La protegida del Capitán 20.

El General Turner estaba en el centro de operaciones de la base junto al Coronel Wilmore, esperando que el equipo al completo regresara a casa. Oliver le había pedido que no le dijera a Scarlett que estaba de regreso porque quería darle una sorpresa y el General le complació, pero se sentía inquieto. Sabía que algo le ocurría a su hija y, aunque al principio pensó que se debía a la ausencia de Oliver, con el paso de los días intuyó que, además de la distancia, algo más le afectaba.

El Capitán Parker y su equipo estaban aterrizando en la pista de la base cuando el General Turner recibió la llamada de Scott. El General tenía un sexto sentido para los secretos y, desde la noche anterior, sospechaba que Scott y Scarlett se traían algo entre manos.

—Scott, ¿va todo bien?

—Estoy en casa del Capitán Parker, una chiflada ha entrado en la casa, va armada y estoy herido —le respondió Scott entre jadeos. Se oyó una ráfaga de disparos y añadió—: Scarlett está bien, pero no sé por cuanto tiempo. La familia del Capitán está informada, les he dicho que se encerraran en el sótano de sus casas hasta que fuésemos a buscarlos. Envía refuerzos y al equipo médico.

— ¿Quién es esa chiflada? —Exigió saber el General.

—Wendy Allen, una ex novia de instituto del Capitán Parker que se ha escapado de la clínica en la que está internada.

—Saca a mi hija de ahí, Scott —le ordenó el General—. Envío refuerzos y al equipo médico, en seguida estaremos allí.

El tono de voz del General alertó al Coronel y, en cuanto colgó la llamada, el Coronel le preguntó con preocupación:

—Trevor, ¿qué está ocurriendo?

El General le hizo un gesto con la mano para que esperara un momento y, tras pedir que enviaran refuerzos y al equipo médico a casa del Capitán Parker, se volvió hacia el Coronel y le resumió:

—Era tu hijo, tienen un problema en casa de Oliver. Vamos para allá y te lo cuento por el camino —concluyó el General, visiblemente nervioso.

—Oliver acaba de aterrizar, deberíamos informarle —opinó el Coronel.

El General asintió, lo más sensato era esperarle y dirigirse a la granja todos juntos. En cuanto Oliver puso un pie en el centro de operaciones de la base y vio la cara del General y la del Coronel, supo que algo iba mal.

— ¿Dónde está Scarlett?

—En tu casa, con el Teniente Wilmore y Wendy Allen —le respondió el General que, al igual que el Coronel, conocían la existencia de Wendy Allen desde hacía más de diez años.

— ¿Scarlett está bien? —Preguntó Oliver conteniendo la respiración.

—Lo estaba hace cinco minutos, he enviado refuerzos y al equipo médico. Vamos para allá, ¿nos acompañas? —Le propuso el General.

Oliver asintió y, tras hacerle un gesto a Dexter para que también les acompañara, los cuatro hombres se dirigieron a la granja de los Parker en uno de los vehículos oficiales del General.

Cuando llegaron a la granja, el equipo médico saca a Scott de la casa en una camilla y Scarlett les acompañaba con la ropa cubierta de sangre y visiblemente afectada. Oliver bajó saltó del vehículo antes incluso de que se detuviera y se dirigió hacia a donde estaba Scarlett, pero uno de los soldados le detuvo y requirió su presencia en la cocina de la casa. El soldado prácticamente le arrastró al interior de la casa mientras él cruzaba la mirada con la Scarlett.

Scarlett estaba confusa, no entendía por qué Oliver se dirigía al interior de la casa en lugar de reunirse con ella y preguntarle si estaba bien. La había mirado, se había dado cuenta de que le había visto, pero no le había dicho nada. Scarlett dedujo que Oliver se había enterado de que había matado a Wendy Allen y suspiró con resignación.

—Cielo, ¿estás bien? —Le preguntó el General, sacándola de sus pensamientos—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha ocurrido a Scott?

—Estoy bien, pero Scott tiene una herida de bala en el hombro y otra en el brazo, ha perdido mucha sangre y se lo llevan al quirófano de la base para intervenirle. Quiero ir con Scott, papá.

—Ve con él, pero no te muevas de la base. Hablaremos más tarde.

Scarlett sabía que aquel hablaremos en realidad significaba que la sometería a un interrogatorio hasta descubrir todo lo que había ocurrido, pero al menos tendría un par de horas para asimilarlo antes de responder a sus preguntas. Miró hacia la puerta de la casa una última vez antes de subir al todoterreno que la llevaría a la base, pero no vio a Oliver por ninguna parte. No dejaba de preguntarse si Oliver estaba enfadado, asustado o aturdido por lo que había ocurrido momentos antes de que él llegara a casa y, por más que se esforzaba, tampoco entendía su reacción.

