Scarlett se despertó sola en la cama y suspiró. Un poco de espacio le venía bien para aclarar sus ideas. La noche anterior había estado muy nerviosa y no pudo asimilar todo lo que sucedió durante su visita a casa de la familia de Oliver. Para empezar, se había convertido en la tía Scarlett. Aquello no le molestaba en absoluto, todo lo contrario. Jake y Noah le parecían unos niños adorables y estaba encantada de que la llamaran tía Scarlett, pero lo que le preocupaba era el motivo. ¿La habían llamado tía Scarlett porque les había gustado o por su supuesta relación con su tío Oliver? Y la pregunta del millón: ¿Por qué Oliver no les había corregido y había repetido esas dos palabras delante de todos? Tanto pensar en ello le dio dolor de cabeza, no podía averiguar qué sucedería ni cómo terminaría, pero ahora estaba allí, dispuesta a vivir el presente.

—Buenos días, dormilona —la saludó Oliver de buen humor, cargando con el desayuno en una bandeja.

—Mm… ¿La cabaña incluye servicio de habitaciones? —Bromeó Scarlett, dedicándole la mejor de sus sonrisas.

—Por supuesto, sobre todo si me sigues sonriendo así.

Oliver dejó la bandeja sobre la cama y, tras ayudar a Scarlett para que se incorporara, le colocó la bandeja sobre las piernas y se sentó junto a ella mientras desayunaba. Él también estaba nervioso, la noche anterior había sido un auténtico caos y temía que Scarlett hubiese cambiado de opinión y hubiera decidido regresar a la base.

— ¿Estás bien?

—Sí —le respondió Scarlett, estudiándole con la mirada—. ¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo?

—La cena de anoche fue un desastre, subestimé a mi familia pensando que se comportarían como personas normales y, si me despisto, acabas en el hospital.

—Anoche me lo pasé genial, tienes una familia maravillosa y tú te preocupas demasiado.

—Me prometiste que no ibas a mentirme —le recordó Oliver.

—No te estoy mintiendo, puedes estar muy orgulloso de la familia que tienes —le aseguró Scarlett.

—Entonces, ¿no quieres regresar a la base?

— ¿Es que no quieres que me quede? —Le preguntó Scarlett con u hilo.

—Claro que quiero que te quedes —le respondió Oliver agarrándola por la cintura para atraerla hacia a él y poder estrecharla entre sus brazos—. Tu padre ha llamado hace un par de horas, quería saber qué tal te iba y si todavía estabas dispuesta a quedarte. Le he dicho que estabas durmiendo y que le devolverías la llamada cuando te despertases.

—Y de tu conversación con mi padre has deducido que quiero regresar a la base —adivinó Scarlett—. No te preocupes por él, solo quiere que le asegure que no te estoy haciendo la vida imposible.

—Si en algún momento quieres marcharte, dímelo, por favor —le pidió Oliver—. Te prometo que haré todo lo posible para que desees quedarte pero, si prefieres marcharte, no me lo ocultes.

—Serás el primero en saberlo, pero ya te adelanto que no te resultará tan fácil deshacerte de mí, Capitán —bromeó Scarlett, mostrándole una seductora sonrisa.

—Si sigues mirándome así…

La advertencia de Oliver se vio interrumpida por el sonido del teléfono móvil de Oliver que, al ver que era el General quien llamaba, le pasó el teléfono a Scarlett.

—Hola papá —le saludó Scarlett nada más descolgar.

—Hola cielo, ¿qué tal os va por ahí? ¿Has vuelto ya loco al Capitán?

—Toda va bien y no, todavía no he vuelto loco al Capitán —le respondió a su padre sin apartar la mirada de Oliver—. No te preocupes, estoy siendo buena.

—Eso me ha dicho el Capitán —murmuró el General—. Scarlett, Oliver ha aceptado voluntariamente hacerse cargo de tu custodia y protegerte, te ha abierto las puertas de su casa y también las de su familia. Sé que eres una buena persona, pero también conozco tu carácter y tu impulsividad.

— ¿Qué intentas decirme?

—Sé que hay algo entre vosotros, Scarlett. Lo supe desde que te vi desembarcar de aquel barco después de pasar unos días en la selva con él. Y me parece bien, es un gran chico, un poco mayor que tú, pero supongo que eso no es asunto mío… En fin, solo quiero que sepas que, hagas lo que hagas, yo siempre te voy a apoyar.

