Las reglas del juego 22.

Efectivamente, el coche que se detuvo frente a nosotras era uno de los coches a prueba de balas de la base. Vi bajar del coche a Steve, a Brian y otro agente más que no conocía. Consciente de que las lunas del vehículo en el que estábamos eran tintadas, saqué las manos por la ventanilla izquierda y alcé la voz para que me escucharan:

—Soy Alice, no disparéis.

En ese mismo momento, guardaron sus armas y corrieron hasta llegar a nosotras. Steve fue directamente a coger a Lía y, tras comprobar que no tenía ni un rasguño, me susurró:

—Gracias.

Le sonreí a modo de respuesta y bajé del vehículo con la ayuda de Brian, que me inspeccionaba de arriba abajo para comprobar si estaba bien. La venda de mi brazo y mi mano presionando sobre la zona de las costillas le facilitaron el resultado. Sacó su teléfono móvil y, cuando el interlocutor descolgó la llamada, dijo:

—Alice está herida, avisa al doctor que esté preparado —hizo una pausa para escuchar lo que le decían al otro lado del teléfono y añadió—: Daños por herida de bala en el brazo y es posible que tenga un par de costillas rotas. Tardaremos una hora aproximadamente en llegar a la base, asegúrate de que esté todo preparado.

— ¿Desde cuándo te has convertido en uno de ellos? —Me mofé de Brian, refiriéndome a nuestros respectivos padres.

—Tiene gracia, yo iba a preguntarte lo mismo —me reprochó enfadado—. ¿Se puede saber en qué estabas pensando?

Miré a Lía y, convencida de que había hecho lo correcto, le respondí:

—Tú hubieras hecho lo mismo en mi lugar.

—Eso díselo a tu padre cuando llegues a la base, se ha contenido porque temía por tu vida pero, en cuanto te vea y compruebe que sigues respirando, te va a caer una buena —bromeó para sacarme una sonrisa.

Nos subimos en el coche en el que ellos habían venido y nos dirigimos a la base. El agente al que no conocía se encargó de conducir; Steve colocó a Lía en su regazo y la abrazó; y Brian me quitó el vendaje que me había puesto para examinar la herida y también palpó mis costillas para comprobar si había alguna fractura.

—La bala solo me ha rozado el brazo, necesitaré un par de puntos y nada más. En cuanto a las costillas, al menos una está rota, puede que dos, nada que no se pueda curar con unos días de reposo —le aseguré.

—Eso ya lo decidirá el médico —me replicó Brian.

Rodé los ojos con exasperación. Brian y yo nos habíamos pasado la adolescencia jurando y perjurando que jamás seríamos como nuestros padres y, aunque ninguno de los dos estuviera dispuesto a reconocerlo, nos habíamos convertido en sus respectivos clones.

—Tío Steve, Alice es la novia de papá —anunció Lía dejándonos a todos con la boca abierta.

Noté cómo el rubor se instauraba en mis mejillas. Steve y Brian miraron a la niña y acto seguido sus ojos se posaron en mí.

— ¿Quieres decir algo al respecto, Alice? —Me preguntó Brian con tono burlón.

—Esas conclusiones las ha sacado de su padre, mejor que os lo explique él —respondí encogiéndome de hombros.

—No entiendo nada —confesó Steve.

—Alice ya no está enfadada con papá —le respondió Lía como si aquello fuera de lo más obvio.

— ¿Por qué dices que Alice es la novia de papá? —Insistió Steve.

—Porque él me lo ha dicho y tiene su foto en la habitación —respondió la pequeña rodando los ojos.

— ¿Alice? —Me interrogó Steve.

— ¿El capullo del que me ha hablado tu padre? —Se carcajeó Brian.

—El capullo y la chica misteriosa —se guaseó Steve—. ¿Sabe ya que eres la hija del General?

—Cuando hemos llamado por teléfono, Lía lo ha confundido tanto como a vosotros y me ha pedido explicaciones, ha reconocido mi voz —confesé.

— ¿Con un Capitán del ejército? ¿Cómo se te ocurre? —Se burló Brian.

—No tenía ni idea, hasta que he visto a Lía con los rebeldes y Steve me ha dicho que era la hija del Capitán Benson.

—Por eso te entregaste a los rebeldes —ató cabos Steve—. Por cierto, la mujer embarazada que iba con él cuando lo viste, era mi mujer.

Aquello era un alivio, un problema menos por el que preocuparme.

—Puede que creyese que él era un capullo, pero jamás me hubiera perdonado que le pasara algo a Lía por mi culpa —les confesé.

