, pero con Samuel todo es distinto. Me gusta despertarme entre sus brazos, me gusta cuando se preocupa por mí y me trata como a una princesa en apuros y le echo de menos cuando no estoy con él. Por primera vez en mi vida pienso en mi futuro con alguien al lado y quiero que salga bien. – Miró a Gerard a los ojos y añadió divertida: – Por cierto, ¿qué es eso de convocar una reunión un sábado por la tarde?

–  Siento haber fastidiado tus planes, pero si hubiera más comunicación entre nosotros esto no habría ocurrido. – Se mofó Gerard. – El sábado iré a Palmville a comer a casa de mis padres, me pasaré a verte antes de regresar a la ciudad.

–  Te estaré esperando. – Le respondió Norah despidiéndose con un abrazo. – Nos vemos el sábado.

Gerard llegó a la oficina de Samuel veinte minutos tarde, pero había merecido la pena pasar por el despacho de Norah y terminar de decidirse para firmar el contrato con Samuel Smith.

–  Lamento el retraso. – Se disculpó Gerard con Samuel mientras le estrechaba la mano y añadió solo para comprobar la reacción de Samuel y divertirse fastidiándole un poco: – Me he pasado a ver a Norah y me he entretenido charlando con ella.

Samuel forzó una falsa sonrisa a pesar de que hubiera deseado darle un puñetazo a Gerard, pero se contuvo y le invitó a pasar a la sala de reuniones donde Josh y Tom les esperaban. Tras saludarse educadamente, se sentaron alrededor de la mesa rectangular y Samuel le dijo a Gerard:

–  Estamos aquí para oír tu decisión.

–  Antes de nada, me gustaría deciros que no he tenido claro qué hacer hasta hace poco más de una hora. – Empezó a decir Gerard. – Pero finalmente he decidido firmar el contrato con vuestra empresa.

Samuel escuchó entre líneas y tuvo claro que Gerard Benson había tomado su decisión estando con Norah y finalmente había aceptado firmar el contrato. Se volvió hacia Josh y Tom y les dijo:

–  Chicos, ¿podríais dejarme un momento a solas con el señor Benson, por favor? – Ambos asintieron y Samuel esperó a que salieran de la sala para preguntarle a Gerard: – ¿Tiene Norah algo que ver en tu decisión?

–  Norah no es de las que interferiría en algo así, pero eso no quiere decir que no valore su opinión sobre ti y debo de decir que es bastante buena. – Le respondió Gerard divertido. – Quiero a Norah como si de mi hermana pequeña se tratara, tendrás que entender que desconfíe de ti.

–  No has contestado a mi pregunta. – Le dijo Samuel y volvió a preguntar: – ¿Ha tenido Norah algo que ver en tu decisión?

–  Ya te he dicho que Norah nunca interferiría en algo así, ni para beneficiarte a ti ni para beneficiarme a mí. – Le dijo Gerard y añadió divertido sin siquiera tratar de ocultar su amplia sonrisa. – Pero, como te he dicho antes, he hablado de ella del tema. Pregúntale qué fue lo primero que me dijo cuando empecé a explicarle la situación en la que nos encontrábamos, puede que así lo entiendas. – Echó un vistazo a su reloj y añadió levantándose de la cómoda silla: – Envíame una copia del contrato para que mi abogado le eche un vistazo y, si todo está correcto, el próximo lunes lo firmaremos.

–  Le diré a Josh que te la envíe hoy mismo, nos vemos el próximo lunes. – Le respondió Samuel estrechándole la mano a modo de despedida.

Gerard se marchó y Samuel puso al corriente a Josh y Tom, que se alegraron mucho más que Samuel por la buena noticia. Pero Samuel no podía dejar de pensar en lo que Gerard Benson le había dicho, quería que le preguntara a Norah por su respuesta cuando le habló de la negociación y temía que Gerard Benson se traía algo entre manos.

