Siempre cuidaré de ti

Cuando me despierto son las seis de la tarde. Decido darme un baño de espuma mientras trato de armarme de valor para salir de la habitación y enfrentarme a Axel. Cuando por fin aparezco por el salón, son las siete y media de la tarde.

Axel está sentado en el sofá con el portátil sobre la mesa auxiliar y escuchando en la radio la canción “Set fire to the rain” de Adele. En cuanto me ve, Axel apaga la radio y me dice con sarcasmo, devolviendo su mirada al portátil:

–  Espero no haberte despertado.

–  Y, ahora que ya estoy despierta, ¿apagas la música? – Le pregunto molesta.

–  ¿Te han vuelto las ganas de discutir?

–  No, la verdad es que no. – Le contesto sentándome a su lado. – Siento lo de esta mañana, esta situación no es cómoda para ninguno de los dos y yo no te lo estoy poniendo nada fácil. Y precisamente de eso quería hablarte. Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero…

–  No sigas por dónde vas. – Me advierte Axel interrumpiéndome. – Puede que la situación no sea cómoda, cómo tú dices, pero aún lo será menos si los hombres de Wolf te encuentran. Y, precisamente de eso, quiero hablarte. – Me dice repitiendo mis palabras con burla. – Martínez ha visto rondando a los hombres de Wolf cerca de la entrada del edificio, aquí no estamos seguros y lo más sensato sería irnos a alguna otra parte.

–  No me estás escuchando, Axel.

–  Ni pienso hacerlo, princesita. – Me responde sonriendo burlonamente. – Me has dicho que no tienes ganas de discutir, así que deja que yo me encargue de todo y no discutiremos.

–  Estoy dispuesta a escucharte, pero no te prometo nada. – Le contesto acomodándome en el sofá.

–  Tenemos que salir de aquí. Probablemente han seguido el rastro que ha dejado Pablo con tu coche y deben saber que estás en el edificio. Deberíamos salir sobre las seis de la mañana en mi coche, tú irás agachada en la parte de atrás, que tiene los cristales tintados y nadie podrá verte.

–  Y, una vez fuera del edificio, ¿a dónde iríamos?

–  Tengo una pequeña casa en el bosque, junto al lago. – Me dice pensando como un agente. – Allí estaremos seguros y tendremos tiempo para investigar sobre Wolf y lo que pasó con su hija. Dijiste que mi padre te enseñó todas las pruebas, ¿no es así?

–  ¿Me estás proponiendo trabajar juntos en esto? – Le pregunto confusa.

–  Tú estás dispuesta a seguir con tu vida pese a que alguien quiere matarte y yo no quiero pasarme la vida haciendo de niñera, princesita.

–  Axel, no quiero meterte en esto. – Le digo con sinceridad.

–  Princesita, ya estoy metido en esto. – Me dice sonriendo burlonamente. – Además, he cuestionado a mi jefe y he dimitido cuando no quiero hacerlo, mantenerte con vida me asegura poder volver a mi puesto de trabajo.

–  Te debe de gustar mucho tu trabajo para querer hacer de niñera de la hija del jefe. – Bromeo. – Pero investigando por tu cuenta no conseguirás lo que te propones.

–  ¿Tienes una idea mejor?

–  Lo cierto es que no y tampoco tengo nada mejor que hacer. – Le respondo encogiéndome de hombros con indiferencia. – Además, me parece que esto va a ser lo más parecido a unas vacaciones que voy a tener este verano.

–  Creo que deberías coger un diccionario y buscar la palabra “vacaciones”, te aseguro que nada tiene que ver con lo que vamos a hacer a partir de ahora.

–  Puede que no sean vacaciones para ti porque tú trabajas en ello todo el año. – Le respondo riendo y mofándome.

–  Ha llamado Angie mientras dormías y le he contado mis planes. – Me dice con seriedad. – Me ha pedido que tuviera paciencia contigo, que estabas acostumbrada a trabajar sola, pero no sé muy bien a qué se refería. – Me mira fijamente a los ojos y me pregunta: – ¿Quieres contarme qué ha querido decir?

–  Deberías preguntárselo a ella. – Le respondo molesta.

–  Lo hice, pero me dijo que pronto lo descubriría y su tono no me gustó nada. – Me contesta. – Ari, si hay algo que deba saber, será mejor que me lo digas ahora.

–  Hace un año y medio mi padre me pidió que me infiltrara con tres agentes más en una misión. – Le contesto con seriedad, no me gusta hablar de ello. – Tuvimos que infiltrarnos antes de estar preparados y uno de los agentes se vino abajo en el peor momento. Dos agentes murieron y otro se quedó tetrapléjico, yo tuve suerte. Desde entonces, he participado sola en todas las misiones o con agentes en los que confío plenamente. Por eso me negué a infiltrarme contigo en el norte.

–  Yo tampoco estoy acostumbrado a trabajar con princesitas, pero tienes que reconocer que no se me está dando demasiado mal. – Me dice sonriendo con dulzura. Es la primera vez que me sonríe así y no puedo evitar devolverle la sonrisa. – Tendremos que llevarnos ropa de abrigo, en el bosque del norte el clima nada tiene que ver con el de aquí. Supongo que tendremos que ir a tu apartamento otra vez.

–  Supones bien, apenas cogí ropa para tres o cuatro días y toda es de verano. – Le respondo pensando en qué ropa me voy a llevar. – Voy a echar un vistazo, no tardo.

