Hasta que el contrato nos separe 48.

Ben consiguió localizar la furgoneta abandonada y también la otra furgoneta con la que habían huido, ya que se trataba de una furgoneta de alquiler que tenía GPS. Tardarían más de una hora hasta llegar al punto donde se encontraban, pero se dirigieron hacia allí lo más rápido que pudieron para rescatar a Gisele.

Matt estaba al borde de un ataque de nervios, ninguno de sus agentes le había visto así antes, pero le entendían perfectamente ya que era su esposa la que había sido secuestrada por aquel tipo. Todos trataron de tranquilizarle diciéndole que todo saldría bien, que encontrarían a Gisele sana y salva.

Jason conocía muy bien a su amigo y sabía que, aunque su matrimonio con Gisele había empezado como una farsa para conseguir la herencia de su abuelo, Matt había terminado enamorándose de ella, tanto o más que ella de él.

Gisele aprovechó la salida de Erik con dos de sus hombres al pueblo para idear un plan de huida, ya que tendría más posibilidades de escapar estando custodiada por solo dos hombres y no por los cinco. Esperó a que Erik se marchara con sus dos guardaespaldas y, cuando se quedó a solas con los otros dos tipos, barajó sus posibilidades. Estaban a las afueras de un pequeño pueblo de montaña, en un refugio de cazadores al pie de una carretera secundaria por la que apenas circulaban vehículos, de hecho, Gisele todavía no había visto pasar a ningún coche por allí. No tenía medios para huir, ya que la única furgoneta que tenían se la había llevado Erik para ir al pueblo. Tenía poco tiempo para intentar escapar y decidió improvisar, cualquier cosa que le pasara sería mejor que vivir el resto de su vida junto a Erik.

Los dos hombres que la custodiaban iban armados, pero uno de ellos dejó su pistola sobre la mesa mientras se entretenía jugando con su teléfono móvil. Con mucha cautela para no llamar la atención, Gisele se fue acercando a la mesa hasta que uno de ellos se percató de sus intenciones y gritó:

— ¡Eh, tú! ¿Qué haces?

Gisele no se lo pensó dos veces, alargó el brazo y cogió la pistola. Ven la había enseñado a disparar, pero nunca lo había le había disparado a nadie y le temblaba todo el cuerpo. Apretó el gatillo al mismo tiempo que cerraba los ojos, pero sintió un fuerte dolor en el hombro y disparó tres veces más. El tipo que estaba hablando por teléfono trató de coger la pistola de su compañero abatido, pero Gisele apretó el gatillo de nuevo y acertó en el blanco.

Sin ser capaz de seguir sosteniéndose en pie, Gisele apoyó la espalda en la pared y se deslizó hacia abajo hasta quedar sentada en el suelo. El dolor que sentía sumado al olor de la sangre y a la adrenalina del momento, la mareó. Sentía la sangre caliente salir de su hombro y descender por su brazo y su tórax, pero sacó fuerza para ponerse en pie, cogió la pistola y el teléfono móvil de aquel tipo, pues Erik y los otros dos hombres que le acompañaban regresarían en cualquier momento, y llamó a Matt.

— ¿Sí? —Gruñó Matt al otro lado del teléfono.

— ¿Matt?

—Gisele, ¿eres tú?

— ¡Matt! —Sollozó Gisele.

— ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está ese cabrón? —Le preguntó Matt alterado. Jason, consciente del estado alterado de su amigo, le hizo un gesto con la mano para que suavizara el tono de voz y Matt respiró profundamente antes de continuar—: Estamos yendo a buscarte, cariño. Llegaremos en unos minutos.

—Erik regresará de un momento a otro con dos de sus hombres, no tengo tiempo, me matará en cuanto me vea —le dijo Gisele con un hilo de voz—. Lo siento, Matt.

—Escúchame, Gisele —le ordenó—. Todo va a salir bien, en unos minutos estarás entre mis brazos y no me separaré de ti nunca más.

Gisele escuchó el motor de la furgoneta pararse frente al refugio e imaginó que ese era su final.

—Erik acaba de llegar, tengo que colgar.

— ¡No, Gisele! —gritó Matt, pero ya era demasiado tarde.

Gisele se resguardó detrás de la barra de la cocina, haciendo un gran esfuerzo para no desvanecerse y con una pistola en cada mano, dispuesta a morir matando. Erik entró en el refugio seguido de sus guardaespaldas y Gisele no dudó en recibirlos con una ráfaga de disparos. Consiguió abatir a los guardaespaldas, pero Erik todavía estaba vivo y le apuntaba con su pistola, dispuesto a disparar. Gisele le miró a los ojos durante una milésima de segundo y, tras coger aire, apretó el gatillo por última vez, cuando la bala penetró en la frente de Erik.

