Scarlett y Oliver salieron del gallinero y se dirigieron hacia el jardín trasero de la casa principal, a ciento cincuenta metros de distancia. Durante el escaso trayecto, Oliver aprovechó para darle un rápido beso a Scarlett, asegurándose antes de que nadie les podía ver. Cuando llegaron al jardín, se encontraron con la abuela Sylvia, que plantaba flores en las jardineras que delimitaban el jardín con la zona de piscina.

—Buenas tardes, muchachos. ¿Habéis salido a pasear? —Les saludó la abuela Sylvia con una amplia sonrisa en los labios.

—Le he enseñado la granja a Scarlett y mi madre ha insistido en que nos tomemos un refresco en el jardín —le respondió Oliver, poniendo a su abuela al corriente—. Te están quedando muy bien las jardineras, es una pena que el jardín de mi casa no luzca así de bien.

—No seas gruñón, la semana que viene me pondré con tu jardín —le aseguró la abuela—. Tu padre ha ido al valle, quiere llevar allí a las vacas esta semana, ¿irás con él?

Oliver miró a Scarlett con disimulo antes de responder:

—No lo creo, abuela. Se supone que estoy protegiendo a Scarlett y no puedo ausentarme durante todo el día.

— ¿Por qué no? —Le replicó Scarlett—. Puedes pasar el día ayudando a tu padre y yo puedo quedarme aquí ayudando a tu abuela a plantar las flores en tu jardín.

— ¡Esa es una idea estupenda! —Aplaudió la abuela Sylvia.

— ¿Cuál es la idea estupenda? —Preguntó Cynthia, que llegaba al jardín junto a su hijo Daniel.

—Oliver acompañará a Joe a llevar a las vacas al valle —anunció la abuela Sylvia.

— ¿Vas a dejar a Scarlett solo todo el día? —Le preguntó Daniel incrédulo.

—No estará sola, nosotras le haremos compañía —intervino rápidamente Cynthia.

—Precisamente eso es lo que más me preocupa —gruñó Oliver entre dientes.

—Tranquilo hermano, yo personalmente me encargaré de que Scarlett se sienta cómoda en tu ausencia —le provocó Daniel.

—Olvídalo, no iré a ninguna parte —gruñó Oliver, colocando su brazo alrededor de la cintura de Scarlett por instinto, sin darse cuenta de ello.

— ¿Qué ocurre aquí? —Preguntó divertido Joe al ver a la mitad de la familia bromeando en el jardín.

—Oliver te acompañará a llevar al valle a las vacas mientras nosotros le hacemos compañía a Scarlett —le puso al corriente su esposa antes de ir a la cocina a por unos refrescos para todos.

— ¿Vas a dejar a Scarlett sola? —Preguntó Joe incrédulo, conocía demasiado a su hijo como para saber que aquella chica le importaba de verdad y dejarla a solas con la familia era un riesgo muy alto.

—Este año no iré, pero Daniel puede acompañarte —decidió Oliver pese a que le apetecía mucho pasar el día con su padre.

— ¡De tal palo, tal astilla! —Bufó Cynthia.

—Scarlett no va a estar sola, nosotras le haremos compañía y la trataremos muy bien —le aseguró la abuela Sylvia a Oliver—. Y, cuando regreses del valle, tendrás un hermoso jardín lleno de flores.

—Voy a estar bien —le aseguró Scarlett—. No quiero que dejes de hacer lo que normalmente harías si yo no estuviera aquí.

—De acuerdo, pero le diré a Dexter y a Caleb que os hagan compañía —cedió Oliver poniendo una única condición.

—Eres un exagerado, Capitán Parker —bromeó Scarlett.

—Es posible, pero estaré más tranquilo si ellos están aquí mientras yo estoy en el valle con mi padre —argumentó Oliver.

—De acuerdo —cedió Scarlett.

— ¿Y ya está? ¿No vas a protestar? —Quiso confirmar Oliver, que no se esperaba que Scarlett accediera sin más a su condición.

—Aunque no te lo creas, no estoy aquí para ponerte las cosas más difíciles —le reprochó bromeando Scarlett—. Estaré bien, de verdad.

—Solo serán un par de días y estaré de vuelta antes de que anochezca —le aseguró Oliver.

Cynthia y Joe intercambiaron una mirada y sonrieron, ambos sabían que Oliver y Scarlett estaban hechos el uno para el otro. La abuela Sylvia también sonrió, le gustaba que aquella chica de carácter le plantara cara al mandón de su nieto.

