Hasta que el contrato nos separe 50.

Gisele pasó el día en aquella habitación mientras sus amigos la hacían compañía para distraerla y hacerle más amena su estancia allí. Matt no se separó de ella en ningún momento, pese a que todos habían insistido en que descansara, incluida Gisele. Ben se estaba encargando de dirigir la investigación sobre lo ocurrido, con Erik fuera de combate Matt quiso dedicar todo su tiempo a estar con Gisele. Kelly todavía sentía el miedo en su cuerpo, pero Tyler le transmitía la seguridad que necesitaba y no la dejaba a solas ni un momento. Jason estaba feliz de que todo hubiera salido bien y también de tener allí a Sarah, aunque hubiera preferido encontrarse con ella en otras circunstancias.

Hacía varios meses que Jason y Sarah se veían a escondidas, ambos disfrutaban de la compañía del otro y lo que había empezado como una relación basada en un juego divertido se había convertido en una relación romántica, pese a que ninguno de los dos estuviera dispuesto a reconocerlo. Además de la distancia entre ambos, Jason no podía evitar pensar que en unos meses Matt y Gisele se divorciarían y probablemente ya no volverían a verse.

El doctor pasó por la habitación de Gisele a media tarde y, tras examinarla y comprobar que todo estaba bien, decidió darle el alta con la condición de que guardara reposo y no hiciera ningún tipo de esfuerzo.

—Me muero por llegar a casa y darme un largo baño de agua caliente y espuma en la bañera, ¿querrás acompañarme? —Le preguntó Gisele a Matt mientras se dirigían a casa.

—Gisele…

—Te prometo que me portaré bien —insistió Gisele.

—Le pediremos a Elsa que te ayude a bañarte.

— ¿No puedes ayudarme tú?

—Si te ayudo yo, acabarás saliéndote con la tuya —argumentó Matt.

—Creía que ibas a cuidar, mimar y complacer a tu esposa —le provocó Gisele.

—Y yo creía que me lo ibas a poner fácil —replicó Matt.

Había sido un día largo, ambos estaban agotados, Gisele sabía que no conseguiría que Matt cambiase de opinión y no quería acabar discutiendo con él. Llegaron a casa y Elsa la ayudó a darse un baño mientras Matt hablaba por teléfono con Ben para ponerse al día sobre la investigación. Habían realizado una reconstrucción de los hechos en base a la declaración de Gisele y la escena de los hechos, habían confirmado las identidades de los cuatro hombres que acompañaban a Erik y les habían relacionado con su banda de crimen organizado. Después de tantos meses, Gisele por fin podía vivir sin sentirse amenazada por la inestabilidad mental y la peligrosidad de Erik.

—Cielo, ¿qué te apetece que te prepare para cenar? —Le preguntó Elsa a Gisele, con la ternura y la dulzura que la caracterizaban.

—Cualquier cosa que prepares estará bien —le respondió Gisele.

Matt regresó al dormitorio cuando Gisele ya se había bañado y descansaba tumbada sobre la cama con un conjunto de seda de camiseta de tirantes y un pantalón de short. Sexy pero recatado para lo que Matt se había preparado para encontrarse.

—Le estaba preguntando a Gisele qué le apetece cenar —Elsa le puso al corriente de la conversación.

— ¿Qué le apetece cenar a mi esposa consentida? —Preguntó Matt divertido.

—Depende de lo que haya en el menú —le provocó Gisele.

—Me temo que no estáis hablando de comida —comentó Elsa divertida.

—Me apetece cenar pizza —decidió Gisele.

—Elsa, ¿te encargas de llamar al restaurante para que nos sirvan a domicilio?

—Por supuesto, ahora mismo —le respondió antes de salir del dormitorio y dejar a solas a la pareja.

—Has conseguido sonrojar a Elsa —bromeó Matt tras besarla en los labios. Se sentó a los pies de la cama y añadió—: Han sido dos días muy largos, debes estar agotada.

—Tú también estás agotado —apuntó Gisele.