Trató de seguir trabajando hasta que Josh lo sacó del despacho y lo llevó al restaurante que había cerca de la oficina y se distrajo un rato mientras comían. Una hora más tarde regresaron a la oficina y Samuel apenas aguantó unos minutos encerrado en su despacho antes de decidir ir a buscar a Norah a su oficina a pesar de que tan solo eran las cuatro y habían quedado a las seis.

Dulce tentación 13.

Dulce tentación

Samuel seguía observando a Norah a distancia y no se dio cuenta que alguien le observaba a él. Su padre, que acababa de bajar al salón, se había encontrado a su hijo completamente embobado mientras miraba a la que sin duda era la mujer que su hijo amaba.

–  Parece ser que encaja bastante bien con la familia, ¿no crees? – Le preguntó Frank en voz baja al mismo tiempo que se paraba al lado de su hijo y también observaba a Norah. – Es una chica muy guapa y parece simpática.

–  Lleva diez minutos en casa y ya se ha metido a toda la familia en el bolsillo. – Le confirmó Samuel a su padre. – Estoy seguro de que a ti también te gustará.

Samuel y Frank se acercaron a Norah y Samuel hizo las presentaciones oportunas:

–  Norah, te presento a mi padre, Frank.

–  Encantado de conocerte, Norah. – La saludó Frank mostrando una amplia sonrisa.

–  Lo mismo digo, señor Smith. – Le respondió Norah.

–  Por favor, llámame Frank. – Añadió Frank mientras le daba un par de besos en la mejilla.

Una vez estuvieron todos, pasaron al comedor donde Elvira sirvió su plato especial: cordero al horno con patatas. Mientras cenaban, Norah escuchó algunas de las anécdotas de las que Samuel era protagonista y todos bromearon y rieron al comentarlas. Samuel estuvo pendiente de Norah en todo momento hasta que ella se levantó para ayudar a retirar los platos de la mesa a la cocina y cuando él se levantó para acompañarla Norah le dijo en voz baja:

–  No voy a huir a ninguna parte, no hace falta que me escoltes.

–  No quiero separarme de ti, pequeña. – Le susurró Samuel.

Norah le dedicó una sonrisa antes de recoger varios platos de la mesa y llevarlos a la cocina, donde se quedó ayudando a recoger mientras charlaba con Becky, Elvira y la abuela.

–  ¿Tienes hermanos, Norah? – Le preguntó Elvira.

–  No, soy hija única. – Contestó Norah.

–  Samuel nos dijo que, aunque vives en la ciudad, no creciste aquí. – Le dijo Becky.

–  Crecí en Palmville, un pequeño pueblo situado a unos 150 km al sur de la ciudad. – Respondió Norah con naturalidad.

–  Echarás de menos a tu familia si están tan lejos. – Comentó la abuela.

–  Hablo con mis abuelos por teléfono todos los días y voy a verlos siempre que puedo, pero no es lo mismo que tenerlos cerca. – Confesó Norah.

Justo en ese momento, Samuel apareció por la puerta de la cocina y, abrazando por la espalda a Norah, les dijo a las mujeres de su familia con tono de advertencia:

–  Espero que no la estéis sometiendo a un tercer grado. – Besó a Norah en los labios y le preguntó divertido: – ¿Te están tratando bien?

–  Estupendamente. – Le confirmó Norah.

Samuel llevó a las chicas de nuevo al salón donde todos se tomaron una copa. A las once de la noche Samuel y Norah se despidieron, no sin antes prometer que regresarían pronto, y Samuel condujo hasta llegar a su casa.

–  Samuel, mañana tengo que ir a trabajar y es tarde. – Le dijo Norah cuando vio la dirección que tomaba.

–  Quédate a dormir conmigo, mañana te llevaré al trabajo. – Le pidió Samuel.

–  No tengo ropa, Samuel. – Protestó Norah. – Si tanto quieres dormir conmigo, para en tu casa, coge lo que necesites para mañana y vamos a dormir a mi casa.

Samuel sonrió a modo de respuesta e hizo lo que Norah le había propuesto. Cuando llegaron a casa de Norah ya era más de medianoche y ambos se dirigieron directamente a la habitación.