La abuela Sylvia y Cynthia comenzaron a hacer planes con Scarlett para los dos días que Oliver estaría fuera, hasta que Oliver se vio obligado a recordarles que Scarlett tenía dos costillas rotas y optaron por hacerle compañía en la piscina y trabajar un rato en el jardín por la tarde, esto último ante la insistencia de Scarlett. Mientras las tres mujeres hablaban de las flores que plantarían en el jardín y se alejaron para escoger las mejores especies, Daniel miró a su hermano y le advirtió con su habitual tonó burlón para provocarle:

—Si la dejas escapar, te aseguro que yo no cometeré ese error.

—Casi la pierdo una vez, créeme si te digo que no la dejaré escapar —le aseguró Oliver.

—Hijo, ¿qué hay entre tú y Scarlett? —Quiso saber Joe.

—Nos estamos conociendo y todo va bien pero, cuando todo esto acabe, ella se marchará y no sé qué pasará.

—Hijo, si de verdad la quieres, lucha por ella y conquístala como lo haría todo un caballero —le aconsejó Joe.

—Por alguna extraña razón, creo que a ella también le interesas —opinó Daniel, que dejaba pasar una ocasión para meterse con su hermano—. De lo contrario, hubiera salido corriendo nada más conocer a nuestra familia de locos.

—No podemos negar que ese es un punto a tu favor —bromeó Joe.

Los tres hombres se echaron a reír divertidos justo en el mismo momento en el que las tres mujeres regresaban junto a ellos y Cynthia, curiosa por naturaleza, les preguntó:

— ¿De qué os reís?

—Nosotros nos vamos —anunció Oliver poniéndose en pie junto a Scarlett y colocando su mano sobre la espalda de ella.

— ¿No os quedáis a cenar? —Le preguntó Cynthia a su hijo, poniéndole ojitos.

—Esta noche no, mamá —le respondió Oliver besando a su madre en la mejilla—. Hasta mañana, familia.

—Scarlett, ¿mañana vienes a comer? —Insistió Cynthia.

—No, mamá —respondió Oliver por ella y añadió con sarcasmo—: Y muchas gracias por incluirme en la invitación.

—Cynthia, deja a los chicos tranquilos —la regañó Joe.

Scarlett se sintió mal con aquella situación, no entendía por qué Oliver no le daba el gusto a su madre y aceptaba aquella invitación a comer. Scarlett miró a Oliver disgustada, intentando que rebajara el tono y complaciera a su madre.

—No me mires así, no soy ningún ogro —le bufó Oliver.

—No he dicho nada —se defendió Scarlett.

—No hace falta que lo digas, lo veo en tus ojos.

Scarlett no abrió la boca, pero dio su respuesta fulminándole con la mirada. Oliver no cedió y le sostuvo la mirada, retándola para que realmente dijera lo que pensaba. Oliver estaba dolido porque prefiriera pasar el rato con su familia antes que con él y, aunque no era más que una rabieta de adolescente, no estaba dispuesto a ceder, quería aprovechar el tiempo al máximo posible para llevar a cabo su plan de conquistar y enamorar a Scarlett.

—No os enfadéis, habrá tiempo para todo —medió la abuela Sylvia, echándole una mano a su nieto—. Consultadlo con la almohada y ya mañana lo decidiréis.

—Tengo una habitación de invitados en casa, está disponible para ti si te aburres del gruñón de mi hermano —bromeó Daniel, solo para fastidiar a Oliver.

—Hasta mañana —se despidió Scarlett entre risas mientras Oliver tiraba de ella para llevársela de allí.

Cuando estuvieron lo suficiente lejos de la casa de su familia y, tras cerciorarse de que nadie pudiera verles ni oírles, Oliver colocó su brazo alrededor de la cintura de Scarlett y, estrechándola contra su cuerpo, le susurró al oído:

— ¿Ya te has aburrido de mí?

—Todavía no he tenido tiempo de aburrirme, Capitán —bromeó Scarlett y, sabiendo que aquello le preocupaba aunque Oliver se lo dijera con tono de broma, le aclaró—: Me encanta estar contigo, pero no quiero ocupar todo tu tiempo. Además, creo que tu madre me utiliza como excusa para pasar tiempo contigo.

—Lo que en realidad motiva a mi madre es averiguar qué nos traemos entre manos —masculló entre dientes.

— ¿Crees que Daniel le ha contado que nos ha visto en el establo?

