Hasta que el contrato nos separe 52.

Gisele lloró silenciosamente durante las tres horas que duró el viaje en taxi hasta el apartamento de Sarah en la capital. Por suerte para Gisele, el taxista era poco hablador y no le dijo nada salvo para preguntarle si necesitaba algo o si quería parar y estirar las piernas.

Llamó a Sarah cuando le quedaban pocos minutos para llegar a la capital, estaba anocheciendo y cruzó los dedos para que estuviera en su apartamento.

— ¡Hola Gis! Estaba a punto de llamarte —la saludó Sarah nada más descolgar—. Estoy deseando que llegue el viernes para poder abrazarte, te echo mucho de menos.

—Entonces, tengo una gran noticia para ti, me verás en veinte minutos —le dijo Gisele sonriendo con tristeza.

—Gisele, ¿estás con Matt?

—Estoy en un taxi, de camino a tu apartamento —respondió Gisele con un hilo de voz.

—Pediré una pizza y abriré una botella de vino —trató de animarla Sarah—. Te espero aquí para que me lo cuentes todo.

—Nos vemos en un rato.

Gisele colgó la llamada y se secó las lágrimas de la cara. Resopló abatida, pero se dijo que solo se permitiría ese día para lamentarse, a la mañana siguiente solo vería el lado bueno de las cosas.

Veinte minutos más tarde, Gisele llegó al apartamento de Sarah y su amiga adivinó que aquello era algo más que una pequeña discusión de pareja cuando vio su maleta. Gisele la abrazó y se echó a llorar sin poder pronunciar palabra, así que Sarah tuvo que esperar a que se tranquilizar para escuchar lo que había ocurrido.

—Venga Gis, seguro que es una tontería —le restó importancia Sarah para calmarla.

—No, no lo es —la corrigió Gisele y, entre sollozos, le contó toda la verdad.

Sarah no daba crédito a lo que decía su amiga, se negaba a creer que su matrimonio con Matt no era más que una artimaña para que él se hiciera con la herencia de su abuelo y mucho menos podía creer que Gisele se hubiera prestado a ello. Sin embargo, no le costó adivinar que las lágrimas de su amiga se debían a que realmente estaba enamorada de Matt.

—Y, como ya ha pasado un año desde vuestra boda, os divorciáis y todos tan felices —le reprochó Sarah—. ¿En qué estabas pensando, Gis?

—Eso no es todo —le confesó Gisele.

Sarah miró a los ojos de su amiga y supo que algo gordo estaba ocultando, algo por lo que incluso temblaba.

—Gis, ¿qué has hecho? —Le preguntó Sarah preocupada.

—Estoy embarazada.

Sarah se bebió su copa de vino de un solo trago y acto seguido se bebió la copa de Gisele, necesitaba calmarse un poco antes de hablar.

—Vale, voy a ser tía. ¿O no? —La tanteó.

—Sí, vas a ser tía —le confirmó Gisele sonriendo por primera vez desde que había llegado.

—Y deduzco que Matt no lo sabe.

—No, no lo sabe.

—Pues creo que deberías empezar por ahí, independientemente de lo que pase entre vosotros, ese bebé también es su hijo y tiene derecho a saberlo.

—Escuché a Jason decirle a Matt que nos imaginaba formando una familia y Matt le respondió que era una locura y que cómo podía pensar algo así —le respondió Gisele entre lágrimas.

—Vale, no pasa nada. Ha sido un día largo y tienes que descansar, ahora debes pensar también en ese bebé que no quiere una mamá cansada —le dijo Sarah acompañándola a la habitación de invitados para que descansara—. Mañana, con la mente más despejada, pensaremos qué vamos a hacer.

Sarah se tumbó en la cama junto a Gisele y esperó hasta que se quedó dormida para regresar al salón y terminar de beberse la botella de vino. Había visto a Matt y Gisele felices, cómplices y apasionados, quizás todo comenzó con un contrato de por medio, pero la relación entre ellos era real.

