Un día después de llegar a la granja, Oliver le dijo a Scarlett que el General cenaría con ellos esa noche. Pese a que Scarlett no sabía nada, uno de los motivos por los que Oliver la había llevado a la casa franco era porque habían localizado a Damian Wilson y a sus hombres e iban a detenerlos. Oliver no quería que Scarlett se preocupara y, con la aprobación del General, decidió ocultárselo a Scarlett hasta tener la certeza de que la detención se había llevado a cabo con éxito.

Oliver quería contárselo todo a Scarlett antes de que llegara el General, sabía que a ella no le sentaría bien que le hubiera ocultado semejante información y que se avecinaba una discusión.

—Scarlett, tengo que decirte algo —anunció con cautela, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado en el sofá.

—Nunca me llamas por mi nombre, ¿ha pasado algo? —Preguntó ella preocupada.

—Han detenido a Damian Wilson y a sus hombres.

— ¿Cuándo?

—Hace unos días.

— ¡Hace unos días! ¡¿Y me lo dices ahora?!

—Nena…

— ¿Por qué no me lo has dicho antes, Oliver?

—No quería preocuparte. Además, me apetecía mucho pasar unos días contigo en la casa franco y si te lo hubiera dicho no hubieras querido ir —le respondió suavizando su tono de voz y añadiendo una nota de humor para rebajar la tensión.

—Me prometiste que no habrían más secretos.

—Lo sé, pero también he prometido que cuidaré de ti.

—Entonces, ¿ya no soy la protegida del Capitán?

—Nena, siempre serás mi protegida —le aseguró él estrechándola entre sus brazos. Le dio un leve beso en los labios y añadió—: Por cierto, creo que esta noche sería un buen momento para decirle a tu padre que vas a vivir aquí. A menos que te hayas arrepentido.

—No pienses que no me he dado cuenta de lo que has hecho —le acusó Scarlett, deduciendo que le había ofrecido vivir con él porque sabía que su misión había terminado y ya no había motivo para seguir viviendo juntos—. Y no, no me he arrepentido.

—Entonces, ¿se lo vamos a decir a tu padre?

—Algo le tendré que decir cuando vea que me quedo en tu casa en lugar de regresar a la base o a mi apartamento.

—En nuestra casa —la corrigió Oliver—. Esta es nuestra casa, cariño. Quiero que te sientas cómoda aquí, hay varias habitaciones de invitados y podemos convertir una de ellas en un despacho para ti.

—Y hablaremos de eso más adelante, ahora solo quiero disfrutar del verano contigo.

—Nena, llevo dos meses sin ir a trabajar, no me van a dar más vacaciones —le dijo Oliver depositando un dulce beso en su frente—. El verano está a punto de terminar, pero puedo intentar conseguir dos o tres días libres para escaparnos a donde tú quieras.

—Llevas dos meses sin ir a la base, pero has estado trabajando y te deben vacaciones —le corrigió Scarlett, ya se encargaría ella de que así fuera—. Y también vas a aceptar el dinero por los gastos que te he causado mientras hacías de niñera.

—No voy a aceptar ningún dinero, no he cuidado de ti por trabajo, lo he hecho por una cuestión personal —sentenció Oliver—. No quiero discutir sobre esto, Scarlett.

—Hay una alternativa a la discusión —le dijo Scarlett con tono juguetón—. Deja que te lo agradezca con unas vacaciones, solos tú y yo. Yo me encargo de todo.

—Nena, hablaré con el Coronel, pero es difícil que pueda irme de vacaciones.

Esa noche, cuando el General Turner llegó a casa de Oliver, se sorprendió de lo calmada y tranquila que estaba su hija y se temió que Oliver no le hubiera contado nada.

— ¿Se lo has dicho? —Le preguntó a Oliver.

—Sí, ya lo sabe.

— ¿Y no está enfadada?

—Se lo ha tomado bastante bien —le confirmó Oliver.

— ¿Os importaría dejar de hablar como si yo no estuviera delante? —Protestó Scarlett.