–  Tienes una familia fantástica y encantadora. – Le dijo Norah con sinceridad.

–  Espera a que cojan confianza y ya me dirás si piensas lo mismo de aquí a unos meses. – Bromeó Samuel divertido al mismo tiempo que la abrazaba.

–  Lo digo en serio, ojalá mis padres se hubieran preocupado por mí una sola vez como tus padres se preocupan por ti. – Le confesó Norah. – No puedo quejarme, mis abuelos me han dado todo lo que he necesitado y más y gracias a ellos hoy en día soy quién soy, alguien con futuro.

–  ¿Echas de menos a tus padres? – Preguntó Samuel tanteando el terreno.

–  No se puede echar de menos lo que nunca se ha tenido.

–  Yo te echaba de menos antes de tenerte y sigo echándote de menos cuando no estás conmigo. – Le susurró Samuel al oído. – ¿Significa eso que eres mía?

–  No soy tuya porque no soy de nadie. – Le aclaró Norah divertida.

–  Sabes perfectamente a lo que me refiero. – Le contestó Samuel impaciente.

–  No, no sé a lo que te refieres. – Le contestó Norah. – No sé qué quieres de mí, Samuel. Y, si te soy sincera, ni siquiera yo lo sé. Me encanta estar contigo y me gustas, pero todo está yendo demasiado rápido y soy nueva en esto de las relaciones sentimentales.

–  Quiero ser mucho más que ser uno de tus amigos. – Le dijo Samuel mientras la estrechaba entre sus brazos y la besaba por el cuello. – Quiero ser el único que te acaricie, el único que te bese y el único que te haga el amor, pequeña. – Deslizó su mano bajo el pantalón de Norah hasta encontrar su suave y excitado clítoris y añadió mientras continuaba estimulándola: – ¿Crees que podemos llegar a un acuerdo?

–  Mm… ¿Las condiciones son las mismas para los dos? – Le preguntó Norah apoyando la espalda en el pecho de Samuel para facilitar el acceso de sus dedos en su entrepierna.

–  Por supuesto, pequeña. – Le susurró Samuel al oído con la voz ronca. – Estoy hablando de fidelidad por ambas partes, ¿te supone un problema?

–  No es problema si tú cumples tu parte y te encargas de mantenerme satisfecha. – Le contestó Norah excitada. – No creo que suponga un problema complacerme, se te da muy bien.

–  Será un placer complacerte, pequeña. – Añadió Samuel susurrando al mismo tiempo que la desnudaba y empezaba a cumplir con su promesa.

 

Dulce tentación 12.

Dulce tentación

Samuel observaba como Norah dormía profundamente entre sus brazos cuando su teléfono móvil empezó a sonar y la despertó. Samuel la besó en la coronilla de la cabeza y le susurró al oído:

–  No pasa nada, sigue durmiendo. – Alargó su brazo para alcanzar su móvil que descansaba sobre la mesita de noche y descolgó al ver que era su madre quién llamaba: – Buenos días, mamá.

–  Buenos días, hijo. – Le respondió su madre con su tono de voz alegre de siempre. – Te llamo para recordarte que esta noche tenemos cena familiar, vendrán también los abuelos.

–  ¿Esta noche? – Preguntó Samuel que lo había olvidado por completo. Norah abrió los ojos para mirarle y Samuel añadió: – Mamá, iré acompañado, quiero presentaros a alguien.

–  ¿Por fin te has echado novia? – Preguntó su madre encantada. – ¡Ya verás qué contentos se ponen los abuelos!

–  Nos vemos esta noche, mamá. – Se despidió Samuel antes de colgar. Abrazó con fuerza a Norah y le susurró al oído: – Quiero que vengas a cenar esta noche a casa de mis padres, ¿querrás acompañarme?

Norah le miró sorprendida, todo aquello estaba yendo demasiado rápido. Por una parte, quería saberlo todo sobre Samuel y eso incluía conocer a su familia, pero por otra parte aquello suponía tener que responder a preguntas para las que aún no tenían respuesta.

