La protegida del Capitán 1.

Había pasado una semana y Scarlett continuaba alojada en casa de su padre, el General Turner. No había visto a Oliver desde que discutieron al llegar a la base y, aunque esperaba verle aparecer en cualquier momento, esa esperanza se hacía más pequeña conforme pasaban los días. Al principio, Scarlett estaba enfadada, no podía creer que Oliver pensara que era la amante del General después de haberse entregado a él. Intentó olvidarse de él, pero le fue imposible no echarle de menos, sobre todo por las noches. Sin embargo, tampoco hizo nada para intentar hablar con él, por mucho que lo deseara.

El General Turner conocía muy bien a su única hija y sospechaba que la tristeza que veía en sus ojos estaba relacionada con el Capitán Parker. Al General Turner no le resultó difícil adivinar que entre ellos había pasado algo mientras estaban en la selva y que, por alguna razón, discutieron al llegar a la base.

—Quiero irme a mi apartamento, necesito salir de aquí —le dijo Scarlett a su padre mientras desayunaban.

—No puedes regresar a tu apartamento, Damian Wilson sabe dónde encontrarte —argumentó el General—. Pero, si te agobias sin poder salir de la base, puedo intentar buscarte un lugar seguro en el que alojarte.

—Lo que sea que me permita salir de aquí —le contestó Scarlett.

Después de desayunar, el General Turner fue en busca de su buen amigo, el Coronel George Wilmore. El Coronel conocía muy bien al Capitán Parker y, antes de poner la vida de su única hija en sus manos, el General quería conocer su opinión.

—Oliver es el mejor de mis hombres, pero llegó tocado después de la última misión —le informó el Coronel—. Está de vacaciones y no se prevé que regrese hasta dentro de seis semanas.

— ¿Soy el único que sospecha que entre el Capitán y mi hija ha pasado algo?

—No, yo también pienso que en aquella selva hubo algo entre ellos pero, sea lo que sea, me temo que no acabó bien —comentó el Coronel que, ante la mirada insistente del General, añadió—: Oliver se ha tomado unas vacaciones porque quiere evitar a Scarlett. No me lo ha dicho directamente, pero le conozco bien.

—Y, ¿qué crees que dirá si le pido que sea el guardaespaldas de Scarlett hasta que detengamos a Damian Wilson y sus hombres?

—Puede que hayan discutido, pero Oliver le ha cogido cariño a tu hija, de lo contrario no estaría tan afectado —opinó el Coronel—. Pero solo hay una manera de averiguarlo.

Y el General Turner sabía cuál era la manera de averiguarlo y no lo dudó ni un segundo, salió de la base en el coche oficial y se plantó en la granja propiedad de la familia Parker, donde adivinó que podría encontrar a Oliver.

Oliver llevaba una semana en la granja familiar, rodeándose de los suyos para intentar quitarse de la cabeza a Scarlett. Había pasado más de una semana desde la última vez que la vio y, desde entonces, no había dejado de pensar en ella. Su frustración fue en aumento conforme pasaban los días, sacando su mal humor con todo aquel que se atreviese a cruzar una palabra con él. Ni sus padres, ni sus hermanos ni su cuñado se atrevieron a preguntarle cuál era el motivo por el que estaba tan irascible, pero sí que lo comentaron entre ellos.

—Quizás ha tenido algún problema en el trabajo —comentó preocupada Cynthia, la madre de Oliver.

—Es demasiado controlador y disciplinado para tener problemas en el trabajo, yo creo que su preocupación tiene nombre de mujer —opinó Claire, la hermana de Oliver.

— ¿El hombre de hielo enamorado de una chica? No me lo creo —se mofó Daniel, el hermano de Oliver.

—Pues yo no lo tengo tan claro, nunca le había visto de tan mal humor —opinó Izan, el marido de Claire y cuñado de Oliver.

—Dejad de hablar del chico, ya es mayorcito para saber lo que se hace y no le hará ninguna gracia que habléis de él a sus espaldas —les regañó Joe, el padre de Oliver.

La familia Parker estaba muy unida, pero Joe y Oliver tenían una relación especial de padre e hijo. Ambos tenían el mismo carácter y, aunque a veces eso provocaba pequeñas discusiones, ambos se entendían a la perfección. Joe no tenía ninguna duda de que su hijo estaba disgustado y, como había dicho su hija Claire, su disgusto tenía nombre de mujer.

