Scarlett se durmió entre los brazos de Oliver durante un par de horas, cuando se despertó de la siesta. Oliver aprovechó para darse una ducha mientras ella deshacía sus maletas y guardaba sus cosas en el armario. Scarlett también quiso darse una ducha antes de ir a cenar con la familia de Oliver y, mientras tanto, él cogió una cerveza del frigorífico, salió al porche y se sentó en el sofá-balancín a esperarla.

Oliver no había tenido tiempo de detenerse a pensar lo que estaba sucediendo, el día había sido una montaña rusa desde que recibió la visita del General Turner a media mañana. Con la adrenalina y la emoción de volver a tener a Scarlett bajo su protección, Oliver olvidó que había quedado con Dexter y Caleb para salir a tomar una copa hasta que les vio aparecer. Dexter y Caleb aparcaron la vieja ranchera junto al coche de Oliver y se acercaron a saludarle:

— ¿Has empezado sin nosotros? —Le saludó Dexter señalando el botellín de cerveza que Oliver tenía en la mano.

—Lo siento, había olvidado que habíamos quedado —se disculpó Oliver.

— ¿Qué ha pasado para que te olvides de tu única actividad social desde que estás de vacaciones? —Quiso saber Caleb, sospechando que se trataba de algo importante.

—El General Turner ha venido a verme este mañana, Scarlett es su hija y quiere que la proteja hasta que detengan a Damian Wilson y a sus hombres —les resumió Oliver.

— ¿La hija del General? —Preguntó Dexter incrédulo.

—Creía que el General no tenía hijos, en su expediente no consta que los tenga —comentó Caleb.

—Scarlett es su única hija.

—No sé qué es peor, que te hubieras acostado con su amante o con su hija —se mofó Caleb.

— ¿Dónde está ahora? —Quiso saber Dexter.

—Se está duchando, mi madre quiere que cenemos todos juntos en su casa —le respondió Oliver, visiblemente nervioso.

Scarlett salió del cuarto de baño ya lista para ir a cenar con la familia de Oliver y, al escuchar algunas voces en el porche, abrió la puerta de la cabaña y allí se encontró a Oliver junto a dos hombres más.

—Hola —saludó tímidamente Scarlett.

Los tres hombres se levantaron de sus asientos y Oliver se encargó de presentar a sus amigos a Scarlett:

—Scarlett, ellos son el Teniente Dexter Coleman y Caleb Baker, nuestro analista —se volvió hacia sus amigos y añadió—: Chicos, ya conocéis a Scarlett.

—No hemos podido conocerte mucho, tan solo nos dieron un nombre y una fotografía que, por cierto, no hace justicia a tu belleza —la piropeó Dexter solo para fastidiar a su amigo. Le tendió la mano a Scarlett y la saludó—: Un placer conocerte por fin.

Oliver fulminó con la mirada a Dexter que le dedicó una amplia sonrisa, sin duda, divirtiéndose con aquella situación. Caleb se acercó a Scarlett y, tras estrecharle la mano a modo de saludo, le susurró con complicidad:

—No te preocupes, siempre están igual.

Scarlett agradeció aquel encuentro tan natural y que, tanto Dexter como Caleb, no la trataran de modo especial por ser la hija del General, porque estaba segura de que Oliver se lo había contado, de lo contrario Dexter no tendría esa sonrisa en la cara.

—Dexter y Caleb ya se marchan —anunció Oliver.

— ¿Acabamos de llegar y ya nos quieres echar? —Le preguntó Dexter con tono burlón.

—Nos están esperando para cenar —insistió Oliver a punto de perder la paciencia.

—Está bien, pero mañana regresaremos —sentenció Dexter—. Tienes muchas cosas que contarnos. Hasta mañana, Scarlett —se despidió de ella plantándole un beso en la mejilla, solo para fastidiar a Oliver una vez más.

—Hasta mañana —gruñó Oliver a modo de despedida.

Scarlett escrutó a Oliver con la mirada, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la mente, pero no consiguió descifrar si estaba molesto por la visita de sus amigos o por no poder salir con ellos al tener que quedarse con ella.

— ¿Te he fastidiado los planes para esta noche?

—No has fastidiado nada —le aseguró Oliver dando el tema por zanjado—. ¿Estás lista para ir a cenar?

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y ambos dieron un paseo recorriendo el camino que separaba la cabaña de la casa principal donde vivían los padres de Oliver. Scarlett estaba nerviosa, conocer a la familia de Oliver le inquietaba, sobre todo dadas las circunstancias por las que estaba allí. Oliver se percató de lo nerviosa y tensa que estaba, la agarró de la mano y se la apretó, gesto que ella le agradeció con una tímida sonrisa.

