Hasta que el contrato nos separe 46.

Durante los dos meses siguientes, Matt y Gisele disfrutaron del verano en la casa de la playa. Sarah y Jason pasaron un par de semanas con ellos, Matt quería ver feliz a Gisele y no dudó ni un instante en invitarla. Jason y Sarah se veían continuamente y pasaban juntos todo el tiempo que podían, pero su relación no era oficial. Ambos se excusaban en la distancia que les separaba para no plantearse una relación formal, pero solo era cuestión de tiempo que terminaran por hacer oficial su relación.

Gisele sonreía alegremente mientras tomaba el sol en la tumbona y miraba a Matt salir del agua como si fuera el mismísimo dios del océano. Gisele irradiaba felicidad, jamás se había sentido tan bien como se sentía durante aquellos días en la playa.

— ¿Se divierte, señora Spencer?

—Siempre que le veo semi desnudo, señor Spencer —le siguió la broma con un tono de voz de lo más sugerente—. Pero, si le soy sincera, debo decirle que podría divertirme aún más.

Matt la miró sorprendido, aquella descarada conseguía provocarle incluso con una broma de lo más inocente, al menos en su inicio.

—Dígame, señora Spencer, ¿qué puedo hacer para que se divierta aún más?

Gisele sonrió a modo de respuesta y Matt no pudo contener sus ganas de besarla y estrecharla entre sus brazos.

—Creo que ya es hora de irnos de vacaciones, en un par de semanas tendremos que regresar al trabajo —le susurró Matt—. Me he tomado la libertad de organizarlo todo, espero que no te moleste.

— ¿Unas vacaciones sorpresa? ¡Estaría loca si te dijera que no! —Exclamó Gisele colocándose a horcajadas sobre Matt—. ¿Cuándo salimos?

—En unas cinco horas, viajaremos de noche y llegaremos por la mañana, pero podremos dormir en el avión.

—Entonces, tenemos tiempo de ocuparnos de algunos asuntos antes de subir a ese avión.

—Tenemos tiempo, pero no aquí —le dijo Matt poniéndose en pie cargando con ella en brazos hasta entrar en la casa—. ¿Qué te parece si llenamos la bañera?

—Mm… Me parece una gran idea —ronroneó Gisele.

Unas horas más tarde, Matt y Gisele volaban en avión hacia su destino de vacaciones, un lugar espectacular que estaba seguro que le encantaría a Gisele. Viajaron de noche y Gisele, pese a que quería dormir para estar descansada cuando llegaran por la mañana, no lo consiguió a causa de los nervios por la incertidumbre y la emoción que aquellas vacaciones le causaban. Y es que no podía evitar sentirse cada vez más enamorada de Matt, era un hombre cariñoso, detallista, protector y mil adjetivos positivos más. Solo tenía un defecto: no era un hombre que quisiera una relación estable y, aunque Gisele fuera su esposa, sabía que ese título tenía fecha de caducidad. Como cada vez que pensaba en el tema, a Gisele se le escapó un pequeño suspiro que a Matt no le pasó por alto.

—Daría todo lo que tengo por saber qué estás pensando en este momento.

—Pues lamento decirte que perderías mucho para obtener muy poco.

— ¿No vas a decirme qué te preocupa?

—No me preocupa nada —mintió Gisele y, para decir alguna verdad, añadió—: Estoy un poco nerviosa y no puedo dormir, pero si no duermo estaré agotada cuando lleguemos.

—Ven aquí, cariño —le susurró Matt estrechándola entre sus brazos—. Tal vez las sorpresas no sean lo tuyo, ¿quieres saber dónde vamos?

— ¿Me lo dirás?

La emoción en los ojos de Gisele le hizo sonreír, ella seguía sorprendiéndole día tras día con su sencillez y su inocencia y él ya no sabía vivir sin ella. Gisele se había convertido en el centro de su vida, una vida que había empezado a tener sentido desde que la conoció.