—Has madurado, hace unos años le hubieras arrancado los ojos al capitán antes de pedirle explicaciones —se mofó Brian.

—Si a madurar lo llamas huir y esconderte bajo tierra… —musitó Steve. Le miré sin comprender a qué venía ese comentario y añadió—: Estas dos semanas no han sido fáciles para ti, pero para él tampoco. No sé qué pasará a partir de ahora, pero te aseguro que no te va a resultar tan fácil escapar de Alec, ahora ya sabe quién eres.

—Mi padre se va a llevar un disgusto cuando se enteres que no te casarás conmigo —bromeó de nuevo Brian, él siempre estaba de buen humor y se reía hasta en los entierros.

—Eh… ¿Vosotros…?

— ¡No! —Exclamamos Brian y yo al unísono y nos echamos a reír.

—Adoro a esta loca, rebelde y cabezota, la quiero como a una hermana pequeña.

—Y él es igual de fastidioso que un hermano mayor —añadí encogiéndome de hombros.

—Yo quiero muchos hermanitos —soltó de pronto Lía, haciéndoles reír a todos excepto a mí, que me puse pálida.

—Princesa, será mejor que de momento no menciones el tema de los hermanitos, creo que Alice puede asustarse y salir corriendo —se mofó Steve al ver la expresión de mi cara.

—Estáis dando muchas cosas por hecho y yo todavía estoy tratando de asimilar lo que he descubierto —les advertí.

Me preocupaban muchas cosas, pero una de ellas era la reacción de mi padre cuando descubriera que el supuesto capullo era el Capitán Benson.

El camino de regreso a la base se me hizo más corto de lo que esperaba y respiré profundamente cuando el coche se detuvo frente a la puerta del edificio principal de la base. Mi corazón se detuvo durante un instante cuando vi a mi desconocido de pie junto a mi padre, con evidentes signos de no haber descansado bien en varios días. Steve y Lía saltaron del coche y Lía corrió a los brazos de su padre mientras yo me quedé inmóvil en el asiento.

—Alice, ¿estás bien? —Me preguntó Brian preocupado.

—Estoy un poco mareada, supongo que son demasiadas emociones en pocas horas, difícil de asimilar.

—Un día complicado en la oficina —bromeó haciéndome reír—. Será mejor que salgamos, tu padre está empezando a impacientarse.

Brian me ayudó a bajar del coche con cuidado de no lastimarme el brazo ni las costillas, pero fue en vano. Me echó el brazo alrededor de mis caderas para sostenerme, temiendo que perdiera el equilibrio y me diera de bruces contra el suelo. Mi mirada se encontró con la mirada de mi desconocido y el estómago me dio un vuelco.

—Cielo, ¿estás bien? No me habías dicho que estabas herida, ¿qué te pasa? —Mi padre casi me zarandeó para que le mirara.

—Estoy bien, solo un poco mareada.

—Vamos, te llevaré con el doctor.

Me volví hacia mi desconocido, no podía dejar de mirarle. Pero mi padre insistía en que me viera el doctor y yo necesitaba unos minutos para asimilar la inminente conversación que se avecinaba con mi desconocido.

—Espera, tenemos que hablar —me ordenó agarrándome por la muñeca para impedir que me fuera.

Mi padre nos escrutó con la mirada, puso su sexto sentido a funcionar y, de repente, lo entendió todo. Miró a mi desconocido y le dijo:

—Supongo que tú eres el capullo.

—Papá —le advertí.

—Lo sé, no es asunto mío —refunfuñó—. De todas formas, primero vas a ver al doctor.

—Yo la acompaño —se ofreció Brian.

—Yo quiero ir con Alice —protestó Lía abrazándome las piernas.

—Cielo, tengo que ir a que me cure el doctor, pero te prometo que luego nos veremos, ¿de acuerdo?

—Pero yo quiero quedarme contigo —protestó sin darse por vencida.

—Princesa, vamos a darte un baño y venimos de nuevo a ver a Alice, así hacemos tiempo para que el doctor la cure —la convenció mi desconocido. Me miró de nuevo a los ojos y me susurró al oído—: Ni se te ocurra irte.

—Tranquilo, no se va a ir a ninguna parte —le aseguró mi padre.

Brian y mi padre me acompañaron a ver al doctor para que me examinara. Todo el mundo me miraba, sabían lo que había ocurrido y sentían curiosidad por conocer a la hija del General, pero sobre todo por saber qué me traía entre manos con el Capitán Benson y qué haría mi padre al respecto.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.