—Gracias papá, necesitaba escuchar algo así —le agradeció Scarlett.

—Te quiero, pequeña —se despidió el General Turner antes de colgar.

Oliver prestó atención a aquella conversación entre padre e hija, pero solo escuchaba lo que Scarlett decía y no pudo descifrar nada. Esperó a que ella colgara y le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Sí, mi padre solo quería recordarme lo amable que estás siendo y me ha rogado que no te dé demasiados problemas —le respondió Scarlett con una sonrisa en los labios—. ¿Cuándo nos vamos al río?

—Cuándo tú quieras. Dexter y Caleb acaban de llegar, solo tenemos que pasar a buscar a Daniel y a mis sobrinos.

Media hora más tarde y tras un pequeño paseo, todos llegaban a la ribera del río, dentro de los límites del terreno de la familia Parker. Noah no se separaba de Scarlett y Jake no se separaba de Oliver, mientras que Daniel bromeaba sobre la bonita familia que formaban y Dexter y Caleb reían divertidos. Scarlett estiró su toalla sobre la hierba y ayudó a Noah a hacer lo mismo; Oliver, Caleb y Dexter se alejaron unos metros río arriba para colocar las cañas de pescar y el pequeño Jake se fue con ellos; y Daniel decidió quedarse con Scarlett y Noah.

— ¿Qué tal te encuentras? —Se interesó Daniel.

—Muy bien.

—Me alegra oírlo, temíamos que, después de la peculiar cena de anoche, quisieras salir corriendo de aquí —bromeó Daniel.

—De eso nada, me lo pasé genial y me encantaría repetir —le aseguró Scarlett entre risas.

— ¿Y qué tal llevas convivir con el gruñón de mi hermano?

—De momento no me ha echado, así que supongo que bien —le respondió ella bromeando y después, con tono serio, añadió—: Todavía no me creo que haya accedido a hacer de niñera conmigo.

—Sinceramente, creo que mi hermano está más que encantado de tenerte por aquí, aunque te advierto que negaré haberlo dicho.

—Tía Sarlett, ¿te bañas conmigo? —Preguntó la pequeña Noah.

—Claro que sí, princesa —la complació Scarlett deshaciéndose del vestido que llevaba puesto y quedándose en bikini.

Daniel hinchó a pulmón los manguitos de Noah y se los colocó en los brazos, se deshizo de su camiseta y se unió a ellas. A pocos metros de distancia, Oliver, Dexter y Caleb contemplaban la escena hasta que Dexter le dijo a Oliver con tono de mofa:

—Tu hermano Daniel no pierde el tiempo, deberías espabilar si no quieres que la preciosa hija del General Turner acabe convirtiéndose en tu cuñada.

— ¿Te has acostado con ella desde que esté aquí? —Quiso saber Caleb.

—Jake, ¿me haces un favor? —Le preguntó Oliver a su sobrino. El pequeño asintió y Oliver, que prefería hablar de aquel tema sin que el niño estuviera delante, le pidió—: ¿Puedes ayudar al tío Daniel a vigilar a Noah y a Scarlett y avisarme si me necesitan?

Jake asintió feliz de que le otorgaran aquella responsabilidad tan importante y se marchó a la ribera para cumplir la misión que su tío Oliver le había encomendado.

—La tensión sexual que existe entre vosotros es más que visible —comentó Caleb cuando se aseguró que Jake ya no podía escucharle.

—Ya lo he fastidiado una vez, no quiero fastidiarlo de nuevo —argumentó Oliver—. Scarlett me gusta y no quiero fastidiarlo.

—Es la hija del General, será mejor que no la fastidies —le aconsejó Dexter, dejando las bromas aparte.

—No voy a precipitarme, ahora lo único que me importa es que ella esté a salvo y, por supuesto, que se sienta a gusto aquí —concluyó Oliver y añadió con un ligero tono de advertencia—: Espero que no me lo pongáis más difícil con ella.

Oliver se acercó a la ribera y no pudo evitar sonreír al ver a Scarlett bañándose en el río junto a sus sobrinos y su hermano. Noah no se despegaba de Scarlett en ningún momento, pero reparó en Oliver y le gritó:

— ¡Ven, tío Over!

