Hasta que el contrato nos separe 49.

Matt apenas durmió esa noche. La tensión acumulada durante el día todavía recorría su cuerpo y Gisele tampoco se lo puso fácil. Medio dormida y todavía bajo los efectos secundarios de la anestesia, Gisele aprovechaba cada roce entre ambos para insinuarse y provocarle, pero no se permitió caer en esa tentación debido al estado de Gisele y las claras indicaciones del doctor para que guardara reposo.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, Matt se permitió el lujo de bromear sobre el tema:

—Buenos días, pequeña provocadora —la besó en los labios y añadió—: ¿Qué tal estás?

—Te mentiría si no te dijera que he estado mejor —le confesó Gisele.

— ¿Puedo hacer algo para que te sientas mejor?

—Mm… —ronroneó Gisele—. Ya sabes qué puedes hacer.

—Gisele…

—Sí, lo sé. Tengo que guardar reposo —protestó Gisele—. Te has encargado de recordármelo durante toda la noche.

—Te aseguro que para mí tampoco ha sido divertido —masculló Matt—. No vas a hacer que cambie de opinión, mi prioridad es tu salud y tu seguridad.

Gisele no insistió más, sabía que Matt no cambiaría de opinión. El doctor pasó a examinarla a primera hora de la mañana y Gisele aprovechó para aclarar algunas dudas:

—Doctor, ¿hasta cuándo se supone que debo guardar reposo absoluto?

—Te veo muy bien, así que había pensado en que te levantaras y caminaras un poco para ver cómo te sienta. Es posible que te marees un poco, así que es importante que no intentes hacerlo sola —le advirtió el doctor.

— ¿Eso significa que esta noche podré dormir en casa?

—Si pasas bien el día y Matt se asegura de que no hagas ningún esfuerzo, es posible que puedas pasar la noche en casa.

—Y, siempre que no haga esfuerzos, ¿puedo hacer vida normal?

—Gisele… —le advirtió Matt.

— ¿Qué es lo que quieres saber exactamente? —Le preguntó el doctor sin andarse por las ramas.

—Adelante Gisele, pregúntale al doctor lo que quieres saber —la animó Matt sonriendo maliciosamente, poniéndola en un aprieto.

Gisele se ruborizó, el doctor adivinó lo que quería saber y decidió no hacerla pasar por el mal trago de preguntárselo directamente:

—Siempre y cuando no haga ningún tipo de esfuerzo, puede hacer lo que quiera. Le conviene estar relajada y estoy seguro que Matt sabrá cómo ayudarla a conseguirlo.

—Gracias doctor, ha sido muy amable —le agradeció Gisele.

—Regresaré a verla más tarde —se despidió el doctor antes de marcharse.

Una vez a solas, Matt y Gisele se desafiaron con la mirada durante unos segundos, ambos defendiendo su postura. Matt no estaba dispuesto a poner en riesgo a Gisele y ella no iba a desistir hasta conseguir lo que deseaba.

—Hagamos un trato —le propuso Matt tratando de llegar a un acuerdo—. Tú sigues al pie de la letra las indicaciones del doctor y yo haré todo lo posible para complacerte, sea cual sea tu capricho.

—Mm… El doctor me ha dicho que debo guardar reposo, pero también que puedo hacer mi vida normal sin realizar esfuerzos…

—Gisele, hace apenas doce horas estabas inconsciente y a punto de morir desangrada, no pienso poner en riesgo tu vida otra vez —argumentó suavizando el tono de voz. La besó levemente en los labios y le rogó en un susurro—: No me lo pongas más difícil, acabarás matándome.

Gisele se resignó a conformarse con lo que tenía, que no era poco. Después de lo que había ocurrido con Erik y sus hombres, Gisele entendía que Matt fuera precavido, pues imaginaba que él tampoco lo había pasado bien.

—De acuerdo —aceptó Gisele.

— ¿Así sin más? ¿No vas a replicar ni a protestar? ¿Vas a obedecer sin rechistar?

—Por supuesto, adoro a mi marido y hago cualquier cosa por él —le respondió Gisele divertida mientras le lanzaba un beso al aire.

