Mientras volaban en el avión de la agencia hacia a la capital, Jason le contó a Matt todo lo que había hablado con Sarah la noche anterior y también le explicó el motivo de la repentina huida de Gisele. Matt estaba nervioso, ansiaba ver a Gisele y estrecharla entre sus brazos. Había pasado por situaciones de lo más complicadas y peligrosas, pero jamás se había sentido tan hundido como se había sentido al ver a Gisele salir por la puerta de su casa. Se había enamorado de aquella chica alegre a la que los problemas la perseguían pero que jamás dejaba de mostrar su brillante sonrisa.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Jason tras aterrizar en el aeropuerto de la capital.

—Lo estaré cuando Gisele regrese a casa conmigo.

Quince minutos más tarde, un taxi les dejó frente a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Sarah. Jason respiró profundamente antes de entrar en el edificio y subir en el ascensor hasta detenerse frente a la puerta del apartamento de Sarah.

Gisele se estaba tomando la tercera tila desde que se había levantado cuando el timbre de la puerta sonó. Miró a su amiga abrir la puerta mientras contenía la respiración y entonces le vio. Apenas habían pasado unas horas desde que lo vio por última vez y lo había echado de menos desde que puso un pie fuera de su casa.

Sarah saludó a Matt y a Jason con reproche, sin esforzarse en ocultar lo enfadada que se sentía con ambos por haberla engañado. Se volvió hacia Gisele y le dijo:

—Gis, tienes visita. Estaré en la cafetería de la esquina, llámame y vendré en seguida, ¿de acuerdo?

Gisele asintió y Sarah se marchó con Jason, dejándola a solas con Matt. Ambos se miraron con cautela, tratando de adivinar lo que pensaba el otro. Matt se acercó a ella despacio y, suavizando el tono de voz, le dijo:

—Gisele, tenemos que hablar. Jason me ha contado que nos escuchaste hablar en su despacho, pero te aseguro que se trata de un malentendido.

—Escuché muy bien cómo le decías a Jason que estaba loco si pensaba que ibas a formar una familia conmigo y que tenías que ponerle fin a todo eso.

—Ayer nos reunimos con el abogado de mi abuelo, pensábamos que, cumplido el año de matrimonio, recibiría la herencia, pero hay una nueva cláusula que debo cumplir antes de poder heredar —le explicó Matt sentándose a su lado en el sofá, pero sin llegar a rozarla—. Si quiero heredar, tengo que tener un hijo con mi esposa antes de que se cumplan tres años de matrimonio. Me desahogué con Jason en su despacho y le dije que se acabó porque jamás podría pedirte algo así ni tampoco lo consentiría. Tenía pensado contártelo todo al llegar a casa y también confesarte que te amo y que quiero seguir casado contigo.

Gisele pudo sentir la tristeza, los nervios y también la sinceridad de las palabras de Matt. Y, sin pronunciar palabra, se echó a llorar.

—Cariño por favor, no llores —le susurró Matt abrazándola con fuerza, estrechándola contra su cuerpo—. Haré lo que me pidas, pero no llores.

— ¿Y qué pasa con la casa de tu madre? —Logró balbucear Gisele entre sollozos.

—La heredará el hijastro de mi tío cuando la fecha de la última cláusula del testamento se cumpla, dentro de dos años —le respondió Matt con resignación—. Intentaré llegar a un acuerdo con él para comprarla, pero no quiero que te preocupes por eso.

—Le he contado a Sarah lo de nuestro contrato —le soltó Gisele de pronto.

—Lo sé, ¿está muy enfadada?

—No tanto como ayer cuando llegué —bromeó Gisele.

—Te amo, Gisele. Siempre te amaré.

Matt acercó su boca a la de ella y la besó en los labios, fue un beso lento, pero cargado de amor y cariño, con el que ambos sintieron la paz que les faltaba.

— ¿Regresarás a casa y seguirás siendo la señora Spencer?

—Estaría loca si te dijera que no, pero…

— ¿Pero?

—Antes quiero saber algunas cosas.

—Pregunta lo que quieras, cariño.

— ¿Te gustaría que tuviésemos hijos?

