Después de cenar, Joe propuso salir al jardín para estar más frescos y, aunque Oliver hubiese preferido regresar a la cabaña junto a Scarlett, no le quedó más remedio que salir al jardín cuando Scarlett aceptó alegremente aquella invitación. Oliver ansiaba quedarse a solas con Scarlett, tumbarse con ella en la cama y abrazarla hasta que se quedara dormida en sus brazos. Había pasado una semana horrible pensando que Scarlett era la amante del General Turner y, ahora que había descubierto que en realidad era su única hija, deseaba recuperar todo el tiempo perdido.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Oliver susurrándole al oído mientras se acomodaban en los sofás del jardín trasero.

—Sí, estoy bien. ¿Y tú? —Le escrutó Scarlett con la mirada tratando de adivinar qué es lo que se le pasaba por la cabeza a Oliver en ese instante.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y le sonrió. Scarlett contuvo las ganas de besarle y  le devolvió la sonrisa.

— ¿Alguien quiere café o una copa? —Preguntó Claire. Uno por uno, comenzaron a hacer sus peticiones y, cuando Claire lo tuvo todo claro, anunció—: Creo que lo tengo todo, en seguida lo traigo.

—Voy contigo y te ayudo —se ofreció Scarlett.

Oliver arrugó la nariz, no quería separarse de ella. Estuvo a punto de levantarse para ir tras ella, pero su abuela lo detuvo y le aconsejó:

—Dale un poco de espacio si no quieres que se agobie.

Oliver aceptó aquel consejo a regañadientes, pero se quedó en el jardín. Su hermano Daniel que, como al resto de la familia, no se le escapaba ni una, le dijo con tono burlón:

—No hace falta que la agarres tanto, no te la vamos a quitar no creo que ella tenga intención de salir corriendo.

—Scarlett te gusta mucho, ¿verdad? —Quiso saber Cynthia.

—Dejad a Oliver tranquilo —les regañó Joe.

Ajena a la conversación que mantenían en el jardín, Scarlett ayudó a Claire a preparar las bebidas y servirlas. Noah no se despegaba de Scarlett y Jake también las siguió a la cocina jugando con la pelota, motivo por el cual Cynthia y Daniel se unieron a ellas. Oliver, tras intercambiar una mirada con su abuela, decidió quedarse en el jardín.

Scarlett se sentía cómoda con la familia de Oliver, pese a que tan solo hacía un par de horas que los conocía. Mientras preparaban las bebidas, Claire y Daniel le hablaron de su trabajo en la granja y de lo gratificante que resultaba poder disfrutar de la vida entre animales y naturaleza. Cynthia contó algunas anécdotas de sus hijos, pero también le hizo una confesión sobre su hijo Oliver:

—Me hubiera gustado que tuviera otro trabajo, pero desde pequeño siempre tuvo claro que se alistaría en el ejército.

—Es un trabajo peligroso pero Oliver ha sido entrenado para ello y sabe cuidar de sí mismo y de los demás muy bien —opinó Scarlett con sinceridad.

—Que conste que estoy encantado de tenerte por aquí, yo y toda la familia —comenzó a decir Daniel antes de preguntar—: Pero, ¿cómo acaba la hija del General viviendo en la granja de la familia del Capitán?

—Estoy bajo protección y mi padre no permitía que saliera de la base a menos que lo hiciera con el mejor de sus hombres —le respondió Scarlett—. Oliver estuvo de acuerdo y entre los dos decidieron que este sería un buen lugar donde mantenerme oculta y a salvo. Por cierto, gracias otra vez por dejar que me quede aquí.

—Cielo, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras —le aseguró Cynthia.

—Y, si te cansas de mi hermano, yo estaré encantado de hacerte compañía —bromeó Daniel.

El pequeño Jake jugaba a la pelota cuando la chutó y, tras rebotar contra la pared, impacto en las costillas de Scarlett, haciendo que se doblara de dolor.

— ¡Maldita sea, Jake! —Espetó Claire para después regañar a su hijo—: ¿Cuántas veces tenemos que decirte que no se puede jugar a la pelota dentro de casa?

— ¿Estás bien? —Le preguntó Daniel.

Cynthia le levantó la camiseta y se horrorizó al ver toda la zona de las costillas llena de hematomas. Todos se asustaron, sobre todo Jake, que comenzó a llorar escandalosamente, llamando la atención de todos los que se encontraban en el jardín. Oliver entró en la cocina y no tuvo que preguntar para averiguar qué había ocurrido. Se abrió paso para llegar a Scarlett y le preguntó:

— ¿Estás bien?

—Estoy bien, no pasa nada —trató de quitarle importancia Scarlett.

