Siempre cuidaré de ti 16.

Siempre cuidaré de ti

Estoy abrazada a Axel y él me tiene abrazada a mí cuando me despierto, pero esta vez no abro los ojos, quiero quedarme un rato más entre sus brazos. Axel se mueve un poco y me acaricia suavemente la espalda, pero lo hace inconscientemente porque sigue dormido, lo noto en su respiración. Axel vuelve a moverse y esta vez me abraza con más fuerza, me da un beso en la coronilla y me susurra:

–  Buenos días, princesita.

¿Cómo ha sabido que estoy despierta? Sin abrir los ojos, musito medio dormida:

–  Buenos días.

–  Buenos días, pareja. – Oigo una voz con acento alemán al otro lado del sofá.

Axel y yo nos incorporamos de un salto y nos despertamos de golpe. Frente a nosotros se encuentra Wolf con una docena de hombres, todos ellos apuntándonos con sus respectivas pistolas.

–  Por fin volvemos a vernos, señorita Ayala. – Me dice Wolf. – La otra vez no pudimos hablar, pero esta vez he venido mejor preparado, no me esperaba que fueras toda una leona.

Nos hace un gesto para que salgamos de la casa y le obedecemos, son trece hombres armados y nosotros solo somos dos y estamos desarmados, ahora mismo no tenemos nada qué hacer contra ellos.

Cruzamos el porche y bajamos las escaleras que nos llevan al jardín y en el suelo veo el cadáver de Juan, le han pegado un tiro en la cabeza. Axel me coge de la mano y me la aprieta en señal de apoyo, pero yo no muestro mis sentimientos, llevo puesta mi máscara especial para esta clase de situaciones.

–  No sientas lástima por él. – Me dice Wolf. – Su misión era hacer que te enamoraras de él para que así tú estuvieras más a nuestro alcance, pero el muy idiota no solo no consiguió que te enamoraras, si no que él se enamoró de ti y pretendía jugárnosla. Lo que él no se esperaba es que no acudieras a la cita en París y por lo contrario vinieras a un lugar perdido en las montañas con otro hombre.

–  ¿Haces todo esto por tu hija? – Le pregunto. – ¿Crees que matándome a mí ella volverá? ¿Crees que te sentirás mejor?

–  ¡Cállate! – Me grita Wolf acercándose y dándome una bofetada.

Ese es el momento que aprovecho para arrebatarle la pistola y utilizarlo de escudo contra sus propios hombres.

–  ¿Sabes cuál es el verdadero problema de los hombres? – Le pregunto a Wolf. – Subestimáis a las mujeres y la mayoría de las veces suelen ser más inteligentes. – Alzo la voz para dirigirme a los hombres de Wolf y añado: – Dejad las armas en el suelo sin hacer ningún movimiento brusco para no asustarme y apriete el gatillo.

Apunto directamente a la sien de Wolf y todos sus hombres me obedecen al instante, mientras Axel se encarga de recoger las armas y atarlos a todos. Cuando termina, se acerca a Wolf y, tras darle un tremendo puñetazo que le hace caer al suelo, le dice furioso:

–  Así no se trata a una princesita.

Axel me abraza y yo me dejo abrazar, por fin ha acabado todo y vuelvo a sentirme cómoda y segura entre sus brazos. En ese mismo momento empiezan a llegar coches del Servicio Secreto y veo bajarse de ellos a mi padre, a Manuel, Arturo y Pablo, entre algunos otros agentes que ya conozco y otros que no había visto en mi vida.

–  ¿Estáis bien? – Nos pregunta mi padre. – Hija, ven aquí. – Me dice abrazándome con lágrimas en los ojos. – Perdóname, siento todo lo que ha ocurrido y me arrepiento de no haberte dicho toda la verdad.

–  Ya hablaremos de eso más tarde, papá. – Le respondo abrazándole con fuerza. – Quiero saber la verdad, pero puedo esperar un poco más.

–  Chicos, ¿estáis bien? – Nos pregunta Manuel.

Axel asiente con la cabeza, todo rastro de buen humor y de buen rollo entre nosotros ha desaparecido, vuelvo a ser la princesita para la que hace de niñera.

–  Ari, ¿qué te ha pasado en el labio? – Me pregunta Manuel horrorizado.

–  Creo que es mejor que preguntes qué le ha pasado a Wolf, creo que tiene la mandíbula rota. – Dice Arturo mirándonos a Axel y a mí alternativamente.

–  Axel, ¿nos lo puedes explicar? – Le pregunta mi padre molesto.

–  Solo nos hemos defendido. – Intervengo furiosa. – ¿Es que ahora somos nosotros los sospechosos?

–  Nada de esto hubiera pasado si os hubierais comportado como dos adultos. – Me reprocha mi padre.

–  Si no nos hubieras ocultado lo que estaba pasando no habríamos llegado a esta situación, si buscas un culpable, el único responsable eres tú. – Le espeto más furiosa que nunca. De hecho, creo que nunca le había hablado así a mi padre. Axel trata de calmarme colocando su brazo sobre mis hombros, pero sin obtener el resultado que esperaba. – Trece hombres armados han entrado en la casa mientras dormíamos, tienes suerte de que los hayamos capturado a todos y que ninguno haya muerto. De hecho, tienes suerte de que nosotros estemos vivos, si es que te importa, claro.

