Después de cenar en casa de los padres de Oliver con toda la familia, Scarlett regresó a casa y esperó la llamada de Oliver mientras leía en la cama. A la once de la noche, el teléfono fijo de la casa comenzó a sonar y Scarlett, pensando que podía ser él, no dudó en descolgar el teléfono:

— ¿Hola?

— ¿Está Oliver en casa?

Scarlett frunció el ceño al escuchar una voz de mujer preguntando por Oliver a esas horas de la noche e imaginó que se trataba de la tan Wendy.

— ¿Quién pregunta por él?

—Soy Wendy, su prometida y futura madre de su bebé —le respondió la mujer al otro lado del teléfono.

—Oliver no está en casa, pero le diré que ha llamado en cuanto regrese a casa —le respondió Scarlett antes de colgar.

No pudo digerir aquellas palabras y tuvo que correr hasta llegar al cuarto de baño para vomitar. Aquella mujer aseguraba ser la prometida de Oliver y la futura madre de su bebé, ¿estaba embarazada? Y su voz… Aquella voz le resultó familiar, ya la había escuchado antes pero no recordaba dónde.

Dio un respingo cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Miró el reloj y, tras confirmar que era medianoche, supo que esta vez sí era Oliver quien la llamaba por teléfono. Sin embargo, no se sentía con fuerzas para hablar con él en ese momento, al menos no sin acabar discutiendo con él. Era mejor mantener esa conversación cara a cara y en privado. Scarlett silenció el teléfono e ignoró las seis llamadas de Oliver, necesitaba asimilar todo lo que estaba pasando antes de hablar con él.

Apenas logró dormir un par de horas y se levantó al amanecer. Tras darse un largo baño, se vistió y se dirigió a la cocina para desayunar. Bajó las escaleras y se detuvo en el hall al ver un sobre en el suelo que dedujo que alguien había colado por debajo de la puerta principal. Cogió el sobre, lo abrió y sacó de su interior una nota y una vieja y desgastada foto. No le costó reconocer a la pareja que aparecía en la foto, era Oliver y la mujer de aspecto enfermizo con la que se tropezó el viernes al salir de la clínica. Detrás de la fotografía, estaban escritos los nombres de ambos y la fecha, de hacía quince años. Aquella mujer era la tal Wendy que llamaba a Oliver a altas horas de la noche y decía ser su prometida y futura madre de su hijo. ¿Era posible que Oliver llevara una doble vida? Scarlett no podía creerlo, él siempre estaba en casa o en el trabajo, vivía con él desde los últimos siete meses y prácticamente habían estado juntos las veinticuatro horas del día. Resultaba bastante improbable que Oliver hubiera podido compaginar dos relaciones y mucho menos que tuviera una prometida y que no hubiera aparecido por la granja de los Parker, ocupando su lugar como ella misma estaba haciendo. Su aspecto enfermizo le hizo sospechar que aquella mujer podía convertirse en un peligroso problema, necesitaba saber más de ella para saber a qué se estaba enfrentando.

—Wendy Allen, tendré que averiguar quién eres realmente —murmuró mirando aquella antigua foto en la que ambos aparecían abrazados y sonrientes en el baile de fin de curso del instituto.

Se preparó un café con unas tostadas y después llamó a su amigo Scott, el hijo del Coronel George Wilmore. Esperaba que él la pudiese ayudar a averiguar quién era Wendy Allen, aunque le costaría convencerle.

— ¿Va todo bien, pequeña? —Le preguntó Scott nada más descolgar.

—Sí, pero necesito que me hagas un pequeño favor.

— ¿De qué se trata?

—Necesito que investigues a una persona.

—Scarlett, si tienes la más mínima sospecha de que puedas estar en peligro, debes de decírmelo —le advirtió Scott.

—No es nada de lo que estás pensando, pero no quiero hablarte de ello por teléfono, ¿nos vemos esta noche y te lo cuento?

—No creo que a tu familia política le guste que salgas de noche con otro hombre mientras el Capitán está desplegado en una misión —se mofó Scott para provocarla.

—No te preocupes por eso, llamaré a mi padre, le diré que iré a cenar y me quedaré allí a dormir con la excusa de no regresar sola y tan tarde a la granja —le respondió Scarlett ignorando por completo la pulla de Scott.

—De acuerdo, nos vemos esta noche.

—Hasta esta noche —se despidió Scarlett antes de colgar.

Tras recoger y limpiar la cocina, Scarlett decidió llamar a su padre y anunciarle que iría a cenar a su casa y que probablemente se quedaría a dormir allí.

