Tras una breve charla, Oliver y Trevor se dirigieron al jardín, cargando con las bebidas para todos y dispuestos a pasar un buen rato. Oliver seguía un poco molesto con Scarlett por no querer darle el lugar que le correspondía y por su acercamiento a Scott, pero también estaba agradecido de que le hubiera confesado a su padre que mantenía una relación una relación con él. Ver a Scarlett de nuevo sentada junto a Scott no le agradó, pero Izan se había llevado a los niños a dormir y ya no tenía que ceder su sitio. Depositó la bandeja con las bebidas sobre la mesa de café para que todos se sirvieran y se sentó junto a Scarlett. Para su sorpresa, ella le dedicó una sonrisa de lo más seductora y colocó la mano sobre su rodilla con coquetería, como si nadie más estuviera a su alrededor.

—No deberías provocarme de esa manera —le advirtió Oliver en un susurro cuando le provocó por enésima vez.

—Scarlett, ¿qué tal te está tratando Oliver? —Quiso saber el Coronel, provocando las risas de lo demás sin pretenderlo—. ¿Qué tiene de gracioso?

—Oliver me está tratando muy bien, es amable, siempre está pendiente de que no me falte nada y me consiente demasiado, más de lo que merezco —le respondió Scarlett dedicándole una significante mirada a Oliver.

—Oliver siempre ha sido un caballero —opinó la abuela Sylvia con orgullo.

Oliver acarició la espalda de Scarlett, agradeciendo sus palabras, y ella se pegó a él, acurrucándose sobre su pecho. Oliver se tensó, sorprendido y confuso por la actitud de Scarlett, pero no se separó de ella ni un solo milímetro.

—Sí que es un caballero, soporta mis locuras con paciencia y jamás me ha invitado a marcharme, ni siquiera lo ha insinuado —argumentó Scarlett.

Oliver depositó un suave beso sobre la coronilla de Scarlett al mismo tiempo que la estrechaba entre sus brazos, sin importarle que todos les estuvieran mirando.

—Entonces, ¿estáis juntos? —Quiso confirmar Cynthia.

—Mamá…

—Nos llevamos bien y nos estamos conociendo —intervino Scarlett interrumpiendo a Oliver.

— ¿Eso significa que todavía tengo posibilidades con Scarlett? —Bromeó Daniel.

Oliver le lanzó una servilleta de tela a modo de respuesta y Scarlett, queriendo dejar claro a todo el mundo en quién estaba interesada, le plantó un beso en los labios a Oliver.

—Me temo que vas a tener que buscarte a otra candidata —se mofó Claire.

Entre bromas y risas, se tomaron un par de copas en el jardín antes de que todo el mundo regresara sus respectivas casas. Scarlett se despidió de Scott con un largo y cariñoso abrazo y Trevor aprovechó el momento para acercarse a Oliver y decirle:

—Gracias por cuidar de ella sin perder la paciencia.

—Lo hago encantado.

—Si os apetece salir de la granja unos días, podemos buscar una de las casas franco —le ofreció el General—. A ambos os vendrá bien cambiar de aires durante unos días.

—De momento estamos bien, pero lo tendré en cuenta y te lo haré saber si Scarlett empieza a agobiarse de estar aquí.

Oliver se despidió del General y del Coronel con un afectuoso abrazo pero, cuando llegó el turno de despedirse de Scott, lo hizo tendiéndole la mano.

—Cuida de mi pequeña, es como una hermana para mí y quiero seguir viéndola así de feliz —le dijo Scott con una sonrisa conciliadora.

—Cuidaré de ella —le aseguró Oliver.

Los Parker también se despidieron del General, el Coronel y el Teniente, invitándoles a regresar cuando quisieran y asegurándoles que todos cuidarían de Scarlett.

En cuanto se quedaron a solas, Oliver cogió en brazos a Scarlett y cargó con ella escaleras arriba hasta el dormitorio principal.

—Nena, has sido mala —le reprochó Oliver con la voz ronca al mismo tiempo que se deshacía del vestido de ella.