Pero no lo consiguió, Oliver estaba furioso, sobre todo consigo mismo. No pudo evitar que Scarlett se lastimara en la selva y tampoco lo había podido evitar en casa de sus padres, ¿qué clase de Capitán del Ejército era?

Jake se asustó al ver la reacción de todos y se marchó de la cocina llorando. Scarlett se sintió fatal por el pequeño Jake, no le había dado con la pelota queriendo, estaba arrepentido y ya se había llevado una buena bronca por parte de su madre y una mirada fulminante de su adorado tío Oliver. Sí, se sentía culpable porque todo aquello no hubiera sido más que una anécdota si no estuviera herida.

—Hemos asustado a Jake —les reprendió Scarlett.

—Todos nos hemos asustado, al menos tienes dos costillas rotas —apuntó Claire.

—Vaya, tienes un ojo clínico —murmuró Scarlett.

— ¿En serio? ¿Dos costillas rotas? —Le reprochó Oliver.

— ¿Y qué querías que te dijera?

—No sé, ¿la verdad? —Le espetó Oliver con sarcasmo.

— ¿Te hubieras sentido mejor sabiendo que tengo dos costillas rotas y un desgarro muscular?

—Pues no —bufó Oliver.

Todos fueron testigos de aquella discusión, pero ninguno se atrevió a abrir la boca para intervenir. En aquel momento, a Scarlett solo le importaba Jake. El niño se había asustado mucho al ver el gran hematoma que cubría la piel de sus costillas y se había marchado llorando. Respiró profundamente y le preguntó a Claire:

— ¿Me acompañas a buscar a Jake?

—Si no te importa, mejor te acompaño yo —se ofreció Joe—. Todos están muy nerviosos y no quiero que Jake acabe traumado.

Scarlett asintió y se dispuso a salir de allí con Joe, pero cuando Oliver le siguió, se volvió hacia a él y le dijo:

—Espera aquí, quiero explicarle que esto no me lo ha hecho él, no quiero que se sienta mal.

Oliver accedió de mala gana, pero se quedó en la cocina mientras su padre se marchaba con Scarlett en busca de Jake. Lo encontraron en el salón, llorando tumbado en el salón. Joe se quedó a un lado y dejó que Scarlett hablara con el pequeño.

—Hola Jake —lo saludó Scarlett, sentándose junto a él en el sofá. Jake se incorporó y ella le sonrió antes de decir—: Perdóname por haberte asustado.

—Pero yo te he hecho daño, no debí jugar a la pelota en casa y ahora el tío Oliver está enfadado conmigo.

Oliver, que no pudo esperar en la cocina, se dirigió al salón y se quedó junto a su padre, escuchando lo que Scarlett le decía a Jake.

—Me temo que el tío Oliver está enfadado con los dos. ¿Sabes cómo me hice esto? —Le preguntó Scarlett. Jake negó con la cabeza y ella le explicó—: El tío Oliver me dijo que me estuviera quieta, pero yo no le hice caso y me subí a un árbol para coger unas frutas. La rama en la que estaba agarrada se partió y me caí al suelo. Y el tío Oliver me regañó, igual que te regaña a ti cuando te dice algo y no le haces caso. ¿Sabes por qué lo hace? —Una vez más, el pequeño negó con la cabeza y Scarlett continuó—: Lo hace porque nos quiere y no quiere que nos pase nada malo.

—Mañana nos iba a llevar al río y ahora no me llevará —sollozó el pequeño.

—Bueno, ¿qué te parece si vamos a hablar con él, le pedimos disculpas y nos portamos bien para que mañana nos lleve al río?

—Eres guay, tía Scarlett —le dijo Jake abrazándola con cuidado para no hacerle daño.

Scarlett no supo qué decir, se quedó allí abrazando al pequeño y sonriendo, le gustaba como sonaba ese tía Scarlett. Joe y Oliver habían escuchado la conversación con atención y ambos estaban fascinados con aquella chica risueña que se había metido en el bolsillo a toda la familia en tan solo unas pocas horas.

—Es una chica muy especial, no seas idiota y no la dejes escapar —le aconsejó Joe a su hijo.

—Ya he sido bastante idiota con ella, ahora estoy intentando compensárselo.

—Imagino que Scarlett no te dijo que tenía dos costillas rotas porque no quería que te sintieras culpable —adivinó Joe.

—Lo sé, es una buena persona.

Scarlett y Jake se levantaron del sofá  y se encontraron a los dos hombres junto a la puerta del salón, mirándoles con una sonrisa en los labios.

—Lo siento, tío Oliver —se disculpó Jake—. Te prometo que seré bueno y te haré caso.

