Las reglas del juego 23.

El doctor me cosió la herida del brazo, la bala no me había atravesado, pero había rasgado parte del músculo. Después hizo un par de radiografías y confirmó que tenía una costilla rota y otra fisurada. Dejó me diera una ducha rápida antes de vendarme la parte inferior del torso como si llevara un corsé. Mi padre esperó pacientemente y sin abrir la boca hasta que el doctor terminó.

—Es muy importante que guarde reposo durante un par de semanas, después haremos nuevas radiografías para confirmar que las costillas han soldado correctamente —dijo el doctor antes de marcharse.

—Voy a informar a mi padre —anunció Brian para quitarse de en medio y dejarme a solas con mi padre.

Me miró sin decir nada y supe que esperaba que yo se lo explicara sin tener que preguntar. Era el momento perfecto para demostrarle que confiaba en él, que ya no era aquella adolescente rebelde y alocada, que había madurado.

— ¿Recuerdas que te dije que estaba conociendo a alguien y que resultó ser un capullo? Pues resulta que no es el capullo que yo había pensado que era y…

—Será mejor que matices un poco si quieres que te entienda.

—No sabía que Alec trabajaba en la base, ni que tenía una hija. Me mintió, en lugar de decirme que tenía una hija me dijo que era su sobrina. Pero le vi por casualidad en la calle, iba con la esposa del Teniente Wolf y escuché a Lía que le llamaba papá, así que deduje que estaba casado, tenía una hija y esperaba otra que venía en camino. Y me fui sin pedirle explicaciones.

—No te mintió, Lía no es su hija, es su sobrina —me aclaró mi padre dejándome totalmente confundida—. La hermana de Alec se suicidó pocos meses después de nacer Lía y Alec la adoptó y se hizo cargo de su custodia.

—He sido una idiota —reconocí tras un suspiro.

—Entonces, ¿tengo que hacerme a la idea de que el Capitán Benson va a ser mi yerno?

—No lo sé, papá —le confesé—. Después de todo lo que ha pasado, supongo que todavía tenemos mucho de lo que hablar antes de saber qué es lo que va a pasar con nosotros.

—Alec es un buen hombre, quizás un poco mayor para ti, pero me gusta, sería un buen marido y un buen yerno —me dijo sonriendo satisfecho—. Será mejor que vaya a buscarle, estaba bastante impaciente e imagino que no querrás hacerle esperar más.

Me besó en la frente antes de marcharse, supuse que en busca de mi desconocido. Me senté en el sofá obedeciendo las órdenes del doctor y esperé a que apareciera, sintiéndome como una niña la noche antes de Navidad.

La puerta se abrió y a la primera persona que vi fue a Lía, que se abalanzaba sobre mí. Mi desconocido la agarró justo antes de que se me echara encima y la regañó:

—Lía, Alice está herida y tienes que tener mucho cuidado con ella para no hacerle daño, ¿de acuerdo?

Lía asintió y yo le sonreí para hacerle saber que todo estaba bien. Steve asomó la cabeza y, tras comprobar que todo estaba en su sitio, entró en la habitación seguido de su esposa embarazada y de una señora más mayor, de unos sesenta y cinco y setenta años.

—Ya conoces a Steve, ella es su esposa Kate y ella es Jane, mi madre —me anunció Alec.

—No queremos molestar, solo queríamos saludarte y darte las gracias por traer a Lía sana y salva —me dijo Jane con un tono de voz dulce que me enterneció.

—Yo quería conocerte, la última vez que nos vimos no tuvimos ocasión de presentarnos —me dijo Kate guiñándome un ojo con complicidad.

—Bueno, ya la habéis visto y os podéis marchar —sentenció Alec con impaciencia.

— ¡Pero yo me quiero quedar con Alice! —Protestó Lía haciendo un puchero.

