A la mañana siguiente, Scarlett se despertó entre los brazos de Oliver, como ya venía siendo una costumbre. Tras darle los buenos días con un leve beso en los labios, Oliver se levantó, se dio una ducha y bajó a la cocina para preparar el desayuno. Scarlett se quedó durmiendo un rato más debido a la insistencia de Oliver, pues tan solo eran las siete de la mañana.

Mientras preparaba el desayuno, Oliver recibió una llamada de teléfono del General Turner, que quería confirmar la cita de esa noche para cenar.

—Por supuesto, la cena sigue en pie —le confirmó Oliver—. A Scarlett le vendrá bien pasar un rato con su familia.

—Quería pedirte algo, Oliver —le dijo el General suavizando el tono de voz—. El Coronel Wilmore y su hijo también quieren ver a Scarlett y quiero darle una sorpresa a mi hija, así que me preguntaba si habría algún inconveniente si se apuntaban a la cena de esta noche.

—Eh… No, no hay ningún problema.

—Y, ya que vamos a cenar en familia, también me gustaría que la tuya cenara con nosotros.

— ¿Mi familia?

—Sí, a menos que tengan otros planes.

—Estoy seguro de que no se lo querrán perder —murmuró Oliver, sabiendo que ninguno de ellos rechazaría aquella invitación.

—Genial, nos vemos esta noche —concluyó el General y añadió antes de colgar—: Estoy deseando que nos juntemos todos.

Oliver colgó y suspiró con resignación, aquella noche iba a ser de lo más peculiar. No estaba seguro de cómo se lo iba a tomar Scarlett, pero confiaba en que el General tuviera razón y se llevara una sorpresa al ver al Coronel. Sin embargo, la visita del hijo del Coronel no le hacía demasiada gracia. ¿Por qué se iba a alegrar Scarlett de verle? ¿Había algo entre ellos? Sabía que el General y el Coronel eran grandes amigos desde hacía más de tres décadas, por lo que era lógico que mantuviera una buena relación con su hijo, al igual que Scarlett.

Antes de informar a su familia que estaban invitados a la cena de esa noche, Oliver decidió llevarle el desayuno a la cama a Scarlett y ponerla al corriente, sin mencionarle la asistencia del Coronel ni la de su hijo para que el General pudiera darle la sorpresa.

—Entonces, ¿vamos a cenar con tu familia y con mi padre? —Quiso confirmar Scarlett, un tanto escéptica.

—Eso parece, ¿hay algún problema?

— ¿Lo sabe mi padre?

—La idea ha sido suya.

— ¿Y a tu familia le parece bien?

—Todavía no se lo he dicho, pero estoy seguro de que no se perderían la cena por nada en el mundo —le respondió Oliver.

—Y a ti, ¿te parece bien?

—Sí, siempre que a ti no te incomode la situación.

—Te mentiría si te dijese que la situación no es un tanto peculiar: tú y yo, tu familia y mi padre, no sé si saldrá algo bueno de ahí…

— ¿Temes que descubran lo que ocurre entre nosotros? —La tanteó.

—Me temo que lo nuestro es un secreto a voces, no hemos sido muy discretos y, tanto tu familia como mi padre, tienen muy buena intuición.

—Entonces, ¿estamos bien?

— ¿No lo estamos? —Preguntó ella confusa.

—Eres tú quien se ha empeñado en ser discretos, aunque no se nos haya dado demasiado bien.

—Y creo recordar que tú estabas de acuerdo —le reprochó Scarlett.

—Lo sé, pero me molesta tener que esconderme para poder besarte, no estamos haciendo nada malo y creo que es una estupidez teniendo en cuenta que todo el mundo lo intuye.

—No hace ni un mes que nos conocemos, ¿no te parece un poco precipitado?

—No, tengo muy claro lo que quiero.

—Estoy confusa, Oliver. ¿Qué me estás queriendo decir?

—Me gustas, Scarlett —le confesó Oliver mirándola a los ojos—. Sé que hace poco que nos conocemos, entiendo que quieras ir despacio para ver a dónde nos lleva todo esto, pero te advierto que no voy a estar ocultándome siempre para poder besarte y estrecharte entre mis brazos.

— ¿Qué te parece si seguimos con esta conversación cuando hayan detenido a Damian Wilson y a sus hombres? —Le propuso Scarlett—. Quizás para entonces no pienses de la misma manera.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y lo dejó estar, no quería que aquella conversación derivara en una discusión pocas horas antes de que se celebrara la cena. Ya tendría tiempo de volver a debatir sobre el tema, porque no estaba dispuesto a olvidarlo.

