Hasta que el contrato nos separe 9.

El trayecto de regreso a casa de Matt lo pasaron completamente en silencio. Gisele estaba perdida en sus propios pensamientos, cada vez le preocupaba más la actitud de Erik, jamás se había comportado así en cuatro años que hacía que le conocía. El hombre con quien había compartido su vida durante más de tres años se había vuelto loco. Matt la observaba de reojo mientras conducía, imaginó que pesaba en su ex novio y no se equivocaba, pero no la presionó, dejó que fuera ella quien decidiera hablar o no del tema.

Unos minutos más tarde, Matt aparcó el coche en el garaje y entró en la casa agarrado de la mano de Gisele, que caminaba a su lado con la cabeza en otra parte.

— ¡Creía que os habíais marchado y no regresaríais! —Les saludó Elsa gratamente sorprendida de ver a Gisele junto a Matt.

—Hemos ido a la agencia, tenía que encargarme de un asunto importante, y hemos pasado por el apartamento de Gisele para coger un par de cosas, se quedará a dormir en casa esta noche —informó Matt.

—Eso es genial, Gis —celebró Elsa—. Voy a preparar una cena de chuparse los dedos.

—Estoy deseando probarla, Elsa —le respondió Gisele con una amplia sonrisa.

—Vamos, te acompaño a mi despacho —le indicó Matt—. Allí podrás estudiar sin que nadie te moleste hasta la hora de la cena.

Gisele se acomodó en el sofá del despacho de Matt, situado en la plata baja de la casa, mientras él se dirigió a su habitación para llamar a Tyler. El asunto del ex novio molesto de Gisele le tenía harto y, tras ver el temor en los ojos de Gisele al enterarse que estaba frente a la puerta del edificio de su apartamento, a Matt se le había acabado la paciencia.

—Hola Matt —saludó Tyler cuando descolgó.

—Tyler, asegúrate que no pierden de vista a Erik Muller, lo quiero en la agencia mañana a primera hora.

—De acuerdo, así lo haremos —afirmó Tyler—. Estaba a punto de llamarte, seguimos investigando y hemos encontrado un vacío en su expediente. Erik Muller comenzó a existir hace ocho años.

—Genial —bufó Matt con sarcasmo—. Averigua quién es realmente ese tipo, quiero saberlo todo sobre él.

—Lo intentaré, pero no va a ser fácil, ese tipo no ha dejado ningún rastro de su identidad anterior. Quizás la chica pueda darnos más información de la que podamos conseguir investigándolo —propuso Tyler con cautela.

—Quiero mantener a Gisele al margen, no quiero que se agobie más.

— ¿Y de verdad crees que es mejor secuestrar a su ex novio que preguntarle directamente por él? —Se mofó Tyler—. Supongo que así es el amor, os deja a todos gilipollas.

Si le hubiera dicho eso a Matt una semana antes, probablemente le hubiera dado un buen puñetazo, pero después de conocer a Gisele, no pudo más que reír. Al fin y al cabo, aquello significaba que no se les daba tan mal fingir ser una pareja.

—Esta noche Gisele se quedará conmigo, no apareceremos por allí —le informó Matt—. No lo perdáis de vista y llámame si averiguas algo más.

—De acuerdo, seguimos en contacto —afirmó Tyler antes de colgar.

Matt suspiró profundamente y se dejó caer sobre la cama. Estaba agotado, apenas había dormido desde el sábado y se temía que esa noche tampoco dormiría mucho más si tenía que compartir cama con Gisele. Lo que en un principio parecía de lo más tentador, podría convertirse en una auténtica tortura si debía de contener la atracción que sentía por ella.

Tratando de deshacerse de esos pensamientos que solo conseguían excitarle más, Matt decidió darse una ducha de agua fría y bajar a la cocina para echarle una mano a Elsa, así al menos lograría distraerse un poco mientras Gisele estudiaba.

— ¿Qué intenciones tienes con esa chica? —Exigió saber Elsa, que se comportaba más como una madre que como una empleada.

—Tengo las mejores intenciones con Gisele, me gusta de verdad —le respondió Matt, y no fue ninguna mentira.

—Parece una buena chica, un poco joven quizás.

— ¿Me estás llamando viejo? —Bromeó Matt.

—Si tú eres viejo, ¡yo soy una momia! —Replicó Elsa divertida. Se puso seria y añadió—: Gis me gusta para ti, he visto cómo la miras y cómo sonríes cuando estás con ella.

Matt guardó silencio. Elsa era una persona muy intuitiva, difícil de engañar. Si bien era cierto que Matt se sentía atraído por Gisele desde que la vio por primera vez en aquel pub, nunca había profundizado en ese sentimiento. Había estado ocupado tratando de que ella aceptara firmar el contrato y así tener una excusa para seguir viéndola.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Elsa.

—Sí, solo estoy un poco cansado —le confesó Matt.

Matt pelaba y cortaba las patatas mientras Elsa encendía el horno para calentarlo cuando, cansada de estudiar, Gisele cerró los libros y salió del despacho para dirigirse a la cocina. Allí se los encontró charlando tranquilamente mientras preparaban la cena y, tratando de echar una mano, se ofreció:

—Hola, ¿puedo ayudaros a algo?

— ¿Ya has terminado de estudiar? —Le preguntó Matt escrutándola con la mirada.

—Ajá, es lo bueno de estudiar todos los días, no tengo que pasarme la noche anterior en vela estudiando.

—Todavía falta un rato para que la cena esté lista, puedes instalarte en mi habitación y darte una ducha, si te apetece.

