Siempre cuidaré de ti

Pablo, Axel y yo regresamos juntos a casa de mi padre en el coche de Axel mientras que nuestros padres y el resto de agentes que les acompañaban se quedan en la casa para encargarse de la situación. Puede que en otra ocasión me hubiera sentido furiosa por haberme echado a un lado, pero en este momento lo agradezco. Lo último que me apetecería sería tener que explicar a todo el mundo lo que ha pasado, no tengo ganas ni fuerzas.

Pablo se empeña en conducir y nos obliga a Axel y a mí a sentarnos juntos en la parte de atrás para que tratemos de descansar un poco, es un viaje largo. Axel, sorprendiéndome, le hace caso y se sienta a mi lado, me rodea los hombros con su brazo y me estrecha contra su cuerpo dejando descansar mi cabeza sobre su hombro al mismo tiempo que me susurra al oído:

–  Descansa un poco, princesita.

Cierro los ojos y me quedo dormida al instante. Podría estallar una guerra en este mismo momento y yo seguiría en calma siempre y cuando estuviera en los brazos de Axel como lo estoy en este momento. ¿Es eso estar enamorada? Tendré que preguntárselo a Angie, ella es la que entiende de estas cosas.

Cuando me despierto, Axel me lleva en brazos y sube las escaleras de casa de mi padre para llevarme a mi habitación. Me sonríe con dulzura y me susurra:

–  Princesita, es la segunda vez en menos de una semana que te tengo que llevar en brazos a tu habitación.

–  La culpa es tuya. – Le contesto medio dormida volviendo a cerrar los ojos y abrazándome a él con fuerza. – Si me tratas como a una princesita, luego no te quejes si me terminas convirtiendo en una.

Axel se echa a reír pero no dice nada, me lleva hasta a mi habitación y me deposita sobre la cama con sumo cuidado, como si fuera tan frágil como el cristal. Después me quita las zapatillas de deporte y me echa una pequeña mantita por encima antes de decirme:

–  Sigue durmiendo, princesita.

Axel da media vuelta dispuesto a marcharse, pero le agarro del brazo y susurro con un hilo de voz:

–  Por favor, no…

–  Eh, ¿qué ocurre, Ari? – Me pregunta sentándose junto a mi lado y, antes de que pueda contestar, añade: – No pasa nada, aquí estás segura y no tienes nada de qué preocuparte ahora. Además, te he prometido que siempre cuidaré de ti.

–  Entonces, no te vayas. – Le pido con tristeza.

–  Ari… – Resopla y, abrazándome, me dice: – Quieres acabar conmigo, ¿verdad?

Le miro sin entender nada. No he hecho ni dicho nada malo para que piense que quiero acabar con él, de hecho creo que es la primera vez que soy tan sincera y amable con él. Axel parece leerme la mente porque me lanza una sonrisa tranquilizadora, se tumba a mi lado en la cama y me dice con ternura:

–  Duérmete, te prometo que no me moveré de esta habitación mientras descansas.

Más tranquila sabiendo que Axel estará aquí cuando despierte, vuelvo a quedarme dormida de inmediato. Cuando vuelvo a despertarme, Axel no está tumbado conmigo en la cama, pero está en mi escritorio escribiendo en el ordenador, probablemente escribiendo el informe de lo que ha ocurrido esta mañana en la casa del bosque.

Tiene gracia, antes creía que Axel era un psicópata, después creí que era un idiota que me odiaba por el simple hecho de existir y ahora es una de las pocas personas en las que confío. Y no, no se me olvida que creo que estoy enamorada de él, pero eso es algo en lo que prefiero no pensar.

–  Buenos días, princesita marmota. – Me dice alegremente Axel cuando se percata de que estoy despierta. – ¿Qué tal has dormido?

–  No lo sé, creo que sigo estando cansada y me duele la cabeza. – Le respondo escondiendo mi cara bajo la almohada. – ¿Qué hora es?

–  Las nueve de la mañana. – Me responde. – Y te aconsejo que te des una ducha para espabilarte y hables con tu padre, no ha terminado de entender por qué me he quedado aquí toda la noche.

–  Te vas a reír, pero me sentía más segura sabiendo que estabas cerca. – Le respondo. – La gente que me quiere me miente y me traiciona, sin embargo, tú me odias y me cuidas, a pesar de que crees que soy una princesita.

–  Yo nunca he dicho que te odiara. – Me responde muy serio. – Ariadna, yo…

–  ¡Ari! – Gritan Angie y Debby entrando en mi habitación como un huracán e interrumpiendo lo que  Axel me iba a decir: – ¿Cómo estás? – Me pregunta Angie.