–  Quieta ahí. – Me ordena agarrándome del brazo para evitar que llegue a levantarme del sofá. – Vamos a tener que poner unas normas básicas de convivencia y seguridad. Para empezar, nada de ir sola a ninguna parte, es demasiado peligroso. En cuanto a la convivencia, tendremos que establecer unos horarios para trabajar, comer, hacer las cosas de la casa y dormir. Allí no hay muchas comodidades. No hay calefacción, solo una chimenea. Tenemos luz pero cuando llueve saltan los fusibles y allí llueve doscientos de los trescientos sesenta y cinco días del año.

–  Será mejor que dejes de hablar si no quieres que me arrepienta de querer ir allí. – Le advierto bromeando. – ¿Piensas llevarme a la casa de Pedro Picapiedra?

–  Princesita, no vas a ir a un palacio de vacaciones. – Me advierte. – Vamos a buscar tu ropa antes de que empecemos a discutir otra vez.

Entramos en mi apartamento y cojo toda la ropa que creo que voy a necesitar al mismo tiempo que Axel va haciendo una selección de todo lo que voy cogiendo y guardando en la maleta solo lo que él quiere.

–  Con un par de vestidos tienes más que suficiente, vamos a estar en el bosque y si salimos de allí será para trabajar, no para salir de fiesta. – Me dice burlonamente.

–  La forma más rápida y fácil de conseguir información es hablar con la gente y si vamos vestidos como dos andrajosos nadie se nos acercará. – Le digo poniendo los ojos en blanco. – Aunque, si te soy sincera, casi siempre voy con tejanos.

–  Lo sé, te recuerdo que llevo algunas semanas haciendo de niñera en la sombra. – Me responde divertido. – Estaremos en mitad del bosque, no necesitarás la mitad de las cosas que has cogido.

–  No necesito un personal shopper, pero gracias.

Regresamos al apartamento de Axel y ambos nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones para preparar las maletas para nuestro repentino viaje de mañana.

Ayudo a Axel a preparar la cena y, tras cenar tomando un par de cervezas, recogemos la cocina y el salón y lo dejamos todo listo antes de irnos a dormir, así mañana nos marcharemos en cuanto nos levantemos.

No hemos discutido, al menos no de verdad, sino bromeando, en toda la tarde-noche que hemos estado juntos. Incluso me he sentido cómoda y a gusto con él y nuestras puyas me resultan divertidas. Puede que Angie tenga razón y me esté colgando más de la cuenta con Axel, debería ir a París con Juan, así al menos calmaría un poco la necesidad sexual que siento cada vez que estoy cerca de Axel.

A las doce de la noche, los dos nos vamos a dormir, cada uno a su habitación. Apenas me parece haberme quedado dormida cuando escucho abrirse la puerta de mi habitación y la voz de Axel me susurra cerca del oído:

–  Princesita, es hora de levantarse.

–  No, aún no. – Protesto medio dormida tapándome con la sábana hasta la cabeza. – Déjame dormir un ratito más.

A Axel se le escapa una carcajada y yo gruño en forma de protesta, quiero seguir durmiendo.

–  Venga, Bella Durmiente. – Me dice riendo al mismo tiempo que retira la sábana con la que me estoy tapando y, con un movimiento ágil y veloz, me agarra del brazo y de la cintura y me deja sentada junto al borde de la cama. – Voy a bajar las maletas al coche y cuando vuelva te quiero ver lista para irnos. No comas ni bebas demasiado, no quiero tener que parar cada cinco minutos. Tenemos unas seis horas en coche de camino por delante y no quiero que se alargue aún más.

–  Déjame dormir un ratito más. – Le suplico dejándome caer de espaldas para tumbarme cruzada en la cama. – ¿Se puede saber cuándo duermes tú?

–  Voy a bajar las maletas y cuando vuelva a buscarte te sacaré de aquí estés cómo estés, así que más te vale espabilarte si no quieres salir de casa así vestida. – Me mira sonriendo maliciosamente de arriba a abajo y añade con sorna: – Princesita, estás muy sexy despeinada y sin apenas ropa.

–  Lárgate. – Le espeto arrojándole un cojín.

Axel sale de mi habitación riéndose y yo sonrío divertida como una idiota. Decido levantarme y arreglarme antes de que Axel regrese. Me doy una ducha rápida y entro en la cocina donde me bebo un vaso de zumo y me como una tostada con aceite y sal justo cuando Axel aparece de nuevo.

–  Princesita, ya he avisado a Martínez que nos vamos y he revisado las salidas del edificio, todas están cubiertas por todoterrenos negros de los hombres de Wolf. – Me dice preocupado. – Tendrás que ir escondida en la parte de atrás del coche hasta que salgamos de la ciudad. A mí no me conocen ni saben quién soy, espero que no nos relacionen.

Asiento con la cabeza y obedezco sin rechistar, sé que es lo más sensato y Axel está demasiado serio y preocupado como para bromear con él y yo estoy demasiado dormida como para querer acabar discutiendo.

Bajamos al parking en el ascensor y me tumbo sobre los asientos traseros del coche, echándome una manta de sofá por encima para terminar de ocultarme, aunque las ventanas están tintadas y nadie podría verme aunque no estuviera tumbada. Axel se sienta en el asiento del conductor, me mira por el espejo retrovisor y sonríe antes de arrancar el coche y ponernos en marcha. Yo cierro los ojos y me vuelvo a dormir.