Hasta que el contrato nos separe 7.

En cuanto Gisele entró en el apartamento, Sarah la bombardeó a preguntas. Su amiga quería saberlo todo sobre esa relación y sabía que no iba a darse por vencida hasta que se lo contara absolutamente todo. Gisele respiró hondo, se armó de paciencia y se metió en su papel de futura esposa de Matt para contarle una bonita historia de amor ceñida lo máximo posible a la realidad pero manteniendo en secreto el acuerdo con Matt. Le explicó que Matt había aparecido por la mañana para llevarla a la universidad, que más tarde fue a recogerla y la invitó a comer a una preciosa y elegante masía en mitad del campo pero a pocos minutos de la ciudad y que después la llevó a su agencia para mostrarle el lugar en el que trabajaba.

— ¿Y cuándo decidió lanzarse? —Quiso saber Sarah, que algo no terminaba de encajarle en aquella historia.

—Justo antes de que aparecieras, solo nos hemos dado tres besos. Literalmente.

— ¿Hasta qué punto te interesa Matt?

—Desembucha —la animó Gisele, que conocía demasiado bien a su amiga.

—Gis, ese tipo tiene doce años más que tú y es un mujeriego —le espetó Sarah tratando de abrirle los ojos a su amiga—. Si sacaras la cabeza de los libros sabrías que Matt Spencer es considerado uno de los solteros de oro de la ciudad y también del país. Se codea con actrices y modelos, pero con ninguna de ellas dura más de dos meses.

— ¿A qué viene esto? Te recuerdo que fuiste tú la que me aconsejó que le diera una alegría a mi cuerpo con Matt.

—Exacto, te dije que le dieras una alegría al cuerpo, pero hablas de él como si fuera el amor de tu vida y no quiero que te haga daño.

—Solo nos estamos conociendo y, cómo te he dicho, solo nos hemos dado tres besos —la tranquilizó Gisele—. Sigo con la cabeza metida en los libros, pero me siento cómoda con Matt y me gusta estar con él, así que seguiré conociéndole y ya veremos qué pasa.

—Pase lo que pase, yo siempre estaré a tu lado —le aseguró Sarah abrazándola con ternura y añadió bromeando—: Pero, si esto acaba con un churumbel, yo seré la madrina.

—Me parece justo —rio Gisele divertida.

Matt pasó la noche investigando a Erik Muller, el ex novio de Gisele. Le había pedido a Tyler Cooper que mantuviera un par de agentes custodiando el edificio donde se encontraba el apartamento de Gisele y que mantuviera vigilado a Erik Muller, quería saber dónde se encontraba en todo momento.

Por la mañana, Matt pasó a recoger a Gisele tras confirmar que su ex novio no se había presentado por allí en toda la noche. La estaba esperando apoyado en el coche, con las manos en los bolsillos. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando la vio aparecer, aquella imagen de ella bañada por los rayos de sol le pareció el paraíso.

—Buenos días, señor Spencer —le saludó Gisele al pasar por su lado.

—Buenos días, señorita Moore —le siguió el juego Matt—. ¿No se le olvida algo?

Gisele se miró de arriba abajo para comprobar que llevaba todo lo que necesitaba y se encogió de hombros sin saber a qué se refería. Matt señaló sus labios y le preguntó con tono burlón:

— ¿Es que no vas a darme un beso para acompañar los buenos días? —Gisele le dio un leve beso en los labios y Matt añadió divertido—: ¡Pero si ni siquiera he podido disfrutarlo!

—Tendrás que estar más atento la próxima vez —se guaseó Gisele.

Se dirigieron a la universidad en el coche de Matt y él aprovechó el trayecto para preguntarle algo que le había estado matando de curiosidad durante toda la noche:

— ¿Qué tal te fue anoche con Sarah?

—Mejor de lo que esperaba, pero no le ha hecho demasiada gracia saber que nos estamos conociendo —le confesó. Matt la miró alzando las cejas y ella le aclaró—: No es nada personal, ella solo quería que, según sus propias palabras, echásemos un polvo y si te he visto no me acuerdo. No cree que seas adecuado para mí y no la culpo, tú y yo somos de mundos distintos.

— ¿A qué te refieres con que somos de mundos distintos? ¿Por qué no puedo ser el hombre adecuado para ti? —Quiso saber Matt, tratando de ocultar lo mal que le habían sentado aquellas palabras.

—Al parecer, eres uno de los solteros de oro del país y te codeas con actrices y modelos, yo no pinto nada en tu mundo.

Matt sonrió. Adivinó que Sarah había averiguado que tenía fama de mujeriego y había puesto en preaviso a Gisele.

—No te voy a negar que tengo un pasado, igual que tú tienes el tuyo —le respondió Matt encogiéndose de hombros, sin darle importancia al asunto.