—Me encantaría tener hijos contigo, pero los tendremos cuando estés preparada y así lo decidamos, no tendremos un hijo solo por una herencia.

—Y, ¿si yo quisiera tener un hijo ahora?

—No habría nada que me hiciera más feliz que saber que un pedacito de nosotros crecerá en tu vientre —Gisele comenzó a llorar de nuevo y Matt, sin saber por qué lloraba, le preguntó preocupado—: Cariño, ¿por qué lloras?

—Estoy embaraza —le confesó Gisele con un hilo de voz, mirándole a los ojos para anticipar su reacción.

Matt le sostuvo la mirada durante un par de segundos para confirmar que no se trataba de una broma y le miró el vientre, pero todavía era muy pronto para que se le notara la barriga. Tras pedirle permiso con la mirada, acarició su plano vientre y sonrió al imaginar cómo iría creciendo en los próximos meses.

—Os amo, a ti y a nuestro pequeño bebé —le susurró Matt antes de besarla—. Y, precisamente por eso, no te preguntaré si pensabas ocultarme su existencia.

—No te voy a negar que lo pensé, pero tenía que intentarlo por nuestro bebé.

—En cuanto lleguemos a casa llamaremos al doctor, quiero que te examine y que confirme que todo está bien. Además, tendremos que informarnos de todo lo que no puedes hacer ni comer. Te voy a cuidar como a una reina el resto de mi vida, mi amor.

— ¿Mi amor? —Repitió Gisele sorprendida.

—Sí, mi amor y mi vida eres tú. ¿No te gusta?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella colocándose a horcajadas sobre él con una clara intención de seducirle.

—Por cierto, tengo que decirte algo, pero me tienes que prometer que no te enfadarás.

—Me das miedo —bromeó él ante la mirada de fingida inocencia de ella.

—Ayer por la mañana fui a visitarme a la consulta de mi ginecólogo. Me confirmó que todo está bien, pude escuchar los latidos del bebé y me dijo que estaba embarazada de once semanas. Me hizo una ecografía y me dio una copia, ¿quieres verla?

—Me encantaría.

Como una niña con juguete nuevo, Gisele se levantó del sofá, buscó en el interior de su bolso hasta encontrar las copias de las fotos que el doctor le había dado y se las entregó a Matt, que examinó las fotos con una amplia sonrisa en los labios.

—Prométeme que nunca volverás a salir huyendo sin antes hablar conmigo, yo te prometo que te querré y te mimaré tanto que jamás querrás huir. Te amo, Gisele. No lo dudes nunca.

—Yo también te amo —le confesó Gisele antes de plantarle un beso en los morros.

Preocupados por lo que pudiera estar ocurriendo, Sarah y Jason decidieron regresar al apartamento y comprobar que la sangre no hubiera llegado al río. Por suerte, respiraron tranquilos cuando abrieron la puerta y se encontraron a Gisele y Matt abrazados en el sofá mientras observaban las fotografías de la ecografía:

— ¿Se puede saber qué estáis mirando con esa sonrisa que se os cae la baba? —Preguntó Jason sin saber realmente lo que miraban.

Matt miró a Gisele para pedirle permiso para darle la noticia a su amigo, ella asintió con una sonrisa cómplice en los labios y Matt le respondió:

—Estamos viendo la primera ecografía de nuestro bebé, vuestro sobrino.

— ¡¿Qué?! ¿Voy a ser tío? Va a ser el niño más consentido de todo el planeta.

—O la niña —le corrigió Sarah.

—Me da igual si es niño o niña, solo quiero esté sano —opinó Matt sin dejar de abrazar a Gisele ni de mirar la ecografía—. Mi madre se pondrá como loca cuando se entere.

—Si estos dos nos guardan el secreto, podrás darle la sorpresa el día de Navidad.

—Mi amor, ¿te he dicho ya que te amo?

—Sí, pero jamás me cansaré de escucharlo —le aseguró Gisele.

Más tranquilos y animados habiendo arreglado el malentendido y habiéndose reconciliado, las dos parejas decidieron ir a comer a un restaurante para celebrar la vida, la de ellos y la del bebé que venía en camino.