Me percaté del gesto de enfado de Alec y, cuando abrió la boca, supe que iniciaría una discusión con Lía. Pero yo no quería discusiones después de un día como aquel, así que intervine antes de que lo hiciera él:

—Cielo, papá y yo tenemos que hablar para hacer las paces, pero necesitamos que nos dejéis un ratito a solas. Lo entiendes, ¿verdad? —Lía asintió con un leve gesto de cabeza y añadí dedicándole una amplia sonrisa—: ¿Qué te parece si me dejas un ratito con papá mientras cenas y cuando termines regresas?

— ¿Podré quedarme a dormir contigo?

—Claro que sí, cielo.

— ¿Y papá también puede quedarse? —Insistió Lía.

—Papá se quedaré donde estéis vosotras dos —le aseguró Alec. Se volvió hacia a su madre y le pidió—: Mamá, ¿puedes…?

—Por supuesto —afirmó Jane antes de que Alec pudiera terminar la frase—. Lía, deja a papá con Alice y vamos a cenar, en un rato regresaremos.

Lía se subió al sofá y me dio un beso en la mejilla antes de marcharse con su abuela, Steve y Kate. Cuando la puerta se cerró y me quedé a solas con Alec no supe qué decir. Solo quería que me besara, que me abrazara y que me dijera que nunca más volvería a separarse de mí, pero no hizo nada. Se quedó de pie frente al sofá en el que estaba sentada, escrutándome con la mirada.

— ¿No vas a decir nada? —Le tanteé con cautela.

—La verdad, no sé por dónde empezar —me confesó sentándose a mi lado en el sofá—. Nena, tenemos que acabar con ese maldito trato, no lo soporto más. Te necesito sin condiciones de por medio, se acabó jugar a lo que sea que hayamos estado jugando.

— ¿Qué me propones?

—Creo que lo primero es aclarar ciertos temas.

—Lo sé todo, Lía me puso al corriente durante… el secuestro y mi padre me aclaró el resto —terminé la frase sin haber asimilado lo ocurrido—. Fui una estúpida al huir sin escuchar tu explicación, pero en ese momento me sentí la peor persona del mundo y la más estúpida.

—La culpa es mía, no debí haber permitido que llegáramos tan lejos con ese trato, no debí conformarme solo con la A de Alice.

— ¿Qué vamos a hacer ahora?

—Cuando me viste con Kate y Lía, estábamos de compras, Kate me estaba ayudando a preparar una noche especial para nosotros. Tenía pensado contarte la verdad, decirte que estaba harto de ese trato, que quería saber tu nombre, lo quería saber todo de ti. Le había hablado de ti a Lía y a mi madre, quería presentártelas.

—Pero te vi, me monté mi película y salí huyendo sin dejar que te explicaras —me lamenté dándome cuenta de lo estúpida que había sido.

—Nena, ¿cuándo supiste que trabajaba en el ejército? —Me preguntó de repente.

—No lo supe hasta que los rebeldes nos acorralaron cuando estaba con Steve y vi que tenían a Lía. La reconocí en seguida y Steve me dijo que era la hija del Capitán Benson y también su ahijada.

—Steve me ha dicho que no dudaste ni un segundo en entregarte para proteger a Lía, pese a que sabías que era mi hija y en ese momento pensabas que yo era un capullo —añadió con cierto tono burlón, pero también con orgullo—. Quiero saberlo todo, Alice. Quiero conocerte, que me lo cuentes todo.

— ¿Hablas del secuestro?

—Tu padre me ha pedido que te pregunte cómo habéis escapado, pero antes quiero besarte, nena.

—Hazlo, han pasado demasiados días desde la última vez que me besaste.

—Prométeme que no vas a salir huyendo nunca más, pase lo que pase y creas lo que creas, sin hablar antes conmigo —me pidió dejando sus labios a escasos milímetros de los míos.

—Te lo prometo, pero bésame.