—Por supuesto, preciosa —le aseguró mirándola hechizado—. Vamos a pasar dos semanas en una cabaña de madera situada en una pequeña playa privada en la que solo estaremos tú y yo.

—Mm… ¿Solo tú y yo?

—No necesito a nadie más —le susurró Matt antes de que Gisele se quedara dormida.

Cuando Gisele despertó y abrió los ojos supo al instante que ya no estaban en el avión, aunque sí estaba en una cama, la cama de una pequeña cabaña de madera.

—Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien? —La saludó Matt con una sonrisa burlona en los labios.

— ¿Ya hemos llegado? —Matt asintió y Gisele, sonrojada, se disculpó—: Lo siento, debo ser la peor esposa del mundo.

Matt la escrutó con la mirada tratando de adivinar por qué se estaba disculpando, pero decidió tomar el camino fácil y preguntarle directamente:

— ¿Qué es lo que sientes?

—Ser una marmota, ni siquiera me he despertado al aterrizar —le contestó ella visiblemente avergonzada.

—Te dormiste casi al amanecer, estabas agotada y no he querido despertarte para que descansaras.

Gisele se levantó de la cama y le plantó un beso en los labios a Matt, que no dudó en aprovechar la ocasión para abrazarla y estrecharla contra su cuerpo. Necesitaba sentirla cerca casi tanto como respirar.

Tras enseñarle la cabaña y el precioso paisaje de una playa virgen de aguas cristalinas, Matt sirvió el desayuno en el porche de la cabaña mientras Gisele se esforzaba en memorizar cada detalle de aquella escena para retenerla para siempre en sus recuerdos.

Durante las siguientes dos semanas, Matt y Gisele disfrutaron el uno del otro en aquella cabaña de madera donde crearon su propio paraíso. Pero la gran felicidad que Gisele sentía junto a Matt a veces se veía empañada al recordar que, en unos meses, probablemente antes de que acabara el año, Gisele dejaría de ser la señora Spencer y perdería a Matt. Pese que se había propuesto no pensar en el tema, cada vez le resultaba más difícil al acercarse la fecha de su primer aniversario como matrimonio.

Matt sabía que Gisele estaba preocupada por algo, a pesar de que ella se lo negara y tratara de disimular. Pero, aunque ansiaba saber qué era lo que le ocurría, decidió no insistir más en el tema y dedicarse a complacerla, siguiendo su plan para enamorarla y que se quedara con él resto de su vida.

Después de sus vacaciones privadas de dos semanas, Matt y Gisele regresaron a casa, donde a Gisele le esperaba otra sorpresa. Matt le entregó un sobre con un contrato en el interior y Gisele, sin molestarse en leerlo para saber de qué se trataba, le preguntó:

— ¿Qué es esto, Matt?

—Es un contrato de trabajo, sé que tienes intención de buscar trabajo y quiero que lo hagas en la agencia —le explicó Matt antes de argumentar su petición—: Te prometo que serás tratada como una empleada más, continuarás bajo la supervisión de Ben y, si hay algo que no te gusta, lo podemos cambiar. Solo quiero que te sientas cómoda y a gusto en la agencia.

—Te lo agradezco enormemente, Matt. Pero creo que es mejor que busque trabajo fuera de tu círculo, no quiero quedarme sin empleo en unos meses.

— ¿Por qué ibas a quedarte sin empleo?

—Matt, ¿de verdad crees que, después del divorcio, es buena idea que trabajemos juntos?

Matt frunció el ceño, no le gustó que Gisele ya estuviera pensando en el divorcio cuando él trataba de hacer todo lo posible para evitarlo.

—Señora Spencer, ni siquiera hemos pasado el primer aniversario de boda, ¿y ya estás pensando en el divorcio? —Trató de bromear para restarle importancia al asunto, no quería tener aquella conversación en ese momento, no estaba preparado.

—Estoy hablando en serio, Matt.