—Mm… ¿Y qué vas a hacer? ¿Azotarme? —Ronroneó Scarlett, completamente excitada sin que él la hubiera tocado todavía.

—Mala y descarada, creo que tengo el castigo perfecto para ti —le siguió el juego—. Voy a excitarte hasta el extremo, hasta que me ruegues que haga que te corras.

—Estoy a punto de correrme y ni siquiera me has tocado —le confesó Scarlett.

Oliver sonrió, embelesado por la espontaneidad de ella, por su naturalidad a la hora de dejarse llevar por la pasión y el deseo que ambos sentían. La terminó de desnudar y la tumbó sobre la cama. Abrió sus piernas para colocarse entre ellas y hundió su rostro en la entrepierna de Scarlett, haciéndola gemir al sentir su lengua lamiendo y presionando sobre el clítoris. Scarlett cerró los ojos y disfrutó del placer que Oliver le hacía sentir con su boca. Lamió y mordisqueó su centro de placer, hundió uno, dos y tres dedos en su vagina y la hizo alcanzar el orgasmo mientras gritaba su nombre. Oliver bebió cada gota de su placer y continuó lamiéndola mientras el cuerpo de ella convulsionaba recibiendo los últimos coletazos del orgasmo.

Scarlett quedó totalmente exhausta y desmadejada, pero Oliver no se detuvo ahí. Estaba dispuesto a regalarle un orgasmo tras otro y Scarlett no tenía ninguna intención de impedírselo. Oliver se desnudó, se tumbó junto a ella y comenzó a depositar un reguero de pequeños besos sobre su rostro, fue descendiendo por su cuello, por sus pechos, donde se recreó jugando con sus pezones, lamiéndolos, mordisqueándolos y succionándolos, por ese orden. Continuó descendiendo por su vientre, bajando por una pierna y subiendo por la otra, acercándose al punto de unión entre ambas pero sin llegar a tocarlo.

Excitada, Scarlett deslizó una de sus manos hasta agarrar la enorme erección de Oliver. Acarició el glande con una yema del dedo pulgar, limpiando una gota de semen que brillaba en la hendidura de su pene, acelerando los latidos y la respiración de Oliver. Scarlett gateó hasta colocarse entre las piernas de Oliver y, tras sonreírle con descaro, comenzó a pasear la lengua sobre su miembro duro y erecto. Oliver alzó la pelvis pidiendo más y ella no se hizo de rogar, se metió el pene en la boca y comenzó a succionar al mismo tiempo que se la sacaba y se la volvía a meter, deteniéndose de vez en cuando para juguetear con su glande y acariciar sus testículos en tensión.

—Oh, nena —gimió Oliver tratando de retrasar lo inevitable.

Scarlett aceleró sus caricias y el ritmo de la felación, haciendo que Oliver soltara un gruñido gutural de su garganta, completamente excitado y fuera de control. Estaba a punto de correrse y trató de apartarla, pero Scarlett se lo impidió, haciendo que se derramara en su boca. Bebió cada gota de su semen y limpio el pene de Oliver, todavía erecto, con su lengua mientras él gozaba de las últimas sacudidas del orgasmo.

—Ven aquí, mi pequeña traviesa —le dijo Oliver sin recobrar el aliento, arrastrándola sobre su regazo y penetrándola con excesiva lentitud. Ella gimió de placer y él, excitándose todavía más de lo que estaba al escucharla gemir, le susurró con la voz ronca—: Nena, me vuelves loco.

Scarlett sonrió y empezó a cabalgar sobre él, aumentando el ritmo con cada embestida, sosteniéndole la mirada a Oliver mientras trataba de cerrar la boca para ahogar los gemidos que brotaban de su garganta. A las puertas del clímax, Oliver la agarró del trasero y la ayudó a aumentar el ritmo hasta que ambos fueron arrastrados por un segundo orgasmo arrollador. Completamente agotada, Scarlett se recostó sobre el pecho de Oliver, que la estrechó entre sus brazos con el pene todavía dentro de ella.

