Después de aquella cena con el General plagada de noticias y revelaciones, Oliver y Scarlett aprovecharon los pocos días libres que les quedaban para ir al apartamento de ella y empaquetar todas las pertenencias de Scarlett para llevarlas a casa de Oliver, su nuevo hogar.

Tras unos días organizándose y asentándose en su nueva vida, Oliver retomó su trabajo en la base el mismo día que Scarlett comenzaba allí su trabajo como analista. Él estaba encantado, así podía pasar más tiempo con Scarlett; y ella, aunque estaba un poco nerviosa, se sentía feliz de vivir aquella nueva etapa junto a Oliver.

—Nena, te voy a echar de menos —le susurró Oliver antes de bajar del coche para entrar en la base.

—Va a ser raro, estoy acostumbrada a estar las veinticuatro horas del día contigo y me va a resultar extraño mirar alrededor y no verte.

—Iré a verte a media mañana para ver cómo te va y regresaré a mediodía para comer contigo, pero no será suficiente para no echarte de menos —le dijo Oliver depositando varios besos sobre su cuello.

—Esta noche recuperaremos el tiempo perdido —le susurró Scarlett.

Y así fue cómo sucedió el primer día y todos los que le siguieron. A Scarlett le gustaba su trabajo, se llevaba bien con sus compañeros y podía estar con Oliver durante el almuerzo. Oliver estaba feliz de poder compartir su rutina con Scarlett y, pese a que tenía que soportar las mofas de sus compañeros por cada gesto cariñoso que le hacía a Scarlett, estaba encantado con su nuevo papel de hombre enamorado. Al General Turner se le veía dichoso y satisfecho de que todo siguiera yendo tan bien entre su hija y el Capitán y, sobre todo, de que ella hubiera decidido trabajar en la base.

A pocos días de navidad, Scarlett se despertó y Oliver no estaba en la cama. Se levantó y bajó a la cocina, preocupada por si le pasaba algo, pero se detuvo a mitad de las escaleras al escuchar su voz procedente del salón:

—He estado liado con el trabajo, pero mañana iré a verte.

Scarlett no escuchó a nadie más, así que dedujo que Oliver estaba hablando por teléfono. Siguió escuchando a hurtadillas y hubo algo que dijo Oliver que le llamó la atención:

—Te prometo que mañana nos veremos. Buenas noches, Wendy.

Unos pasos alertaron a Scarlett, que estaba en shock al escuchar aquellas palabras de Oliver, y subió rápida y sigilosamente las escaleras. Regresó al dormitorio, se metió de nuevo en la cama y esperó a que Oliver se uniera a ella. Un minuto más tarde, Oliver se metió en la cama junto a Scarlett y ella le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Sí, solo he bajado a por un vaso de agua —le respondió Oliver dándole un beso en la frente y envolviéndola con sus brazos—. Vuelve a dormirte, cariño.

Scarlett no hizo más preguntas, pero no se quedó satisfecha con aquella respuesta. Todas las alarmas de su cuerpo habían saltado al escuchar el nombre de Wendy. Quería saber quién era, por qué hablaba por teléfono con Oliver a altas horas de la madrugada y por qué Oliver le había prometido que mañana se verían. Se estaba empezando a imaginar el peor de los escenarios cuando decidió parar y olvidarse del tema, por el momento. Confiaba en Oliver y quería darle el beneficio de la duda.

A la mañana siguiente, cuando Scarlett se despertó, Oliver no estaba en la cama. Sintió pánico al pensar que se hubiera ido con esa tal Wendy y bajó las escaleras para confirmar si Oliver seguía en casa.

— ¿A dónde vas con tanta prisa? —Le preguntó Oliver cuando se tropezó con ella en mitad del pasillo.

—Estás aquí —murmuró Scarlett confusa.

— ¿Y dónde quieres que esté? —Oliver la escrutó con la mirada y añadió—: Cariño, ¿estás bien?

—Sí.

—Vamos a la cocina, he preparado el desayuno —le dijo Oliver tras darle un leve beso en los labios.

