Hasta que el contrato nos separe 5.

El lunes por la mañana Matt se levantó a las cinco, saludó a Doris, su asistenta, que ya estaba levantada, y salió a correr como todas las mañanas. Regresó una hora más tarde, se dio una ducha y desayunó mientras comprobaba el horario de las clases de Gisele. Su primera clase no empezaba hasta las nueve, todavía tenía tiempo de echar un vistazo a su correo electrónico y llamar a la agencia.

Gisele se levantó más cansada de lo que se había acostado, se dio una ducha y se tomó una taza de café para espabilarse. Estuvo más de veinte minutos parada frente al armario pensando qué ponerse. Quería que Matt la viera guapa, pero no lo suficiente como para que pensara que se había arreglado para él.

—Gis, me marcho ya —anunció Sarah—. Suerte con los exámenes, nos vemos esta noche.

— ¡Suerte, Sarah! —Respondió Gisele alzando la voz para que Sarah, que ya se estaba marchando, la escuchara.

A las ocho y cuarto, Gisele salía por el portal del edificio de apartamentos y se dirigía a cruzar la calle donde estaba aparcado su viejo coche cuando vio a Matt delante de ella, apoyado en su elegante coche, con las manos en los bolsillos y con una seductora sonrisa en los labios.

— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Hoy tienes un chófer particular —bromeó Matt—. Sube al coche, te llevo a la universidad.

—Matt, te agradezco lo que estás haciendo, pero…

—Solo déjame llevarte a la universidad, después iré a recogerte y no tendrás que dejar el coche —insistió Matt.

— ¿Siempre te sales con la tuya?

—Lo intento —le confirmó Matt orgulloso.

—Es inútil discutir contigo —sentenció Gisele dándose por vencida y subiendo al coche de Matt.

—Bien, nos vamos entendiendo.

Gisele rodó los ojos, no iba a consentir que Matt se saliera con la suya siempre, pero ese día no estaba de humor para discutir.

Matt condujo en silencio hasta llegar al edificio principal del campus universitario, el lugar donde Gisele tenía su primera clase.

—Vendré a buscarte a la una en punto, no lo olvides —le recordó Matt.

—No lo olvidaré.

—Suerte con los exámenes, Gisele —le dijo Matt mientras ella bajaba del coche.

—Gracias, te veo luego —le susurró.

Con una sonrisa en los labios, Gisele entró en el edificio principal de la universidad y Matt encendió de nuevo el coche para dirigirse a la agencia. Quería hablar con Jason y que tuviera preparado el contrato de confidencialidad. Si todo iba bien, esa misma tarde firmaría el contrato que le permitiría heredar el patrimonio de su abuelo y mantener la casa familiar.

Matt pasó la mañana en su despacho con Jason, que no daba crédito a la insistencia de su amigo por casarse con aquella muchacha.

—Si sigues acechándola, acabará denunciándote por acoso —le advirtió Jason.

—No la estoy acechando —se defendió Matt—. Encárgate de tener listo el contrato de confidencialidad para después de comer, es posible que lo necesitemos esta tarde.

—Estás como una cabra.

—Tengo que ir a recogerla a la universidad, deséame suerte.

—Rezaré por ti, vas a necesitar una ayuda sobrenatural para que esto salga bien —le dijo Jason ladeando la cabeza con desaprobación.

Matt ignoró la advertencia de Jason, le dedicó una amplia sonrisa y se marchó en busca de Gisele. Tenía ganas de verla, le gustaba charlar con ella y pasar el rato con Gisele se le antojaba de lo más interesante y apetecible. Aparcó el coche en el mismo lugar donde lo había hecho unas horas antes y esperó a que Gisele saliera. La puerta del edificio se abrió y los estudiantes comenzaron a salir. Matt buscó a Gisele con la mirada y sonrió cuando la encontró caminando hacia el coche.

—Puntual como un reloj suizo —mientras ella se sentaba y se abrochaba el cinturón de seguridad—. ¿Qué tal han ido los exámenes?

—Mejor de lo que esperaba, creo sacaré una muy buena nota en los dos.

—Eso es genial, ¿tienes más exámenes esta semana?

—Tengo dos más el miércoles y otro el jueves, estoy deseando acabar el semestre, ya solo me quedará el último año de carrera.

— ¿Qué carrera estás estudiando?

—Estudio psicología y quiero especializarme en el análisis de la personalidad, tiene una gran variedad de salidas, pero aún no tengo decidido por cual me decantaré —le respondió Gisele encogiéndose de hombros—. Por cierto, ¿a dónde me llevas?