–  Ya te lo digo yo, fatal. – Le responde Debby. – Ari, no puedes seguir así. Esta noche tenemos planes, me da igual si quieres o no venir, lo harás igualmente.

–  No pienso salir a ninguna parte. – Le respondo molesta por la interrupción.

Axel estaba a punto de decirme algo cuando ellas han aparecido. Me ha llamado Ariadna y él nunca antes me había llamado por mi nombre completo, normalmente me llama princesita y en alguna rara ocasión Ari. Axel se pone en pie y, antes de salir de mi habitación, me dice más serio de lo normal:

–  Te dejo en buena compañía.

Me quedo observando cómo Axel desaparece de mi vista y, en cuanto lo hace, Debby me da un codazo y me dice burlonamente:

–  Cuenta por esa boquita que te traes con el buenorro del vecino.

–  Creo que estoy enamorada. – Confieso dejándome caer en la cama y tapándome la cabeza con la almohada.

–  No hace falta que lo jures, se te ve a la legua. – Me responde Debby. – Pero no es eso lo que te he preguntado. Por tu cara sé que no te has acostado con él, pero sé que algo hay, tu padre nos ha dicho que cuando llegaron anoche él estaba sentado donde seguía hasta hace un momento y no ha consentido moverse, pese a que todos han insistido en que se fuera a descansar. Según me ha dicho tu padre, ha insistido en que te había prometido que no se movería hasta que te despertases y eso es lo que ha hecho.

–  ¡Qué mono! – Digo medio alegre y medio triste.

–  Sí, muy mono, pero sigues sin contestarme. – Apunta Debby.

–  No ha pasado nada, estaba a punto de decirme algo cuando habéis entrado, pero ni siquiera sé si iba a decir algo bueno o malo. – Les respondo abatida. – Para él solo soy una niña mimada y consentida que se ha visto obligado a cuidar.

–  Cielo, esta noche te vas a poner el vestido más sexy que tengas y nos vamos a ir a tomar unas copas con los chicos, así Axel podrá ver todo lo que se va a perder si te deja escapar. – Me dice Angie.

–  ¿Con los chicos? – Pregunto sorprendida. – ¿Qué chicos?

–  Querida Ari, por fin Angie y Pablo están oficialmente juntos. – Me dice Debby burlonamente al mismo tiempo que Angie se ruboriza.

–  ¿Por qué Pablo no me ha dicho nada? – Le pregunto divertida. – ¿Es que lo guardabais en secreto?

–  Le hice prometer que me dejaría a mí darte la noticia, aunque Debby se ha adelantado. – Me contesta Angie. – Ah, y Debby se tiró anoche al escolta de tu padre.

–  ¡¿Qué?! – Exclamo sorprendida. – ¿Con Ben? – Las tres nos echamos a reír y finalmente añado divertida: – ¿Pretendéis que Axel acceda a venir a esa cita triple que tenéis planeada? Lo único que conseguiréis es que se ría de mí.

–  Cuando te vea con el vestido sexy que te vas a poner, solo podrá babear y te seguirá como un patito sigue a la mamá pata. – Se mofa Debby.

–  Lo siento chicas, pero no lo veo. – Les confieso. – Y tampoco tengo ganas de salir de copas, si os soy sincera, de lo único que tengo ganas es de pasarme el día encerrada en mi habitación escuchando canciones tristes de amor y llorando hasta deshidratarme.

–  ¡Se ha puesto en plan melodramática! – Exclama Debby. – ¡Esto es más grave de lo que me imaginaba!

–  Ari, nos da igual lo que quieras. – Me dice Angie. – Necesitas salir y desconectar y esta noche vamos a ir todos juntos a tomar unas copas. Axel no tiene ni idea de lo que hay entre Pablo y yo y mucho menos de lo que hay entre Debby y Ben, así que simplemente seremos un grupo de amigos que salen juntos a tomar algo.

–  Chicas, os agradezco vuestro interés, pero prefiero que no os metáis en esto. – Les ruego.

–  Vale, no nos meteremos si tú no quieres. – Me dice Angie. – Pero le invitamos a venir con nosotros, aunque solo sea por educación y luego ya dejamos en vuestras manos todo lo demás.

–  Está bien, cómo queráis. – Cedo finalmente. – Voy a darme una ducha y a ver a mi padre, luego hablamos del tema.

No muy convencidas, salen de mi habitación y yo me levanto decidida a darme una ducha y dejar la mente en blanco aunque solo sea por un instante. Antes de pensar en salir de copas esta noche, tengo que pensar en lo que me espera en el salón con mi padre y apuesto que saldré más furiosa y deprimida de lo que voy a entrar.