Samuel vio como Norah le miraba sorprendida y pensativa, probablemente sopesando los pros y los contras de aquella situación. No quería que se sintiera presionada, por lo que le dio un beso en los labios y, sin dejar de abrazarla, le susurró al oído:

–  Me encantaría que vinieras, pero comprenderé perfectamente que prefieras quedarte en casa. – La besó en los labios y añadió: – Pero no podrás librarte de que vaya a buscarte en cuanto salga de casa de mis padres, por lo que me ahorrarías mucho tiempo y me harías muy feliz si vinieras conmigo a cenar.

–  Has aceptado venir a pasar el fin de semana a Palmville en casa de mis abuelos, creo que lo mínimo que puedo hacer es acompañarte a cenar. – Le respondió Norah jugando bajo las sábanas con el cuerpo desnudo de Samuel.

Pasaron la mañana en la cama, donde volvieron a hacer el amor para después continuar haciendo lo mismo en la ducha. Prepararon la comida juntos en la cocina mientras Samuel le describía a los miembros de su familia divertido. Su padre vivía para complacer a su esposa, su madre se pasaba la vida diciendo que quería ver a sus hijos formar una familia y que le llenasen la casa de nietos. Su hermana pequeña se había vuelto una fiestera después de dejarlo con su novio con el que salía desde el instituto. Y por último estaban sus abuelos, que no dejaban de preguntarle cuándo les iba a presentar a una novia.

A las ocho de la tarde, Samuel y Norah llegaron a la casa de los Smith, una pequeña y modesta casa situada a las afueras de la ciudad. Llamaron al timbre y les abrió la puerta Elvira, la madre de Samuel:

–  Me alegro de verte, hijo. – Le saludó y añadió volviéndose hacia a Norah para abrazarla: – Tú debes saber la encantadora Norah, ¿verdad? Hemos oído hablar mucho de ti.

–  Encantada de conocerla, señora Smith. – La saludó Norah.

–  Lo mismo digo, querida. Y por favor, llámame Elvira. – Les hizo un gesto para que entraran dentro de casa y añadió: – Los abuelos y tu hermana también acaban de llegar ahora mismo.

–  Ven cariño, te presentaré al resto de la familia. – Le dijo Samuel a Norah agarrándola por la cintura con posesión.

–  ¡Samuel! – Exclamó con alegría el abuelo en cuanto vio entrar a su nieto en el salón. Echó un rápido vistazo a Norah y, tras guiñarle un ojo con complicidad, le dijo a Norah: – Ahora entiendo por qué mi nieto está tan ocupado, si yo fuera él no me separaría de ti.

–  Abuelo, ya tiene suficientes pretendientes, no necesita a otro más. – Bromeó Samuel aunque con cierto reproche.

–  Si es tan simpática como hermosa es, tendrá miles de pretendientes. – Le advirtió el abuelo. – Pero lo único que debe importarte es que en este momento con quién quiere estar es contigo.

–  De momento, tendré que conformarme con eso. – Dijo Samuel resignado.

–  Me alegro mucho de conocerte, Norah. – Le dijo el abuelo con cariño. – Me llamo Samuel, como mi nieto, pero aquí todo el mundo me llama abuelo.

–  Encantada de conocerle, Samuel. ¿O prefiere que le diga abuelo? – Le respondió Norah divertida.

–  Abuelo está bien, pero puedes llamarme como quieras siempre y cuando me llames de tú. – Le dijo el abuelo.

–  Abuelo, no la asustes que no queremos que salga huyendo antes de que la conozcamos. – Dijo Becky, la hermana pequeña de Samuel. – Por fin conocemos a la chica que ha hecho que mi hermano siente la cabeza. – Añadió divertida dirigiéndose a Norah. – Soy Becky, la hermana de Samuel.

–  Encantada de conocerte, Becky. – Le respondió Norah saludándola con un par de besos en la mejilla.