–  Ari, ¿a qué viene esto? – Me pregunta mi padre sorprendido y confundido. – Que tú y Axel estéis bien es lo más importante para mí. Perdóname, estoy muy nervioso y…

–  Todos estamos nerviosos. – Le interrumpe Axel quitándole importancia al asunto. Se vuelve hacia a mí y, tras revisar con delicadeza la herida en mi labio, me dice: – Princesita, deberías ir a limpiarte ese labio y ponerte un poco de hielo.

No hago el menor intento de moverme porque no quiero alejarme de Axel, aunque sé perfectamente que me acaba de echar y sin ningún miramiento. Pablo me rodea la cintura y me arrastra hasta dentro de la casa, donde me acompaña a mi habitación y me hace sentar a los pies de la cama mientras me empieza a curar el labio con una gasa húmeda.

–  ¿Quieres contarme cómo te has hecho esto? – Me pregunta Pablo sin presionarme.

–  He provocado a Wolf para que me lo hiciera y así poder distraerlo para quitarle la pistola.

–  ¿Y él tiene la mandíbula rota por qué…? – Me dice Pablo esperando que yo acabe la frase.

–  Porque se lo merecía. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Fuiste tú o Axel?

–  ¿Qué más da? – Le inquiero. – Tiene suerte de tener sólo la mandíbula rota, tendría que haberle disparado en las piernas y haber dejado que muriera desangrado.

–  ¿Y Juan? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

–  Wolf me investigó y averiguó que me veía con Juan, así que hizo un trato con él para que me enamorara y así poder controlarme. – Le contesto con los ojos anegados en lágrimas. – Según Wolf, Juan se había enamorado de mí y quería decirme la verdad cuando estuviéramos en París, pero Wolf se dio cuenta de sus intenciones y lo trajo aquí antes de matarlo. Supongo que quería que viese que en vez de estar con él estaba con otro hombre, supongo que él no sabría nada de todo esto.

–  Ven aquí, pequeña. – Me dice abrazándome mientras yo lloro desconsoladamente entre sus fuertes y familiares brazos. – Toda esta pesadilla ya se ha acabado.

Pablo me da la tranquilidad y la seguridad que en estos momentos necesito. Pablo es como mi hermano mayor y actúa como tal, aunque también hace de madre, padre y niñera. El pobre tiene el cielo ganado conmigo. Me limpia las lágrimas y me lava la cara, como lo haría con su hermana pequeña y, cuando termina, me dice bromeando:

–  Venga, cambia esa cara ya si no quieres que termine creyendo que de verdad eres una princesita como dice Axel.

–  Idiota. – Le respondo sonriendo. – Déjame que me dé una ducha, me visto y recojo todas mis cosas antes de irnos.

–  No tardes, ahí fuera se palpa la tensión y no me gusta nada estar en medio. – Me contesta antes de marcharse de la habitación.

Me doy una ducha rápida, me pongo unos tejanos y una camiseta de tirantes con las zapatillas deportivas y recojo todas mis cosas. Cuando estoy a punto de salir de la habitación, Axel aparece por la puerta y, con una sonrisa burlona, me dice:

–  Princesita, has acojonado a todo el mundo y nadie quiere llevarte a casa.

–  ¿Aún te quedan ganas de seguir haciendo de niñera? – Le pregunto con un hilo de voz.

–  Siempre cuidaré de ti, princesita. – Me dice sonriendo al mismo tiempo que coge mi maleta. – Venga, vamos juntos de camino a casa y Pablo nos acompañará. – Pongo cara de triste sin darme cuenta y Axel me pregunta con ternura: – Princesita, ¿qué te pasa? Si no quieres volver en mi coche, estoy seguro de que convenceremos a alguien para que te lleve, puede que tenga que sobornarles o amenazarles pero, ¿qué más da?

–  Idiota, deja de reírte de mí. – Le respondo medio riendo medio sollozando.

–  Oye, ¿por qué te has quitado ese pijama tan sexy? – Se mofa. Abro la boca fingiendo estar muy ofendida y añade riendo: – Tienes razón, eso ha sido un golpe bajo.

–  No. – Le respondo sonriendo. Le doy un leve golpe en el vientre que le hace doblarse, pero solo por acto reflejo, no de dolor, y añado: – Eso ha sido un golpe bajo.

–  Princesita, te vas a librar porque tu herida del brazo me tiene preocupado y ya has tenido suficientes emociones fuertes por hoy, pero esta me la pagarás. – Me contesta mientras yo camino divertida por el pasillo. Se acerca a mí por detrás y me susurra para que solo yo lo escuche: – Cuando menos te lo esperes, princesita.

Sus palabras susurradas tan de cerca me estremecen y me doy cuenta de lo mucho que Axel me gusta y me atrae. ¿Hay algo más que me pueda salir mal?

Definitivamente, mi vida es un desastre y ahora más que nunca. Mi padre me oculta cosas, han matado a mi amante por enamorarse de mí cuando debería haberme enamorado él a mí, han intentado matarme dos veces en una misma semana y, por si fuera poco, creo que me he enamorado de un mujeriego que solo está conmigo porque le han enviado de niñera y que cree que soy una princesita. Debería haber dejado que Wolf me matara, no le hago ningún bien a todo el que me rodea.

2 comentarios

  1. muy buen desarrolllo gracias por compartirlo

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