Cynthia Parker, la madre de Oliver, les vio llegar a través de la ventana y salió al porche para recibirles. Cynthia estaba emocionada por conocer a la chica que le había tocado el corazón a su hijo mayor y, aunque su marido le había recordado la advertencia de Oliver, ella no estaba dispuesta a dejar pasar aquella ocasión para averiguar más sobre aquella prometedora historia de amor.

—Esa es mi madre tratando de ser discreta —bromeó Oliver cuando vio a su madre en el porche, con las manos recogidas sobre el pecho y con una sonrisa de oreja a oreja. Scarlett le dio un discreto codazo a modo de reproche y él le susurró al oído con tono burlón—: Te tratarán como a una más de la familia, con todos sus beneficios y consecuencias.

— ¿Qué quieres decir?

—En seguida lo averiguarás —le respondió Oliver mientras subían los cinco escalones que conducían al porche de la casa.

Cynthia estaba emocionada, era la primera vez que su hijo mayor traía a casa a una chica que le gustaba y eso quería decir que aquella chica le importaba de verdad, sobre todo dadas las circunstancias en las que había decidido presentarla a la familia y siendo la hija de su jefe, el General Turner.

—Mamá, ella es Scarlett. Scarlett, ella es mi madre, Cynthia —Oliver hizo las presentaciones oportunas.

—Encantada de conocerla, señora Parker —la saludó Scarlett devolviendo el abrazo que Cynthia le daba.

—Por favor, llámame Cynthia. ¿Te has instalado ya en la cabaña? —Le preguntó invitándoles a entrar—. Le he dicho a Oliver que estarías más cómoda aquí, que tenemos una habitación de invitados con baño propio, pero ha insistido en instalarse en la cabaña hasta que traigan los muebles a su casa. ¿Te la ha enseñado ya?

—Mamá, por favor —la regañó Oliver—. Acaba de cruzar la puerta y ya la estás aturullando con tu verborrea.

Scarlett le dio otro codazo que acompañó con una mirada de reprobación que no pasó desapercibida para Cynthia.

—No le hagas caso, Cynthia —le quitó importancia Scarlett a las palabras de su hijo—. Llevo encerrada en casa de mi padre más de una semana y me apetece mucho poder charlar con alguien.

—Oliver nunca ha sido muy dado a la palabra —intervino Daniel, el hermano menor de Oliver.

—El gracioso es mi hermano Daniel —Oliver informó a Scarlett. Se volvió hacia su hermano y le advirtió—: Scarlett es la hija del General Turner.

—Un placer, Scarlett —la saludó Daniel tendiéndole la mano para después coger la suya y llevársela a los labios solo para fastidiar a su hermano.

Oliver apretó los dientes y fulminó a Daniel con la mirada, pero logró contener sus palabras para no incomodar a Scarlett discutiendo con su hermano, aunque aquella fuera la forma que tenían de comunicarse y mostrar su afecto.

—Oliver, ¿por qué no le enseñas a Scarlett el jardín y la piscina? —Le propuso Cynthia para sacar de aquella incómoda situación a Scarlett y poder reprender a Daniel a gusto.

Oliver no lo dudó ni un instante, agarró a Scarlett de la mano y salió al jardín cruzando el amplio salón. Scarlett se sentía un poco fuera de lugar, pero estaba encantada de estar allí y conocer a la familia de Oliver. Le gustó que se mostraran con tanta naturalidad y se divirtió siendo testigo de la sana rivalidad que existía entre Oliver y su hermano Daniel.

—Si en cualquier momento quieres marcharte, solo tienes que decírmelo —le aseguró Oliver una vez a solas en el jardín—. No puedo culparte por ello.

—Eres demasiado dramático, a mí me ha parecido una familia de lo más entretenida y divertida —opinó Scarlett.

—Espero que continúes pensando lo mismo cuando conozcas al resto de la familia.

—He conocido a tu madre y a tu hermano, ¿a quién más conoceré hoy?

—A toda la familia, todos están aquí y quieren conocerte.

— ¿Qué les has contado sobre mí?

—Les he dicho que somos amigos y también que eres la hija del General Turner, nada que pueda incomodarte —la tranquilizó Oliver—. Mi padre es un hombre de pocas palabras, pero con un gran corazón; mi abuela es muy intuitiva, no trates de mentirla; con mi hermana te llevarás bien y con mi cuñado también; y mis sobrinos, aunque son un par de trastos, son de lo más adorable.