–  ¿Ya ha llegado mi nieto? – Preguntó la abuela saliendo de la cocina. – ¡Es verdad que viene con su novia! – Exclamó alegremente al ver a Norah. La anciana abrazó a su nieto al que adoraba y después abrazó a Norah al mismo tiempo que le dijo divertida: – En las últimas semanas he oído hablar tanto de ti que tengo la sensación de que ya te conozco. – Norah miró a Samuel sin saber si aquello era un cumplido o un reproche, pero la abuela la sacó de dudas: – No te preocupes, todo lo que ha dicho sobre ti es bueno, por eso tenía serias dudas de que fueras real.

–  ¡Abuela! – La regañó Samuel sin poder ocultar su risa pese a que lo intentó.

La abuela rodó los ojos ante la regañina de su nieto y, con una sonrisa en los labios, le susurró a Norah al oído para que solo ella la escuchara mientras la cogía de la mano para guiarla hacia el sofá:

–  Eres la primera chica a la que trae a casa, incluso hubo una época en la que pensé que era gay.

Norah no pudo evitar contener la risa y se echó a reír a carcajadas mientras se sentaba con la abuela de Samuel en el sofá. Todos debieron deducir lo que la abuela le había dicho a Norah porque todos se echaron a reír, incluida Elvira, la madre de Samuel, que trató de poner un poco de orden:

–  Mamá, queremos que Norah regrese a menudo pero no lo hará si piensa que somos una familia de locos. – Regañó a la abuela. – Norah cielo, ¿qué quieres de beber?

–  Pide lo que te apetece y no lo que crees que quieren que pidas. – Le dijo Samuel mirándola a los ojos fijamente.

–  Una cerveza, por favor. – Contestó Norah con un hilo de voz.

–  Chico, si permites que se te escape es que eres idiota. – Le dijo el abuelo a Samuel.

–  No te preocupes abuelo, no pienso dejar que se escape. – Le aseguró Samuel. – Por cierto, ¿dónde está papá?

–  Acaba de llegar del taller y se está dando una ducha, no tardará en bajar al salón. – Le informó Elvira al mismo tiempo que les entregaba una cerveza a Samuel y Norah y los demás sacaban sus vasos escondidos para mostrarle a Norah que también estaban bebiendo cerveza.

–  Has superado la primera prueba. – Le susurró Samuel al oído y le dio un beso en la mejilla bajo la atenta mirada de toda su familia.

Mientras esperaban a que el padre de Samuel se uniera a ellos, charlaron y bromearon en el salón. Norah descubrió que tenía muchas cosas en común con Becky, la hermana de Samuel, y rápidamente se hicieron amigas.

Samuel observaba a Norah desde la otra punta del salón sonriendo felizmente al verla conversando con su hermana y con sus abuelos.

Dulce tentación 11.

Dulce tentación

Samuel condujo en el más absoluto de los silencios y sin apartar la vista de la carretera hasta que aparcó frente al restaurante y Norah le preguntó antes de salir del coche:

–  ¿Estás enfadado?

Samuel suspiró antes de volver la cabeza para mirarla a los ojos y le respondió tratando de que su voz sonase calmada:

–  No estoy enfadado, pero tampoco estoy contento. – Le confesó Samuel. – Gerard Benson nos ha amenazado con irse con la competencia y saber que le conocías y ver cómo te abrazaba no me ha puesto de mejor humor.

–  ¿Estás celoso? – Preguntó Norah sonriendo divertida.

–  ¿Debería estarlo? – Le preguntó Samuel con el ceño fruncido y sin dejar de mirarla a los ojos.

–  No deberías estarlo y por muchas razones. – Le respondió Norah encogiéndose de hombros. – Eres mi jefe, se supone que no deberíamos estar haciendo esto.

–  Si supone un problema para poder salir contigo, el lunes pongo mis acciones a la venta. – Le dijo Samuel sin bromear. – Dame una oportunidad para conocerme, olvídate que soy accionista de Events. Si decides no seguir viéndonos yo lo aceptaré y no te molestaré. Ya te dije que mis intenciones no eran cambiar el funcionamiento de Events, por lo que no tendrás que verme si no quieres.