—A mi restaurante favorito, te va a gustar.

Matt tomó la autopista para salir de la ciudad y Gisele se acomodó en el asiento con despreocupación. Pese a que Matt era casi un desconocido, se sentía segura y a salvo cuando estaba con él.

Veinte minutos más tarde, Matt aparcaba el coche frente a una antigua masía situada a las afueras de la ciudad. A Gisele le encantó el lugar, parecía sacado de un cuento de hadas.

Entraron en la masía y el maître, que reconoció a Matt en seguida, les acompañó al reservado, una zona íntima situada en el jardín trasero de la masía. Se sentaron en una de las mesas más apartadas, bajo la sombra de un sauce y con un par de biombos de madera a su alrededor para estar ocultos de las miradas de otros comensales. El camarero tomó nota de la bebida y la comida antes de dejarles de nuevo a solas.

—Parece un sitio estupendo, tranquilo y rodeado de naturaleza —comentó Gisele por hablar de algo, ya que Matt parecía más callado de lo habitual—. Aunque supongo que no me has traído aquí para enseñarme las vistas.

—Quería enseñarte mi restaurante favorito y este es un buen lugar para que podamos hablar tranquilamente. ¿Has pensado en mi propuesta?

—Sí, y tengo algunas dudas —le respondió Gisele—. Para empezar, ¿cuáles serían mis obligaciones si decido aceptar?

—Cuando estemos en público o haya gente con nosotros, tendrás que comportarte como si realmente fueras mi novia o mi esposa. Por supuesto, no podrás mantener relaciones sexuales ni sentimentales mientras dure nuestro contrato. Necesito que nuestro matrimonio sea creíble, nos investigarán y nos entrevistarán, así que tendrás que vivir conmigo cuando nos casemos.

—El contrato durará más de un año, ¿qué pasa si uno de los dos cambia de opinión durante ese tiempo?

—En ese caso, sería incumplimiento de contrato y tendrá que pagar una indemnización, a menos que sea de mutuo acuerdo.

— ¿Por qué necesitas casarte? —Preguntó Gisele sin poder reprimir la curiosidad que sentía.

—No puedo hablarte de ello hasta que firmes un contrato de confidencialidad —le contestó Matt con naturalidad—. ¿Qué te parece si disfrutamos de la comida, del aire puro del campo y de la compañía y dejamos esta conversación para después?

A Gisele le pareció una idea excelente y ambos disfrutaron de aquella comida como dos buenos amigos. Cuando terminaron de comer, Matt pagó la cuenta y se dirigieron a la agencia, situada a las afueras de la ciudad, muy cerca de dónde estaban. A Matt le urgía que Gisele firmara el contrato de confidencialidad cuanto antes para poder explicárselo todo. Si por él fuera, ya se lo hubiera contado, pero Jason le había hecho prometer que no le daría más información hasta que lo hubiese firmado.

Gisele tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la compostura cuando llegaron a las instalaciones de la agencia. Suponía que a Matt le iba muy bien con la agencia debido a su nivel de vida, pero no esperaba que aquel complejo de edificios tan elegante y moderno fuera en realidad la base de operaciones de una agencia de seguridad.

Matt aparcó frente a la puerta del edificio principal, salió rápidamente del coche para ayudar a bajar a Gisele y entraron en el majestuoso edificio. Ella se quedó un par de pasos por detrás y él la agarró de la mano y la guio hacia el ascensor para subir a la última planta, donde se encontraba su despacho. Recorrieron el largo pasillo de la oficina y, antes de encerrarse con Gisele en su despacho, le dijo a su secretaria:

—Dile a Jason que le espero en mi despacho.

La secretaria asintió y descolgó el teléfono para hacerse cargo de lo que su jefe le había pedido mientras Matt y Gisele entraban en el despacho y se sentaban en uno de los dos sofás de la zona de reuniones.

—Jason, además de un buen amigo, es mi abogado —la informó Matt.

— ¿Él estará al tanto de nuestro acuerdo?

—Sí, él se encargará de redactar nuestro contrato y estará al tanto de todo.

Alguien llamó a la puerta y, tras recibir permiso para entrar por parte de Matt, la puerta se abrió y tras ella apareció Jason con una sonrisa burlona en los labios. Saludó a Gisele con un beso en la mejilla y, entre risas, le preguntó si estaba segura de lo que iba a hacer.