—No puedo dejar que vosotros hagáis todo el trabajo —protestó Gisele.

—Eres nuestra invitada, no podemos consentir que eches una mano —sentenció Matt con rotundidad—. Vamos, te acompaño a la habitación. En seguida regreso, Elsa.

Matt agarró a Gisele por la cintura y, pegándola al lado izquierdo de su cuerpo, salieron de la cocina como si fueran una pareja de enamorados. Gisele esperaba que Matt retirara el brazo de su cintura, pero lo dejó allí hasta que llegaron al dormitorio principal de la planta superior. Matt le enseñó el dormitorio, el vestidor y el cuarto de baño y Gisele no pudo evitar pensar que aquella amplia estancia era más grande que el cochambroso apartamento que compartía con Sarah. Al entrar en el cuarto de baño, Gisele ahogó un grito de euforia cuando vio la enorme bañera y se sorprendió excitándose al imaginarse con Matt en ella.

—Hay toallas limpias en el armario o, si lo prefieres, puedes utilizar mi albornoz, yo nunca lo uso —le ofreció Matt—. Estaré con Elsa en la cocina, baja cuando termines. Y, si necesitas algo, llámame.

—Gracias —le dijo Gisele dedicándole una amplia sonrisa.

Matt asintió con un leve gesto de cabeza y regresó rápidamente a la cocina junto a Elsa, imaginarse a Gisele en su bañera no era la mejor forma para contener sus necesidades.

Gisele estuvo tentada de darse un largo baño, pero no quería que la tuvieran que esperar para cenar y decidió darse una rápida ducha. Media hora más tarde, Gisele entraba en la cocina más relajada y con su eterna sonrisa en los labios.

—Llegas justo a tiempo, la cena ya casi está —anunció Matt.

—Huele de maravilla.

—Sentaos a la mesa, yo me encargo de serviros y os dejo solos —dijo Elsa.

— ¿Pero cómo no vas a cenar con nosotros? —Protestó Gisele—. ¡Si has preparado tú la cena!

—Ejem, ejem —tosió Matt para recordarle que él también había ayudado.

—Perdón, tú también —se disculpó ella con una sonrisa divertida.

Matt estrechó a Gisele entre sus brazos y le plantó un beso en los labios de manera espontánea. Agradeció en silencio que Elsa estuviera presente, al menos podía justificarlo diciendo que estaba metido en su papel de novio enamorado. Pero a Gisele no le molestó aquel beso, todo lo contrario.

—Ya has oído a Gisele, tienes que cenar con nosotros —sentenció Matt, dirigiéndose a Elsa.

—Está bien, pero sentaos a la mesa que yo me encargo de servir la cena.

Ambos la obedecieron sin rechistar y se sentaron a la mesa del comedor mientras Elsa se desenvolvía con facilidad en la cocina.

—Elsa no puede saber nada sobre nuestro acuerdo —le recordó Matt una vez a solas en el comedor.

—Pues tendrás que acostumbrarte al lado izquierdo de la cama —bromeó Gisele tratando de parecer despreocupada.

—Dormir en un lado o en otro de la cama no será lo que suponga un problema —murmuró él entre dientes.

Elsa entró en el comedor con la bandeja de pollo y patatas y sirvió los platos. Los tres cenaron charlando tranquilamente, pero Elsa quería saber más de la chica que había conquistado el corazón de Matt y comenzó a hacer preguntas:

— ¿Cómo os conocisteis?

—Jason y yo estábamos tomando algo en un pub, Gisele y su amiga estaban sentadas lo suficientemente cerca para escuchar lo que decían y…

—Y tuvisteis la poca vergüenza de cotillear todo lo que decíamos —le interrumpió Gisele divertida.

—No debí parecerte tan malo, te quedaste charlando conmigo toda la noche.

—Eso es porque eres muy insistente, persuasivo y mandón —le replicó Gisele sacándole la lengua.

—Creo que te ha calado perfectamente —se mofó Elsa.

—Así que un mandón, ¿no?

—Un mandón encantador —le confirmó Gisele sonriendo.

Estuvo a punto de besarle, pero cambió de opinión en el último momento. Matt se percató y frunció el ceño, no entendía por qué se había echado atrás.

Después de cenar, Gisele se empeñó en ayudar a Elsa a recoger la mesa y Matt también echó una mano, quería acabar con aquello cuanto antes para irse a dormir con Gisele.

—Buenas noches, Elsa —se despidió Matt tirando del brazo a Gisele—. Vamos a dormir, mañana tienes un examen.

—Buenas noches, Elsa.

—Buenas noches, pareja —les deseó Elsa.

Gisele siguió a Matt a la habitación y, tras coger su mochila, entró en el cuarto de baño para ponerse el pijama mientras Matt hacía lo mismo en el vestidor. Cuando Gisele salió del cuarto de baño, él ya estaba tumbado en el lado izquierdo de la cama. Tragó saliva cuando la vio con aquella camiseta blanca y ajustada que marcaba sus pechos y aquel short diminuto que dejaba al descubierto sus piernas perfectas. Gisele se metió en el lado derecho de la cama y, antes de apagar la luz, le dijo a Matt entre risas:

—Buenas noches, cariño.

Buenas noches, Gisele —le susurró él con la voz ronca.

2 pensamientos en “Hasta que el contrato nos separe 9.

  1. Esta historia se está desarrollando de una forma muy interesante. Despierta mi curiosidad. ¿Cuándo van a caer en la tentación? Supongo que tendré que tener paciencia y esperar al próximo capítulo.

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