Jason pasó por casa de Matt a última hora de la tarde, quería hablar con Gisele y pedirle ayuda para hacerle un regalo a Sarah por Navidad. Le extrañó ver el coche de Matt aparcado frente a la puerta principal de la casa porque él siempre lo aparcaba en el garaje, pero tampoco le dio importancia. Llamó al timbre de la puerta y, casi una eternidad después, Matt le abrió la puerta completamente borracho. Jason entró en la casa y vio el destrozo que había montado: estanterías caídas, libros y demás objetos tirados por el suelo, un agujero en la pared del salón que sin ninguna duda había sido provocado por un puñetazo y una foto enmarcada de Matt y Gisele el día de su boda.

— ¿Has montado una fiesta y no me has invitado? —Bromeó Jason.

—Estoy celebrando mi maldita soltería —gruñó Matt bebiendo a morro de una botella.

— ¿Dónde está Gis?

—Se ha ido y no quiero volver a escuchar su nombre —vociferó Matt.

— ¿Qué ha pasado?

—No ha pasado nada, he llegado a casa y me la he encontrado a punto de marcharse, con la maleta ya preparada. Me ha dicho que ya ha cumplido su parte del contrato y que espera tu llamada cuando tengas los papeles del divorcio. Quiere divorciarse. Ni siquiera ha sido capaz de mirarme a la cara cuando se ha ido.

Consciente del estado de embriaguez de su amigo, Jason optó por quitarle la botella a Matt y obligarle a meterse en la cama para dormir la mano. Después llamó a Ben y le pidió que localizara a Gisele, lo cual no le resultó difícil debido a que el localizador seguía instalado en el reloj de pulsera de Gisele. Tras averiguar que Gisele se encontraba en la capital, en el apartamento de su amigo, decidió llamar a Sarah.

—Sarah, ¿está Gis contigo? —Le preguntó nada más descolgar.

—Sí, está conmigo —le confirmó Sarah con tono de pocos amigos—, y me lo ha contado todo.

— ¿Se puede saber por qué se ha ido?

—Tú y tu amigo deberíais saberlo.

—Mira, no sé lo que ha pasado, lo único que puedo decirte es que Gis se ha largado sin dar explicaciones y ha dejado a Matt hecho polvo.

— ¿Quieres saber en qué estado ha llegado Gisele a mi apartamento? —Le reprochó Sarah furiosa—. ¡Sois un par de idiotas!

— ¿Puedes pasarme con Gis?

—No, se ha quedado dormida y no pienso despertarla para que hable contigo ni con Matt.

—Sarah, puede que al principio todo fuera parte de una estrategia, pero no puedes negar que entre ellos existe una relación real, tú lo has podido comprobar. Matt quería esperar a después de Navidad para declararse, no quería que Gis pensara que lo hacía por el contrato.

—Gis os escuchó hablar ayer, escuchó como Matt te decía que estabas loco si pensabas que iba a tener hijos con Gisele y que todo se había acabado —le reprochó Sarah.

—No fue eso exactamente lo que dijo, estábamos hablando de la herencia, el abogado del abuelo de Matt ha añadido una nueva cláusula antes de hacer efectiva la herencia: Matt debe tener un hijo antes de que se cumpla el tercer año de matrimonio —le explicó Jason—. Él no estaba dispuesto ni siquiera a comentárselo a Gis, temía que pensara que solo quería estar con ella para conseguir la herencia. Yo bromeé diciendo que ya me los imaginaba con niños y él me dijo que estaba loco si pensaba que sería capaz de tener un hijo con Gis para conseguir la herencia de su abuelo.

—Entonces, ¿todo ha sido un malentendido?

—Me temo que sí, nena —le confirmó Jason—. Tenemos que hacer algo para que se reconcilien, ninguno de los dos está bien.

— ¿Qué pretendes?

—Mañana por la mañana, cuando Matt se despierte, iremos a buscaros —sentenció.

—Matt no lo va a tener fácil.

—Nena, Matt no aceptará un no por respuesta sabiendo que Gis le ama. En cuanto a ti y a mí, tenemos una conversación pendiente —le recordó Jason.