—Jason, céntrate —le reprochó Matt fulminando a su amigo con la mirada.

—Aquí está el acuerdo de confidencialidad, en él se especifica que todo lo relacionado con lo comentado en esta reunión no se puede comentar ni difamar. En cuanto la señorita Moore lo firme, podremos continuar —anunció Jason en modo profesional, entregándole el documento a Gisele. Esperó a que lo leyera y lo firmara y añadió—: Ahora ya podemos continuar. Matt, ¿quieres seguir tú?

—El padre de mi madre falleció hace dos semanas y me nombró único heredero en su testamento, con la condición de que me casara antes de cumplir treinta y cinco años y que el matrimonio durase más de un año, solo entonces podré heredar su patrimonio —resumió Matt.

—Tienes dinero suficiente, ¿por qué quieres casarte si no necesitas esa herencia?

—La casa donde viven mi madre y mi hermana sigue siendo propiedad de mi abuelo. Fue un regalo que mi abuelo le hizo a mi madre cuando cumplió dieciocho años, pero después mi madre conoció a mi padre y mi abuelo no llegó a hacer el cambio de nombre de la propiedad, así que si no consigo la herencia, mi madre perderá la casa.

—Bien, aclarada la situación, si ambas partes estáis de acuerdo, podemos proseguir con los puntos del acuerdo para poder redactar el contrato prenupcial —intervino Jason—. El primer punto, será especificar los roles de cada uno. Para que el matrimonio sea considerado válido, deberéis aparentar ser una pareja, tendréis que fingir un noviazgo, la pedida de mano, la boda, la luna de miel y ser un matrimonio durante un año. Para ello, deberéis salir a cenar, al cine y a cualquier otro lugar público donde todas puedan ver que vuestro amor es auténtico. La boda debe celebrarse antes del veinte de enero, así que fingiréis el noviazgo hasta después de verano, que será cuando os comprometeréis. Una vez que os caséis, deberéis vivir juntos y asistir juntos a los actos sociales y profesionales que lo requieran. Obviamente, no podéis mantener ninguna relación sentimental ni sexual con terceras personas, así que tenéis dos opciones: podéis vivir en la abstinencia durante ese tiempo o bien podéis decidir satisfaceros mutuamente, al fin y al cabo, seréis marido y mujer.

A Gisele le sorprendió que Jason expresara su opinión tan abiertamente, pero en el fondo se alegró porque ella también quería saber qué iba a pasar con ese tema.

—Podemos añadir una cláusula prohibiendo cualquier acercamiento sexual entre nosotros, no quiero que te sientas incómoda —se apresuró a decir Matt.

—Si vamos a enfocar esto como un trato de negocios, el sexo entre nosotros debería quedar descartado —opinó Gisele—. Sin embargo, se trata de un período muy largo de tiempo y quizás cambiemos de opinión.

—Entonces, no hay cláusula de prohibición —concluyó Jason sonriendo divertido.

—Además, tendremos que añadir el pago de los estudios de Gisele, una asignación mensual para sus gastos y una indemnización final cuando nos divorciemos —añadió  Matt ignorando la sonrisa de su amigo.

— ¿De qué cantidades estamos hablando? —Preguntó Jason.

—Gisele, ¿qué cantidad quieres?

— ¿Mil euros? —Dudó ella.

—Tres mil euros al mes y cincuenta mil después del divorcio —decidió Matt.

—Queda por decidir la cantidad a indemnizar en caso de incumplimiento de contrato —les recordó Jason.

—Cincuenta mil euros —decidió Matt pensando que con una cifra elevada evitaría que Gisele se echara atrás.

—Pues con esto, ya lo tengo todo —anunció Jason—. Mañana a primera hora tendréis el contrato listo para firmar —. Se puso en pie y, tras besar a Gisele en la mejilla, se despidió sin ocultar su sonrisa—: Un placer volver a verte, Gisele.

—Lo mismo digo —le despidió ella.

Jason se marchó y les dejó a solas en el despacho. Matt escrutó con la mirada a Gisele, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la cabeza, pero no lo logró.

— ¿Estás bien?

—Sí.

—Si no lo tienes claro, puedes tomarte unos días más para pensarlo —le dijo Matt.

—Lo tengo claro.

Y Gisele no mentía. Puede que firmar aquel contrato con Matt fuera una locura, pero las ganas que tenía de pasar más tiempo con él y de asegurar el pago de sus estudios tuvieron más peso que su propia cordura.

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