A la mañana siguiente, Oliver y Scarlett desayunaron en casa de Cynthia y Joe para anunciarles que se marchaban unos días de la granja. Oliver, que conocía a su madre y lo teatral que podía llegar a ser, le pidió a Scarlett que le dejara a él darles la noticia. La abuela Sylvia, que conocía muy a su nieto, intuía que Oliver se traía algo entre manos, pero guardó silencio y esperó pacientemente a que Oliver decidiera pronunciarse. Joe también intuía un ambiente extraño y, en un momento dado, se quedó a solas con Scarlett en la cocina y le preguntó:

— ¿Va todo bien con Oliver?

—Todo va fenomenal —le confirmó ella mostrándole una alegre sonrisa.

A Joe le bastó la palabra de Scarlett para despreocuparse, parecía sincera y feliz y su hijo seguía besándola y abrazándola cada vez que la miraba.

Todos terminaron de desayunar y Oliver ya no pudo alargarlo más. Miró a su madre, que sonreía feliz de tenerle en casa; después a su padre, pidiéndole con la mirada que le echara una mano; y, por último, miró a Scarlett para armarse de paciencia con lo que se le venía encima.

—Scarlett y yo nos vamos a marchar de la granja unos días —dejó caer sin allanar el terreno.

— ¿Por qué? ¿Es que no estáis a gusto aquí? ¿Le hemos hecho algo a Scarlett para que os vayáis?

Oliver suspiró, ya se temía la reacción de su madre. Joe acarició la espalda de su esposa para calmarla y le susurró al oído que se calmara y que les dejara hablar.

—Cynthia, créeme si te digo que estoy tan a gusto con vosotros que me mudaría aquí para siempre, pero a Oliver y a mí nos vendrá bien salir de aquí durante unos días —intervino Scarlett con mano izquierda.

—Entonces, ¿solo serán unos días? —Quiso asegurarse Cynthia.

—Sí mamá, solo serán unos días —le confirmó Oliver haciendo un esfuerzo para armarse de paciencia.

Scarlett sonrió divertida ante aquella escena, ganándose una mirada de reproche por parte de Oliver y ella le sacó la lengua a modo de respuesta, provocando las risas de todos los presentes.

—Y, ¿a dónde vais a ir? —Preguntó la abuela Sylvia.

—Iremos a una de las casas seguras del ejército, tendremos de todo y estaremos bien —les informó Oliver—. Regresaremos en unos días y os llamaré de vez en cuando.

Un par de horas más tarde, ambos llegaban a su nuevo destino. La casa era discreta, de una sola planta y oculta en el bosque. Disponía de un potente sistema de seguridad que, además de proteger la casa, también protegía los alrededores. Y contaba con más comodidades de las que necesitaban: una pequeña piscina y un jacuzzi.

— ¿Estarás bien aquí?

—Estaré bien siempre que esté contigo —le respondió Scarlett. Le dio un beso de lo más sensual y añadió—: Quiero darme un baño en la piscina contigo.

—Primero vamos a instalarnos, nos ponemos el bañador y nos damos un chapuzón en la piscina —negoció Oliver.

—Está bien, nos instalaremos primero —le concedió—. Pero después nos bañaremos desnudos en la piscina.

—Nena, tus deseos son órdenes para mí —le susurró Oliver antes de besarla apasionadamente.

Después de instalarse en el dormitorio, Scarlett se desnudó por completo y se puso un vestido playero sin bikini ni ropa interior. Oliver también se deshizo de su ropa, se puso un bañador y, tras coger un par de toallas, se dirigió a la piscina junto a Scarlett.

Nada más llegar a la piscina, Oliver colocó las toallas sobre las hamacas, se deshizo de su bañador y se zambulló en el agua, desde donde invitó a Scarlett a unirse a él. Con lentitud exagerada, Scarlett se deshizo de su vestido, excitando a Oliver que la observaba junto a las escaleras de la piscina.

—Siéntate aquí, nena —le ordenó señalándole el bordillo, que quedaba justo a la altura de su cuello. Scarlett le obedeció sin rechistar y él, tras abrirle las piernas para tener una visión plena de su entrepierna, añadió con la voz ronca—: Disfruta, preciosa.