—No, Daniel no dirá nada —comentó Oliver—. Pero tampoco creo que sea necesario, dudo de que a alguien le haya pasado por alto la atracción que existe entre nosotros.

—Si esto te va a traer problemas…

—No va a traer ningún problema —la interrumpió y le advirtió—: Deja de buscar excusas para librarte de mí, no lo vas a conseguir.  

Llegaron a la cabaña y, nada más entrar y cerrar la puerta, Scarlett se arrojó a los brazos de Oliver, besándole con voracidad. Oliver la agarró de los muslos con fuerza y la alzó en brazos, estrechándola contra su cuerpo y correspondiéndola con pasión y deseo. En pocos segundos, se deshicieron de sus ropas y Oliver tumbó a Scarlett sobre la cama, contemplándola con los ojos cargados de lujuria.

— ¿Te gusta lo que ves? —Le provocó Scarlett.

—Me encanta lo que veo —le confirmó Oliver tumbándose sobre ella para besarla con dulzura antes de añadir con la voz ronca—: Me encantas toda tú, nena.

Oliver la besó de nuevo y después recorrió con sus labios cada recoveco de la piel de ella, excitándola con cada roce, con cada caricia. Hundió la cabeza entre las piernas de ella y se deleitó con el sabor de su excitación mientras Scarlett gemía de placer.

—Nena, no te contengas —le susurró él para que se dejara llevar.

—No —casi rogó Scarlett, tapándose la vulva con las manos para que no siguiera con lo que estaba haciendo.

— ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Quieres que pare? —Le preguntó preocupado, deteniéndose al instante.

—Te quiero dentro, nene —le respondió Scarlett con una sonrisa traviesa en los labios.

Oliver sonrió y, sin hacerse de rogar, se hundió lentamente en ella, haciéndola gemir una vez más. Entró y salió de Scarlett con un rítmico vaivén hasta que la hizo estallar en mil pedazos al alcanzar el orgasmo. Scarlett gritó, convulsionó y arañó la espalda de Oliver con sus uñas, derritiéndose entre sus brazos. Solo entonces, Oliver se dejó llevar y se derramó dentro de ella. Acto seguido, rodó a un lado de la cama llevándose a Scarlett consigo e intercambiado sus posiciones. La besó en los labios y le preguntó:

— ¿Todo bien?

—Ajá —le confirmó Scarlett acurrucándose junto a él—. Todo perfecto.

Se quedaron abrazados durante un buen rato, Oliver acariciaba la espalda de Scarlett con la yema de los dedos y ella jugueteaba con sus dedos sobre el pecho de él. Juntos se sentían cómodos y relajados, se olvidaban del mundo y solo existían ellos dos.

— ¿Te duchas conmigo? —Le propuso Oliver.

Scarlett asintió y, cinco minutos más tarde, ambos hacían el amor de nuevo, esta vez bajo el agua de la ducha. Tras una ducha de lo más estimulante, Scarlett y Oliver prepararon la cena en la cabaña, dedicándose miradas cargadas de deseo y provocándose constantemente con caricias y besos.

— ¿Quieres que mañana vayamos a comer a casa de mis padres? —Le preguntó Oliver mientras cenaban.

Scarlett se tomó unos segundos antes de contestar. Le miró tratando de adivinar con qué intención le hacía aquella pregunta, pero no logró descifrarlo.

—Me encanta estar contigo —comenzó a decir—, pero soy bastante sociable, me gusta hablar con la gente.

—Así que no soy suficiente para ti, necesitas a alguien más —bromeó Oliver para rebajar la tensión.

—Eres más que suficiente para mí —le respondió ronroneando—, pero no quiero acaparar todo tu tiempo, quiero que disfrutes de tu familia y de tus vacaciones.

—Aunque esté de vacaciones, tengo una misión —le recordó Oliver—. Y mi misión es protegerte.

—No creo que necesite protección para ayudar a tu abuela a plantar flores en el jardín —le replicó Scarlett.

—Soy un profesional, me gusta hacer bien mi trabajo —bromeó de nuevo Oliver.

Después de cenar entre bromas y provocaciones, Oliver le propuso a Scarlett dar un paseo por los alrededores de la cabaña y ella aceptó. Caminaron agarrados de la mano hasta llegar al jardín delantero de la nueva casa de Oliver y se sentaron en las escaleras del porche y se quedaron en silencio mientras se abrazaban, disfrutando de la paz y la serenidad que les brindó aquel momento.