—Cielo, todavía no tenemos noticias de que la misión haya concluido —le dijo su padre en cuanto descolgó—. Serás la primera persona a la que informe en cuanto sepa algo.

—En realidad, te llamaba para decirte que, si no tienes otros planes, me gustaría cenar contigo esta noche.

— ¿A dónde te apetece ir a cenar?

—Había pensado en cenar en tu casa, así podría pasar el rato con George y Scott. Y, si no te importa, probablemente también me quede a dormir, no quiero regresar tan tarde a la granja.

—Por supuesto, cielo. Esta sigue siendo tu casa —le recordó el General sospechando que a su hija le pasaba algo o se traía algo entre manos—. ¿Va todo bien en la granja de los Parker?

—Sí, pero aquí todo me recuerda a él y, aunque su familia intenta mantenerme distraída y hacerme compañía, me siento un poco sola en una casa tan grande —le respondió Scarlett con una verdad a medias—. Solo quiero pasar una noche agradable con mi padre, con mi padrino y con Scott, no hay nada por lo que debas preocuparte.

—Está bien, te espero en casa para cenar esta noche. Voy a avisar a George y a Scott para que no hagan planes. Tengo que colgar, cielo. Nos vemos esta noche.

—Hasta esta noche, papá.

Una vez resuelto ese tema, se dirigió a casa de los padres Oliver para comer con toda la familia como hacían todos los domingos. Cuando les informó que esa noche iría a cenar a casa de su padre y que pasaría la noche allí, Cynthia le preguntó:

—Cielo, ¿estás bien? ¿Hemos hecho algo que te haya hecho sentir incómoda?

—Estoy bien y por supuesto que me siento cómoda y muy querida por todos vosotros —le aseguró Scarlett—. Mañana por la tarde, en cuanto salga del trabajo, regresaré a casa.

A todos les pareció una explicación de lo más coherente, pero a la abuela Sylvia no se le escapaba ni una y supo que Scarlett ocultaba algo. Después de comer, cuando Scarlett decidió regresar a casa, la abuela Sylvia insistió en acompañarla y dar un paseo.

—Echas mucho de menos a Oliver, ¿verdad?

—Sí, pero confío en que regrese en dos o tres días como mucho —reconoció Scarlett.

—Diviértete esta noche en casa de tu padre, pero recuerda que le has prometido a esta vieja que te ibas a cuidar.

—No lo olvido, no tomaré más café.

—Ni café ni alcohol —apuntó la abuela Sylvia—. Y debes comer más, estás muy delgada últimamente.

—Abuela Sylvia…

—Haz feliz a la abuela, solo quiere que tengas salud —la interrumpió la abuela Sylvia hablando de ella misma en tercera persona.

Scarlett asintió, era inútil discutir con ella y menos todavía cuando llevaba razón. Tenía que cuidarse más porque ya no se trataba solo de ella, sino del bebé que llevaba en su vientre.

Se despidió de la abuela Sylvia y entró en casa para preparar una pequeña maleta con una muda de ropa para el día siguiente, un pijama y su neceser. Apenas eran las cinco de la tarde, pero Scarlett estaba ansiosa por llevar a cabo su plan y no quiso esperar. Se montó en su coche y se dirigió a la base.

—Cielo, ¿qué haces aquí tan pronto? —Le preguntó el General después de saludarla.

—No tenía nada qué hacer —le respondió ella—, pero no te preocupes, iré a buscar a Scott mientras tú terminas tu trabajo.

Al General Turner le pareció una buena idea, pero le sorprendió que su hija no le preguntara ni se interesara por la misión de Oliver. Scarlett tampoco le dio tiempo a hacerle ninguna pregunta, dio media vuelta y se marchó en busca del Teniente Scott Wilmore.

—Será mejor que me digas en qué andas metida —le advirtió Scott tras saludarla con un abrazo cuando ella entró en su despacho—. ¿A quién quieres investigar?

—A Wendy Allen.

— ¿Quién es?

—Si lo supiera no estaría aquí pidiéndote ayuda —le replicó Scarlett.

— ¿Por qué la quieres investigar?

