Oliver y Scarlett pasaron los siguientes dos días en la piscina bañándose con el pequeño Jake y la pequeña Noah, haciendo un pequeño descanso a mediodía para ir a comer a casa de Cynthia y Joe. Por la tarde recibían la visita de Dexter y Caleb, se sentaban a la sombra y se tomaban un par de cervezas hasta que comenzaba a anochecer y se marchaban, dejando a la pareja a solas.

Oliver le daba espacio a Scarlett para que conversara con su familia y sus amigos pero, cuando llegaba la noche, se encargaba de que nadie les molestase. La noche era el único momento del día en el que podía disfrutar de Scarlett a solas y no estaba dispuesto a que dejara de ser así.

Scarlett insistía en que Oliver hiciera lo que normalmente solía hacer y no solo porque se sintiera culpable al ocupar su tiempo y su espacio, sino porque deseaba saber más de él. Pero, al igual que Oliver, ella también ansiaba que llegara la noche para quedarse a solas con él. Esa noche, Oliver estaba nervioso. Al día siguiente se levantaría al amanecer para acompañar a su padre a llevar a las vacas y a los terneros y no regresaría a la cabaña junto a Scarlett hasta bien entrada la tarde.

—Ven aquí, preciosa —le susurró Oliver abrazándola en la cama y, por enésima vez, le preguntó—: ¿Estarás bien mañana?

—Estaré bien —le aseguró Scarlett—. Claire se va a tomar el día libre y pasaremos el día en la piscina con los niños.

—Le he pedido a Dexter que se pase por aquí mañana.

—Oliver…

—Sé que no va a pasar nada, pero me quedo más tranquilo si él está aquí —argumentó Oliver.

Scarlett aceptó las condiciones de Oliver para complacerle, pese a que pensaba que estaba exagerando.

A la mañana siguiente, Oliver se despertó al amanecer y, cuando fue a levantarse, Scarlett le abrazó y le susurró:

—Te voy a echar de menos, Capitán.

—Yo también te voy a echar de menos, nena —le confesó Oliver con la voz ronca. Le dio un leve beso en los labios y añadió antes de levantarse—: Regresaré antes de que anochezca.

Scarlett se quedó durmiendo un par de horas más antes de levantarse. Era temprano, así que desayunó tranquilamente en la cabaña antes de dirigirse a casa de los padres de Oliver. La abuela Sylvia estaba regando las plantas del jardín cuando la vio llegar y la saludó alegremente mientras le daba un cariñoso abrazo:

—Buenos días, Scarlett. ¿Has desayunado ya?

—Sí.

—Cynthia está en el gallinero, tardará un rato en venir —la informó la abuela—. Claire y los niños aún no han salido de casa, pero no creo que tarden en llegar, esos terremotos no perdonan un día de piscina.

— ¿Puedo ayudarte? —Se ofreció Scarlett.

—Ya he terminado aquí, pero Oliver quiere que arregle el jardín delantero de su casa. Si quieres, puedes echarme una mano.

—Me encantaría —le aseguró Scarlett.

La abuela Sylvia miró su reloj de muñeca y, tras comprobar que tenían dos o tres horas antes de que los niños reclamaran su baño en la piscina, cogió a Scarlett del brazo y ambas se dirigieron a la casa de Oliver. La abuela ya había preparado la tierra del jardín, solo tenían que trasplantar las flores de las pequeñas macetas en el suelo del jardín. Scarlett escuchó atentamente todas las indicaciones de la abuela Sylvia y la imitó cuando comenzó a trabajar.

—Se te da muy bien para ser la primera vez —la felicitó la abuela después de algunas flores trasplantadas correctamente.

—He plantado tres flores y tú, en el mismo tiempo, has plantado seis.

—Pero yo llevo toda la vida haciéndolo, cielo. Además, no por ir más rápido las cosas se hacen mejor. ¿Puedo preguntarte algo? No te preocupes, te prometo que todo lo que me digas quedará entre nosotras, no se lo diré a nadie y mucho menos a Oliver.

—Eh… Sí. Supongo que sí —balbuceó Scarlett, temiéndose cuál sería la pregunta.

— ¿Por qué estás aquí? —Scarlett la miró sin comprender la pregunta, Oliver ya le había dicho a toda su familia que estaba allí porque necesitaba protección. La abuela, al percibir la confusión en los ojos de Scarlett, añadió—: Ya sé que un asesino peligroso anda buscándote, pero imagino que esa es la versión oficial.

