Scarlett durmió toda la noche de un tirón y no se despertó hasta el amanecer, cuando Oliver depositó un leve beso sobre su cabeza y se levantó de la cama. Scarlett gruñó a modo de protesta y él, tras darle un tierno beso en los labios, le susurró:

—Necesito darme una ducha, no tardaré más de diez minutos.

Asintió y sonrió, viendo a Oliver desaparecer tras la puerta del cuarto de baño. Scarlett se desperezó y se levantó de la cama. Mientras Oliver se duchaba, ella cogió una muda de ropa limpia del armario y tomó el relevo en la ducha cuando Oliver salió del cuarto de baño.

—Voy a preparar el desayuno, te espero en la cocina —le dijo Oliver.

A Scarlett no le pasó por alto que Oliver, pese a que estaba muy cariñoso con ella, también se mostraba cauteloso. Tenían una conversación pendiente y Scarlett decidió no hacer conjeturas hasta haber hablado con él, quizás por esa misma razón Oliver se mostraba cauteloso.

Tras ducharse y vestirse, Scarlett bajó a la cocina y allí se encontró a su padre con Oliver. El General abrazó a su hija mientras le daba los buenos días y después, consciente de que la pareja necesitaba estar a solas para hablar, se excusó y les dijo:

—Tengo que ir al centro de operaciones, nos vemos luego.

— ¿Y Scott? —Quiso saber Scarlett.

—Está bien, pero necesita descansar y guardar reposo durante unos días. Podrás ir a verle más tarde, pero antes desayuna y ven a verme para prestar declaración.

— ¿Necesito un abogado? —Bufó Scarlett.

—Es el procedimiento rutinario y debes hacerlo —intervino Oliver—. Si quieres, puedo acompañarte y estar presente cuando lo hagas.

—Haré lo que queráis, solo quiero acabar con todo esto cuanto antes —accedió Scarlett.

—Os veo luego —se despidió el General.

Scarlett se sentó a la mesa y Oliver sirvió un par de tazas de café. Scarlett estuvo a punto de rechazarla, pero finalmente la aceptó prometiéndose en silencio que no tomaría más de un café al día.

—Tenemos que hablar, Scarlett —comentó Oliver en cuanto se quedaron a solas.

— ¿Hay alguna posibilidad de olvidarnos de todo esto y fingir que no ha pasado?

—No, necesito que me digas qué te ocurre. Sé que algo no va bien y que, sea lo que sea, me lo estás ocultando.

—Te escuché hablar por teléfono con Wendy de madrugada, no sabía lo que estaba pasando y no quería discutir contigo justo antes de que te marcharas.

Scarlett le relató toda la historia sin omitir ningún detalle, incluso le confesó que había liado a Scott para acceder al expediente médico de Wendy Allen para descubrir cuál era la relación que les unía a ambos. Oliver la escuchó con atención, sin interrumpirla y sin juzgarla. Cuando Scarlett terminó su relato, Oliver le dijo:

—Cuando prestes declaración, sería conveniente que omitieras tu faceta de investigadora, te recuerdo que leer un expediente confidencial es un delito.

— ¿Eso es lo único que vas a decirme?

— ¿Qué esperas que te diga?

—He matado a una persona, una persona que tú conocías y con la que, aunque extraña, mantenías una relación —le recordó Scarlett.

—Fue en defensa propia, tuviste que hacerlo para protegerte a ti y a Scott. En cuanto a mi relación con Wendy, imagino que ya lo habrás investigado o tu padre te habrá puesto al corriente. La única razón por la que me he hecho cargo de sus gastos en la clínica es porque no tiene familia y hubiera terminado en la calle. Ella era una persona risueña y divertida, pero cuando regresé de la academia militar después de más de un año fuera, Wendy pensaba que teníamos una relación y se había montado su película, así que le aclaré que entre nosotros no había nada y comenzó a acosarme. Me seguía a todas partes, se presentaba como mi prometida a todos mis familiares, amigos y compañeros de trabajo. Hasta que la situación fue insostenible y tuve que tomar medidas legales.

—No necesito que me cuentes nada más —intervino Scarlett—. En realidad, me bastaba con saber que no estabas llevando una doble vida. No te voy a negar que fue bastante impactante escuchar que tenías una prometida escondida en alguna parte.

—Eso es un disparate, he estado pegado a ti las veinticuatro horas del día durante meses, ¿de dónde iba a sacar tiempo para tener una amante? —Bromeó Oliver para rebajar la tensión.

—Espero que la falta de tiempo no sea la única razón por la que no te buscas una amante —le replicó Scarlett.

