Siempre cuidaré de ti

Durante todo el camino permanezco en silencio, mirando fijamente a la carretera pero sin prestar atención mientras notaba como Axel posaba su mirada de la carretera a mí constantemente.

Mi cabeza no deja de darle vueltas a cómo mi padre me ha podido ocultar una cosa así mientras trato de asimilar que Wolf, un tipo sin escrúpulos y sanguinario, me está buscando para matarme y vengar la muerte de su hija. Tengo que averiguar qué es lo que le ocurrió a esa niña, quiénes la secuestraron y la mataron y por qué Wolf culpa a mi padre de la muerte de su hija. Cierro los ojos y apoyo la cabeza en el respaldo para intentar relajarme mientras el corazón me va a mil por hora debido a que la situación está empezando a superarme.

–  Ya hemos llegado, princesita. – Me susurra Axel al oído.

Abro los ojos y compruebo que estamos en el parking de nuestro edificio. Lanzo un suspiro de resignación y salgo del coche. Axel coge nuestras maletas y me hace un gesto para que camine delante de él hacia el ascensor. Llegamos al ático en el más absoluto de los silencios y, cuando salimos del ascensor, Axel me mira a los ojos y me dice:

–  Cogeremos todo lo que necesites de tu apartamento y volveremos al mío. – Abro la boca para protestar pero Axel se me adelanta: – Me da igual lo que digas, princesita. No te lo estoy pidiendo, te lo estoy ordenando. – Me coge suavemente del brazo para examinar mi vendaje, que está completamente ensangrentado, y añade: – Joder, se ha abierto la herida. – Abre la puerta de su apartamento y me arrastra a mí y a las maletas de ambos dentro. – Ven a la cocina, voy a curarte esa herida.

Axel me acompaña hasta la puerta de la cocina y desaparece por el pasillo para regresar segundos después con un pequeño botiquín. Con delicadeza y paciencia, me cura la herida procurando no hacerme daño mientras yo siento un ligero cosquilleo en el estómago cada vez que su piel roza mi piel.

–  Estás pálida, deberías descansar. – Me dice cuando acaba de cambiarme el vendaje.

–  Siento que a ti también te hayan metido en esto, Axel. – Le digo con sinceridad. – Gracias por traerme, pero no quiero meterte en más líos y prefiero irme a mi apartamento.

–  No me escuchas cuando hablo, princesita. – Me responde sonriendo. – Te vas a quedar aquí, es una orden. Y, si sigues pensando en ir al pub esta noche, pienso ir contigo.

–  No tengo ganas de discutir, Axel. – Le respondo.

–  Precisamente por eso me vas a hacer caso aunque sea una puñetera vez en tu vida. – Me dice empezando a impacientarse. – Si Wolf te está buscando no parará hasta que te encuentre y te mate y, por alguna extraña razón, quiero evitarlo.

–  Acabarás reconociendo que soy un encanto. – Me mofo. – Pero ahora mismo estoy demasiado cansada como para llevarte la contraria. Voy a mi apartamento, me ducho, cojo algunas cosas y vuelvo.

–  Vamos a tu apartamento, coges lo que necesites, volvemos y te duchas aquí. – Me corrige Axel sin opción a réplica.

Axel me acompaña a mi apartamento, me ayuda a meter en una maleta toda la ropa, zapatos y objetos de higiene básica que necesito y regresamos a su apartamento. Me instalo en la habitación de invitados y me doy un baño mientras él prepara algo de comer. Me encantan los hombres que saben cocinar.

–  Mmm. ¡Qué bien huele! – Exclamo al entrar en la cocina.

–  ¿Eso es un halago? – Me dice fingiendo estar sorprendido.

–  Te lo confirmaré cuando lo haya probado. – Le respondo.

¡Dios mío! ¿Estoy coqueteando con él? Se me está empezando a ir la olla, necesito descansar. Pero antes pienso probar esos tallarines al pesto que huelen de fábula.

Preparo la mesa mientras Axel termina de cocinar y ambos nos sentamos a la mesa y nos servimos un buen plato de los tallarines al pesto que saben igual de bien que huelen.

–  Te lo confirmo, están de muerte. – Le digo tras probarlos.

–  Me alegro de que te gusten. – Me responde educadamente pero con el rostro serio, cómo cuando lo conocí sin saber quién era.

Está claro que la tregua y el buen rollo ya se han acabado, vuelve a ser Don Amargado. Terminamos de comer en silencio y cuando me dispongo a ayudar a recoger a Axel me dice que me vaya a la habitación a descansar. Me siento mal dejando que recoja cuando también ha preparado la comida, pero no tengo la más mínima intención de discutir con él en este momento, estoy demasiado cansada. Entro en mi nueva habitación y me meto en la cama dispuesta a echarme una buena siesta.

Cuando me despierto son las siete de la tarde y oigo bastante jaleo procedente del salón, incluso me parece reconocer las voces de Debby, Angie y Pablo, así que me levanto y camino hacia el salón con cuidado de no hacer ruido y durante un par de minutos me dedico a escuchar a hurtadillas detrás de la puerta.