—No soporto estar encerrada y no estaba pasando por un buen momento. Llevaba una semana en la base y quería marcharme de allí aunque fuese sola y sin protección, no aguantaba más —comenzó a explicarle Scarlett con total sinceridad—. Mi padre sabía que yo no estaba bien y, a mis espaldas, urdió su propio plan y se fue en busca de Oliver. Entre ambos decidieron darme una alternativa a la base: quedarme en la granja con Oliver.

— ¿Ya conocías a Oliver?

—Lo conocí unos días antes, le encomendaron la misión de encontrarme en Isla Maravilla y llevarme a la base, me protegió de los tipos que me buscaban, pasamos cinco días ocultándonos en la selva y finalmente llegamos a la base.

—Y discutisteis nada más llegar —adivinó la abuela Sylvia, que tenía un don especial para entender y captar las relaciones amorosas.

—Muy pocas personas saben que soy la hija del General y Oliver no era una de ellas, sabía que existía algún tipo de relación entre el General y yo y dedujo que era su amante. Sabía que Oliver lo sospechaba, pero no me dijo nada y yo tampoco le corregí. Cuando llegamos a la base, mi padre me ordenó que me instalara en su casa y Oliver lo malinterpretó todo. Se enfadó y se marchó sin dejar que le explicara nada.

—Oliver llegó muy disgustado y de muy mal humor —reconoció la abuela Sylvia—. Pero desde que regresó contigo vuelve a estar feliz y no deja de sonreír.

—Me preocupa que esté haciendo esto porque se sienta culpable —le confesó Scarlett—. No quiero ser una molestia ni impedirle que disfrute de la maravillosa familia que tiene.

—Algo nos ha contado esta mañana, pero me temo que no te va a resultar nada fácil que se separe de ti, al menos mientras estés bajo su protección —bromeó la abuela Sylvia para sacarle una sonrisa y, cuando lo logró, añadió—: Eres mucho más que una misión para él, Scarlett y creo que él también es mucho más que un guardaespaldas para ti.

—Apenas nos conocemos, la situación es, por decirlo de algún modo, bastante peculiar y, sinceramente, no estoy segura de lo que pueda pasar cuando todo esto se resuelva —le dijo Scarlett con un hilo de voz, intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir—. No quiero pensar en qué ocurrirá mañana, quiero disfrutar del día de hoy y ya afrontaré las consecuencias cuando las tenga que afrontar.

—Espero que mi nieto sea listo y no te deje escapar —zanjó el tema la abuela Sylvia, que no quería seguir importunándola.

Continuaron trabajando en el jardín al mismo tiempo que charlaban alegremente. La abuela Sylvia le contó muchísimas anécdotas graciosas de cuando Oliver era pequeño pero, sobre todo, le habló maravillas de él. Scarlett no necesitaba que nadie le dijera lo buen partido que era Oliver, ella misma lo había podido comprobar en los pocos días que había compartido con él. Oliver era todo lo que a ella le gustaba en un hombre, era todo un caballero, inteligente y atractivo, un gran seductor y un hombre apasionado.

Mientras ambas charlaban alegremente, Oliver acompañaba a su padre por el campo para llevar a las vacas al valle y, a medio camino, decidió llamar a su madre para comprobar que Scarlett estuviera bien.

—Hola hijo, ¿qué tal os va con las vacas? —Le saludó Cynthia nada más descolgar.

—Muy bien, mamá. Hemos parado a comer y descansar un poco —le respondió Oliver y, tras responder a su pregunta, añadió—: ¿Dónde está Scarlett?

—No la he visto todavía, imagino que estará durmiendo.

— ¿A estas horas? Ve a la cabaña y búscala, quiero asegurarme de que está bien.

Cynthia miró el reloj de la cocina y se sorprendió al comprobar que eran más de las once de la mañana. Extrañada por no haber visto aún a Scarlett, se dirigió a la cabaña a petición de Oliver y comenzó a preocuparse cuando tampoco la encontró allí.

—Oliver, Scarlett no está en la cabaña.

—Mamá, búscala, por favor. Busca a la abuela y a Claire, a ver si está con ellas —gruñó Oliver, reprochándose mentalmente por haber dejado sola a Scarlett.

—No te preocupes, seguro que está con la abuela o con Claire. Voy a buscarla y ahora te vuelvo a llamar —le dijo Cynthia  antes de colgar.