Alec me besó suavemente, con una ternura y una dulzura que me derritió. Me dejé llevar y comencé a desabrochar uno de los botones de su camisa, pero él se percató y me detuvo, apartándose rápidamente de mí.

—Nena, ahora mismo no tengo voluntad para contenerme, tú no estás en condiciones y cualquiera, incluido tu padre, puede entrar por esa puerta.

—Vamos a la habitación —le propuse.

—No —sentenció sin opción a réplica—. He hablado con el doctor y me ha dicho que necesitas guardar reposo —me dio un inocente beso en la frente y añadió divertido—: Lía va a querer que le confirmemos si seguimos siendo novios, ¿qué le vamos a decir?

—Creo que no deberíamos decepcionarla, está muy ilusionada con todo este asunto. De hecho, me ha puesto en algún que otro aprieto, tú mismo has sido testigo de ello. Esa niña sabe demasiado.

—Y por eso te adora —me aseguró abrazándome con cuidado de no lastimarme—. Es una niña maravillosa, estoy seguro de que os llevaréis genial.

—Alec, no sé si estaré a la altura de las circunstancias, apenas sé cuidar de mí misma y todo esto es nuevo para mí, tendrás que tener paciencia conmigo.

—Nena, no tienes nada de lo que preocuparte, yo me encargaré de todo.

Alguien llamó a la puerta y Alec trató de apartarse de mí, pero yo me resistí y seguí acurrucada entre sus brazos. La puerta se abrió y tras ella apareció mi padre junto a Alfred y Brian.

—Bueno, parece que la parejita por fin se ha reconciliado —se mofó Brian.

—Alice, los agentes acaban de regresar de la cabaña y no dan crédito a lo que han visto, ¿te importaría explicarnos qué pasó allí? —Inquirió mi padre con cara de pocos amigos.

—Lía no vio nada, estaba encerrada en una habitación, escondida bajo la cama —me apresuré a contestar—. Tuve que hacerlo, les habían ordenado matarnos en veinte minutos.

—Han encontrado cinco cuerpos, dos en el interior de la cabaña y tres en el exterior —me informó Alfred.

—En esta carpeta están las fotografías, échales un vistazo y explícanos qué pasó —insistió mi padre entregándome la carpeta.

Alec interceptó la carpeta, la dejó sobre la mesa de café y gruñó:

—No creo que sea oportuno enseñarle las fotos.

—Alice no es una agente, pero su entrenamiento ha sido más extenso que el de cualquier sargento —replicó mi padre.

—Necesita descansar, ya ha tenido suficiente por hoy —insistió Alec.,

—Puedo ver las fotos, estoy bien —decidí poniendo fin a aquella absurda discusión.

A regañadientes, Alec me entregó la carpeta que contenía las fotografías y comencé a ordenarlas cronológicamente al mismo tiempo que les explicaba lo que había ocurrido. Noté la tensión en los músculos de Alec, sorprendido por mis actos y a la vez frustrado por no haber estado allí para ayudarme.

Tras la explicación, todos quedaron satisfechos y mi padre por fin dejó de ser el General Keller para ser simplemente Frank, mi padre.

—Tengo entendido que Lía se va a quedar a dormir contigo —me dijo.

—Así es —le confirmé.

—Hasta que nos hayamos ocupado de todos los rebeldes, Lía y tú os quedaréis aquí junto a Kate y Jane —decidió mi padre—. Alec, Steve y Brian se quedarán las veinticuatro horas con vosotras, no quiero correr más riesgos—. Se volvió hacia a Alec y le dijo—: Llévala a la cama y asegúrate de que no se mueve de allí, Jane os llevará a Lía en un rato —y añadió dirigiéndose a mí—: Por favor, guarda reposo.

—No te preocupes, yo me encargaré de que así sea —intervino Alec.

Mi padre asintió, me besó en la mejilla y le estrechó la mano a Alec antes de marcharse seguido por Alfred y Brian.

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