Ajeno a la conversación que su familia mantenía en la cocina sobre él, Oliver jugaba con sus sobrinos en la piscina cuando vio el coche oficial del General Turner entrar en la granja y detenerse frente a la puerta de la casa principal, la casa de sus padres. Sacó a sus sobrinos de la piscina, los envolvió en una toalla para secarlos y les dijo mientras les llevaba hacia el interior de la casa por la puerta de la cocina:

—Jake, Noah. Vamos a lavarnos las manos y a prepararnos para comer, ¿de acuerdo? —Los niños asintieron y obedecieron a su tío, al que acompañaron a la cocina. Con gesto de preocupación, Oliver miró a su familia y les dijo—: El General Turner está en la puerta, quedaos con los niños.

Se terminó de secar con una toalla, se puso una camiseta y se dirigió a la puerta principal de la casa justo cuando el timbre sonó.

—General Turner —le saludó Oliver, visiblemente nervioso.

—Capitán Parker, tengo que hablar con usted.

El tono serio del General no tranquilizó en absoluto a Oliver, quién comenzó a sospechar que el General había averiguado lo que había ocurrido en la selva entre él y Scarlett. Oliver le hizo un gesto al General para que le acompañara a dar un paseo por los terrenos de la granja, no quería que su familia se enterara de aquella conversación.

—Usted dirá, General —le animó Oliver, que quería acabar con lo que fuera aquello cuanto antes.

—Sé que entre Scarlett y tú ha pasado algo…

—General…

—Sí, ya sé que estás de vacaciones, pero no confío en nadie más que en ti cuando se trata de la seguridad de mi única hija.

— ¿Scarlett es su hija? —Preguntó Oliver sorprendido.

—Así es, ¿Scarlett no te lo había dicho?

—No y tampoco sabía que usted tuviera una hija, ni siquiera llevan el mismo apellido.

—La madre de Scarlett murió cuando ella era un bebé, tenía que protegerla pero no podía estar siempre con ella debido a mi trabajo, así que decidí ocultar su existencia para impedir que alguien nos relacionase.

— ¿A qué ha venido, General?

—Scarlett quiere marcharse de la base, está agobiada y de mal humor, pero no puedo permitir que se marche sin escolta y solo confío en ti para proteger a mi hija. Sé que estás de vacaciones, pero estoy dispuesto a darte dos días libres por cada día que estés protegiéndola.

— ¿Scarlett está al corriente de su visita?

—No, pero me ha dicho que está dispuesta a lo que sea si así consigue salir de la base —le aseguró el General—. Además, creo que ambos debéis resolver algunas cosas.

—Supongo que no perdemos nada por intentarlo —aceptó Oliver—. ¿Dónde nos instalaremos?

—No lo hemos decidido, pero será en un lugar seguro, discreto y sin relación con el ejército para no levantar sospechas.

—Primero hablaremos con Scarlett, es posible que cambie de opinión cuando sepa cuál es la alternativa.

Media hora más tarde y después de haberse duchado, Oliver se dirigió hacia a la base, concretamente hacia la casa del General Turner. Estaba nervioso, ansiaba ver a Scarlett y esperaba poder hablar con ella para aclarar las cosas. Se bajó del coche y no tuvo que llamar a la puerta, el General le estaba esperando.

—Scarlett está con el Coronel, en seguida regresan —le informó el General—. Todavía no he podido hablar con ella, pero seguro que se alegra de poder salir de aquí.

El General invitó a Oliver a entrar en la casa y, tras ofrecerle algo de beber, ambos se acomodaron en el sofá del salón. No tuvieron que esperar mucho, Scarlett y el Coronel llegaron cinco minutos más tarde.

Scarlett se quedó paralizada cuando entró en casa y se encontró a Oliver sentado en el sofá, charlando tranquilamente con su padre.

— ¿Qué ha pasado? —Preguntó Scarlett preocupada.

—Querías salir de la base y la condición era que llevaras guardaespaldas —le recordó su padre—. Ya conoces al Capitán Parker, él será tu sombra mientras estés fuera de la base.

Scarlett miró a Oliver en busca de una señal que le confirmase que estaba de acuerdo con aquella decisión, pero su gesto era indescifrable. 

—No creo que sea una buena idea —opinó Scarlett con un hilo de voz, incapaz de seguir sosteniéndole la mirada a Oliver.