Los dos hombres sonrieron y pasaron al comedor. Oliver se empeñó en ser el anfitrión perfecto y no permitió que nadie le ayudara, así también les daba algo de tiempo a padre e hija para que hablaran de sus cosas. El General quería hacerle muchas preguntas a su hija y no desaprovechó la ocasión:

— ¿Qué vas a hacer ahora?

—Ahora voy a cenar contigo y con Oliver.

—Scarlett, ya sabes a qué me refiero.

—Oliver me ha pedido que me quede aquí con él y le he dicho que sí —le respondió sin andarse por las ramas.

— ¿Vas a vivir aquí con él? —Preguntó el General sorprendido.

—Ya sé que hace poco que nos conocemos, pero ambos nos llevamos bien, nos gusta estar juntos y queremos intentarlo.

—Oliver es un buen hombre y me consta que te quiere, pero no se lo pongas muy difícil.

—No va a aceptar el dinero que le ofreciste y quiero compensarle llevándole de vacaciones, pero me ha dicho que lleva dos meses sin ir a trabajar y no puede permitírselo.

—Le dije que le daría dos días de vacaciones por cada día que cuidara de ti, han pasado dos meses desde entonces, así que le debo cuatro meses de vacaciones.

— ¿Eso significa que podemos irnos de vacaciones un par de semanas?

—Sí, si eso es lo que queréis —le confirmó el General—. Además de vivir con Oliver e irte de vacaciones con él, ¿has pensado hacer algo más?

—También he pensado en aceptar el puesto de trabajo que me ofreciste, si todavía sigue estando disponible.

—Por supuesto que sigue estando disponible.

— ¿Podría empezar en septiembre?

—Tómate el tiempo que quieras, vete de vacaciones con Oliver, instálate tranquilamente en su casa y, cuando estés al 100%, empieza tu nuevo trabajo en la base.

Oliver regresó al comedor para servir la cena y se percató del silencio que se había creado a su llegada.

— ¿Interrumpo algo? —Preguntó Oliver.

—Scarlett me estaba contando que va a vivir aquí contigo, que os vais de vacaciones un par de semanas y que acepta el puesto de trabajo como analista en la base —le respondió el General, visiblemente contento.

Oliver miró a Scarlett sin dar crédito a lo que acababa de oír. Habían acordado decirle a su padre que vivirían juntos, pero sospechaba que Scarlett buscaría alguna excusa en el último momento o que le dejaría a él que le diese la noticia. Sin embargo, Scarlett se lo había contado todo a su padre de inmediato y, además, había decidido aceptar la oferta de trabajo en la base.

— ¿Has aceptado? —Quiso confirmar Oliver.

—Sí, pero no olvides las vacaciones.

—Scarlett…

—Me da igual lo que digas, no voy a aceptar un no por respuesta —le advirtió Scarlett.

—Deberías hacerle caso, puede llegar a ser muy testaruda —le aconsejó el General—. Además, te dije que, aunque aceptaras cuidar de Scarlett por un motivo personal, te lo compensaría con días de vacaciones.

—En ese caso, supongo que nos vamos de vacaciones —anunció Oliver dedicándole una tierna sonrisa a Scarlett.

Los tres cenaron mientras charlaban tranquilamente. Una vez más, el General Turner fue testigo de la complicidad que existía entre su hija y el Capitán y se alegró de que Scarlett hubiera encontrado a alguien como Oliver, ambos se compenetraban a la perfección.

Un par de días más tarde, Scarlett se despertó al amanecer y, tras darle un leve beso en los labios a Oliver, le susurró:

— ¿Estás preparado para empezar unas vacaciones apasionadas?

—Nena, ¿no vas a decirme a dónde me llevas?

—No, es una sorpresa.

Scarlett se había empeñado en mantenerle al margen para poder planear las vacaciones y darle una sorpresa, pero aquella situación le inquietaba. Oliver estaba acostumbrado a tenerlo todo bajo control y, conforme pasaban los minutos dejándose llevar por Scarlett en su coche, su mal humor comenzaba a aflorar. Scarlett se percató de ello y, queriendo rebajar un poco la tensión, decidió parar un rato en un área de servicio.

—No quiero obligarte a nada, si no quieres seguir con esto podemos regresar a casa —le dijo un tanto decepcionada.  