La puerta de la cabaña se abrió de par en par tras un gran estruendo, pero Gisele estaba en shock y no podía dejar de mirar el cuerpo de Erik que yacía en el suelo.

— ¡Gisele! —Exclamó Matt al verla y corrió hacia a ella. La fue a abrazar, pero entonces vio que estaba herida y cubierta de sangre. Gisele temblaba y tenía la mirada perdida, pero se agarró a Matt como si fuera una niña pequeña—. Estoy aquí, cariño. Estoy aquí.

Gisele se desmayó entre los brazos de Matt y el pánico se apoderó de él. Gritó, maldijo y gruñó sin separarse de Gisele hasta que los servicios de emergencias médicas llegaron. Ben y Jason trataron de calmarlo, pero Matt no escuchaba nada, tan solo se aferraba a la mano de Gisele mientras le rogaba que fuera fuerte y que se quedara con él. Un helicóptero con un equipo médico les trasladó hasta las instalaciones de la agencia para que la atendieran los mejores médicos del país, los médicos de la agencia.

En cuanto el helicóptero aterrizó, el equipo médico ya estaba preparado para llevar a Gisele a quirófano. Matt la acompañó hasta la puerta, donde le impidieron el paso. Esperó frente a la puerta del quirófano, caminando nervioso de un extremo al otro del pasillo, en compañía de Tyler, Kelly, su madre Leonor y Elsa. Un rato después, se les unieron Jason y Ben, que regresaron a la agencia en coche y tardaron un poco más en llegar.

— ¿Cómo está Gis? —Preguntó Jason.

—Todavía no sabemos nada, está en quirófano —le respondió Tyler ya que Matt no parecía escuchar lo que decían a su alrededor.

—Abatió a cinco hombres ella sola, es una chica fuerte y saldrá de esta —opinó Ben con orgullo fraternal.

—No entiendo por qué no me lo dijo —se lamentó Matt.

—Fue por mí, le dijo que si iba acompañada me matarían, por eso no quedó con ella donde me tenían a mí —le explicó Kelly con un hilo de voz.

—Y no sabes cuánto me alegra que estés bien —le dijo Matt abrazando a su hermana, lo último que quería es que se sintiera culpable por lo ocurrido.

—Y yo me alegro de que te casaras con Gis, no podías haber escogido a una mujer mejor que ella —opinó Kelly.

—Es una chica estupenda y seguro que se va a recuperar muy pronto —auguró Leonor emocionada, ya que consideraba a Gisele una hija más.

Durante más de dos horas, se distrajeron contando divertidas anécdotas en las que Gisele era la protagonista mientras esperaban que el doctor saliera del quirófano con buenas noticias. La puerta se abrió y el doctor apareció con una tímida sonrisa en los labios.

— ¿Cómo está? —Exigió saber Matt.

—Está estable y fuera de peligro —anunció el doctor—. Ha tenido suerte, la bala no ha dañado la carótida ni tampoco el hueso. Ha perdido mucha sangre y le hemos tenido que hacer una transfusión, pero se pondrá bien —. Dirigiéndose solo a Matt, añadió—: Ahora mismo la estamos trasladando a una habitación equipada para tenerla vigilada y en un momento podrás reunirte con ella.

— ¿Está despierta?

—Ahora está sedada, se despertará confusa dentro de un rato y no le conviene estresarse, por lo que las visitas quedan prohibidas hasta mañana —les advirtió el doctor.

—Id a casa a descansar, yo me quedaré con Gisele —sentenció Matt—. Ben, mañana a primera hora te quiero aquí, quiero que te encargues de dirigir la investigación. Tyler, tómate el día libre y quédate con Kelly, pero deja el teléfono móvil encendido, quiero que todo el mundo esté localizable hasta que todo esto se aclare.

—Tú también deberías descansar, deja que yo me quede con Gis —se ofreció Leonor.

—No, no pienso separarme de ella —zanjó el tema Matt.

—Está bien, regresaremos mañana por la mañana —le dijo Leonor abrazando a su hijo a modo de despedida.

Jason esperó a que todos se marcharan para quedarse un momento a solas con Matt, tenía algo que comentar con él.