—Creo que, antes de tomar una decisión de la que puedas arrepentirme, deberíais primero resolver vuestras diferencias y decidir si estáis dispuestos a seguir adelante con esto —les dijo el Coronel, que era un hombre muy sabio.

—No seas testaruda —le advirtió el General a su hija besándola en la mejilla—, esta es tú única posibilidad de salir de la base mientras que Damian Wilson siga huido.

Scarlett resopló con frustración, no quería discutir con Oliver y tampoco pensaba aclararle nada, no se lo merecía. Sin embargo, tampoco podía evitar emocionarse al verlo frente a ella, con semblante despreocupado y mirada indescifrable.

— ¿Damos un paseo? —Le propuso Oliver, necesitaba salir de aquella casa para poder mantener una conversación sincera con ella. Scarlett asintió y salió de la casa seguida de Oliver, que no dudó en colocar su mano sobre la espalda de ella—. ¿Cómo estás?

—He tenido días mejores.

— ¿Y tus costillas?

—Bien, solo era una pequeña fisura que ya está casi curada —mintió para restarle importancia.

—Scarlett, yo… ¿Por qué no me dijiste que eras la hija del General?

—Tú ya habías sacado tus propias conclusiones, ¿qué importaba lo que yo dijese?

—Me dejaste creer que eras su amante —le reprochó.

—Era lo que tú querías creer, quizás era la manera fácil de…

— ¿De qué? ¿De olvidarme de lo que ocurrió entre nosotros en la cueva? —Le espetó Oliver furioso.

—Te fuiste sin dejar que te diera una explicación, no pareció importarte demasiado largarte y dejarme aquí.

— ¿Eso es lo que crees? ¡Qué poco me conoces! —Estalló Oliver con amargura en la voz—. Has estado casi una semana conviviendo conmigo en mitad de una selva y no sabes nada de mí.

—Esto ha sido un error desde el principio, es mejor que me quede en la base hasta que detengan a Damian Wilson —sentenció Scarlett con los ojos brillantes, conteniendo las lágrimas—. Lamento que te hayan hecho venir aquí para nada.

Scarlett dio media vuelta, dispuesta a regresar a la casa del General, pero Oliver la agarró del brazo con firmeza para detenerla y le advirtió:

—Si pasados unos días cambias de opinión, yo no estaré disponible.

— ¿Eso significa que puedo salir de aquí con otro agente que no seas tú?

— ¡Maldita sea, Scarlett! —Vociferó Oliver fuera de sí—. ¿Acaso pretendes volverme loco? ¿No has tenido suficiente con hacerme creer…?

— ¿Va todo bien por aquí? —Preguntó el Coronel, acercándose a ellos.

—Sí, le estaba diciendo al Capitán Parker que agradezco mucho que haya venido hasta aquí, pero me temo que es mejor que me quede en la base —decidió Scarlett. Y con las lágrimas a punto de derramarse de sus ojos, se excusó antes de regresar a la casa—: Lo siento, disculpadme.

Scarlett recorrió el camino a la inversa para regresar a casa y, sin mediar palabra, entró y subió las escaleras para encerrarse en su habitación, donde las lágrimas se desbordaron y rodaron por sus mejillas como cascadas.

El General Turner, alarmado por aquel extraño comportamiento de su hija, se quedó mirando las escaleras que daban acceso a la planta superior sin saber qué hacer. ¿Trataba de consolar a su hija o le dejaba tiempo e intimidad para que fuera ella la que fuese a hablar con él? Con un pie en el primer peldaño de la escalera, el General se detuvo cuando escuchó la voz de Oliver detrás de él:

—Por favor General, deje que sea yo quien suba a hablar con ella.

El General y el Coronel intercambiaron una significativa mirada, ambos conocían el carácter de Scarlett y sabían que aquello no era una rabieta, aquello escondía mucho más de lo que ellos podían confirmar pero que ya sospechaban.

—Está bien —accedió el General.

4 comentarios

  1. Me encanta, quisiera leer Hasta el final.

  2. Leída la primera parte. Me enganché 🙂

    Saludos, amiga. Que tengas un gran día.

    • Muchas gracias, Tambok! Ya está publicado el segundo capítulo y cada martes publico un nuevo capítulo. Espero que disfrutes de la historia, un abrazo! 😉

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