Un par de minutos más tardes, con la respiración acompasada, Oliver se movió y su pene despertó de inmediato.

—Mm… ¿Sigues teniendo ganas de jugar? —Le provocó Scarlett.

—Yo siempre tengo ganas de jugar contigo, preciosa.

Un segundo después, Scarlett estaba de rodillas sobre la cama y Oliver detrás de ella, en la misma postura pero con sus piernas entre las de ella. La besó por el cuello al mismo tiempo que acariciaba sus pechos con una mano y deslizaba la otra hacia su entrepierna para acariciar el centro de su placer con el dedo pulgar y metiendo el dedo índice y el dedo corazón en su estrecha vagina. Scarlett levantó los brazos hacia atrás, rodeándole el cuello y dándole mejor acceso a sus pechos y abrió aún más las piernas, incitándole a hundirse en ella mientras la continuaba acariciando. Oliver no tardo ni una décima de segundo en complacerla y la penetró de una sola estocada, provocando que diera un respingo ante la sorpresa de la repentina invasión. Colocó la mano sobre su espalda e hizo que se inclinara hacia adelante con las piernas dobladas por las rodillas y abiertas pegando el pecho sobre el colchón.

—Coloca los brazos a ambos lado de la cabeza para no deslizarte hacia adelante —le indicó con la voz ronca, sin dejar de mirar las maravillosas vistas que Scarlett le ofrecía en esa postura.

Con un suave vaivén, Oliver entró y salió de ella con la fricción suficiente para mantenerla excitada pero sin dejarla alcanzar el orgasmo. Scarlett gruñó a modo de protesta y Oliver retiró el pene de su interior el tiempo necesario para recoger todo el flujo de la excitación de ella y esparcirlo desde la vagina hasta el ano. Scarlett se tensó, pero Oliver depositó un beso sensual sobre una de sus nalgas y volvió a penetrarla, haciendo que se relajara. Tras un par de lentas embestidas, Oliver comenzó a tantear el agujero prohibido y ella se volvió a tensar. Sin dejar de penetrarla con el rítmico vaivén, Oliver llevó una de las manos a su entrepierna para estimular su clítoris con movimientos circulares y ejerciendo presión, al mismo tiempo que hundía el dedo pulgar en su ano. Lejos de retirarse, Scarlett gimió excitada y se movió pidiéndole más. Oliver cambió el pulgar por el índice y más tarde le unió en dedo corazón, pero ella seguía pidiendo más. Sin dejar de acariciar su clítoris, Oliver salió de su vagina para colocarse a las puertas de su ano, donde se hundió abriéndose paso poco a poco. Scarlett estaba sumergida en una explosión de sentidos en el que se mezclaba el placer, la excitación y una pequeña punzada de dolor y presión que desapareció cuando Oliver se hundió por completo en ella.

—Córrete, nena. Córrete gritando mi nombre, Scarlett —le susurró Oliver al oído, conteniendo su orgasmo para dejarse arrastrar al mismo tiempo que ella.

Scarlett no tuvo más que oír la excitada voz de Oliver para estallar en mil pedazos y gritar su nombre mientras su cuerpo convulsionaba  y arrastraba a Oliver en aquel abismo. Oliver salió del interior de ella casi de inmediato, se incorporó sentándose en la cama apoyando la espalda en el cabecero y colocó a Scarlett sobre su regazo para abrazarla y acunarla como si fuera su mayor tesoro.

—Cariño, ¿estás bien?

—Nunca he estado mejor —le respondió Scarlett antes de quedarse dormida entre sus brazos.  

Conforme fueron pasando los días, la pareja cada vez se contenía menos a la hora de besarse y abrazarse en público. Su relación se volvía más sólida cada día que pasaba y tanto la familia de Oliver como el padre de Scarlett estaban encantados con aquella incipiente relación.