Cuando Scarlett llegó a la base y se dirigió al ala hospitalaria, se encontró al Coronel Wilmore en el pasillo de acceso al área de quirófanos y le preguntó:

— ¿Se sabe algo?

—Acaba de entrar en quirófano, le han tenido que hacer una transfusión de sangre, pero parece que no corre ningún peligro.

Scarlett suspiró aliviada y se dejó caer sobre uno de los asientos que había en el pasillo. Eran demasiadas emociones en muy poco tiempo y apenas podía asimilar todo lo que había pasado durante los últimos días. Que Oliver la hubiera ignorado en lugar de abrazarla tras estar separados tantos días tampoco ayudaba.

Durante más de dos horas, el Coronel Wilmore y Scarlett esperaron en aquel pasillo hasta que el doctor les anunció que la operación había concluido con éxito y que el paciente ahora solo necesitaba descansar y guardar reposo. El doctor les acompañó a la habitación donde habían llevado a Scott y les permitió verlo un minuto para no molestarle, ya que Scott estaba dormido.

—Estás pálida, deberías descansar —le dijo el Coronel a Scarlett cuando salieron de la habitación de Scott.

—Estoy un poco mareada, creo que debería sentarme y…

Scarlett perdió el conocimiento y, gracias a los rápidos reflejos del Coronel Wilmore, evitó darse un batacazo contra el suelo. El Coronel la sostuvo en los brazos y llamó a gritos al doctor, que apareció de inmediato.

Scarlett no recobró el conocimiento hasta unos minutos más tarde, mientras el doctor monitorizaba sus constantes.

— ¿Qué ha pasado? —Preguntó Scarlett desorientada.

—Te has desmayado, probablemente debido al estrés por lo ocurrido, pero quiero hacerte una analítica de sangre para quedarme más tranquilo —le respondió el doctor.

—Estoy bien, no quiero que me hagas ninguna analítica —bufó Scarlett retirando todos los cables que el doctor le había puesto e incorporándose en la camilla.

—Scarlett, necesitas descansar —insistió el doctor con tono severo—. Tu cuerpo está enviando señales de alarma y debes cuidarte, lo primero es la salud.

Aquellas palabras hicieron que Scarlett cambiara el chip por completo. Ya no se trataba de su salud, sino de la salud de su bebé. Tenía que empezar a cuidarse, debía descansar y también dejar de tomar café.

—Tienes razón, necesito descansar y eso es lo que voy a hacer —le aseguró Scarlett—. Gracias por todo, doctor.

—Llámame si necesitas algo —se despidió el doctor.

El General llegó a la base mientras el doctor atendía a Scarlett y el Coronel le puso al corriente de lo sucedido.

—Cielo, ¿estás bien? —Le preguntó el General en cuanto la vio.

—He estado mejor, pero me conformo con una ducha y una cama.

—Vamos a casa, necesitas descansar —sentenció el General.

El General Turner llevó a su hija a casa y, mientras ella se duchaba, él preparó una deliciosa cena. Scarlett no tenía apetito, pero hizo un esfuerzo para complacer a su padre y mantener alimentado a su bebé. Cuando se sentaron a la mesa para cenar, Scarlett se armó de valor y le preguntó a su padre:

— ¿Dónde está Oliver?

—Vendrá más tarde, está coordinando el escenario. ¿Quieres contarme lo que ha pasado?

Scarlett le contó todo desde el principio y sin omitir ningún detalle mientras el General Turner la escuchaba con atención, frunciendo el ceño de vez en cuando y haciendo un esfuerzo por reprimir sus ganas de regañar a su hija al tomar ciertas decisiones. Scarlett se desahogó entre sollozos y le confesó a su padre su mayor temor:

— ¿Crees que Oliver me va a perdonar?

—Cielo, Oliver me ha hecho la misma pregunta —reconoció el General sonriendo—. Estaba asustado, pensábamos que podía haberte pasado cualquier cosa.

—Pero se ha quedado allí y ni siquiera me ha saludado.

—Acaba de aterrizar tras un vuelo de más de veinte horas, el hombre ha reaccionado lo mejor que ha podido en ese momento —le defendió el General—. Debéis hablar, pero no dejes que el fantasma de Wendy Allen rompa vuestra relación.

— ¿La conocías? ¿Sabías quién era?

—Sí, Oliver nos lo contó cuando ocurrió, hace más de diez años. Esa pobre chica perdió la cabeza y Oliver se sintió culpable. La chica no tenía ningún pariente ni nadie que se hiciera cargo de ella, por eso Oliver decidió afrontar todos los gastos cuando la internaron en la clínica.

—Nada de esto hubiera pasado si nos comunicáramos mejor —reflexionó Scarlett.

Terminaron de cenar entre confidencias y después Scarlett se retiró a su habitación para intentar descansar. Sabía que no iba a poder dormir hasta que hablara con Oliver, pero al menos trataría de descansar y pensar qué le iba a decir a Oliver cuando le viera.