–  No puedo creer que Adolfo le haya ocultado a Ari algo así. – Escucho decir a Angie. – No quiero ni imaginar cómo debe estar Ari.

–  Lo que no entiendo es cómo la has convencido para que se quede en tu casa. – Se mofa Pablo. – No quiero ni pensar qué humor debe tener Ari en este momento.

–  Por favor, dime que el sábado llegó a quedar con Juan o yo me largo de aquí antes de que se despierte y nos mate a todos. – Dice Debby fingiendo estar aterrorizada.

–  El sábado Ari no fue a ninguna parte y te agradecería que no se lo recordaras, no quiero tener más problemas de los que ya tengo con ella. – Le advierte Axel.

–  Adolfo me ha dicho que Ari va a ir al pub esta noche, ¿piensas dejar que vaya? – Le pregunta Pablo.

–  Cómo si pudiera evitarlo. – Le contesta Axel. – Vosotras dos y Pablo deberíais regresar con vuestros padres, vuestro apartamento no es seguro y aquí no cabemos todos.

–  No pienso ir a ninguna parte hasta que Ari me confirme que está bien y que no la tienes retenida contra su voluntad. – Le espeta Debby. – A Ari no le caías bien antes de conocerte y dudo mucho que le caigas bien ahora que sabe quién eres de verdad.

Axel resopla para armarse de paciencia logra retener su respuesta que, por su gesto, estoy segura de que no iba a ser nada buena. La he tomado con él desde el principio y solo es otra víctima más de la omisión de información a la que nos ha sometido mi padre. Puede que no nos soportemos, pero aun así sigue preocupándose por mí y quiere protegerme pese a estar poniendo su vida en peligro.

Abro la puerta y entro en el salón, todos se me quedan mirando en silencio.

–  ¿Has organizado una fiesta mientras dormía? – Le pregunto burlonamente a Axel.

–  ¿Es la primera vez que no te invitan a una fiesta, princesita? – Me responde con sorna.

–  Veo que os lleváis igual de bien. – Opina Pablo divertido.

–  ¡Cielo santo! – Exclama Angie al ver mi labio hinchado y mi brazo vendado. – ¿Qué te ha pasado?

–  Estoy bien, no ha sido nada. – Le respondo quitándole importancia. – ¿Qué hacéis todos aquí?

–  Tu padre está preocupado, todos lo estamos. – Me dice Debby. – Nos ha dicho que planeabas ir a trabajar al pub, ¿es que te has vuelto loca? Un psicópata intenta matarte, por no mencionar que estás viviendo en casa del vecino psicópata, por muy hijo de Manuel que sea.

Axel me mira alzando una ceja y yo me encojo de hombros, es mejor que confirmarle que entre nosotras le llamamos vecino psicópata, chiflado de al lado o el vecino imbécil.

–  Podemos ir a cualquier parte del mundo y disfrutar de unas vacaciones mientras se encargan de arreglar todo esto. – Me propone Angie. – No entiendo por qué te empeñas en involucrarte tanto en esto si no quieres saber nada del Servicio Secreto.

–  Chicas, Ari ya ha tomado una decisión y no la vamos a hacer cambiar de opinión. – Sale en mi ayuda Pablo. – Como ha dicho Axel, lo mejor que podemos hacer es regresar y no interferir. Aquí solo seríamos un estorbo.

–  Te conozco muy bien y sé que ni te lo has tirado ni piensas siquiera en hacerlo. – Me dice Debby refiriéndose a Axel. – Te aconsejo que te lo replantees, el chico no está nada mal.

–  Por favor, largaos. – Les ruego sonrojándome. – Y decidle a mi padre que si no contesto a sus llamadas es porque no quiero hablar con él.

Me despido de las chicas y de Pablo con un fuerte abrazo mientras Axel nos observa para posteriormente despedirse con un leve gesto de cabeza. Antes de salir, Angie se acerca a Axel y le susurra algo al oído que hace sonreír a Axel. Cuando todos se marchan, siento curiosidad por saber qué le ha dicho Angie, pero no quiero preguntárselo. Si hubiese sido Debby, sabría que le ha tirado los tejos, pero Angie nunca haría algo así, ella es la dulce Angie.

–  Voy a darme una ducha. – Me dice Axel evitando mirarme. – Si quieres algo de comer o de beber, puedes servirte tú misma.

Está muy serio y parece molesto. Supongo que no le ha gustado recibir visitas inesperadas  mucho menos le habrán gustado los comentarios de Debby, tomo nota mental para hablar sobre esto con ella más adelante. Cojo una Coca-Cola de la nevera y me siento en el sofá del salón a ver la televisión para hacer tiempo mientras espero que Axel salga de la ducha. El corazón se me acelera al imaginármelo desnudo bajo el chorro de agua, y decido salir a la terraza para que me dé el aire o la que necesitará una ducha seré yo y de agua fría. Aunque me cueste reconocerlo, Debby tiene razón, necesito sexo.