Scarlett se giró y sonrió al verle, pero apartó la mirada cuando él se quitó la camiseta para unirse a ellos en el río. Oliver y Daniel jugaron con Jake mientras Noah y Scarlett les miraban y reían divertidas. Hasta que, un rato más tarde, Daniel se llevó a los niños a la ribera para darles un poco de intimidad a la pareja.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Oliver, acercándose a ella lentamente.

—Sí, no hace falta que me lo preguntes cada cinco minutos —le respondió Scarlett rodando los ojos—. No te preocupes tanto, estoy perfectamente. 

Scarlett se sumergió en el agua y nadó adentrándose en el río. Estando a escasos metros de Oliver, le salpicó con agua cogiéndole desprevenido y él la alcanzó en un par de brazadas. Tuvo la intención de hacerle una ahogadilla, pero cuando llegó a esta a ella se dejó llevar y acabó envolviéndola con sus brazos. Scarlett no opuso resistencia, se dejó abrazar durante unos segundos, hasta que escucharon la voz de Noah desde la orilla:

— ¡Tía Sarlett, yo quiero bañarme contigo!

—Y yo también —musitó Oliver entre dientes, frustrado por no poder acercarse tanto a Scarlett como le gustaría.

—Voy a por ti, princesa —le dijo Scarlett acercándose a la orilla del río para recoger a la pequeña.

Oliver y Scarlett jugaron con Noah y Jake en el río gran parte de la mañana mientras Caleb y Dexter pescaban y Daniel servía la comida que Cynthia les había preparado para que comieran en el río. Cuando la comida estuvo servida, Daniel llamó a todos para que se sentaran sobre la manta de picnic. Scarlett se encargó de darle de comer a Noah y después la puso a dormir sobre una toalla y bajo la sombra de un árbol.

—Se te dan muy bien los niños, ¿quieres tener hijo? —Le preguntó Dexter a Scarlett, solo para molestar a su amigo Oliver.

—No he pensado en ello —reconoció Scarlett—, supongo que antes debería preocuparme por encontrar un trabajo estable y eso no sucederá si…

—No te va a pasar nada —le aseguró Oliver sin dejar que terminara la frase.

— ¿Tienes novio, Scarlett? —Le preguntó Daniel—. Eres una chica simpática, inteligente y atractiva, seguro que no te faltan pretendientes.

—No, no tengo novio —respondió Scarlett sin titubear.

—Chicos, dejad a Scarlett —les regañó Oliver ante aquel interrogatorio.

Ninguno quería incomodar a Scarlett y, aunque deseaban seguir mofándose de Oliver y de su especial interés en ella, decidieron darle una tregua a la pareja y se marcharon a pescar para dejarles a solas, con la excepción de la pequeña Noah que seguía durmiendo plácidamente.

Scarlett bostezó y Oliver, que estaba pendiente de ella constantemente, le preguntó:

— ¿Estás cansada?

—Un poco, pero estoy bien —le aseguró ella mostrándole una tímida sonrisa.

—Mañana nos quedaremos en la cabaña, necesitas descansar y guardar reposo.

—No es necesario que te quedes conmigo en todo momento, no quiero que dejes de hacer lo que siempre haces por mí.

—Mi misión es protegerte, no pienso separarme de ti.

—Lo sé, pero puedes ir con los chicos a pescar mientras yo me quedo aquí con Noah, no hace falta que te quedes aquí conmigo —insistió Scarlett.

— ¿Me estás echando?

— ¡Claro que no! —Se apresuró a responder.

—Perfecto, porque voy a quedarme aquí contigo.

—Como quieras, pero puede que te aburras.

Pasaron la tarde tomando el sol, disfrutando de un largo baño en el río y jugando con Noah mientras que Daniel, Dexter, Caleb y Jake pescaban río arriba. Regresaron a la cabaña a última hora de la tarde, tras prometerles a los niños que repetirían otro día la excursión al río y despedirse de Dexter y Caleb.

Había sido un día largo, ambos estaban cansados y, después de ducharse y cenar, se metieron en la cama y de nuevo durmieron abrazados, pero nada más.