Hasta que el contrato nos separe 47.

Gisele comenzó a trabajar en la agencia bajo la supervisión de Ben. A pesar del incidente con Pamela, Matt seguía confiando en Ben. Por su parte, Ben sabía que no podía volver a ocultarle información importante a Matt, sobre todo cuando se trataba de la seguridad de su esposa. Ahora la seguridad de Gisele pasaba a formar parte de su responsabilidad y estaba dispuesto a lo que hiciera falta para protegerla. Esa misma razón fue el argumento principal de Ben para convencer a Gisele de instalar un localizador diminuto en su reloj de pulsera.

—Haz lo que quieras, Ben —desistió Gisele para acabar con aquella discusión—. Pon el maldito localizador en mi reloj si con eso te quedas más tranquilo.

—Gracias, lo haré —le respondió Ben con tono burlón.

A Gisele le gustaba trabajar con Ben, ella veía en él a un hermano mayor, alguien que la protegía y en quien podía confiar.

Un mes más tarde, Gisele ya se manejaba lo suficiente en la agencia como para formar parte del equipo de analistas y ya no estaba bajo la supervisión de Ben, aunque eso no impedía que de vez en cuando se pasara a saludarla y continuara velando por su seguridad.

Una mañana, mientras elaboraba el perfil de un sospechoso de un caso de la agencia, recibió un mensaje en su teléfono móvil con un vídeo. Descargó el vídeo y lo abrió. En él aparecía Kelly sentada en una silla a la que estaba atada de pies y manos, con los ojos vendados y amordazada, en una habitación oscura. Acto seguido, una voz distorsionada le entregaba el mensaje: “Si quieres que siga con vida, te espero junto a la entrada del edificio de tu antiguo apartamento en una hora. Ven sola. Si tengo la mínima duda de que me la has jugado, la mataré.”

Gisele reprodujo el vídeo tres veces antes de tomar una decisión. Ben le había contado una historia sobre un caso que le dio la idea para hacer un botón del hombre muerto. No podía arriesgarse a contárselo a Ben, mucho menos a Matt, ninguno de los dos permitiría que fuera al encuentro de Erik. Gisele sabía que no podía hacer nada para detener a Erik, pero sí podía salvar a Kelly y ganar tiempo hasta que Matt la encontrara. Grabó un vídeo en el que explicaba lo que había sucedido y lo adjuntó con el vídeo que había recibido en un correo electrónico que programó para media hora después de la hora prevista para el encuentro con Erik. De ese modo, Ben y Matt sabrían qué había ocurrido y hacia a dónde se dirigía si no lograba escapar de Erik. Con el botón del hombre muerto programado, Gisele solo tenía que buscar una excusa con la que poder salir de la agencia sin levantar sospechas. Podía pedirle a Ben que la cubriera, pero no quería causarle más problemas con Matt por ocultarle información y tampoco creía probable que Ben aceptara cubrirla. Tampoco podía contar con los demás empleados de la agencia, nadie la cubriría frente a Matt, que era el jefe. Por supuesto, ni se le pasó por la cabeza tratar de engañar a Matt, él sabría que le estaba mintiendo en cuanto la mirara a la cara. Sin más opciones, a Gisele no le quedó más remedio que intentar escapar de la agencia sin que nadie la viera y robar un coche en el que poder dirigirse hacia su antiguo apartamento.

Lo primero no le resultó difícil, a media mañana muchos empleados entraban y salían de la agencia para ir a almorzar o para asistir a reuniones con clientes, así que pasó desapercibida hasta llegar al aparcamiento. Allí buscó algún vehículo de la agencia que tuviera las llaves puestas y tuvo suerte. Dos minutos más tarde, salía de las instalaciones de la agencia conduciendo un todoterreno de color negro y nadie la reconoció al salir. Era consciente de que aquella decisión le acarrearía serios problemas con Matt, pero en ese momento lo único que le importaba era salvar a Kelly aunque tuviera que cambiar su vida por la de ella.

Una hora después de recibir el mensaje con el vídeo, Gisele aparcaba el todoterreno frente al portal del edificio de su antiguo apartamento. Prestó mucha atención a todos los coches que había aparcados en la calle, pero no vio nada sospechoso. Las pocas personas que pasaban a esas horas por la calle tampoco le parecían una amenaza, ya que la mayoría eran ancianos que paseaban y amas de casa que iban al supermercado para hacer la compra. Esperó unos minutos pero, como no había ni rastro de Erik, decidió salir del coche y colocarse a la vista por si la estaban observando. Miró su reloj, en menos de veinte minutos el correo electrónico que había dejado programado se enviaría a Ben y Matt.

