Oliver llamó a su madre a media tarde, mientras regresaba con su padre del valle, para hablar con Scarlett, pero Cynthia le dijo que se había ido con Dexter, Claire y los niños al río. Ansioso por verla, convenció a su padre para dar un pequeño rodeo y pasar por la ribera del río, donde encontraría a Scarlett.

Dexter y Jake buscaban cangrejos mientras que Claire, Scarlett y Noah se bañaban y nadaban en el río cuando Oliver y Joe llegaron hasta ellos.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

Scarlett miró en la misma dirección que miraba Jake y sonrió al ver a Oliver y a Joe. Le había echado de menos, aunque no podía negar que lo había pasado bien con su familia.

—No os esperábamos tan pronto —apuntó Claire.

—Oliver tenía prisa por regresar —comentó Dexter con tono burlón.

Joe sonrió, lo que sea que hubiera entre su hijo y Scarlett era de dominio público, todos estaban al tanto de ello. Oliver saludó a su sobrino Jake y a Dexter y después se acercó a la orilla del río. Claire, consciente de lo que ambos deseaban, cogió a Noah en brazos y salió del río, guiñándole un ojo a su hermano con complicidad.

—Papá, nos vamos a casa contigo —anunció Claire envolviendo a Noah en una toalla para secarla. Se volvió hacia su hijo y le dijo—: Jake, vamos con el abuelo a casa y le llevamos los cangrejos a la abuela.

—Yo también voy con vosotros, tengo una cita esta noche y no quiero llegar tarde —se excusó Dexter.

— ¿Quién es la ingenua a la que has engañado? —Se mofó Oliver.

—Si quieres, me quedo y te lo cuento —le respondió burlonamente.

—Mejor me lo cuentas mañana.

Dexter se marchó riendo, acompañado por Joe, Claire, Jake y Noah, dejando a su amigo Oliver a solas con la hija del General Turner. Scarlett, que seguía disfrutando de su baño en el río, esperó a que todos se marcharan y le preguntó a Oliver:

— ¿Te bañas conmigo?

—No hay nada que me apetezca más en este momento —le respondió Oliver deshaciéndose de su ropa y zambulléndose en el río. Nadó hasta llegar a Scarlett y la estrechó entre sus brazos—. Te he echado de menos, nena.

—Mm… ¿Estás juguetón?

Oliver le respondió dándole un apasionado beso. Llevaba todo el día pensando en ella, anhelando tenerla entre sus brazos y deseando besarla. Scarlett colocó sus brazos alrededor del cuello de Oliver y le rodeó con sus piernas por la cintura.

—Alguien podría vernos —le advirtió Oliver agarrándola de los muslos y presionando la entrepierna de ella con su erección.

—La discreción no es lo nuestro —bromeó Scarlett.

— ¿Qué te parece si regresamos a la cabaña, nos damos una ducha y preparo una deliciosa cena y la acompañamos con un buen vino? —Le propuso Oliver.

—Me parece una idea perfecta.

Oliver no podía ni quería esperar para empezar a disfrutar de aquel plan y, tras darle un dulce beso en los labios, agarró a Scarlett con fuerza y salió del río cargando con ella en brazos. Un par de horas más tarde, ambos disfrutaban de una deliciosa cena preparada.

—Por esta magnífica noche —brindó Scarlett.

—Y por nosotros, nena —añadió Oliver con la voz ronca—. Voy a hacerte el amor durante toda la noche.

—Mm… Suena de lo más tentador —ronroneó Scarlett—, pero ¿no tienes que ir mañana al valle con tu padre?

—No, hemos trabajado mucho hoy para no tener que ir mañana.

—Entonces, ¿mañana te quedarás todo el día conmigo?

—Todo el día —le aseguró Oliver—. ¿Te gustaría que fuéramos de excursión, solos tú y yo?

—Me encantaría.

Tras una romántica velada que culminó en una noche de sexo salvaje y apasionado, Oliver y Scarlett se quedaron dormidos casi al amanecer, totalmente exhaustos. Cuando Scarlett se despertó, el sol ya estaba en lo más alto y la aguja del reloj marcaba las doce del mediodía. Miró a Oliver y sonrió al comprobar que estaba dormido. Se acurrucó junto a él y comenzó a depositar pequeños besos sobre su rostro, descendió con sus labios por su cuello y continuó hasta llegar a su pecho. Scarlett se detuvo cuando Oliver se removió inquieto, pero siguió con lo que estaba haciendo cuando comprobó que seguía dormido. Deslizó una de sus manos bajo la sábana y agarró el miembro erecto de Oliver, acariciándolo con sensualidad. Oliver se removió de nuevo, pero esta vez abrió los ojos.