—El trabajo en la agencia te vendrá muy bien para adquirir experiencia y, si más adelante quieres cambiar de empleo, tendrás más y mejores opciones de las que puedas tener ahora, que no tienes más experiencia que las prácticas universitarias —argumentó Matt.

Gisele se agobió. Deseaba aceptar aquel trabajo en la agencia, pero no podía evitar pensar que, cuando su contrato con Matt finalizara, su vida cambiaría y desaparecería de la vida de Matt. Trabajar en su agencia solo complicaba aún más las cosas.

—No entiendo por qué lo piensas tanto —bufó Matt molesto por el silencio de Gisele.

—Para ti es muy fácil opinar, cuando todo esto acabe tu vida seguirá exactamente igual —le espetó Gisele—. Seguirás viviendo en la misma casa, conservando el mismo trabajo y los mismos amigos, pero yo tendré que marcharme y dejarlo todo atrás.

—Al menos, piénsalo —le respondió Matt antes de salir de la habitación y encerrarse en el despacho de casa.

Gisele resopló con frustración, había conseguido justo todo lo contrario de lo que pretendía y Matt se había enfadado, aunque no comprendía el por qué. Se metió en la cama y esperó a que Matt regresara al dormitorio, pero no lo hizo.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó tampoco encontró a Matt en la cama, pero vio una nota sobre la almohada: “He ido a trabajar a la agencia, regresaré a la hora de comer. M.”

—Es evidente que sigue enfadado —murmuró Gisele, pensando en voz alta.

Mientras Matt se desahogaba con Jason en la agencia, Gisele pasó la mañana relajándose en la piscina, tratando de no pensar en nada. Matt llegó a casa a mediodía y encontró a Gisele dormida en la hamaca del jardín. Se acercó a ella despacio y se sentó en la hamaca de al lado mientras acariciaba su espalda con la yema de sus dedos.

—Mm… ¿Matt? —Preguntó Gisele al despertar, reconociendo las caricias de Matt.

—Hola, preciosa.

Gisele le miró cautelosa, no esperaba que Matt regresara a casa de buen humor, pero acto seguido sintió las manos de él en su cintura y un segundo más tarde estaba sentada a horcajadas sobre él.

—Tenemos que hablar, Gisele —le dijo Matt manteniendo un tono de voz suave.

— ¿Sigues enfadado?

—No, no estoy enfadado. Tan solo quiero hablar contigo.

—Adelante, te escucho —le animó Gisele sin moverse ni un milímetro pese a que seguía a horcajadas sobre Matt, aunque a él tampoco pareció importarle.

—No quiero que dejes de hacer lo que te gusta solo porque estemos casados, no quiero que eso te impida tomar tus propias decisiones y te apoyaré decidas lo que decidas —comenzó a decir Matt—. Sigo pensando que deberías aceptar mi oferta de empleo ya que es lo más beneficioso para ti pero, como te he dicho, te apoyaré sea cual sea tu decisión.

—Mm… ¿Me apoyarás en todo lo que decida?

—Sí, aunque eso no evitará que te diga lo que opine al respecto ni que trate de hacer que cambies de opinión —le advirtió Matt.

—Por ahora puedo conformarme con eso —se conformó Gisele. Le dedicó una sonrisa traviesa a Matt y, mientras deshacía el nudo de su corbata, le susurró—: Creo que deberíamos celebrar esta tregua, ¿te apetece relajarte conmigo en la bañera?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió Matt sonriendo, levantándose de la hamaca cargando con Gisele en brazos para llevarla hasta la habitación.

Esa misma noche, después de hacer el amor, Gisele se dejó abrazar por Matt y le susurró al oído antes de dormirse:

—Acepto tu oferta de empleo, mañana iré a trabajar contigo.

Matt se lo agradeció con un tierno beso en la frente a la vez que contenía un gran suspiro de alivio al saber que Gisele trabajaría en la agencia.     

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