Las reglas del juego 1.

Era viernes por la noche y, como todos los viernes, había quedado con Álex y Tony, mis vecinos del 3º A. Aquella pareja que había conocido por casualidad cinco años atrás, se había convertido en uno de los pilares más importantes de mi vida. Gracias a ellos había conseguido un trabajo que le encantaba y por el que me pagaban muy bien. La fotografía había sido siempre mi pasión y poder vivir de ello era un sueño hecho realidad.

Me miré en el espejo antes de salir del ático y bajar al apartamento de Álex y Tony. Estaba nerviosa, existía la posibilidad de volver a ver mi desconocido y me había asegurado de estar perfecta para la ocasión. Habían pasado dos semanas desde aquel tórrido encuentro, pero no me lo había podido quitar de la cabeza ni un solo día desde entonces. Sabía que aquella noche no se repetiría, habían hecho un trato: una noche de sexo, nada de nombres ni de preguntas.

— ¡Qué cara traes! —Me recibió Álex nada más abrir la puerta.

—Yo también me alegro de verte —le gruñí pasando por su lado para dirigirme al salón.

— ¡Alice, estás divina! —Exclamó Tony mirándome de arriba abajo—. ¿Debo suponer que esperas volver a encontrarte con tu desconocido?

— ¿No se supone que no ibais a volver a veros? —Preguntó Álex confundido.

—Sí, hicimos un trato de una sola noche; y no, no espero volver a verle —mentí.

—Quizás no esperes verlo, pero reconoce que lo deseas —comentó Tony con tono burlón y sonriendo de oreja a oreja—. Te has vestido para matar y eso solo significa una cosa: buscas sexo. Y, teniendo en cuenta lo exigente que te has vuelto con los hombres y que hace más de dos semanas que no mojas, imagino que el buenorro de tu desconocido sería un buen plan para esta noche.

— ¿No os habéis parado a pensar de dónde habrá salido? —Preguntó Álex mientras cogía de la nevera tres botellines de cerveza, uno para cada uno—. Llevamos años yendo todos los fines de semana al mismo pub y nunca lo habíamos visto, después lo ves dos fines de semana consecutivos y vuelve a desaparecer. Sinceramente, si no le hubiera visto con mis propios ojos, pensaría que te has inventado esa historia.

—No sabemos nada de él —opinó Tony.

—Quizás solo estaba de paso en la ciudad —comenté decepcionada.

—Y, si te lo encuentras en el pub, ¿qué piensas hacer? Se supone que tenéis un trato, nada de nombres, nada de preguntas y solo una noche de sexo —me recordó Álex.

— ¿Es que quieres amargarme la noche? —Le repliqué molesta por ser tan pesimista.

—No le hagas caso, está en modo gruñón porque una de nuestras clientas le ha insinuado que está un poco fondón —se mofó Tony.

Miré a Álex de arriba abajo, para nada estaba fondón. Era un hombre con un cuerpo normal, ni demasiado delgado ni musculado, pero para nada fondón.

—No les hagas caso, esas viejas arpías solo envidian tu juventud y tu vitalidad, ya les gustaría a ellas estar la mitad de bien de lo que estás tú —le aseguré.

—No cambies de tema, queremos saber más de tu desconocido —insistió Tony.

—Ya sabéis que no sé nada de él.

—Reina, has pasado una noche con él, algo habrás averiguado —Tony no se daba por vencido, era demasiado cotilla—. Te llevó en su coche al hotel, ¿qué coche tenía?

—No sé, uno de esos lujosos todoterrenos de color negro. Espera, recuerdo que había una sillita rosa en los asientos traseros, una de esas sillitas para llevar a los bebés.

— ¡No me jodas! ¿Casado y con hijos? —Exclamó Álex—. Puede que te hiciera pasar una noche estupenda, pero con un hombre casado…

—No llevaba alianza —puntualizó Tony.

—Que no la llevara no significa que no esté casado —opiné decepcionada.

—Buenos, pues si no es con él, tendremos que buscarte a otro —concluyó Tony—. La abstinencia no te sienta bien y ya sabes lo que dicen: a rey muerto, rey puesto.

Rodé los ojos, yo no era una de esas mujeres que podían irse con cualquier desconocido y pasar la noche con él. Sí, había una excepción, pero solo porque la atracción sexual que sentía por mi desconocido era imposible de controlar. Además, no quería sexo con cualquier hombre, quería sexo con él. Solo con él.

Tras bebernos un par de cervezas en el apartamento de Álex y Tony, nos dirigimos al pub. Como de costumbre, llegábamos temprano y había poca gente, así que ni me molesté en buscar a mi desconocido, no esperaba encontrarlo. Nos acomodamos en uno de los sofás de la zona chill-out del local y pedimos que nos sirvieran unas copas.

No hablamos de nuevo de mi desconocido, se estaba empezando a convertir en un tema tabú y, tanto Tony como Álex, desviaron la conversación con temas de trabajo.

Una hora y tres copas más tarde, me levanté del sofá para ir al baño. En cuanto me puse en pie, fui consciente de lo achispada que estaba.

—Chica, cambia esa cara de mal follada que tienes —me reprochó Álex.

—Eso es lo que le hace falta, un buen polvo —constató Tony—. Sonríe, busca un tío buenorro que esté fuerte y deja que te empotre contra la pared, ya verás cómo te cambia la cara.

—No quiero que me empotre un tío buenorro, quiero que me empotre el buenorro de mi desconocido —protesté haciendo un mohín.

—Para tratarse de un trato de una noche de sexo, no lo tienes muy asumido —se mofó Álex.

Le saqué la lengua a modo de respuesta, no tenía una excusa para darle. Di media vuelta y crucé la pista de baile, abriéndome paso entre la gente que bailaba, y caminé hacia el pasillo del fondo, donde se encontraba el lavabo. Me sentía un poco acalorada, así que me refresqué la nuca con agua y me retoqué el maquillaje. Me miré al espejo y suspiré con resignación, aquella noche tenía la esperanza de encontrarme con mi desconocido y esperaba pasar otra noche de sexo placentero con él.

Cuando salí del baño, me encontré de frente con mi desconocido. Estaba apoyado en la pared del pasillo, con las manos en los bolsillos de los pantalones y su cara de perdona vidas. Tuve que parpadear varias veces para asegurarme de que lo que veía era real y no una alucinación, pero él se cansó de esperar y, agarrándome a la cintura para pegar su cuerpo al mío, me susurró al oído:

—Si quieres repetir lo de la otra noche y con las mismas reglas, te espero en la puerta del pub dentro diez minutos.

No dijo nada más, se apartó de mí, dio media vuelta y se marchó perdiéndose entre la multitud. Deseaba ir detrás de él y dejarme llevar por la pasión y el desenfreno, una noche de sexo con él era lo que necesitaba. Pero, ¿y si aquel desconocido se convertía en mi adicción? Tenía diez minutos para decidirlo, así que me apresuré en regresar junto a Tony y Álex y exponerles la situación, pese a que ya imaginaba lo que dirían.

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