—Desde luego que sí, no te pienses que todo este engaño no va a tener consecuencias.

—Nena, estoy deseando verte aunque estés enfurruñada —bromeó Jason entre risas y añadió antes de colgar—: Nos vemos en unas horas.

A la mañana siguiente, Matt se despertó con una resaca terrible, consecuencia de la cantidad de alcohol ingerida el día anterior. Ni siquiera se molestó en levantarse de la cama, no tenía ningún motivo para hacerlo ahora que Gisele no estaba.

—Levántate y date una ducha, tenemos cosas que hacer —le dijo Jason entrando en el dormitorio.

—Lárgate, no voy a ir a ninguna parte —gruñó Matt.

—Mientras tú estabas durmiendo la mona, yo hice mis averiguaciones —comenzó a decir Jason, llamando la atención de su amigo—. Sé por qué Gis se marchó ayer y, si te soy sincero, no la culpo.

— ¿Qué quieres decir?

—Ayer, después de la reunión con el abogado de tu abuelo, Gis nos escuchó hablar y sacó sus propias conclusiones con lo que oyó.

— ¿Sabe la nueva condición para conseguir la herencia? —Preguntó Matt.

—No, lo que escuchó es que te parecía una locura formar una familia con ella y que tenía que acabar.

—Yo nunca he dicho eso.

—Lo sé, pero ella solo escuchó parte de la conversación. Así que, si quieres hablar con ella y aclararlo, será mejor que te duches.

— ¿Dónde está Gisele?

—Está con Sarah en la capital —le respondió Jason y añadió para apremiarle—: Te lo contaré todo por el camino, te espero en el coche.

A pesar de la horrible resaca que tenía y lo poco que había dormido, Matt se levantó de la cama de un salto y entró en el cuarto de baño para ducharse, no quería perder un minuto más sin Gisele.

Gisele se levantó pasadas las nueve de la mañana y se encontró a Sarah en la cocina, preparando el desayuno.

—Buenos días, Gis. Te he preparado un zumo de naranja natural con unas tostadas, ¿tienes hambre?

Gisele arrugó la nariz, el olor a naranja le dio náuseas y salió corriendo hacia el baño para vomitar. Sarah la esperó en la puerta del baño y, cuando Gisele salió, le preguntó:

— ¿De qué debo deshacerme?

—Del zumo de naranja y de todo lo que huela a naranja —sollozó Gisele.

—No, no llores, por favor. Me deshago de todo ahora mismo, pero no llores.

Sarah se apresuró en retirar el zumo y las naranjas para después servir un vaso de leche que su amiga saboreó junto a unas galletas.

—Me he pasado una hora preparándote un desayuno saludable y terminas comiendo leche con galletas —bromeó Sarah.

— ¿Qué voy a hacer con mi vida, Sarah? —Se lamentó Gisele, ignorando los intentos de su amiga por animarla.

—Tengo que decirte algo, Gis.

— ¿Qué has hecho?

—Te quiero y quiero lo mejor para ti y para el bebé que viene en camino —comenzó a decirle Sarah—. Sé que estás enamorada de Matt y él de ti, ese bebé que esperas necesita un padre y creo que debéis daros al menos la oportunidad de hablar.

— ¿Se lo has contado a Matt? —Exigió saber Gisele, con el miedo en los ojos.

—No le he dicho nada, ni siquiera he hablado con él, pero he hablado con Jason y, dado que estar separados no se os da nada bien, creemos que debéis hablar y solucionarlo.

— ¿Para qué? ¿Para dejar que me humille?

—Gis, no puedo obligarte a hacer algo que no quieres, pero sí puedo aconsejarte que al menos hables con él y dejes que se explique, todo esto es un malentendido y no quiero que te arrepientas el resto de tu vida por tomar la decisión incorrecta.

Gisele no quería volver a ver a Matt, sabía que un encuentro con él le causaría aún más dolor y no quería sentir su rechazo de nuevo, pero decidió seguir el consejo de Sarah y afrontar la situación por el bebé que llevaba en su vientre.

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