Oliver hundió su boca en la entrepierna de ella y la deleitó dándole placer, mordisqueando su clítoris y embistiéndola con su lengua.

—Oliver…

Scarlett estaba a punto de correrse y él lo sabía. No quiso alargarlo más e intensificó sus movimientos al mismo tiempo que la penetraba con los dedos, haciéndola gritar de placer al alcanzar el orgasmo.

Sin esperar a que se recuperara, Oliver la agarró del trasero y tiró de ella hasta llevarla consigo al interior de la piscina. Scarlett colocó sus piernas alrededor de la cintura de Oliver y se abrazó a él, hundiendo la cara entre su cuello y su hombro, todavía recibiendo pequeñas sacudidas a causa del orgasmo que la había poseído.

—Cariño, ¿estás bien?

—Quiero sentirte dentro —le respondió Scarlett empalándose, pillando totalmente desprevenido a Oliver.

Sin dejar de agarrarla por el trasero, Oliver la embistió una y otra vez, con estocadas rápidas y concisas. Ella contrajo la vagina atrapándole en su interior y provocando el estallido de Oliver, que soltó un gruñido gutural que arrastró a Scarlett con él en aquella espiral de placer.

La intimidad de la casa franco les vino muy bien para dar rienda suelta a su pasión y disfrutar del sexo a todas horas, sin importar dónde se encontraban ni si alguien podía verles.

— ¿Estás satisfecha, pequeña insaciable? —Bromeó Oliver cuando recobró el aliento.  

—Completamente satisfecha, por el momento —bromeó siguiéndole el juego.

Excepto por las llamadas telefónicas que mantenían con la base y con la familia Parker para decirles que todo iba bien en la casa franco e informarse de que todo seguía bien en la base y en la granja, Oliver y Scarlett no tenían contacto alguno con el exterior.

Los días fueron pasando y la pareja no dejó ninguna estancia en la que no hubieran hecho el amor. Después de dos semanas en la casa franco, Scarlett quiso aprovechar la última noche que pasaban allí para celebrar una fiesta privada en el jacuzzi. Como era de esperar, a Oliver le pareció una idea estupenda que mejoró al añadir una copa de champagne.

—Mm… Me quedaría aquí para siempre —susurró Scarlett entre los brazos de Oliver.

— ¿Sola o conmigo?

—Contigo —le respondió ella plantándole un beso en los labios.

— ¿Y tiene que ser aquí? —Insistió Oliver. Scarlett le escudriñó con la mirada, tratando de adivinar a dónde quería ir a parar, y él añadió—: En la granja estarás conmigo y puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

—Hasta que atrapen a Damian Wilson y a sus hombres.

—No —respondió Oliver con rotundidad—. Hasta que tú quieras quedarte.

—Deberías tener cuidado con lo que dices, puede que te arrepientas de ofrecerme tu casa para siempre.

—Me gusta vivir contigo, dormir a tu lado y despertarme a causa de tus ronquidos —bromeó ganándose un manotazo de Scarlett—. Nena, estoy hablando en serio. Me encantaría que te quedaras en casa, conmigo. ¿El para siempre ahora te parece demasiado tiempo para pasarlo conmigo y te estás echando atrás?

— ¿Qué te parece si dejamos esta conversación para cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres? Quizás para entonces hayas cambiado de opinión.

—No voy a cambiar de opinión, será mejor que lo asimiles —le susurró con la voz ronca—. No voy a dejarte escapar, cariño. Además, creo que tu padre ya se ha hecho la idea de tenerme como yerno —añadió bromeando.

—Mi padre te aprecia mucho.

—Y yo a él, pero quiero que su hija viva conmigo para siempre.

— ¿No vas a desistir?

—Dime que sí y no insistiré más.

— ¿A qué tengo que decirte que sí?

—A compartir tu vida conmigo, a despertarnos abrazos después de una noche de pasión, a casarnos y formar una familia —le susurró Oliver hablando completamente en serio.  

—Oliver, hace un par de meses que nos conocemos y…

—Te quiero y no quiero pasar ni un minuto sin ti —la interrumpió Oliver—. ¿No es lo mismo que deseabas tú hace un momento?