Matt le dedicó una amplia sonrisa y a punto estuvo de apoderarse de su boca como si fuera un lobo hambriento, pero alguien llamó a la puerta de la habitación y le interrumpió antes de que hiciera algo de lo que acabaría arrepintiéndose. Matt reconoció a la doctora que acompañaba a Ben, una eminencia en psicología especializada en situaciones como la que Gisele acababa de vivir y a la que Ben había convencido para que la visitara. Ben hizo las presentaciones oportunas y, acto seguido, la doctora pidió a los chicos que la dejaran a solas con Gisele.

—Estaré ahí fuera si me necesitas, Gisele —le dijo Matt tras darle un beso en los labios.

Gisele asintió y le dedicó una sonrisa para hacerle saber que estaba bien y no tenía nada de lo que preocuparse. Matt y Ben salieron de la habitación y Gisele se quedó a solas con la doctora.

—Solo quiero hacerte unas preguntas para evaluar cómo te encuentras, no es más que una práctica rutinaria y no tienes nada de lo que preocuparte —comenzó a decir la doctora con un tono de voz que transmitía bondad y ternura—. Todo lo que hablemos aquí es absolutamente confidencial y quedará entre nosotras, ¿quieres contarme qué ha pasado?

—Recibí un vídeo en el que mi cuñada estaba atada en una silla, encerrada en una habitación a oscuras, y una voz distorsionada me amenazó con matarla si no aparecía sola en el edificio de mi antiguo apartamento en una hora.

—Y decidiste ir sola porque no querías que le hicieran daño a tu cuñada.

—Sé que es estúpido, pero Erik es mi problema y no quiero que mi marido ni su familia sufran por mi culpa.

—Gisele, nada de lo que ha pasado ha sido culpa tuya —la corrigió la doctora.

Esperó unos segundos y Gisele continuó contándole su relato sobre lo ocurrido:

—Tuve que esperar varios minutos hasta que Erik apareció, me apuntó con una pistola y me guió hacia la esquina de la calle donde dos de sus hombres nos esperaban en una furgoneta para llevarnos a la fábrica abandonada donde tenían a Kelly. Estuvimos poco tiempo y huimos en otra furgoneta, pero le di a Kelly mi reloj para que Matt la encontrara.

—Te fuiste con Erik para que dejaran libre a Kelly —apuntó la doctora.

—Paramos a descansar en un refugio de cazadores, Erik y dos de sus guardaespaldas fueron al pueblo a comprar algo para comer y entonces aproveché para intentar escapar.

— ¿Habías disparado un arma alguna vez?

—Sí, pero nunca le había disparado a una persona.

— ¿Crees que has hecho algo mal?

—He matado a cinco personas, una de ellas fue mi novio durante más de tres años —comentó Gisele—. Hice lo que debía, pero hubiera preferido que todo hubiera acabado de otro modo.

—Sé que no es agradable, pero debo preguntártelo. ¿Cómo te sientes respecto a la muerte de tu ex novio?

—Estoy confusa, tengo sentimientos contradictorios —le confesó Gisele—. Tenía miedo de Erik, sobre todo después de enterarme de quién era realmente. No me siento feliz de haberle matado, pero le mentiría si le dijera que no me siento aliviada.

— ¿Has pensado en cómo afecta todo esto a la relación con tu marido?

—Matt dirige una agencia de seguridad, él insistió en encargarse de todo desde el principio para tratar de protegerme, sabía que estaba asustada. Siempre evitó hablar del tema, llevaba la investigación con discreción para no preocuparme. Ni siquiera me dijo que Erik era en realidad el hermano de un criminal, pero sé que no me lo dijo para no hacerme daño.

—Es una reacción normal en un hombre como tu marido —le explicó la doctora—. Es un hombre disciplinado, controlador y testarudo, imagino que debió movilizar a toda la agencia para que trabajaran en el caso.

—Matt es el mejor hombre que he conocido.

La doctora le sonrió con complicidad, era evidente que aquella pareja se amaba y permanecían unidos ante las peores adversidades.

Matt, cansado de esperar en el pasillo, llamó a la puerta de la habitación y la abrió, no quería pasar ni un minuto más lejos de Gisele:

— ¿Qué tal va todo por aquí?

—Muy bien, Gisele y yo hemos estado charlando y todo parece estar bien —le informó la doctora—. Sin embargo, a veces estos traumas surgen pasados unos días, semanas o inclusos meses. Gisele, te dejo mi tarjeta por si te apetece charlar.