Se metió en la cama y, aunque lo intentó, Scarlett estaba demasiado nerviosa para dormir. No podía dejar de pensar en su encuentro con Oliver, en qué le diría él y qué le diría ella, y en cómo sería su vida a partir de ahora. Se llevó las manos al vientre, acariciándolo con un gesto protector, y le susurró a la barriga:

—Me temo que vamos a tener que esperar unos días más para contárselo a papá, cuando todo esté más tranquilo.

Un par de horas más tarde, Scarlett escuchó varios pasos y algunos murmullos procedentes del salón y agudizó el oído. No fue capaz de descifrar qué decían, pero no tuvo ninguna duda de que aquellas voces eran de su padre, de Oliver y de Dexter. Unos minutos después, escuchó unos pasos subiendo la escalera y fingió estar dormida cuando la puerta de su habitación se abrió.

Oliver estaba hecho un manojo de nervios, ni en la peor de las misiones que le habían asignado lo había pasado tan mal como en aquel momento. Se odiaba por haber expuesto a Scarlett en peligro y por no haberle hablado de Wendy. Seguía sin creerse que Wendy se hubiera fugado de la clínica en la que estaba internada para ir a buscarle y que, al no encontrarle y ver allí a Scarlett, la tomó con ella. No quería ni imaginar todo lo que se le habría pasado por la cabeza a Scarlett al ver a Wendy armada y decidida a acaba con su vida, ni tampoco quería imaginar qué hubiera sido de él si a Scarlett le hubiera pasado algo. Y, aunque Scarlett no había resultado herida durante el ataque de Wendy, sí resultó herido el Teniente Wilmore, hijo del Coronel Wilmore y como un hermano para Scarlett, algo que no sería fácil de perdonar. Y después estaba lo del desmayo de Scarlett, el doctor y el General le habían asegurado que probablemente se debía al estrés sufrido al vivir semejante suceso, pero Oliver quedó satisfecho con aquella explicación en cuanto supo que Scarlett se había negado a que le hicieran cualquier prueba diagnóstica. Para colmo, su familia le había confesado que Scarlett había estado extraña desde que él se marchó, todos intuían que algo le ocurría pero Scarlett no había hablado con nadie sobre el tema. La abuela Sylvia fue la única que habló con seguridad en sus palabras y por eso Oliver se aferró a ellas con la esperanza de que la intuición de su abuela no fallara ahora por primera vez.

—Scarlett te ha echado de menos y, aunque lo ha intentado disimular, la verdad es que no se le ha dado demasiado bien —le dijo la abuela esa noche en la granja—. Necesita saber que vas a estar ahí para cuidarla y no creo que sean palabras lo que busca, sino hechos.

Oliver sonrió con amargura ante aquel consejo. Amaba a Scarlett por encima de todas las cosas y había planeado una maravillosa noche junto a ella para celebrar su regreso, con una sorpresa preparada, un discurso aprendido de memoria y un anillo de compromiso en una caja envuelta para regalo que ahora descansaba guardada en el bolsillo de su chaqueta.

Pese a que el General Turner se mostraba bastante optimista y le animó a subir a la habitación de Scarlett, Oliver tenía sus dudas y no se sorprendería si Scarlett le recibía con un portazo en las narices. Respiró profundamente y abrió la puerta de la puerta de la habitación. Tuvo que esperar un par de minutos hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación y entonces distinguió a Scarlett tumbada en la cama. Caminó despacio y sin hacer ruido hasta llegar a ella, se agachó y le susurró al oído muy bajito:

—Te amo, mi vida.

Scarlett lo escuchó y tuvo que hacer un esfuerzo para contener las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Oliver supo que Scarlett estaba despierta, su respiración desacompasada la delataba, así que se tumbó en la cama junto a ella, la abrazó pegando su pecho a la espalda de ella, y continuó susurrándole al oído:

—Sé que estás enfadada y lo entiendo, Scott está herido y si a ti te hubiera llegado a pasar algo yo… —Oliver se interrumpió, no quería pensar en eso—. Debí habértelo contado antes, pero la verdad es que, después de tantos meses sin verla ni saber nada de ella, tampoco pensé en ella hasta que me llamó un día antes de marcharme. Jamás imaginé que podías estar en peligro, no te hubiera dejado sola de haberlo sabido.

— ¿No estás enfadado conmigo? —Le preguntó Scarlett con un hilo de voz.

— ¿Cómo voy a estar enfadado contigo? Casi te matan por mi culpa.  

—Fui yo quien disparó a Wendy —le confesó Scarlett.

—No hubieras tenido que hacerlo tú si yo hubiese estado en casa —insistió Oliver estrechándola entre sus brazos—. Hablaremos mañana, ahora debemos descansar un poco.

Scarlett logró conciliar el sueño entre los brazos de Oliver y él estaba tan agotado y relajado ahora que volvía a estar junto a Scarlett que se durmió unos minutos después que ella.

2 comentarios

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