Scarlett sonrió y pensó que él sí que era adorable cuando hablaba de sus sobrinos. Continuaron hablando mientras paseaban cruzando el jardín, rodearon la piscina y siguieron por un camino lateral hasta llegar a unos columpios donde los sobrinos de Oliver se divertían bajo la vigilancia de su madre y de su bisabuelo.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

— ¡Tío Over! —Exclamó Noah, que a sus dos años ya comenzaba a hablar, aunque no siempre se la entendía.

Ambos niños salieron corriendo para arrojarse a los brazos de su tío. El primero en llegar fue Jake que, con seis años, fue más rápido que su hermana Noah, que tan solo tenía dos. Tras saludar a los pequeños, Oliver saludó a su abuela Sylvia y a su hermana Claire. Acto seguido, presentó a Scarlett:

—Ella es Scarlett, pasará una temporada por aquí —. Colocó su mano sobre la espalda de Scarlett y le dijo—: Ellas son mi abuela Sylvia, mi hermana Claire y mis adorables sobrinos, Jake y Noah —. Se volvió hacia sus sobrinos y añadió con un tono más dulce—: Chicos, Scarlett se va a quedar unos días por aquí. Vais a ser buenos con ella, ¿verdad?

—Sí —le aseguró el pequeño Jake, chocándole los cinco.

La pequeña Noah se acercó a Scarlett mirándola tímidamente hasta que, de repente, se abrazó a sus piernas y exclamó:

— ¡Tía Sarlett!

Todos estallaron a reír a carcajadas, incluso Oliver, pero Scarlett se ruborizó al escuchar a Noah y no pudo más que articular una extraña mueca. La abuela Sylvia, percatándose de la incomodidad que sentía Scarlett y, con la mejor de sus sonrisas, le plantó un beso en la mejilla y la saludó amablemente:

—Scarlett, tienes un nombre precioso, ideal para una chica tan hermosa como tú. Oliver y toda la familia haremos que te sientas como en tu propia casa mientras estés aquí.

—No te dejes engañar, Scarlett —le advirtió Claire bromeando—. En esta familia no estamos muy cuerdos, pero somos inofensivos y muy entretenidos.

—Está bien saberlo —comentó Scarlett divertida.

—Venga, todo el mundo a casa a cenar —los apresuró Oliver.

Noah agarró la mano de Scarlett y no se separó de ella durante todo el camino de regreso a la casa principal de los Parker. Oliver tampoco se separó de ella, colocó su brazo alrededor de la cintura de ella y no la soltó hasta que llegaron a la casa.

Cynthia ya tenía lista la cena y había preparado la mesa, que estaba lista para servir los platos. Hizo pasar a toda la familia al comedor mientras esperaban que llegaran los dos hombres que faltaban: Joel, el padre de Oliver, e Izan, el marido de Claire. Ambos estaban en el corral, examinando a las vacas y sus pequeños terneros de pocas semanas de vida. La abuela Sylvia le contó a Scarlett un montón de anécdotas de la granja, haciéndola reír a ella y al resto de la familia. Poco rato después, se unieron a ellos Joe e Izan, ya duchados y listos para cenar en familia.

—Tú debes ser Scarlett —adivinó Joe tendiéndole la mano—. Bienvenida, espero que todos te hagamos sentir como en tu propia casa.

—Muchas gracias, todos están siendo muy amables conmigo —le respondió ella con una tímida sonrisa en los labios.

—Yo soy Izan, el marido de Claire y el padre de los dos monstruitos adorables —se presentó Izan estrechando la mano de Scarlett.

—Encantada de conocerte —le saludó ella.

Cynthia tomó el rol de anfitriona y les hizo pasar al comedor para que se sentaran a la mesa mientras ella servía los platos. Oliver se sentó a un lado de Scarlett y Noah se sentó al otro lado, pues se negaba a separarse de Scarlett. Un rato después, todos cenaban mientras charlaban alegremente. Scarlett se relajó al comprobar que todos la trataban con amabilidad y, tal y cómo le había prometido Oliver, la trataban como a una más de la familia. Oliver estuvo pendiente de ella en todo momento, acariciando suavemente su espalda con la palma de la mano para hacerle saber que todo iba bien y que no tenía ningún motivo para preocuparse, gesto que ella agradecía con una sonrisa. A ninguno de los presentes se les pasó por alto el comportamiento tan protector y delicado de Oliver con Scarlett, él mismo les había reconocido que aquella chica le gustaba, pero todos intuían que se trataba de algo más que eso. Joe, el padre de Oliver, que conocía muy bien a su hijo y compartían el mismo carácter, supo al instante que Scarlett era una chica muy especial para él, una gran chica que Oliver no dejaría escapar. La abuela Sylvia, que tenía un sexto sentido cuando se trataba de todo lo relacionado con el amor, intuyó que aquella sería la primera de muchas cenas familiares a las que Scarlett asistiría como una más de la familia.