—Buenos días, ¿te has despertado juguetona? —La saludó Oliver alzando su pelvis para que continuara acariciándole.

Scarlett le sonrió a modo de respuesta y continuó descendiendo con sus labios por el cuerpo de Oliver, hasta que llegó a la altura de su miembro y, sorprendiéndole, se lo metió en la boca.

—Nena, no hagas eso —le dijo Oliver agarrándola de los hombros para detenerla y tiró de ella hasta que quedó a su altura para poder mirarla a los ojos.

— ¿No te gusta? —Susurró Scarlett con un hilo de voz.

— ¿Qué si me gusta? Me encanta —le aseguró él, a punto de correrse—, pero si sigues con eso, me correré.

—Bien, porque eso es lo que pretendía —le sonrió Scarlett con picardía antes de volver a su posición inicial y continuar con lo que estaba haciendo.

Oliver se tensó al sentir su erección penetrando en la boca de Scarlett mientras ella le succionaba y le estimulaba haciendo que entrara y saliera de su boca. Hasta que, a punto de estallar de placer en mil pedazos, la detuvo de nuevo y, tras intercambiar rápidamente la posición con ella, la besó con dulzura y la penetró lentamente, haciéndola gemir. Oliver tuvo que contenerse para no dejarse llevar y derramarse, quería alcanzar el clímax con ella y llevó una de sus manos al centro de su placer. Mientras salía y entraba de su apretada vagina, estimuló su clítoris con movimientos circulares, ejerciendo un poco de presión sobre él con cada embestida y consiguiendo llevarla a las puertas del clímax.

—Oliver… —gimió Scarlett excitada.

—Lo sé, nena. Córrete conmigo.

Y Scarlett no se hizo de rogar, obedeció a Oliver y se dejó llevar por un abrumador orgasmo que la hizo gritar como jamás había gritado, arrastrando a Oliver con ella en aquel viaje de placer al que accedió con un gruñido gutural.

Oliver rodó con Scarlett en la cama hasta dejarla encima de él y se mantuvieron abrazados en silencio durante varios minutos. Unos minutos más tarde, cuando por fin se vio capaz de pronunciar palabra, Oliver le dio un tierno beso en la frente y le susurró al oído:

—Me quedaría en la cama contigo el resto del día.

— ¿Podemos hacerlo?

—Podemos hacer lo que tú quieras, pero no olvides que tengo una familia de cotillas y vendrán a buscarnos si no nos ven aparecer en todo el día.

Pasaron la mañana en la cama, hasta que Cynthia llamó por teléfono a su hijo para invitarle a él y a Scarlett a comer. Era domingo y toda la familia al completo se reunía para comer en casa de Cynthia y Joe, y Scarlett no quiso perdérselo. Llevaba una semana en la granja con Oliver y ya se sentía una más de la familia. Antes de salir de la cabaña, Oliver le dio su teléfono móvil a Scarlett y le dijo:

—Llama a tu padre.

— ¿Tengo que hacerlo por alguna razón en especial? 

—Porque es tu padre, te echará de menos y querrá saber que su única hija está bien —le respondió Oliver y añadió bromeando—: O también puedes decirle lo entretenida que estás conmigo.

—Puede que lo haga —le provocó ella.

A Oliver se le descompuso la cara al escuchar aquellas palabras, pero Scarlett rio divertida y él respiró aliviado al confirmar que solo estaba bromeando. Scarlett marcó el número de su padre y solo tuvo que esperar un par de tonos hasta que el General Turner respondió:

— ¿Cómo va todo por ahí, Capitán Parker?

—Soy yo, papá —le corrigió Scarlett. Oliver le guiñó un ojo y le hizo un gesto indicando que la esperaba fuera y darle intimidad para hablar con su padre. Scarlett esperó a que Oliver saliera de la cabaña y añadió—: Por aquí todo va bien, solo llamaba para saber qué tal estabas.

—Oliver te ha dicho que me llames —adivinó Trevor—. Es evidente que el Capitán siente algo por ti, Scarlett. Y, si no le correspondes, creo que es mejor que se lo digas cuanto antes, es un buen agente y no quiero que las cosas se tuerzan por algo así.  