—Esa mujer llama a Oliver a altas horas de la madrugada, anoche llamó a casa buscando a Oliver y me dijo que ella era su prometida y la futura madre del hijo de Oliver —comenzó a explicarle Scarlett—. Esta mañana, cuando he bajado las escaleras, me he encontrado este sobre con una fotografía de ambos de hace quince años y he reconocido a la mujer que está con él, la tal Wendy. Me la encontré hace unos días en la ciudad y me pidió la hora, trató de entablar conversación conmigo pero me excusé alegando que tenía prisa porque me pareció que tenía algún tipo de trastorno psicótico. Ayer por la tarde, mientras estaba en una tienda de compras con Claire por la ciudad, me pareció verla en la calle. Y esta mañana he encontrado el sobre en el hall de casa, debió de echarlo por debajo de la puerta.

—No creerás que el Capitán Parker lleva una doble vida, ¿verdad?

—No lo creo, pero tampoco entiendo por qué me oculta su relación con ella. Se supone que acordamos que no habrían secretos entre nosotros, por eso no sé cómo tomarme que me haya mentido.

—Vamos a averiguarlo —sentenció Scott mientras tecleaba en su ordenador el nombre de la investigada para acceder a su expediente—. Aquí tenemos el expediente de Wendy Allen y parece que no te equivocabas. Ha estado entrando y saliendo de clínicas de salud mental desde los diecinueve años.

— ¿Por qué? ¿Qué problemas tiene?

—El expediente médico es confidencial y no consta en su expediente civil, solo sus terapeutas poseerán esos informes.

—Eres experto en informática, ¿no puedes hackearlo?

— ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?

—Esa loca me está acechando, ha llegado hasta la puerta de mi casa y necesito saber a qué me estoy enfrentando, sobre todo teniendo en cuenta que Oliver está fuera del país.

Scott suspiró con resignación y finalmente complació a su amiga, a la que quería como a una hermana pequeña, y hackeó el expediente médico de Wendy Allen.

—Aquí está su expediente médico, ¿quieres leerlo? —Le preguntó Scott cediéndole su sillón frente a la pantalla del ordenador.

—No, prefiero que lo leas tú y después me hagas un resumen.

Scott asintió y comenzó a leer en silencio el expediente de Wendy. Scarlett observó el rostro de Scott y dedujo que no se había equivocado y Wendy era peligrosa. Unos minutos más tarde, Scott terminó de leer el expediente y se recostó sobre el respaldo de su sillón al mismo tiempo que suspiraba con incredulidad.

— ¿Y bien? —Quiso saber Scarlett.

—Wendy Allen y el Capitán se conocieron en el instituto, fueron juntos al baile de fin de curso del instituto y, al parecer, pasaron la noche juntos. Él se había alistado al Ejército y un par de días más tarde tuvo que trasladarse a la academia militar. Oliver no se despidió de Wendy y ella le esperó más de un año hasta que él regresó a casa ya convertido en un soldado —le comenzó a resumir Scott—. Después de tanto tiempo, Oliver ni siquiera se acordaba de ella y, cuando Wendy fue a buscarle diciendo a familia y amigos que era su novia, Oliver la rechazó y ella intentó suicidarse.

—Vaya.

— ¿Quieres que continúe?

—Sí, por favor —le pidió Scarlett.

—Está obsesionada con Oliver, ha creado en su mente una realidad paralela en la que cree que él es su prometido y que van a formar una familia.

— ¿Por qué Oliver habla con ella por teléfono y la va a visitar?

—También paga los gastos de internamiento de la clínica, probablemente se sienta culpable porque la chica intentó suicidarse cuando él la rechazó —opinó Scott.

— ¿Qué crees que se supone que debo hacer ahora? ¿Finjo que no sé nada?

—Espera, hay una notificación urgente en el expediente de Wendy Allen —la informó Scott.

— ¿De qué se trata?

—Oh, oh. Se fugó de la clínica hace más de una semana.

—Y no se estará medicando —concluyó Scarlett.

—No creo que sea buena idea que te quedes en casa del Capitán Parker mientras esa mujer siga fugada y acechándote. Tú misma has dicho que estará sin medicar y eso la convierte en peligrosa, sobre todo si tenemos en cuenta que Oliver es su obsesión y tú eres la bruja que quiere destrozar su relación.

— ¡Eh!

—Lo siento, solo hablaba desde el punto de vista de Wendy —se disculpó Scott—. Está noche te quedas en la base, que estarás segura. Mañana ya pensaremos qué vamos a hacer.

—Gracias, Scott.

—Pequeña, no tienes nada qué agradecerme —le dijo Scott abrazándola—. Vamos a casa de tu padre, ya habrá llegado y será mejor que le ayudemos a preparar la cena si no queremos morir intoxicados.