–  De acuerdo, pero tienes que dejar de fruncir el ceño. – Le dijo Norah con dulzura, besándolo levemente en los labios.

–  Una cosa más, ¿has tenido algo con Benson? – Le preguntó Samuel.

–  Me salvó la vida cuando tenía quince años y desde entonces siempre se ha preocupado por mí. – Le dijo Norah. – Es como un hermano mayor, no tienes ningún motivo para estar celoso de él.

–  De acuerdo, pero continuaremos con esta conversación en otro momento. – Sentenció Samuel y le dio un beso en los labios. – Vamos a entrar, Josh y Amy estarán esperándonos.

Bajaron del coche y entraron en el restaurante cogidos de la mano. Josh y Amy les esperaban sentados en una de las mesas y se unieron a ellos.

Mientras cenaban y bebían, Amy sacó el tema de que pasarían el fin de semana en Palmville y eso hizo que ambos amigos arrugaran la nariz, sobre todo ahora que sabían que probablemente allí las chicas se encontrarían con Gerard Benson.

–  Por cierto, mis abuelos quieren que paséis el fin de semana con ellos si no estáis ocupados, les gustaría agradeceros lo que ambos estáis haciendo. – Les dijo Norah.

–  Se lo prometí a Anne, así que cuenta conmigo. – Le confirmó Samuel.

–  ¿Qué dices tú, Josh? – Le preguntó Norah.

–  Me encantaría ir, si a Amy no le importa. – Contestó Josh tímidamente.

–  Me encantará que vengas, pero debes saber que mis padres viven en la casa de al lado de los abuelos de Norah. – Le advirtió Amy.

–  Me muero de ganas por conocer a tus padres, muñeca. – Le dijo Josh divertido.

Amy besó a Josh y Norah se acercó a Samuel y le susurró al oído:

–  Deja de pensar en Gerard, estoy segura de que acabará firmando el contrato con vosotros.

–  No es eso lo que me preocupa. – Le dijo Samuel.

–  Pues no tienes ningún otro motivo para preocuparte. – Le recordó Norah la conversación que habían tenido en el coche. Se acercó aún más a él y le susurró sin que nadie más la escuchara: – Tendré que ocuparme de quitarte toda esa preocupación esta noche.

–  ¿Cómo piensas hacerlo, pequeña? – Le preguntó Samuel sonriendo descaradamente.

–  Tendrás que esperar para averiguarlo. – Le contestó Norah sonriendo pícaramente.

Entre bromas y risas terminaron de cenar y se fueron a tomar unas copas a un pub cerca del centro de la ciudad, en uno de los barrios que se había puesto de moda.

Tras tomar un par de copas y bailar un par de canciones, Norah regresó a sentarse junto a Samuel que no había dejado de observarla sentado a la mesa.

–  ¿Nos vamos a casa? – Le preguntó Norah tras besarle en los labios.

Samuel asintió, le devolvió el beso y, tras despedirse de Amy y Josh, salieron del pub y se subieron al coche de Samuel. Él condujo en dirección a su casa y Norah, que pensaba que pasarían la noche de nuevo en su casa, le dijo al ver la dirección que tomaba:

–  Vas en dirección contraria.

–  Vamos en la dirección correcta, te llevo a mi casa. – La informó Samuel.

–  ¿A tu casa? – Preguntó Norah sorprendida.

–  Sí, a mi casa. – Le confirmó Samuel.

Llegaron a una casa enorme situada en el barrio más caro y elegante de la ciudad. Una casa demasiado grande para que viva un solo hombre. Samuel le enseñó a Norah toda la casa y dejó su habitación para lo último, donde pensaba pasar con ella el resto de la noche. Norah adivinó las intenciones de Samuel en cuanto vio aquel brillo en sus ojos y decidió ponérselo fácil, se volvió hacia a él y, a un metro escaso de distancia, se desnudó frente a él, dejando caer su vestido al suelo y quedando vestida tan solo con su ropa interior.