—Debo reconocer que esperaba que no vinieras sola —escuchó la voz de Erik detrás de ella. La agarró por la cintura y, apuntándola con su pistola, añadió—: Deja el teléfono móvil aquí, vamos a dar un paseo y no quiero que tu marido nos interrumpa.

— ¿Dónde está Kelly?

—No te preocupes, la vas a ver en seguida.

—Cómo le hayas hecho…

—Cálmate —le ordenó Erik—. Tu amiga está perfectamente, no tiene ni un solo rasguño y en unos minutos podrás comprobarlo con tus propios ojos.

Gisele, consciente de lo peligroso que podía resultar Erik, obedeció sin rechistar, esperando que dijera la verdad y Kelly no hubiera sufrido ningún daño. Erik caminó junto a ella unos metros sin soltarla de su agarre hasta que llegaron a una pequeña furgoneta aparcada en la esquina de la calle, donde dos hombres de Erik armados les esperaban. Tras hacerla subir a la furgoneta, encendieron el motor y se incorporaron a la circulación de la ciudad hasta tomar la autopista.

Media hora más tarde, llegaron a una fábrica abandonada situada en un polígono industrial a las afueras de la ciudad vecina e hicieron bajar del coche a Gisele. Ella miró su reloj de muñeca y, por la hora que era, supo que su mensaje ya se había enviado y que en ese momento probablemente ya estarían buscándola. Llevaba el localizador que Ben le había puesto en el reloj, así que confiaba en que la localizaran rápido mientras ella trataba de ganar tiempo hasta que Matt apareciera.

Gisele entró en la fábrica abandonada seguida de Erik y los dos hombres que le custodiaban, bajaron al sótano. En una esquina de la estancia había un calabozo de tres paredes y una puerta de reja en la que tenían encerrada a Kelly y custodiada por otros dos hombres.

— ¡Kelly! —Exclamó Gisele al verla y corrió hacia a donde estaba ella—. ¿Estás bien? ¿Estás herida?

—Estoy bien, solo un poco asustada —le respondió Kelly con un hilo de voz.

Gisele intentó abrir la puerta de rejas, pero uno de los hombres de Erik se lo impidió agarrándola del brazo y zarandeándola.

—Suéltala ahora mismo —le ordenó Erik. Lanzó una mirada de advertencia a Gisele y, dirigiéndose a aquel tipo, añadió—: Abre la puerta y deja que la chica salga para que se despidan.

— ¿Qué es lo que pretendes con todo esto? —Le espetó Gisele.

—Tranquila, a la chica no le pasará nada, soy un hombre de palabra —le aseguró Erik con semblante serio—. Ya has visto a tu amiga, es hora de marcharnos.

—No iré contigo a ninguna parte hasta que Kelly esté en su casa, con su familia.

—Sigo sin entender cómo ese tipo ha conseguido convencerte para que te cases con él, imagino que el dinero ha tenido mucho que ver —le reprochó Erik.

—Lo entenderías si alguna vez hubieras estado enamorado —le replicó Gisele.

Kelly salió de aquel calabozo y lo primero que hizo fue abrazar a Gisele. Kelly estaba temblando, tenía los ojos rojos y la cara empapada en lágrimas. Estaba aterrada y Gisele trató de calmarla y consolarla.

—Tranquila, no pasa nada. Todo va ir bien —le susurró Gisele.

—Tenemos que irnos —sentenció Erik, la paciencia no era lo suyo, y le hizo una señal para que se despidiera de Kelly—. No te preocupes por ella, tu marido es listo y sabrá encontrarla.

Gisele se abrazó a Kelly, se quitó el reloj y se lo metió en el bolsillo al mismo tiempo que le susurraba para que solo Kelly la escuchara:

—He avisado a Matt, sabe lo que está pasando y vendrá a buscarte.

—Y, ¿qué pasa contigo?

Gisele la miró a los ojos, pero no supo qué contestar. No sabía lo que ocurriría a partir de ese momento, solo le quedaba una opción: hacer todo lo que Erik le dijese para mantenerse con vida hasta que Matt la encontrara.

—Dile a Matt que lo siento —le pidió Gisele antes de salir de allí custodiada por Erik y sus cuatro hombres.

Matt estaba en el centro de operaciones siguiendo una operación especial en conjunto con el ejército cuando el correo electrónico de Gisele apareció en su bandeja de entrada. Ben también lo recibió y lo abrió al instante. En cuanto vio los dos vídeos adjuntos, corrió hacia el centro de operaciones e irrumpió en el lugar, llamando la atención de todos los que estaban allí. Matt supo que algo no iba bien en cuanto vio la cara de Ben y lo confirmó en cuanto Ben se hizo con el control de uno de los ordenadores para reproducir los vídeos que Gisele les había enviado. En el primero, pudieron ver a Kelly y escuchar la voz distorsionada de Erik citando a Gisele; en el segundo, pudieron ver el vídeo de Gisele explicando lo que había ocurrido y lo que iba a hacer. Al final del vídeo, Gisele dejó un mensaje para Matt:

Lo siento Matt, sé que cuando veas esto estarás furioso conmigo por no haberte contado nada, pero si te lo hubiera dicho no habrías dejado que fuese sola a encontrarme con Erik y no podía arriesgarme, no quiero que le pase nada a Kelly por mi culpa.