—Te amo, nena. No lo dudes nunca, ni siquiera por un segundo —le susurró él con la voz ronca.

—Entonces, ¿estamos bien?

—Estamos mejor que nunca, preciosa —le confirmó Oliver—. Termina de desayunar, te acompañaré a declarar con tu padre y después visitaremos a Scott.

A Scarlett le bastó aquella respuesta por el momento, pero le inquietó que, pese a que habían pasado la noche juntos, Oliver se había limitado a abrazarla y a besarla levemente en los labios como mucho. Echaba de menos que la besara apasionadamente, que la mirara con esa sonrisa traviesa y le hiciera el amor salvajemente. Se intentó convencer de que Oliver estaría agotado tras una misión de más de dos semanas y la situación a su regreso no acompañaba, aunque no pudo evitar pensar que quizás Oliver ya no se sentía atraído por ella.

—Scarlett, ¿va todo bien? —Le preguntó Oliver escrutándola con la mirada—. Sé que probablemente estés asimilando todo lo que ha ocurrido y no te quiero presionar, pero la verdad es que no sé cómo actuar. No sé si te molesta mi presencia, si prefieres que te deje sola o si simplemente estás en shock y necesito que me ayudes a entenderte, cariño.

— ¿Ya no te atraigo? —Le preguntó ella con un hilo de voz, incapaz de mirarle a la cara.

— ¿Qué?

—Ya me has oído —masculló molesta.

—Nena, ¿qué se te ha pasado por la cabeza para llegar a hacerme esa pregunta? —Le preguntó Oliver horrorizado—. Scarlett, te amo. Te amo más que a mi propia vida. No quiero que lo dudes nunca.

—Entonces, ¿por qué estás tan distante? Llevas más de dos semanas sin verme, te has metido conmigo en la cama y… Bueno, tú ya me entiendes.

—Nena, me encanta el sexo contigo, pero eso no es lo que más me gusta de ti.

— ¿Qué es lo que más te gusta?

—No sabría decidirme por una sola cosa. Me gusta verte dormir entre mis brazos, que te hagas la remolona por la mañana y me ruegas que te deje dormir cinco minutos más, cuando me sonríes de esa manera tan especial y me dices que quieres jugar. Me gusta todo de ti, excepto que tengas secretos para mí.

—Tú también tienes secretos —le recordó Scarlett con un ligero tono de reproche.

—Ya no tengo ningún secreto, pero esperaré el tiempo que necesites hasta que decidas contármelo.

—No tengo nada que contar, ya lo hemos hablado todo y ahora solo quiero acabar con esto, ir a visitar a Scott y pasar el resto del día en una cama contigo.

—Mañana es Navidad —le recordó Oliver.

—Me da igual, he estado muchos días sin ti y no quiero compartirte con nadie.

—Tenía planeado darte una sorpresa cuando regresara a casa, invitarte a cenar, tomar una copa y hacerte el amor toda la noche —le susurró Oliver con la voz ronca—. No podemos ir a casa porque el servicio de limpieza se pasará el día allí, pero podemos ir a cenar a un buen restaurante y pasar la noche en un hotel.

—O también podemos ir directamente al hotel y pedir que nos suban la cena a la habitación.

—Mm… ¿Me has echado de menos?

—Muchísimo —le confirmó Scarlett abrazándose a él con fuerza.

—Tendremos tiempo de jugar más tarde, pero primero tenemos que reunirnos con tu padre y después iremos a visitar a Scott.

Por primera vez en más de dos semanas, Scarlett sonrió de verdad. Todavía le tenía que dar la noticia a Oliver, pero decidió esperar un poco, acababa de regresar y todavía se estaban recuperando del susto del día anterior.

Oliver acompañó a Scarlett a declarar frente a su padre y después fueron a visitar a Scott que, ya despierto habiendo descansado, quería abandonar la cama y regresar a su casa.

—Guarda reposo hasta mañana, os esperamos en la granja para comer todos juntos y en familia —le dijo Oliver.

Scarlett, que sufría los altibajos de la revolución de hormonas en su cuerpo, comenzó a sollozar. Scott y Oliver se miraron sin entender el motivo que había provocado el llanto, pero ninguno supo la respuesta. Oliver la abrazó y le susurró al oído:

—Nena, no llores.

—Eso intento, pero no puedo controlarlo —sollozó Scarlett aún más fuerte.

—Pequeña, ¿te has fumado algo antes de venir? —Se mofó Scott tratando de hacerla sonreír.

— ¡No! —Gruñó Scarlett.