—Lo siento, nena —se disculpó él—. Estoy nervioso, no estoy acostumbrado a que otros decidan por mí y mucho menos a desconocer a dónde voy.

—He alquilado una cabaña en la costa, en un lugar con playa privada y rodeado de naturaleza, solo estaremos tú y yo —le susurró Scarlett depositando un reguero de besos por su cuello.

—Mm… Solos tú y yo —le susurró Oliver agarrándola de la cintura para colocarla sobre su regazo—. ¿Nos falta mucho para llegar a la cabaña?

Scarlett calculó que aún les quedaba un par de horas más en coche, miró su reloj de pulsera y, tras meditarlo durante un segundo, le respondió:

—Nos quedan un par de horas, ¿te apetece comer algo y después seguimos con el viaje por carretera?

—Quiero comerte a ti, nena.

—Tendrás que esperar un poco más, pero te prometo que seré tuya en cuanto lleguemos.

Llegaron a la cabaña a media tarde y, después de instalarse, Scarlett se acercó a Oliver, le rodeó el cuello con sus brazos y le dijo con tono sugerente:

—Quiero jugar, cariño.

—Nena, vivo para complacerte —le aseguró Oliver antes de besarla apasionadamente.

En pocos segundos, la ropa de ambos aterrizó sobre el suelo de la cabaña mientras ellos se fundían en una maraña de besos y caricias. Él sabía dónde y cómo tocarla para excitarla sin necesidad de que ella se lo dijera y ella conseguía excitarlo con cada uno de sus gemidos, con su naturalidad y su sensualidad.

—Oliver… —le rogó Scarlett alzando las caderas, pidiéndole que se hundiera en ella.

Él no se hizo de rogar y la complació al instante. Se hundió en ella de una sola estocada al mismo tiempo que acariciaba su hinchado clítoris, haciéndola alcanzar el orgasmo en pocos segundos. Ahogó los gemidos que salían de su garganta besándola apasionadamente y, tras un par de estocadas más, se derramó dentro de ella.

—Te quiero, nena —le susurró al oído con la respiración entrecortada y sin dejar de abrazarla.

—Y yo también —logró balbucear Scarlett.

Durante las dos siguientes semanas, Oliver y Scarlett disfrutaron del sol, de la playa y de la intimidad del lugar sin preocuparse por nada. Dado que la playa era privada, no había nadie más que ellos y se pasaban el día desnudos, provocándose continuamente con cada roce de sus cuerpos y dejándose llevar por el deseo y la pasión sin importarles la hora ni el lugar.

El último día de vacaciones, mientras hacían las maletas, Oliver le preguntó lo que deseaba saber y había evitado preguntar para no presionarla:

— ¿Cuándo traerás tus cosas a casa?

— ¿Mis cosas?

—Entiendo que no quieras deshacerte de tu apartamento por el momento, pero imagino que querrás traer más cosas además de tu ropa.

—Iremos a mi apartamento y decidiremos qué me llevo —propuso Scarlett.

—Me encantará acompañarte y ver tu apartamento, pero eres tú quién debe decidir qué quieres llevarte —opinó Oliver—. En casa hay espacio suficiente y no quiero que eches de menos nada que tengas en el apartamento, no quiero arriesgarme a que cambies de opinión.

— ¿No confías en mí?

—Claro que confío en ti, ¿por qué me lo preguntas?

—Dudas de mi palabra, no me crees cuando te digo que quiero quedarme contigo, vivir en tu casa y, en un futuro, formar una familia.

—No dudo de ti, pero te mentiría si te dijera que no me preocupa que lo nuestro no termine bien —le confesó Oliver—. No quiero perderte.

—Yo tampoco quiero perderte —reconoció Scarlett—. Además, ahora vivimos juntos y no te va a resultar tan fácil deshacerte de mí.

—Jamás se me ocurriría dejarte escapar, nena —le susurró antes de besarla.

Pese al amor que sentía el uno por el otro, les resultaba inevitable pensar en lo rápido que había ido todo entre ellos, aunque ninguno de los dos estuviera dispuesto a tomárselo con calma. Ambos se habían acostumbrado a estar juntos las veinticuatro horas del día y no pensaban renunciar a ello.