Era sábado y no tenían que ir a la base a trabajar. Oliver notaba a Scarlett un poco extraña y quiso intentar animarla invitándola a comer un buen restaurante. Sin embargo, no causó el efecto esperado. En lugar de animarse, a Scarlett volvieron a invadirle pensamientos negativos y no podía quitarse el nombre de Wendy de la cabeza.

—Nena, ¿va todo bien?

— ¿Hay alguna razón para que no vaya bien? —Le replicó Scarlett sin poder ocultar su tono hostil.

—Estás distraída, distante y gruñona —señaló Oliver.

—Lo siento, no he dormido mucho esta noche —se disculpó Scarlett, convenciéndose a sí misma de que no había motivos para preocuparse.

A Oliver no le convenció aquella respuesta, pero decidió darle tiempo y espacio para que Scarlett le contara lo que se le pasaba por la cabeza cuando estuviera preparada.

Oliver y Scarlett estaban terminando de comerse el postre cuando el teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar, haciendo saltar todas las alarmas de Scarlett.

—Es tu padre —la informó Oliver antes de descolgar y decirle a su interlocutor—: Imagino que no es una llamada de cortesía.

—Imaginas bien —le confirmó el General—. Tenemos una misión urgente y te necesito aquí, ¿estás en casa?

—Estoy en la ciudad con Scarlett, hemos salido a comer fuera.

—Deja a Scarlett en casa y ven a la base —le ordenó el General y añadió antes de colgar—, el resto del equipo ya está en camino.  

Oliver le dio la noticia a Scarlett, quien no se lo tomó nada bien pero se esforzó en ocultarlo. Tras pagar la cuenta del restaurante, regresaron a casa. Oliver entró en casa para coger su mochila de viaje y, al ver la angustia en los ojos de Scarlett, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Te llamaré todas las noches y regresaré antes de que te des cuenta.

—Te voy a echar de menos —confesó Scarlett.

—Y yo a ti, cariño. No olvides que te quiero —le dijo sin dejar de abrazarla—. Tengo que marcharme ya para la base, pero te llamaré todas las noches para decirte que te quiero.

Scarlett se quedó en el porche viendo cómo Oliver se marchaba en su coche a la base para llevar a cabo una misión y, cuando ya no lo tuvo a la vista, entró en casa. Su ánimo estaba por los suelos. Averiguar que Oliver hablaba por teléfono con una tal Wendy a altas horas de la madrugada la habían dejado en shock y que Oliver tuviera una misión que le mantendría lejos de casa durante varios días tampoco ayudaba a que se sintiera mejor. Ya no solo se preocupaba de que Oliver pudiera tener una amante, sino que también se temía que resultara herido durante la misión.

Se pasó toda la tarde dándole vueltas a la cabeza, hasta que el sonido del timbre interrumpió sus pensamientos y se levantó a abrir la puerta. Sonrió al encontrarse a la abuela Sylvia con un par de tuppers en las manos.

—Me he enterado que Oliver se ha tenido que marchar a una misión y he pensado que quizás te apetecería cenar con la compañía de esta vieja —le dijo la abuela Sylvia con su habitual tono dulce de voz.

—Por supuesto que me apetece tu compañía, abuela Sylvia —le aseguró Scarlett invitándola a entrar en casa.

Scarlett y la abuela Sylvia se dirigieron a la cocina y, tras servir los platos en la mesa, ambas se sentaron para disfrutar de la cena con una agradable charla.

—El trabajo de Oliver es peligroso y también le obliga a pasar más tiempo del que nos gustaría fuera de casa —comentó la abuela Sylvia—. Aunque imagino que, siendo tu padre un General, sabrás muy bien de lo que te hablo.

Scarlett supo perfectamente que la abuela Sylvia la estaba tanteando, probablemente para averiguar si sería capaz de aguantar el ritmo de trabajo de Oliver.

—Es la primera noche que paso sin él y, aunque soy consciente de que debería acostumbrarme, me temo que nunca lo haré.

—Oliver debería pensar en tomar un puesto de instructor en la base, se lo ofrecieron hace tiempo y lo rechazó porque dice que necesita acción.