Matt se tumbó en la cama junto a ella y la abrazó. Deseaba protegerla de todo lo malo que hubiera en el planeta, deseaba mimarla y, por encima de todas las cosas, deseaba amarla el resto de su vida.

Esa noche, después de cenar la pizza que a Gisele se le había antojado, ambos se quedaron dormidos abrazos el uno al otro.

Al día siguiente continuaron recibiendo visitas, Leonor, Sarah y Kelly no querían separarse de ella. Matt aprovechaba las visitas para mantenerse al corriente de los asuntos de la agencia hablando por teléfono con Ben, pero no se alejaba de Gisele más de diez minutos y así fue su rutina durante los siete días siguientes. Una semana más tarde, Gisele ya estaba mucho mejor y, aunque no podía realizar esfuerzos, podía moverse sin que le dolieran hasta las pestañas.

Pese a la mejoría de Gisele y sus intentos por seducir a Matt, él se mantenía firme en su decisión de no practicar sexo. A Gisele se le habían acabado los argumentos para convencerle, así que no le quedó más remedio que jugar sucio. La séptima noche, Gisele se metió en la cama completamente desnuda mientras Matt se duchaba. Cuando salió del baño y se metió en la cama con ella, Matt la abrazó y fue consciente de sus intenciones.

—Gisele, no me lo pones nada fácil.

—Si no te has dado cuenta, no es lo que pretendo —le replicó Gisele.

— ¿Crees que yo no lo deseo? Mira cómo me tienes —le susurró Matt rozando su enorme erección contra el trasero de Gisele.

—Nos estás torturando a los dos —gimió Gisele al sentir las manos de Matt acariciando sus pechos.

Gisele deslizó su mano hasta encontrar el miembro erecto de Matt, lo recorrió en su totalidad con la yema de sus dedos y comenzó a masturbarle, pero Matt la detuvo.

—Si vamos a hacerlo, lo haremos a mi manera —le advirtió—. No puedes hacer esfuerzos y no quiero que te muevas. Si no te portas bien, te dejaré a medias. ¿Lo has entendido?

—Alto y claro —le respondió Gisele expectante.

Con sumo cuidado y delicadeza, Matt acarició, besó y adoró cada centímetro de piel del cuerpo de Gisele. Mordisqueó, pellizcó y lamió sus pezones antes de hundir la cara entre sus piernas, donde se demoró estimulando el centro de placer de Gisele.

—Matt —le rogó Gisele con un hilo de voz.

Matt introdujo uno de sus dedos en la vagina de Gisele, pero aquello no fue suficiente y ella le demandaba. Probó con dos y tres dedos, pero eso no era lo que Gisele ansiaba:

—Te necesito dentro, Matt —suplicó Gisele.

Matt ya no fue capaz de resistirse más, aquello era una tortura para ambos. Sosteniendo su cuerpo con los brazos y las rodillas, se colocó encima de Gisele, la besó apasionadamente en los labios y se hundió en ella despacio, llenándola por completo.

— ¿Mejor ahora? —Le preguntó Matt con una sonrisa burlona en los labios.

—Mucho mejor —confesó Gisele.

Con un suave vaivén, Matt llevó a Gisele al orgasmo y solo entonces se permitió derramarse en su interior.

— ¿Estás bien, cariño? —Le preguntó Matt rodando hacia un lado de la cama para no aplastarla pero abrazándola de nuevo y estrechándola contra su cuerpo.

—No podría estar mejor —reconoció Gisele exhausta.

—Duérmete, seguiré estando aquí cuando despiertes —Le susurró Matt justo antes de que se quedara dormida. Y, cuando estaba seguro de que ya no podía escucharle, le susurró de nuevo—: Te quiero, Gisele.

Desde que dispararon a Gisele, Matt había permanecido a su lado las veinticuatro horas del día y, justo cuando llegaba la noche y Gisele se dormía, él le susurraba al oído que la quería. Todavía no estaba preparado para decírselo estando Gisele despierta, pues temía que ella tampoco estuviera preparada para escucharlo.