Ambos mantenían una rutina diaria con la que se encontraban cómodos, pese a que la situación respecto a Damian Wilson seguía siendo la misma. Pasaban la mañana en la piscina, preparaban juntos la comida, se echaban una siesta después de comer, y pasaban el resto de la tarde en la piscina con los sobrinos de Oliver, con Cynthia, Dexter y Caleb. Algunos días cenaban en casa de Cynthia con Izan y los niños, otros iban a cenar a casa de los padres de Oliver o eran ellos quienes invitaban a Dexter y a Caleb a cenar en casa. A Oliver no es que le entusiasmara la idea de compartir con los demás su tiempo con Scarlett, pero tampoco podía oponerse a ello cuando la veía tan feliz relacionándose con más personas. El General Turner les llamaba por teléfono todos los días y hablaba con ambos, la mejor forma para confirmar que todo iba bien era contrastar las dos versiones.

Una tarde, Scarlett observaba a Oliver jugar con sus sobrinos en la piscina y no pudo evitar pensar en él como el padre de sus hijos. Aquella faceta le resultaba de lo más atractiva y la idea de ser madre se le antojaba de lo más apetecible junto a Oliver.

—Oliver adora a sus sobrinos y sus sobrinos le adoran a él —comentó Joe, advirtiendo a Scarlett de su presencia—. Oliver será un buen padre.

—No me cabe la menor duda de ello —opinó Scarlett y, ante la sonrisa divertida de Joe, se apresuró a añadir—: Aunque eso no significa que estemos pensando en ello.

—Lo sé, pero deberás tener más cuidado con lo que dices delante de mi esposa si no quieres que se haga ilusiones —bromeó Joe.

Scarlett se había metido en el bolsillo a toda la familia Parker. Oliver estaba pendiente de ella en todo momento, no se despegaba de su lado ni un solo minuto y aprovechaba cada ocasión para besarla y estrecharla entre sus brazos. A Daniel le encantaba bromear diciendo que Oliver temía que alguien le quitara a Scarlett y todos reían, incluso Oliver.

—Nena, hace más de un mes que estamos en la granja y he pensado que quizás te gustaría que nos fuéramos de aquí unos días —le preguntó Oliver una noche después de hacer el amor.

—Me encantaría, pero dudo que mi padre me deje salir de aquí a menos que sea para regresar a la base.

—Tu padre me ofreció una casa franco donde poder desconectar unos días y creo que ahora sería un momento perfecto para disfrutar de unos días a solas.

— ¿Estaremos los dos solos?

—Ese es el plan, a menos que quieras invitar a alguien más.

—Mm… Unos días solos tú y yo, suena de lo más tentador —opinó Scarlett—. ¿A dónde iríamos?

—He echado un vistazo a las casas franco que la base tiene a su cargo y creo que esta nos gustará —le respondió entregándole el informe sobre la casa que sacó del cajón de la mesilla de noche.

Scarlett leyó el informe con todos los datos de la casa, ubicación, planos e incluso varias fotografías de todas las estancias. Sonrió al adivinar que Oliver había escogido esa casa porque tenía piscina, un jacuzzi en la terraza y no estaba lejos de la granja.

— ¿Te gusta?

—Me encanta —le aseguró Scarlett—. ¿Cuándo nos vamos?

—Mañana por la mañana, ya he hablado con tu padre y me ha asegurado que la casa estará preparada para instalarnos mañana mismo.

— ¿Lo has organizado todo con mi padre antes de hablar conmigo?

—Tenía que asegurarme que su oferta seguía en pie antes de decírtelo. ¿Qué es lo que te asusta, nena?

—Todo esto va muy rápido, ahora estamos bien pero, cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres, todo será distinto y a lo mejor no piensas de la misma manera.

— ¿Por qué no iba a pensar de la misma manera? ¿Acaso crees que estoy contigo solo porque me han encomendado una misión?

—Aquí no tienes mucho donde elegir.

—Hice mi elección cuando te vi por primera vez, soy un hombre muy testarudo y persistente, sé lo que quiero y te aseguro que hago todo lo posible para lograrlo y conservarlo.

Scarlett no insistió, decidió creer en las palabras de Oliver y dejarse abrazar por él. Solo quería disfrutar de todo lo que estaba sintiendo junto a él sin preocuparse de cómo terminaría.