—Y, ¿si le correspondo? —Le tanteó Scarlett.

— ¿Lo haces?

—Es posible.

—Entonces, ¿debo empezar a hacerme a la idea que Oliver va a ser mi yerno?

—Es demasiado pronto para hablar de eso, incluso para pensarlo —le advirtió—. Es una situación complicada, papá. Pero quédate tranquilo, Oliver y su familia me están tratando muy bien y no tengo ninguna intención de ir a ninguna parte.

—Ayer hablé con Oliver y le dije que quería ir a visitarte.

— ¿Y qué te dijo?

—Me dijo que seré bienvenido cuando quiera ir, pero me pidió que hablara antes contigo.

—Es su casa, no es a mí quien debes pedirle permiso para venir de visita, pero me gustaría verte, ya ha pasado una semana desde que me fui de la base.

—Dile al Capitán Parker que iré a cenar el martes por la noche, tal y cómo habíamos quedado.

—Si ya lo teníais organizado, ¿para qué me has preguntado? —Le replicó Scarlett.

—Cielo, hay algo más que quiero decirte porque sé que Oliver no te lo contará —le dijo de pronto—. Le he ofrecido dinero para cubrir tus gastos, pero se ha negado a aceptarlo alegando que no te protege porque sea su trabajo, sino porque quiere. No seas dura con él y no se lo pongas difícil con la convivencia.

—Nos vemos el martes, papá —se despidió Scarlett y añadió antes de colgar—: Te quiero.

Scarlett salió de la cabaña y se encontró a Oliver sentado en los escalones del porche, escrutándola con la mirada.

— ¿Va todo bien?

—Dímelo tú —le reprochó Scarlett.

— ¿Estás enfadada? —La tanteó.

—No, pero me hubiera gustado que me lo hubieras dicho —reconoció Scarlett.

—Nena, tu padre quería venir a verte, no sabía qué opinarías al respecto y no estaba contigo para preguntártelo, así que le dije que lo hablara contigo —le respondió él poniéndose en pie para poder estrecharla entre sus brazos—. ¿Qué te parece si te lo compenso con una excursión mañana?

— ¿Solos tú y yo?

—Solos tú y yo —le confirmó Oliver—. Pero ahora vamos a comer a casa de mis padres, toda la familia nos está esperando.

Recorrieron el pequeño trayecto que separaba la cabaña de la casa de los Parker y se unieron al resto de la familia que les esperaba sentados a la mesa del jardín mientras Cynthia comenzaba a servir los platos. Pese a que Scarlett ya se sentía como una más de la familia, Oliver se mantuvo pendiente de ella en todo momento y a ninguno de los presentes le pasó por alto aquel detalle. Después de comer, todos se fueron a la piscina y Oliver aprovechó un momento en el que se quedó a solas con su hermana para pedirle un favor:

—Mañana traerán los muebles de casa, ¿puedes encargarte de todo? Quiero llevar a Scarlett de excursión y darle una sorpresa cuando lleguemos.

—No te preocupes, yo me ocupo de todo —decidió Claire y, mirando a Scarlett, le preguntó—: ¿Debo empezar a llamarla cuñada?

—Es un poco pronto y puede que la asustes, pero acabará convirtiéndose en tu cuñada —le aseguró Oliver—. El martes vendrá el General Turner a cenar con nosotros, no me vendría mal algún consejo para que me acepte como posible yerno.

—Te ha confiado la vida de su hija, creo que eres su mejor candidato —le tranquilizó Claire y, tratando de echarle una mano, añadió—: ¿Qué te parece si preparo una deliciosa comida para que cenéis en el jardín en plan romántico?

— ¿No será demasiado?

—Lección número uno: Nada es demasiado cuando intentas conquistar a la futura madre de tus hijos.

—De acuerdo —accedió Oliver.

Claire tenía el don de transmitir seguridad con tan solo unas palabras y sin necesidad de recrearse en aburridos discursos. Solucionada aquella parte de su plan, Oliver fue en busca de Daniel para pedirle que le prestara un caballo para ir de excursión con Scarlett. Aquel favor no le salió barato, a cambio, Daniel quiso saber todo lo que había entre su hermano y Scarlett, y Oliver no tuvo más remedio que contarle todos los detalles.