—Lo sé, tenemos que contárselo a Sarah —adivinó Matt lo que su amigo quería decirle—. ¿Te encargas tú? Probablemente querrá venir a ver a Gisele y no quiero que conduzca.

—Yo me encargo. ¿Necesitas algo?

—No, márchate.

—Cuida de Gis, te veo mañana —se despidió Jason con un afectuoso abrazo.

Matt se dirigió a la habitación donde se encontraba Gisele y el corazón se le encogió al verla inconsciente en aquella cama y conectada a tantas máquinas y aparatos. Se sentó en el sillón que había junto a la cama, agarró a Gisele de la mano y le comenzó a hablar pese a que no estaba despierta para escucharle:

—Mi pequeña guerrera, casi consigues matarme. Si te hubiera perdido… Ni siquiera puedo pensar en ello, no imagino mi vida sin ti. Me hechizaste en el primer instante en que te vi, pero cada día has ido conquistándome un poco más hasta acabar enamorado de ti como un loco. Es la primera vez que lo digo en voz alta, pero hace mucho tiempo que lo sé. Sé que tenemos un acuerdo y que te preocupa qué será de ti en el futuro cuando el acuerdo finalice. Si te soy sincero, a mí también me preocupa, por eso evito hablar del tema. No quiero que nada cambie, quiero que sigas siendo mi esposa, quiero despertarme y verte dormir a mi lado. No estoy preparado para un divorcio y tampoco estoy dispuesto a renunciar a ti. Voy a conquistarte, preciosa. Me quedan unos meses antes de que se cumpla nuestro acuerdo y voy a dedicar todo este tiempo en enamorarte, Gisele.

Matt le dio un leve beso en los labios y se quedó allí en silencio, observándola dormir mientras acariciaba su mano.

Un par de horas más tarde, Gisele recobró la consciencia. Parpadeó varias veces hasta que finalmente pudo abrir los ojos y vio a Matt.

—Hola, preciosa —la saludó Matt besándola en la mejilla con ternura.

—Debo estar horrible —murmuró Gisele avergonzada.

—Estás preciosa, siempre lo estás —le aseguró Matt—. ¿Cómo te encuentras?

— ¿Estás enfadado conmigo? —Le preguntó Gisele con un hilo de voz, ignorando su pregunta.

—No estoy enfadado, pero tampoco estoy contento.

Matt apretó el botón para llamar al doctor y se presentó de inmediato. El doctor se acercó a Gisele y, tras saludarla y presentarse, comenzó a hacerle preguntas al mismo tiempo que examinaba sus pupilas y tomaba nota de sus constantes vitales:

— ¿Cómo te sientes?

—Estoy un poco mareada, me pesan los párpados y la cabeza.

—Es normal que te sientas un poco aturdida, tu cuerpo todavía está terminando de procesar la anestesia que te hemos puesto —le respondió el doctor—. No tienes nada de lo que preocuparte, solo tienes que guardar reposo durante unos días y dejar que tu marido te mime.

—Estoy deseando que lo haga —murmuró Gisele con tono sugerente.

Matt alzó las cejas sorprendido por el descaro de Gisele, pero todavía le sorprendió más la carcajada que soltó el doctor.

—Es un efecto de la anestesia al despertar, se le pasará en un par de horas —le informó el doctor para tranquilizarle y añadió antes de marcharse—: Os dejo a solas, pero no estaré muy lejos por si me necesitáis.

Matt acompañó al doctor a la puerta y le dio las gracias por salvar a su esposa. En cuanto el doctor se marchó, Gisele le preguntó a Matt:

— ¿No podemos ir a casa?

—No, preciosa. Tienes que recuperarte y aquí lo harás más rápido.

— ¿Vamos a dormir aquí?

—Sí.

— ¿Y por qué no te metes en la cama conmigo?

La cama era lo suficiente grande para los dos y Matt no pudo ni quiso resistirse a estar tumbado junto a Gisele, necesitaba sentirla cerca y saber que seguía a su lado. Había estado a punto de perderla y no estaba dispuesto a alejarse de ella. La abrazó con cuidado de no dañarla y suspiró aliviado cuando sus cuerpos se tocaron.

—Duérmete preciosa, seguiré aquí cuando despiertes —le susurró Matt.

—Prométemelo —ronroneó Gisele.

—Te lo prometo, eso y todo lo que quieras.

—Mm… —ronroneó Gisele con claras intenciones.

—Ya has oído al doctor, tienes que guardar reposo. Ahora descansa, no me moveré de aquí.

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