–  Pequeña, eres realmente tentadora. – Le dijo Samuel con la voz ronca.

Se acercó a ella despacio y la envolvió entre sus brazos al mismo tiempo que la besaba y acariciaba. Norah empezó a deshacerse de la ropa de Samuel y él la dejó hacer mientras acariciaba sus pechos y mordisqueaba sus pezones.

Pasaron la noche haciendo el amor una y otra vez hasta quedarse dormidos completamente agotados por el desgaste de energía.

Dulce tentación 10.

Dulce tentación

Amy se presentó en casa de Norah en cuanto la llamó. Ambas tenían muchas cosas que contarse pese a que habían estado hablando por teléfono durante toda la semana. Decidieron salir a comer a un restaurante cerca de casa al que fueron caminando. Se sentaron en una de las mesas más apartadas del local y pidieron un par de cañas y algunas tapas para picar.

–  ¿Qué tal ha ido la noche con Samuel? – Le preguntó Amy queriendo saber qué había pasado.

–  ¡Oh, Dios! – Exclamó Norah riendo al mismo tiempo que se cubría la cara con las manos. – No puedo creer lo que estoy haciendo, ¡es mi jefe! – Suspiró y añadió resignada: – Pero es tan perfecto y tentador que cuando lo tengo en frente no me importa lo más mínimo que sea mi jefe. Hemos quedado para salir a cenar y posiblemente vayamos a tomar una copa después. – Miró a su amiga y le preguntó: – ¿Has vuelto a quedar con Josh?

–  Sí, he quedado con él esta noche. – Le confesó Amy. – Hemos pasado la noche juntos, pero esta mañana temprano se ha tenido que ir porque le había surgido un problema en el trabajo, ¿no te ha comentado nada Samuel? Josh parecía bastante preocupado.

–  Samuel me ha dicho que tenía una reunión urgente, supongo que si convocas una reunión un sábado por la tarde es preocupante, pero cuándo le he preguntado me ha dicho que no era nada que no tuviera arreglo. – Le dijo Norah encogiéndose de hombros. – No parecía querer hablar del tema y he preferido no insistir.

–  Samuel no querrá preocuparte con sus problemas, bastante tienes tú con los tuyos. – Opinó Amy. – He hablado con mi madre esta mañana, me ha dicho que tus abuelos están bien y que además están encantados con tu nuevo novio. – Se mofó Amy.

–  Ayer le dije a mi abuela que regresaría el viernes a Palmville y me insistió para que fuera con Samuel.

–  ¿Vas a ir con Samuel? – Preguntó Amy alegremente.

–  No le he dicho nada a Samuel, es mi jefe y ni siquiera sé qué clase de relación busca él ni lo que quiero yo. – Se resignó Norah. – Lo único que puedo hacer es esperar y ver qué pasa mientras disfruto de su compañía, y no estoy hablando solo de sexo.

Tras pasar por su casa para cambiarse de ropa, Samuel se dirigió a la oficina y se reunió con Josh y Tom antes de que llegara Gerard Benson a la oficina. Rápidamente, ambos se pusieron al día sobre las condiciones que Benson les hacía cumplir y así estuvieron hablando hasta que Josh comentó:

–  He pasado la noche con Amy en su casa y esta noche he vuelto a quedar con ella para salir a cenar.

–  Yo he pasado la noche en casa de Norah y esta noche también he quedado con ella para salir a cenar, aunque espero terminar la noche en mi casa y disfrutando de su compañía. – Le contestó Samuel. – Si les apetece a las chicas podríamos ir los cuatro juntos a cenar.

–  Llama a Norah y pregúntaselo, estoy seguro que estarán juntas en este momento. – Le animó Josh.

Samuel no se lo pensó dos veces, sacó su teléfono móvil del bolsillo de su chaqueta y llamó a Norah.

–  ¿Si? – Respondió Norah sin pararse a mirar quién la llamaba.