Cynthia respiró profundamente para calmarse, Scarlett no podía haber desaparecido de la granja, solo tenía que encontrarla. Fue a casa de su hija Claire, pero ella y los niños estaban desayunando y no habían visto a Scarlett. Se dirigió a la nueva casa de Oliver, pensando que probablemente hubiera ido a la piscina mientras esperaba a Claire y a los niños y la encontró en el jardín delantero con la abuela Sylvia, trasplantando las hermosas y coloridas flores que la abuela había escogido.

— ¡Por fin te encuentro, Scarlett! —Exclamó Cynthia al verla—. Ha llamado Oliver y no te encontraba y…

—Será mejor que le devuelvas la llamada, conociéndole, es capaz de enviarnos a todo el ejército para que te busque —bromeó la abuela Sylvia.

Cynthia asintió con un leve gesto de cabeza y le entregó el teléfono móvil a Scarlett para que llamara a Oliver. Scarlett cogió el teléfono móvil y, tras comprobar que ya estaba llamando, se lo puso en la oreja.

—Dime que la has encontrado y que está bien —dijo Oliver nada más descolgar.

—Tranquilo, me ha encontrado y estoy bien —le respondió ella sin poder contener la risa, Oliver podía llegar a ser exageradamente dramático.

—Nena, ¿dónde estabas? ¿Es que quieres matarme?

—Estaba con tu abuela, ayudándola con el jardín de tu casa nueva.

— ¿Estáis plantando las flores en el jardín? —Preguntó Oliver sorprendido.

—Sí, ya casi hemos terminado y está quedando genial.

—Creía que ibas a pasar el día en la piscina, ya sabes que no puedes hacer esfuerzos, tienes dos costillas rotas —le recordó Oliver.

—No te preocupes, pasaré el resto del día en la piscina y guardaré reposo —le aseguró ella para que se quedara tranquilo—. ¿Cómo estás tú? ¿Ya habéis llegado al valle?

—Todavía no, estamos a mitad de camino. Pero vamos bien de tiempo, estaré contigo antes de que anochezca.

—Te estaré esperando —le susurró Scarlett.

—Te llamaré más tarde, sé buena y guarda reposo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, Capitán —se mofó Scarlett y añadió antes de colgar—: Estaré esperándote.

Oliver sonrió al escuchar aquellas palabras. Aunque Scarlett no estuviera dispuesta a reconocerlo, sabía que le estaba echando de menos tanto como él a ella.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Joe cuando lo vio guardar el teléfono móvil.

—Sí, Scarlett estaba con la abuela, plantando las flores en el jardín de casa.

— ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro, papá.

— ¿Hay algo entre tú y Scarlett?

—Te mentiría si te dijera que no —reconoció Oliver—. Estoy tratando de llevar este asunto con discreción, la situación es complicada y temo que, si la presiono, Scarlett pueda salir huyendo.

—No creo que tenga intención de huir a ninguna parte, se ha metido a toda la familia en el bolsillo, incluso a la abuela —bromeó Joe y, al ver la preocupación en el rostro de su hijo, le aconsejó—: Si esa chica te importa de verdad, demuéstraselo.

—Eso intento.

—Pues sigue así, hasta ahora se te está dando muy bien.

La abuela Sylvia y Scarlett terminaron de plantar las flores en el jardín y pasó el resto de la mañana en la piscina junto a Claire, Jake y Noah.

— ¿Cómo te trata mi hermano? —Quiso saber Claire, guiñándole un ojo a Scarlett con complicidad.

—No puedo quejarme, está pendiente de todo lo que pueda necesitar y trata de complacerme en todo —reconoció Scarlett y añadió bromeando—: Si sigue tratándome así, tendréis que echarme para que me vaya.

—También puedes casarte con Oliver y quedarte aquí para siempre —comentó Claire con naturalidad y añadió divertida—: A mí me encantaría tenerte de cuñada.

—No creo que a Oliver le haga tanta ilusión como a ti —bromeó Scarlett.

Pese a los doce años de diferencia, Claire y Scarlett tenían muchas cosas en común y congeniaron muy bien. Tan entretenidas estaban hablando de sus cosas que no se dieron cuenta de la hora que era hasta que Cynthia fue a buscarlas a la piscina para decirles que la comida ya estaba lista. Media hora más tarde, las cuatro mujeres y los dos niños comían mientras charlaban alegremente.

Dexter se presentó en casa de los Parker después de comer y los niños le suplicaron que los llevara al río. A Claire y Scarlett le pareció una gran idea y Dexter no supo decir que no, era demasiado fácil de convencer.

—Hacéis conmigo lo que queréis —fingió hacerse el ofendido mientras se dirigían al río.