Durante las siguientes tres semanas, Gisele permaneció en casa y Matt no se separó de su lado salvo cuando Gisele recibía alguna visita y aprovechaba para hacer unas llamadas a la agencia. Trabajaba desde casa, haciendo compañía a Gisele mientras ella leía un libro, veía la televisión o charlaba por teléfono con su amiga Sarah. El doctor la visitaba un par de veces por semana, la examinaba, le sacaba sangre para hacer una analítica y confirmaba que todo estaba en orden. La herida de bala que Gisele tenía en el hombro ya casi estaba curada y en su lugar ya comenzaba a aparecer una pequeña cicatriz apenas perceptible gracias a las pomadas que Matt le había comprado y que insistía en ponerle sobre la herida.

Matt continuaba cuidando, mimando y complaciendo a Gisele, pero ella ya se encontraba mucho mejor y estaba cansada del sexo suave, quería hacer el amor con Matt apasionadamente y él seguía tratándola como a una muñequita de porcelana que se podía romper.

Gisele se había levantado de mal humor, estaba aburrida de pasar tanto tiempo en casa y había discutido con Matt, pero trató de hacer un esfuerzo por sonreír y fingir que todo iba genial cuando recibieron la visita de Leonor.

—Gis, ¿qué te ocurre? —Le preguntó Leonor preocupada en cuanto la miró a la cara, a ella, al igual que a Elsa, no se le escapaba nada—. No me lo digas, has discutido con Matt. Matt, ¿qué le has hecho?

— ¿Por qué das por hecho que la culpa es mía? —Protestó Matt.

— ¿Me equivoco? —Leonor desafió a su hijo con la mirada.

Ninguno de los dos respondió y Leonor decidió no preguntar más sobre el tema, pues intuía que solo empeoraría las cosas. Enfurruñado, Matt se encerró en su despacho para trabajar desde su ordenador y Gisele se quedó en el salón charlando con Leonor.

—Es tan testarudo como lo era su padre —comentó Leonor cuando se quedó a solas con su nuera.

—No te lo voy a discutir, no hay manera de hacerle cambiar de opinión —murmuró Gisele.

— ¿Qué se le ha metido entre ceja y ceja?

—Se empeña en tratarme como si fuera de cristal y estoy bien —le respondió Gisele.

—Ha estado a punto de perderte, es normal que quiera protegerte.

—Lo sé.

—Ten paciencia con él y llévatelo a tu terreno —le aconsejó Leonor—. Si le retas, se empeñará en llevarte la contraria.

Un rato más tarde, Gisele decidió ir en busca de Matt al despacho, donde seguía trabajando enfurruñado. Llamó a la puerta y esperó a que Matt la invitara a entrar.

—Hola, ¿tienes mucho trabajo? —Le preguntó acercándose a él despacio para después comenzar a masajearle el cuello.

— ¿Qué estás tramando?

—No tramo nada, solo quiero hacer las paces con mi marido —ronroneó Gisele—. No me gusta verte enfadado.

—Ven aquí, caprichosa —Matt la cogió por la cintura y la sentó sobre su regazo al mismo tiempo que aprovechaba la cercanía para plantarle un beso en los labios—. ¿Hasta cuándo va a durar la tregua?

—Sé que esto tampoco está siendo fácil para ti y no quiero presionarte, no pretendo causarte más problemas de los que ya te he dado. Seré una niña buena y no te insistiré más, pero tienes que sonreírme. ¿Aceptas el trato?

—Estaría loco si te dijera que no, preciosa.

Después de aquella charla, Gisele cumplió su parte de la tregua, pero las semanas pasaban y Matt continuaba haciéndole el amor con suavidad y dulzura. No es que a Gisele no le gustara, le encantaba la faceta tierna de Matt, pero comenzaba a sospechar que Matt le estaba tramando algo y que aquella excesiva ternura era parte de su plan, aunque tampoco le importó demasiado, tan solo quería seguir disfrutando de ser su esposa hasta que el contrato se cumpliera.

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