—Sí, pero no quiero que salga mal.

—Cariño, no voy a permitir que salga mal —le aseguró Oliver mirándola a los ojos—. Será mejor que vayas acostumbrándote a despertar entre mis brazos todas las mañanas.

—Mm… Suena de lo más tentador.

— ¿Eso es un sí?

—Eso es un sí —le confirmó Scarlett antes de plantarle un beso en los morros.

—Entonces, ¿te casarás conmigo?

—Vas demasiado rápido, Capitán.

—Tienes razón, primero tengo que comprar el anillo.

—Deja lo del anillo para dentro de un año y, si sigues queriendo casarte conmigo, te diré que sí.

—Te quiero, preciosa —le susurró Oliver con la voz ronca.

—Hazme el amor —le pidió ella excitada al sentir la enorme erección de Oliver presionando contra su vulva.

Oliver no se hizo de rogar, entró en ella lentamente, mientras la besaba apasionadamente y acariciaba cada recoveco de su piel. Scarlett le rodeó la cintura con sus piernas y se abrazó a él, dejándose llevar por aquel rítmico vaivén hasta que alcanzó el clímax y arrastró a Oliver con ella. Ambos se quedaron abrazados en silencio durante unos minutos, hasta que recobraron el aliento y Scarlett le susurró al oído:

—Te quiero.

—Mm… Ya pensaba que jamás te lo escucharía decir —bromeó antes de besarla. La miró a los ojos y añadió—: Yo también te quiero, para siempre.

Tras un baño apasionado y cargado de lujuria en el jacuzzi, Scarlett y Oliver estiraron una toalla sobre el césped y se tumbaron bajo las estrellas. Abrazados el uno al otro, no necesitaban nada más en aquel momento.

—Tu padre me ha dicho que te ha ofrecido un trabajo en la base como analista de perfiles y que lo has rechazado —comentó Oliver.

—Así es.

— ¿Por qué?

—Trabajar con mi padre no es buena idea, pero trabajar para él es una idea pésima.

—Eso no es cierto, el General es un buen jefe. Y, de momento, también está siendo un buen suegro.

—Tengo miedo de aceptar ese puesto y terminar discutiendo con mi padre, aunque tengo que reconocer que es un buen trabajo.

—Y podría llevarte todas las mañanas al trabajo y traerte a casa por la tarde.

—Lo pensaré, pero después del verano —zanjó el tema Scarlett y añadió bromeando—: Quiero seguir disfrutando de mis vacaciones en la granja.

—Nena, vivimos en la granja, podemos disfrutar de ella cuando queramos.

A Scarlett le gustó que Oliver utilizara el plural. Por muy precipitado que fuera todo, a Scarlett le encantaba la idea de vivir con Oliver y formar una familia con él. En eso mismo pensaba mientras Oliver conducía de regreso a la granja, después de pasar una semana a solas en la casa franco.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Oliver, colocando su mano con ternura sobre la rodilla de ella.

—Sí —le respondió sonriendo.

—Estás muy callada, ¿qué estás tramando?

—Solo pensaba en cómo sería pasar el resto de mi vida contigo —le confesó Scarlett con naturalidad.

—Te cuidaré como a una princesa —le aseguró él.

—Mm… Quiero jugar contigo —ronroneó Scarlett deslizando la mano hacia la entrepierna de Oliver.

— ¿Ahora?

—Ajá, ahora.

—Nena… —Le advirtió Oliver con la voz ronca al sentir la mano de ella agarrando su miembro.

— ¿No quieres jugar?

—Nena, voy conduciendo y en cinco minutos llegaremos a casa. ¿Crees que puedes esperar cinco minutos más?

—Será una tortura —protestó Scarlett sin retirar su mano.

—Te lo compensaré en cinco minutos, preciosa.

Y Oliver cumplió su promesa. Cinco minutos más tarde, llegaron a la granja, Oliver aparcó el coche en el garaje de la casa y, tras agarrar en brazos a Scarlett, cargó con ella escaleras arriba hasta llegar al dormitorio principal y, sin hacerla esperar, se hundió en ella lentamente, arrancándole un gemido tras otro hasta que ambos alcanzaron el clímax simultáneamente.