—Creo que necesitas relajarte un poco, han sido muchas emociones en muy poco tiempo —le aconsejó Scott—. Ambos lo necesitáis.

—Tienes razón y eso es justo lo que vamos a hacer en cuanto salgamos de aquí —anunció Oliver.

—Será mejor que no perdáis el tiempo, mañana nos vemos.

Oliver y Scarlett se despidieron de Scott y se marcharon de la base. Oliver condujo en silencio hasta llegar a casa. El servicio de limpieza ya había finalizado su trabajo y no quedaba ni rastro de lo ocurrido el día anterior. Se prepararon un sándwich para comer y decidieron hacer una pequeña maleta con una muda de ropa para el día siguiente.  

—Cariño, ¿lo tienes todo? —Le preguntó Oliver entrando al dormitorio por enésima vez. Al comprobar que todavía no había preparado su maleta, añadió—: Scarlett, ¿no quieres que pasemos la noche en un hotel?

—La verdad es que prefiero quedarme aquí, en nuestro dormitorio.

—Ven aquí, preciosa —le susurró él con la voz ronca, sentándose en la cama y agarrándola por la cintura para colocarla sobre su regazo. La acunó entre sus brazos y añadió—: No puedo verte así, Scarlett. Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor.

—Dime que me quieres, que te vas a quedar conmigo siempre, pase lo que pase.

—Te amo, cariño. Me voy a quedar contigo siempre, pase lo que pase —le aseguró él. Buscó el anillo de compromiso que llevaba guardado en el bolsillo de la chaqueta y, entregándole la caja aterciopelada a Scarlett, continuó susurrándole al oído—: Había planeado una velada romántica, quería que todo fuera perfecto. Pero creo que no hay un momento más perfecto que este para decirte que te amo con locura y que quiero pasar el resto de mi vida contigo, pase lo que pase. Nena, ¿quieres casarte conmigo?

Scarlett se volvió para mirarle a la cara y, cuando vio que la miraba con extrema dulzura, se echó a llorar. Oliver, que no comprendía la reacción de Scarlett, la abrazó con fuerza y le susurró:

—Nena, no llores, por favor —depositó un leve beso sobre sus labios y añadió tratando de ocultar su decepción—: No tenemos que casarnos si tú no quieres, no pasa nada.

—Pues claro que quiero casarme contigo —sollozó Scarlett.

—Entonces, ¿por qué lloras, cariño?

—Tengo que contarte algo y no sé cómo te lo vas a tomar.

—Me estás asustando, dime qué ocurre.

—Estoy embarazada —le soltó Scarlett sin andarse por las ramas.

Oliver la escrutó con la mirada tratando de adivinar si estaba hablando en serio o si le estaba tomando el pelo para ver cuál era su reacción. Sin embargo, sonrió al pensar que un pedacito de ambos crecía en su vientre.

—Nena, dime que es cierto y no estás bromeando, nada me haría más feliz que tener un bebé contigo.

—No bromeo, serás papá a principios de junio —le respondió Scarlett sonriendo aliviada. Se puso en pie y, tras rebuscar en su bolso, le entregó el sobre con las ecografías que le había realizado el doctor—. Son las primeras fotos de nuestro bebé.

Oliver abrió el sobre y sacó las ecografías. Observó en silencio las fotos de su bebé y entendió las extrañas reacciones de su futura esposa. Él también estaba nervioso, era su primer hijo y temía no estar a la altura de las circunstancias, pero deseaba a ese bebé con todas sus fuerzas.

— ¿No vas a decir nada? —Le preguntó Scarlett con impaciencia, temiéndose que Oliver se enfadara por no habérselo contado antes.

—Te amo, nena. A ti y a nuestro bebé —le dijo abrazándola y acariciando su vientre—. Pero quiero que me prometas que no va a ver ningún secreto más entre nosotros, debiste decírmelo antes para que te acompañara a la visita con el doctor.

—Tú acabas de marcharte, no podía contártelo por teléfono y ayer cuando regresaste…

—Eres mi prioridad, Scarlett —la interrumpió Oliver—. Dejaré todo lo que tenga entre manos para estar contigo, sobre todo en un momento así.

—Lo siento, te prometo que no habrá más secretos entre nosotros. La próxima vez, te lo diré en cuanto tenga la más mínima sospecha —bromeó Scarlett.

—Por supuesto que lo harás. Quiero que formemos una familia numerosa.

—De momento, veamos qué tal se nos da tener un solo hijo.

—Te amo, nena.

—Yo también te amo —le respondió Scarlett antes de besarle apasionadamente.

FIN