— ¡Maldita sea! ¿Cómo se ha largado de aquí sin que nadie la viera? —Gruñó Matt fuera de sí.

Ben, que seguía el rastro de Gisele en las cámaras de seguridad de la agencia, la vio salir del parking en uno de los todoterrenos de la agencia y activo el GPS del vehículo al mismo tiempo que accedía a las cámaras de tráfico de la ciudad para ver las imágenes. Sabían hacia a dónde se dirigían y quién la estaría esperando, pero el golpe fue igual de duro.

— ¡Maldito cabrón! —Exclamó Matt furioso—. ¿A dónde la ha llevado? ¿Dónde tiene a Kelly?

—Los teléfonos móviles de ambas están fuera de servicio y Erik se ha llevado a Gis a pie, debe tener un vehículo cerca para huir —le dijo Jason.

—Tengo algo mejor —anunció Ben mientras tecleaba en el ordenador—. Después de lo que ocurrió con Pamela, imaginé que Gis no volvería a contar conmigo para no meterme en líos, así que me las ingenié para convencerla de instalar un localizador en su reloj de pulsera. Gisele está aquí.

Ben señaló un punto rojo en el mapa y Jason, más centrado que Matt y Tyler, se ocupó de tomar las riendas de la situación:

—Está en unos edificios abandonados en un polígono industrial cercano, quiero a dos equipos cubriendo la zona y a otros dos equipos para la ofensiva, vamos a buscar a Gis y a Kelly y vamos a traerlas de vuelta a casa.

Veinte minutos más tarde, llegaron a la zona que les indicaba el localizador de Gisele, pero todo estaba demasiado calmado. De repente, la puerta principal de la fábrica se abrió y tras ella apareció Kelly.

— ¡Kelly! —Gritó Tyler corriendo a su encuentro y Matt corrió detrás de él.

— ¡Tyler! —Kelly se abrazó a Tyler y, acto seguido, también a su hermano Matt.

—Kelly, ¿estás bien? —Le preguntó Matt. Kelly asintió y Matt añadió—: ¿Dónde está Gisele?

—Se la ha llevado, me ha utilizado para que Gis se encontrara con él y se la ha llevado. Gis me ha dicho que tú sabías lo que estaba pasando y que no tardarías en venir a por mí —le dijo entregándole el reloj que Gisele le había metido en el bolsillo—. Me pidió que te dijera que lo siente.

—Erik no estaba solo, hay huellas de ruedas en la tierra de dos vehículos distintos y aquí no hay ninguno —observó Ben.

—Erik estaba con cuatro hombres más, obedecían sus órdenes —apuntó Kelly—. Uno de ellos agarró a Gis por el brazo cuando ella se le encaró y Erik le ordenó que la soltara. inmediatamente.

—Ben, dime que puedes encontrar a Gisele —casi rogó Matt.

—Buscaré la furgoneta en las cámaras de tráfico, la encontraremos —le aseguró Ben antes de concentrarse en la tablet que tenía en las manos.

Erik, sus cuatro hombres y Gisele, se dirigieron al sur tras abandonar la furgoneta en la que habían trasladado a Gisele. Ahora viajaban en una furgoneta más grande y sin ventanas traseras para tratar de cubrir su rastro. Gisele sabía que Matt no podría encontrarla si Erik no dejaba ningún rastro, así que tendría que apañárselas para escapar.

Tras más de una hora de trayecto, la furgoneta se detuvo a las afueras de un pequeño pueblo de montaña, junto a un refugio de cazadores. Gisele miró a su alrededor para saber dónde estaba, pero se decepcionó al descubrir que estaban en mitad de la nada, junto a una pequeña carretera secundaria por la que no se veía circular vehículos.

—Descansaremos aquí y continuaremos el viaje cuando oscurezca —decidió Erik al llegar a la cabaña—. Iremos a comprar algo de comida al pueblo, vosotros dos, quedaos aquí con ella. No quiero ningún altercado, debemos pasar inadvertidos.

Los dos hombres asintieron con poca convicción, sospechaban que Gisele estaba dispuesta a dar problemas y ambos consideraban que lo mejor era deshacerse de ella y Gisele era consciente de ello.

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