Tal y cómo Oliver esperaba, su familia aceptó encantada la invitación para cenar en casa junto al General, el Coronel y su hijo, el Teniente Scott Wilmore. Pese a que no estaban destinados en la misma base, Oliver conocía a Scott, ya que era el hijo de su jefe, y se llevaban bastante bien. Sabía que era un gran hombre, leal y noble, pero también muy deseado entre las mujeres y eso le ponía nervioso.

El mal humor de Oliver fue aumentando conforme se acercaba la hora de la cena, pero Scarlett le ignoró sospechando que aquel comportamiento era fruto de los nervios del momento. Ella también estaba nerviosa, aquella cena de los Parker y los Turner parecía una cena de compromiso en la que las dos familias se conocían y festejaban el amor de sus hijos. A pesar de que esa misma mañana Oliver le había confesado lo mucho que le molestaba tener que ocultarse para besarla, Scarlett temía que todo aquello le sobrepasara y decidiera enviarla de nuevo a la base.

— ¿Estás lista? Tu padre no tardará en llegar —la apresuró Oliver entrando en el dormitorio.

—Relájate, solo es una cena.

—Con un invitado especial —gruñó entre dientes.

—Deja de gruñir y sonríe un poco —le rogó Scarlett, dándole un dulce y breve beso en los labios—, te prometo que esta noche te lo compensaré.

Oliver la abrazó y la estrechó contra su cuerpo. Deseaba desnudarla y hacerle el amor en ese mismo momento, pero la idea se le fue de la cabeza al escuchar el timbre de la puerta.

—Ve a recibir a tu invitados, en seguida estoy contigo —le dijo Scarlett tras besarle con verdadero deseo.

—Nena… Haces conmigo lo que quieres —suspiró con resignación y se marchó a abrir la puerta a los invitados.

Los primeros en llegar fueron los padres y la abuela de Oliver, seguidos de Claire, Izan, Jake y Noah. Oliver les hizo pasar al jardín trasero y les ofreció una copa de vino al mismo tiempo que les recordaba que los invitados, además de ser la familia de Scarlett, también eran sus jefes. Scarlett bajó las escaleras justo cuando el General Turner llamó al timbre y se encontró con Oliver en el hall. Oliver abrió la puerta y, tras saludar al General con un apretón de manos, se hizo a un lado para dejarle entrar.

—Hola, cielo —saludó a su hija con un cariñoso abrazo—. Espero que no te importe, pero he traído compañía.

— ¿Compañía? ¿Te refieres a George?

—A George y a alguien más —le confirmó Trevor, haciendo una señal con la mano para que George y Scott entraran.

— ¡Scott! —Exclamó Scarlett al ver al hijo del Coronel.

— ¡Mi pequeña, estás preciosa! —La saludó Scott alzándola en brazos y dando vueltas con ella, un saludo más cariñoso de lo que Oliver hubiera deseado.

Scarlett y Scott se conocían desde que tenían uso de razón, ambos habían crecido juntos en la base militar y eran prácticamente como hermanos. La confianza, la complicidad y el cariño que existía entre ellos era difícil de negar, pero no iba más allá de una sana relación fraternal.

— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo has llegado? ¿Por qué no me has llamado? —Le atosigó a preguntas Scarlett en cuanto sus pies tocaron el suelo de nuevo.

—Es obvio que he venido a verte, he llegado a la ciudad esta tarde y no te he llamado porque quería darte una sorpresa —le respondió Scott riendo divertido—. ¿Me has echado de menos, pequeña?

— ¿Es que no vas a saludar a tu padrino? —Intervino George.

— ¡George! —Exclamó Scarlett, abrazando a su padrino.

Oliver, tratando de mantener la compostura, les hizo pasar al jardín e hizo las presentaciones oportunas mientras les invitó a tomar asiento y les sirvió una copa de vino. El último en llegar fue Daniel, que sonrió de oreja a oreja al ver el brazo del hijo del Coronel sobre los hombros de Scarlett.

—Tienes competencia, hermanito —se mofó Daniel en un susurro, para que solo Oliver le escuchara.

El humor de Oliver, en lugar de mejorar, fue empeorando. Scarlett estaba tan distraída con la sorpresa de Scott que ni siquiera se percató de lo molesto que estaba Oliver, algo que no pasó desapercibido para el General Turner. Daniel, que conocía bien a su hermano, soltó alguna pulla para fastidiarle, ganándose la mirada reprochadora de Joe y Cynthia.