— ¿Por qué yo? Con todas las candidatas que debes tener, ¿por qué me escogiste a mí para esto? ¿Acaso crees que no me echaré atrás en el trato porque soy pobre y no podré pagar la indemnización por incumplimiento de contrato?

—Esa no ha sido la razón —le dijo Matt con rotundidad, visiblemente ofendido. Aparcó frente al edificio principal de la universidad y añadió—: Vendré a buscarte cuando termines las clases y seguiremos con esta conversación.

Gisele abrió la puerta y bajó del coche, decepcionada porque Matt no le había pedido que se metiera en su papel de futura esposa y le diera un beso. Se despidió haciéndole un gesto con la mano y él le respondió con un leve gesto de cabeza antes de arrancar el motor del coche y marcharse. Matt maldijo una y mil veces mientras conducía hacia a la agencia. Necesitaba a Gisele para consolidarse como único heredero de la fortuna de su abuelo, pero también porque quería seguir disfrutando de su compañía y no estaba dispuesto a echarlo todo a perder por una tontería. Y sí, se había ofendido. Él no era un esnob, no había escogido a Gisele porque fuera pobre y así se aseguraría de que ella no incumpliría el contrato porque no pudiera hacer frente a la cláusula de indemnización. Había escogido a Gisele porque era una chica encantadora, simpática y divertida. Había sido completamente sincera con él pese a que apenas se conocían y, aunque no lo reconociera en voz alta, también la había escogido porque le atraía. No había tenido en cuenta el estado de sus cuentas bancarias para tomar la decisión, tan solo bien que se sentía y lo mucho que le gustaba su compañía.

— ¡Uix, qué cara! ¿Has discutido con la churri? —Se mofó Jason cuando se lo cruzó por uno de los pasillos.

— ¿Tienes el contrato?

Ambos amigos intercambiaron una significativa mirada y entraron en el despacho para hablar con mayor intimidad. Jason no tuvo que preguntar para que Matt le contara qué le ocurría y, aunque lo intentó, no pudo contener la risa.
— ¿Te parece gracioso? —Le espetó Matt furioso.

—Empiezas a parecer a un hombre casado —se guaseó Jason.

Gisele salió de clase a la una en punto y sonrió cuando vio a Matt esperándola junto a su coche. Se despidió de un par de compañeras de la universidad y se dirigió hacia a él cruzando los dedos para que se le hubiera pasado el enfado.

—Estás aquí —le saludó en un susurro.

— ¿Acaso pensabas que no iba a venir?

—Tenía mis dudas después de cómo te has marchado esta mañana —reconoció Gisele.

—Tenemos una conversación pendiente, quiero que lo tengas todo claro antes de firmar el acuerdo, si es que todavía sigues interesada. ¿Comemos en mi casa y lo hablamos tranquilamente?

—Mañana tengo un examen, tengo que estudiar.

—Estarás en tu apartamento antes de que el sol se ponga —insistió Matt.

—Está bien.

Matt ayudó a Gisele a subir al coche y condujo en dirección a su casa antes de que ella decidiera cambiar de opinión. Apenas unos minutos más tarde, aparcaba el coche en el garaje y entraba en su casa con Gisele. En cuanto pusieron un pie en el interior de la casa, una mujer de unos sesenta años asomó la cabeza por la puerta de la cocina y sonrió al ver Matt.

— ¡Matt! No esperaba que llegaras tan pronto, ¿te preparo algo de comer? —La mujer se percató que Matt iba acompañado y sonrió más ampliamente al ver a Gisele—. Oh, lo siento, pensaba que estabas solo. ¿Os quedaréis a comer? ¿Qué queréis que os prepare?

—Hola Elsa, debería haberte avisado —se disculpó Matt saludándola con un leve beso en la mejilla. Se volvió hacia Gisele e hizo las presentaciones oportunas—: Gisele, te presento a Elsa, vive aquí y se ocupa de las tareas de la casa. Gisele es… una amiga especial.

—Encantada de conocerla, Elsa —la saludó Gisele estrechándole la mano.

—Lo mismo digo Gisele pero, por favor Gisele, trátame de tú.

—De acuerdo, pero entonces tendrás que llamarme Gis —se desenvolvió Gisele con una sonrisa arrebatadora que hechizó tanto a Elsa como a Matt.

—No hay problema, Gis. ¿Qué te apetece comer?

—No sé, ¿Matt?

—Me da igual, decide tú —gruñó Matt, que empezaba a impacientarse con tanta charla entre esas dos.

— ¿Te echo una mano? —Se ofreció Gisele.

—Gisele, te recuerdo que tenemos un asunto pendiente —gruñó Matt de nuevo.

Gisele rodó los ojos con exasperación, aquel hombre no estaba acostumbrado a que le hicieran esperar, pero ella no era ninguna maleducada.