—De acuerdo, ahora ve con el abuelo que te lleve a dormir, que mañana iremos al río.

— ¡Bien! —Gritó Jake eufórico, abrazando a su tío.

Joe se llevó de allí al pequeño Jake y dejó a la joven pareja a solas en el salón para darles un poco de intimidad.

—Yo también te prometo que seré buena y me portaré bien —bromeó Scarlett—. ¿A mí también me llevarás al río mañana?

—Seré tu sombra mientras estés bajo mi protección, no iré a ninguna parte sin ti. Pero tengo que advertirte que a la excursión al río también se unirá mi hermano, Dexter y Caleb —bromeó Oliver y, poniéndose más serio, añadió—: Quiero que me prometas que no volverás a mentirme, ni siquiera una mentira piadosa.

— ¿Estás seguro? Es posible que decisión nos traiga problemas —le advirtió Scarlett con una sonrisa en los labios.

—Una mentira a largo plazo duele más que una verdad en su debido momento —opinó Oliver conteniendo las ganas de abrazarla y de besarla—. Será mejor que regresemos al jardín con los demás antes de que empiecen a sacar sus propias conclusiones.

 Scarlett se sonrojó y apresuró a Oliver para volver al jardín mientras él se reía a carcajadas, hecho que provocó que se llevara un manotazo en el brazo a modo de reprimenda. Entre juegos y risas, los dos salieron al jardín donde todos charlaban tranquilamente, como si no hubiera pasado nada.

—Estábamos a punto de ir a buscaros, pero no queríamos interrumpir —bromeó Daniel al verlos llegar tan sonrientes, ganándose una mirada reprobadora de Oliver.

—Tía Sarlett, ¿vas a venir al río con nosotros?

— ¿Tú quieres que vaya? —Le preguntó Scarlett a Noah, dándole conversación.

— ¡Sí! —Exclamó la pequeña.

—Entonces, tendremos que convencer al tío Oliver.

—Tío Over, ¿puede venir la tía Sarlett al río?

—No sé, ¿tú crees que la tía Scarlett está siendo buena? —Le preguntó Oliver a su pequeña sobrina. Noah asintió con contundencia y Oliver no la hizo sufrir más—: En ese caso, supongo que la tía Scarlett puede venir al río con nosotros.

— ¡Bien! —Gritó la pequeña Noah abrazando a Oliver y después, con mucha más delicadeza, abrazó a Scarlett.

Joe y Cynthia contemplaron la escena e intercambiaron una significativa mirada. Ambos veían a su hijo feliz junto a Scarlett, jamás lo habían visto tan pendiente de una chica y Scarlett les parecía una chica adorable, pero con carácter suficiente para plantarle cara a Oliver. La abuela Sylvia miró a Oliver y le dedicó una amplia sonrisa para hacerle saber que aquella chica le gustaba, gesto que él agradeció. Sin darse cuenta, llevo su brazo alrededor de la cintura de Scarlett y ella le miró, sonrojándose ante aquella pequeña muestra de afecto. Oliver le sonrió y, deseando estar a solas con Scarlett, le dijo:

—Se está haciendo tarde y, si mañana quieres ir al río, tienes que descansar.

— ¿Tan pronto? —Protestó Cynthia.

—Cynthia, los chicos necesitan descansar —le recordó Joe, tratando de echarle una mano a su hijo.

—Nosotros también nos vamos a casa, los peques también tienen que descansar si mañana quieren ir al río —comentó Izan, guiñándole un ojo a su cuñado con complicidad.

—Duerme todo lo que puedas, vas a necesitar todas tus energías para aguantar a estos dos diablillos todo el día —le aconsejó Claire a Scarlett.

—No será para tanto —le respondió Scarlett sonriendo y, antes de marcharse con Oliver a la cabaña, añadió para despedirse de todos—: Muchas gracias a todos por vuestra generosidad y amabilidad, sois una gran familia.

—Es un placer tenerte como invitada, aquí tienes tu casa siempre que quieras —le dijo Joe con sinceridad.

—Buenas noches, familia —se despidió Oliver.

Oliver y Scarlett regresaron a la cabaña dando un paseo. Scarlett estaba nerviosa, pero actuó con normalidad. Fue al baño, se lavó los dientes, se puso su escueto pijama y se metió en la cama junto a Oliver, que la esperaba para ponerle la pomada sobre el hematoma de sus costillas. Sin esperar a que Oliver le dijera nada, Scarlett se levantó un poco la camiseta y se relajó mientras sentía las manos de él recorrer el costado derecho de su torso. Cuando terminó, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Buenas noches, señorita Sanders.

—Buenas noches, Capitán Parker —logró susurrar ella antes de quedarse dormida.