Esa misma tarde, Matt y Gisele regresaron a casa. Jason se quedó en la capital un par de días más hasta que Sarah cogiera las vacaciones de Navidad para regresar con ella a casa. Ellos también habían tomado una decisión importante respecto a su relación, pero habían decidido aguardar en dar la noticia hasta que Sarah lo dejara todo atado en la capital.

Cuando Gisele entró en casa de Matt y vio el destrozo que había montado, pensó que unos ladrones les habían entrado a robar y Matt tuvo que confesarle lo que realmente había ocurrido.

—Casi me vuelvo loco y solo estado unas horas sin ti —le dijo tras darle la explicación oportuna—. No te preocupes, mañana vendrán a arreglarlo todo.

En el último momento, Matt consiguió convencer a su madre para celebrar la Nochebuena y la Navidad en casa, quería que esa Navidad fuera especial. Leonor insistió en ayudarles a preparar la cena y, como no podía ser de otra manera, Matt se las ingenió para que Gisele no tuviera que hacer nada.

—Entiendo que no me dejes cocinar, pero al menos deja que prepare la mesa y haga algo para que me sienta útil —protestó Gisele al borde de las lágrimas, las hormonas la sumían en una inestabilidad emocional constante.

—Mi amor, solo quiero cuidarte —le dijo Matt armándose de paciencia—. A ti y a nuestro bebé.

Y era cierto, Matt estaba pendiente de Gisele en todo momento, incluso trabajaba desde casa para no tener que ir a la agencia durante aquellos días de fiesta. Gisele reía, lloraba, se enfadaba y volvía a reír, las hormonas la tenían revolucionada y Matt estaba aprendiendo a entenderla y a sobrellevarlo, y no se le estaba dando nada mal. Sarah y Jason, además de guardarles el secreto, también les hicieron compañía, pese a que Matt continuó negándose a separarse de Gisele más de cinco minutos.

En Nochebuena, familia y amigos se reunieron en casa de Matt y Gisele para cenar juntos e intercambiar regalos como cada año. Era la segunda Navidad que Matt y Gisele pasaban juntos, pero ambos la disfrutaron como si fuera la primera.

Tras cenar e intercambiar los regalos, Matt y Gisele decidieron dar la buena noticia a la familia y a los amigos. Matt, llamando la atención de todos los invitados, alzó su copa y pronunció un discurso improvisado:

—Quiero brindar por la familia y por la amistad, por todos vosotros. Pero quiero hacer un brindis especial por mi esposa, la mujer que me tiene completamente hechizado y con la que deseo pasar el resto de mi vida. Además, ahora tengo que cuidarla el doble porque hay un pedacito de nosotros creciendo en su vientre —añadió Matt abrazando desde la espalda a Gisele colocando las manos sobre su vientre.

— ¿Voy a ser abuela? —Preguntó Leonor emocionada.

—Sí, serás abuela en pocos meses —le confirmó Matt.

— ¡Va a ser el niño o la niña más mimado del planeta, su tía se encargará de eso! —Exclamó Kelly feliz por la noticia.

Todos comenzaron a bromear sobre lo consentido que estaría el bebé nada más nacer, de lo poco que iban a poder descansar los padres, etc. Mientras tanto, Gisele los escuchaba y les observaba sin decir nada, tan solo disfrutando de aquella hermosa familia, en la que se incluían a los amigos más íntimos de la pareja, que había formado con Matt.

—Estás muy callada, ¿va todo bien? —Le preguntó Matt en un susurro.

—No podría estar mejor ni tampoco más feliz y todo es gracias a ti —le confesó Gisele con las lágrimas a punto de derramarse de los ojos—. Te amo, Matt.

—Gracias a ti por hacerme el hombre más feliz del planeta, por permanecer a mi lado, por regalarme tu amor y tu cariño, y por convertir nuestro amor en un pedacito de nosotros al que voy a querer con la misma locura que te quiero a ti, preciosa.

La pareja se sumió en un tierno beso hasta que todos los allí presentes comenzaron a aplaudir y vitorearles, consiguiendo que Gisele se ruborizara y tratara de apartarse de Matt, pero él se lo impidió y le plantó otro beso en los labios, provocando las risas de los amigos y familia.