—Muchas gracias cielo, pero ya me ocupo yo de la comida o me quedaré sin trabajo —bromeó Elsa para sacarla del apuro al mismo tiempo que fulminaba con la mirada a Matt por ser tan impertinente y maleducado.

—Estaremos en mi despacho —anunció Matt con el rostro impasible, colocando su mano sobre la espalda de Gisele para guiarla.

Una vez a solas con Gisele en el despacho de su casa, le hizo un gesto para que tomara asiento y él se sentó frente a ella, al otro lado de la mesa. Se miraron fijamente a los ojos durante unos segundos, hasta que él decidió romper el silencio que se había formado:

—Te escogí a ti porque fuiste natural y sincera conmigo, tu situación económica no tuvo nada que ver. En cuanto a mi pasado, es obvio que he estado con otras mujeres y no he mantenido una relación estable con ninguna de ellas. Siempre he dejado muy claras mis intenciones antes de acostarme con una mujer, nunca las he engañado.

—No has tenido una relación estable en tu vida y pretendes casarte con una desconocida, ¿te das cuenta de la ironía?

— ¿Qué es lo que te preocupa, Gisele? —Le preguntó Matt sin andarse por las ramas.

— ¿Crees que vas a poder convivir conmigo? ¿Qué pasa si tengo un mal día? ¿Y si quiero quedarme todo el día en la cama sin hacer nada? Yo no estoy acostumbrada a obedecer a nadie y, por lo visto, a ti se te da genial dar órdenes. Además, también tendremos que fingir cuando estemos en casa, ¿o Elsa también está al tanto de nuestro acuerdo?

—Sí, creo que puedo convivir contigo. Si tienes un mal día, no pasa nada, todos lo tenemos. Y, si quieres quedarte todo el día en la cama sin hacer nada, no seré yo quien te lo impida, pero recuerda que somos una pareja y hay ciertos eventos a los que estaremos obligados a asistir juntos. Gisele, si no lo ves claro…

—Lo veo claro, lo que no tengo tan claro es cómo vamos a llevar la situación —le interrumpió Gisele.

—Te doy mi palabra que haré todo lo posible para que te sientas cómoda y a gusto, solo tienes que confiar en mí.

—Voy a confiar en ti y más te vale no decepcionarte, no querrás tener una esposa cabreada —le dijo Gisele para rebajar la tensión.

—Entonces, ¿quieres firmar el contrato?

—Sí, pero tendrás que añadir una cláusula en la que estaremos obligados a respetarnos y apoyarnos durante el tiempo que dure el acuerdo —exigió Gisele—. Estás comprando mi firma en un papel, pero no mi cuerpo, ni mis principios, ni mi dignidad.

—Yo también quiero añadir otra cláusula: me encargaré personalmente de tu seguridad y no es negociable porque es una parte vital para que conseguir el objetivo del acuerdo.

—Me parece bien, una esposa muerta no será un beneficio para nadie. ¿Cuándo firmamos el contrato?

—Después de comer. Iremos a la agencia y nos reuniremos con Jason. Si lo tienes todo claro, firmaremos el contrato.

Gisele asintió tratando de asimilar lo que estaba a punto de hacer. Durante el siguiente año y medio, su vida iba a estar unida a la de Matt por contrato.

Elsa llamó a la puerta del despacho y anunció que la comida ya estaba lista. Ambos se pusieron en pie y se dirigieron a la cocina, donde se sentaron a la mesa que Elsa se encargó de servir.

—Voy a salir a comprar, ¿os quedaréis a cenar? —Preguntó Elsa con una amplia sonrisa en los labios, sin poder contener lo feliz que se sentía al ver a Matt interesado de verdad en aquella chica.

—Gisele me ha hecho prometerle que la llevaría a su casa antes de que oscureciera, mañana tiene un examen y tiene que estudiar —refunfuñó Matt—. Quizás tú puedas convencerla.

—Gis, voy a preparar mi plato estrella, tienes que quedarte.

—Me encantaría, pero tengo que estudiar.

—Podemos pasar por tu apartamento de camino a la agencia, coges todo lo que necesites y te quedas a dormir aquí, así todos tendremos lo que queremos —intervino Matt.

—Está bien, me quedaré. Pero me tienes que llevar a casa para que coja mis apuntes y ropa para mañana.

—Haré lo que tú quieras —le aseguró Matt plantándole un beso en los labios bajo la atenta y sorprendida mirada de Elsa.

Gisele supo que Matt tan solo se estaba metiendo en su papel de novio enamorado, pero le gustó aquella reacción y mucho más el beso, así que le dedicó una amplia sonrisa. Elsa se fue a comprar y les dejó a solas en la casa para darles intimidad, aquella chica sencilla y natural le gustaba para Matt.

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