–  Hola pequeña. – Le dijo Samuel sonriendo al escuchar su voz.

–  ¿Samuel? – Preguntó sorprendida. – ¿Va todo bien?

–  Sí, te llamo porque estoy con Josh y me ha dicho que había quedado con Amy para salir a cenar y tomar una copa, así que hemos pensado que podríamos salir los cuatro juntos si os apetece. – Le dijo Samuel esperando que la idea le agradara.

–  Justamente Amy y yo estábamos hablando de eso ahora mismo. – Le confesó Norah.

–  Enviaré a un coche a buscaros a casa a las seis para que os traiga a la oficina, para entonces espero que ya haya terminado la reunión. – Le dijo Samuel y preguntó: – ¿Dónde queréis ir a cenar?

–  No sé, lo pensaremos y ya os lo diremos. – Le contestó Norah divertida. – Supongo que entonces sigo debiéndote una cena.

–  Supones bien, preciosa. – Le dijo Samuel sonriendo ante el tono divertido de la voz de Norah. – A las seis os pasará a buscar Henry, es un agente privado de seguridad. Os traerá a la oficina y así nos iremos los cuatro juntos, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo, nos vemos luego.

–  Hasta dentro de un rato, pequeña. – Se despidió Samuel antes de colgar.

Gerard Benson llegó a la oficina y la reunión comenzó. Samuel llegó a ponerse furioso durante aquella reunión, ya que Gerard quería rebajar el presupuesto más de lo que ellos podían permitirse.

A las seis en punto de la tarde, Henry llegó a casa de las chicas y las recogió para llevarlas a la oficina de la empresa de Samuel, dónde él, Josh y Tom continuaban reunidos con Gerard Benson.

Carmen, la recepcionista de la oficina, una mujer de mediana edad muy elegante, hizo pasar a Norah y Amy a una pequeña sala de espera que había junto a la sala de reuniones donde estaban Samuel y Josh.

Por mucho que se esforzaron, no consiguieron que Gerard Benson firmara el contrato pero al menos consiguieron que siguiera pensándolo. Los cuatro hombres salieron de la sala de reuniones y se encontraron con Amy y Norah. Ambas se pusieron en pie al verlos salir y, cuando Norah vio a Gerard, exclamó:

–  ¡Gerard!

Gerard sonrió al verla y la abrazó alzándola en brazos para hacerla girar en volandas. A Samuel no le gustó nada descubrir que se conocían y mucho menos que las manos de Gerard Benson tocaran y abrazaran a Norah, pero todavía le gustó menos oír lo que dijo Gerard:

–  Norah, pensaba que también pasarías el fin de semana en Palmville.

–  Llegué a la ciudad ayer por la tarde, pero el viernes regresaré a Palmville para pasar el fin de semana con mis abuelos. – Le respondió Norah.

–  Llámame si te apetece salir a tomar una copa, quiero la revancha al billar.

–  Cómo quieras, pero ya sabes que acabarás perdiendo. – Le dijo Norah burlonamente. Su mirada se cruzó con la de Samuel y vio que estaba furioso, sus ojos eran de un gris oscuro que daba miedo y dedujo que Gerard era el causante de sus problemas en la oficina. Tratando de arreglarlo, se volvió hacia a Samuel y le preguntó con una amplia sonrisa en los labios: – ¿Podemos irnos ya?

Samuel se acercó a Norah lentamente, le dio un leve beso en los labios, la abrazó con posesión y le dijo:

–  Cuando tú quieras, preciosa.

Tom se esfumó de allí con discreción, Norah y Amy saludaron a Josh, Samuel y Gerard y les aclararon que se conocían de Palmville, pues Gerard también había crecido en el mismo pueblo que Norah y Amy. Se despidieron de Gerard en el parquin y se dividieron en dos coches para llegar al restaurante al que las chicas habían decidido ir. Amy se fue con Josh en su coche y Norah se subió en el coche de Samuel cuando él le hizo un gesto para que fuera con él.