—No sería feliz si dejara su trabajo —opinó Scarlett y le advirtió con tono amable—: Y presionarle para que cambie de puesto de trabajo solo causará el efecto contrario.

—Lo sé, tenemos que dejar que sea él quien tome sus propias decisiones, pero resulta difícil sentarse y no hacer nada cuando ves a tus seres queridos como echan su felicidad por la borda.

—No se debe presionar, pero se pueden dar sabios consejos a un ser querido —le respondió Scarlett guiñándole un ojo con complicidad.

—Eres una muchacha adorable y muy inteligente, me alegra saber que Oliver te ha escogido como compañera de vida y espero que pronto forméis una gran familia. Estoy segura de que vais a ser muy felices.

—Me temo que es un poco pronto para hablar de formar una familia y será mejor que no se lo menciones a Oliver, no vaya a ser que le dé por salir corriendo —bromeó Scarlett.

La abuela Sylvia arrugó el ceño un instante, sorprendida por las palabras de Scarlett. Hubiera puesto la mano en el fuego asegurando que Oliver deseaba tener hijos con Scarlett cuanto antes, pero aquellas palabras la confundieron.

—Sinceramente, creo que a Oliver le haría muy feliz ser padre.

Scarlett se tensó. Ella era un reloj cuando se trataba de la menstruación y llevaba un par de días de retraso, aunque no le había dado importancia hasta aquel momento.

— ¿Crees que a Oliver le gustaría ser padre tan pronto?

—Bueno, él ya va teniendo una edad…

—Pero hace pocos meses que nos conocemos.

—Cielo, habéis pasado los últimos seis meses las veinticuatro horas del día juntos, eso es más tiempo del que pasan muchos matrimonios con hijos.

—Todo ha pasado tan rápido y es tan perfecto que me da miedo que desaparezca igual de rápido que apareció —le confesó Scarlett.

Después de cenar y tras empeñarse en ayudarla a limpiar y recoger la cocina, la abuela Sylvia se marchó y Scarlett se quedó sola en casa. Se dirigió al dormitorio, se duchó y se metió en la cama a leer un libro mientras esperaba la llamada de Oliver.

Estaba a punto de dormirse cuando el teléfono comenzó a sonar y, tras mirar la pantalla y confirmar que era Oliver, descolgó y le saludó:

—Hola.

—Hola cariño, ¿te he despertado?

—No, estaba leyendo. ¿Qué tal ha ido el viaje?

—Ha sido largo, acabamos de llegar al campamento base —le respondió Oliver—. La misión es más complicada de lo que esperábamos y nos llevará más tiempo del que habíamos calculado.

— ¿Cuánto tiempo?

—No lo sé. Una semana, tal vez un mes —contestó desanimado.

—Prométeme que tendrás cuidado, quiero que regreses de una sola pieza, Capitán Parker.

—Cariño, no pienso en otra cosa que en estar contigo. ¿Me esperarás?

— ¿Acaso lo dudas?

—Scarlett, ¿qué es lo que ocurre? Llevas un par de días rara y me mata haberme ido dejando las cosas así.

—No ocurre nada de lo que debas preocuparte. Te quiero y estaré aquí esperando que regreses, ya sea una semana o un año —le aseguró Scarlett para no inquietarle ni desconcentrarle durante su misión por una tontería.

—No sabes cuánto desearía poder estar ahí contigo, abrazarte y acunarte hasta que te quedaras dormida.

—Mm… Hace unas horas que te fuiste y ya te echo de menos —se lamentó Scarlett al no poder tenerle allí con ella.

—Te lo compensaré, nena —susurró Oliver con la voz ronca—. Piensa qué quieres que hagamos cuando regrese, podríamos irnos de viaje unos días.

—La navidad está cerca, no creo que a tu familia y a mi padre les guste la idea de que nos marchemos de viaje en navidad.

—Podemos marcharnos después de navidad —insistió Oliver.

—Ya lo decidiremos cuando regreses —zanjó el asunto Scarlett.

—Tengo que colgar, nena —anunció Oliver, que no podía seguir manteniendo la línea ocupada—. Te llamaré mañana por la noche. Te quiero.

—Yo también te quiero —le susurró Scarlett antes de colgar.