Durante la cena, la situación no fue a mejor. Scott se las ingenió para sentarse a un lado de Scarlett y Noah quiso sentarse a su otro lado, así que Oliver no tuvo más remedio que cederle el sitio a su sobrina. Scarlett se sintió mal al ver el gesto de enfado de Oliver que, pese a que intentaba ocultarlo, a ella no la engañaba. Consciente del mal rato que estaba pasando Oliver, Scarlett ignoró las pullas de Daniel y de Scott, que parecían divertirse a costa de la pareja.

Tras la cena, Scarlett propuso salir de nuevo al jardín y tomar una copa, una idea que todos aplaudieron y secundaron. El General aprovechó la ocasión para quedarse atrás con su hija y hacerle la pregunta de la cual ya sabía la respuesta:

— ¿Estás saliendo con el Capitán?

—No he salido de los terrenos de la granja.

—Ya sabes a qué me refiero, Scarlett.

—Ya sabes la respuesta.

—Entonces, ¿por qué no le das el lugar que se merece y cortas las bromas? Es evidente que no le están haciendo ninguna gracias.

—Es muy pronto para hacerlo oficial, nos estamos conociendo y no sé lo que va a durar.

—Cielo, no estamos hablando de casarte con él —le hizo entender Trevor—. Se trata de hacer lo que es justo después de todo lo que Oliver está haciendo por ti. ¿Te ha contado que ha devuelto el dinero?

— ¿Qué dinero?

—Le transferimos un importe de seis cifras a modo de recompensa por ocuparse de tu seguridad, pero lo ha devuelto alegando que no hace esto por dinero ni tampoco porque yo se lo haya pedido —le explicó Trevor y añadió, por si le había quedado alguna duda—: Lo hace por ti.

Tras aquella conversación con su padre, Scarlett se dispuso a ir a la cocina para echar una mano a Oliver, pero el General le pidió que le dejaré a él y ella salió al jardín con los demás. Se sentó junto a Scott, que charlaba animadamente con Daniel, y aprovechó que estaban juntos para lanzarles una clara advertencia:

—Si no dejáis de fastidiar a Oliver, me voy a convertir en vuestra peor pesadilla.

—Interesante —rumió Scott—. ¿Desde cuándo te lo tiras?

—No es asunto tuyo —bufó Scarlett.

—Eso confirma que te lo tiras —afirmó Scott.

—Todo el mundo lo sabe, pero nadie entiende por qué os empeñáis en hacernos creer lo contrario —opinó Daniel.

—No es asunto vuestro —les regañó Scarlett.

— ¿De verdad crees que el Capitán Parker se ha hecho cargo de tu seguridad porque eres la hija del General? —Se mofó Scott—. Solo por ser quién eres se hubiera negado en rotundo y mucho menos te habría traído a su casa. Su misión era sacarte de Isla Maravilla y llevarte a la base, el resto lo está haciendo porque le importas, Scarlett.

—Negaré haberlo dicho delante de él, pero ni yo ni mi familia le habíamos visto jamás así de interesado por una mujer, está pendiente de ti en todo momento e incluso organiza excursiones y veladas románticas para sorprenderte —comentó Daniel—. Supimos que estaba enamorado de ti incluso antes de conocerte.

— ¿Se puede saber qué cuchicheáis todo el rato? —Les regaño la abuela Sylvia, que no le hacía falta escuchar para saber qué decían.

—Scarlett nos está regañando, abuela —le respondió Daniel riendo y provocando las risas en todos los presentes.

Mientras tanto, Oliver estaba en la cocina sirviendo las copas para todos con la ayuda del General. Trevor sabía que entre el Capitán y su hija existía una relación más allá de la profesionalidad y la amistad. No quería ser un obstáculo en aquella relación por ser el superior del Capitán y estaba dispuesto a dejárselo claro:

—Estoy muy contento de ver a mi hija feliz, pese a que no tenga su ansiada libertad, y es obvio que es gracias a ti. Sé que a veces Scarlett puede ser muy testaruda y que no te lo pondrá fácil, pero también he visto cómo te mira, igual que tú la miras a ella.

—General Turner, yo…

—Por favor, llámame Trevor —le interrumpió y, sin dejarle mediar palabra, añadió—: Mi hija me ha confirmado que existe una relación entre vosotros y me parece bien si es lo que ambos queréis.

—Gracias —logró decir Oliver, sorprendido y emocionado por aquellas palabras del General.