—Gracias, doctora —dijeron Matt y Gisele al unísono.

La doctora se despidió y Ben, tras saludar a Gisele, acompañó a la doctora a la salida, dejando al matrimonio a solas en aquella habitación.

—Parece que de momento no estoy loca —murmuró Gisele ligeramente molesta por aquella encerrona.

—Solo me preocupo por mi esposa —se defendió Matt besándola en la frente.

—Lo sé, pero estoy bien y quiero que dejes de preocuparte por mí.

—Lo haría si no te gustara tanto ir de aventura —bromeó Matt para hacerla sonreír.

—Ahora solo quiero ir a casa y meterme en la cama contigo.

—El doctor ha dicho que pasaría a examinarte por la tarde, si todo está bien te dará el alta con la condición de que guardes reposo —le recordó Matt—. Tienes muchas visitas esperando para verte, el día se te pasará volando.

— ¿Te vas a quedar conmigo todo el día?

—No pienso ir a ninguna parte sin ti, preciosa —le aseguró Matt.

Matt le dio un largo beso a Gisele en los labios, fue un beso lento y delicado, un beso cargado de amor.

—Ejem, ejem —fingió toser Jason al entrar en la habitación y ver a la pareja besándose—. No pretendíamos molestar pero la puerta estaba abierta.

— ¡Gisele! ¿Cómo estás? ¿Te duele algo? Cómo no te va a doler, ¡te han disparado! —Exclamó Sarah aterrada solo de pensar por lo que había pasado su amiga.

—Estoy bien, Sarah —le aseguró Gisele.

—Ya he visto que Matt te cuida muy bien —bromeó Sarah haciendo referencia al beso que se estaban dando hacía escasos segundos—. Conociendo a Matt, seguro que te mima y te complace en todos tus caprichos.

—En casi todos —la corrigió Gisele con la mirada clavada en Matt.

— ¿Problemas en el paraíso? —Se mofó Jason.

—A pesar de que ayer le dispararon, Gisele no comprende que debe guardar reposo y seguir las indicaciones del doctor —respondió Matt enfurruñado.

— ¿Qué es lo que se te ha antojado para tenerle así? —Le preguntó Sarah a su amiga. Gisele se ruborizó y Sarah adivinó qué era lo que quería—. Quizás debas esperar unos días antes de practicar sexo salvaje, pero no creo que un poco de sexo suave te vaya a hacer daños. De hecho, creo que os vendría muy bien a los dos.

— ¿Podemos cambiar de conversación? —Gruñó Matt.

— ¿De qué habláis para que Matt esté gruñendo? —Preguntó Kelly bromeando al entrar en la habitación, seguida de Leonor, Elsa, Tyler y Ben—. ¿Cómo estás, cuñada?

—Estoy bien, pero te mentiría si te dijera que no podría estar mejor —le respondió Gisele con una amplia sonrisa.

—Qué mal lo hemos pasado, no nos vuelvas a hacer esto, hija —le rogó Leonor emocionada, con las lágrimas en los ojos.

—Cielo, nos has tenido muy preocupados a todos —sollozó Elsa.

—Por favor, no lloréis que estoy bien —les rogó Gisele, también emocionada.

—Gisele está bien y Matt se asegurará de que esté aún mejor, ¿verdad, Matt? —Se mofó Jason.

—Por supuesto que sí, Matt complacerá a Gisele en todo lo que ella pida —sentenció Leonor lanzando una clara mirada de advertencia a su hijo.

—Ya has oído a tu madre, será mejor que le hagas caso —le dijo Sarah a Matt, mofándose.

—Matt siempre cuida de mí, me mima y me complace. Lo hace desde el primer día que nos conocimos —dijo Gisele con absoluta sinceridad, mirando a Matt a los ojos.

Aquellas palabras fueron directas al corazón de Matt que, pese a que no era una declaración de amor, sí era una clara demostración de lealtad. Gisele valoraba todo lo que Matt había hecho por ella, él era un hombre ejemplar y no estaba dispuesta a que su familia y amigos pensaran lo contrario por una broma a costa de un estúpido capricho. Matt se acercó a ella, le dio un leve beso en los labios y le susurró al oído:

—Seguiré cuidando de ti, mimándote y complaciéndote.

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