La mañana siguiente Gisele se despertó entré los brazos de Matt y sonrió feliz de que siguiera en la cama con ella. Gisele se acurrucó junto a él y comenzó a depositar pequeños besos sobre su cuello, tratando de excitarle, pero Matt la detuvo dándole un casto beso en los labios y levantándose de la cama para darse una ducha de agua fría. Matt deseaba hacer el amor con Gisele, pero no pensaba hacerlo hasta que se recuperara. Mientras él se duchaba, Gisele se vistió y un rato más tarde bajaron a la cocina a desayunar, donde se unieron a Jason, Sarah y Elsa. Poco después, llegaron Leonor, Kelly y Tyler, preocupados por Gisele y queriendo comprobar con sus propios ojos que ella estaba bien.

Matt apenas se separó de Gisele en todo el día, necesitaba sentir su contacto, la abrazaba y la besaba constantemente, consciente de lo que podría haber perdido el día anterior, consciente de lo mucho que le importaba Gisele.

Un par de días más tarde, Sarah regresó a la Capital y Matt decidió que era el momento de retomar sus planes y pasar unos días en la casa de la playa. Gisele estaba ansiosa por pasar unos días a solas con Matt, habían estado rodeados de familia y amigos y apenas habían tenido tiempo de estar los dos a solas. Además, Gisele tenía sus propios planes, ya que tenía pensado cómo acabar con la abstinencia sexual que Matt la tenía sometida.

—Apenas has abierto la boca en todo el trayecto, ¿te encuentras bien? —Le preguntó Matt cuando llegaron a la casa de la playa.

—Estoy bien —le aseguró Gisele dedicándole una amplia sonrisa.

Y era verdad, Gisele se encontraba bien, no se sentía enferma ni estaba mareada, tan solo un poco adolorida por las magulladuras, pero ya casi apenas sentía dolor. Matt cargó con el equipaje hasta el dormitorio principal y Gisele le siguió.

—Ponte cómoda mientras yo me encargo de preparar la comida —le dijo Matt tras darle un leve beso en los labios.

—Después prepararemos la comida juntos, todavía es temprano —le replicó Gisele colocando los brazos alrededor de su cintura para abrazarle—: ¿Qué te parece si antes nos damos un chapuzón en la playa?

—Solo han pasado tres días, debes seguir guardando reposo —le quitó la idea Matt.

—Y, ¿qué me dices de un baño relajante en la bañera?

—Gisele, debes guardar reposo y ambos sabemos lo que ocurrirá si entro contigo en esa bañera. No me lo pongas más difícil —le rogó Matt—. Estaré preparando la comida, no tardes demasiado en bajar a la cocina.

Tras darle un leve beso en los labios, Matt bajó a la cocina y comenzó a preparar la comida mientras trataba de no sucumbir a sus instintos más primitivos, la salud y la seguridad de Gisele era su prioridad más absoluta. Sin embargo, ella no se dio por vencida. Sabía que Matt no se lo iba a poner fácil, pero ella tampoco lo haría. Se dio una ducha rápida, se puso un diminuto bikini que había comprado la semana anterior para aquella escapada y terminó el conjunto con un vestido blanco de tirantes y unas sandalias del mismo color.

— ¿Qué tal ha ido el baño?

—Podría haber ido mejor —le respondió Gisele con un ligero tono de reproche en su voz.

—Deja de provocarme, te aseguro que tengo más ganas que tú —le susurró Matt estrechándola contra su cuerpo.

Gisele notó la abultada erección que Matt tenía bajo los pantalones y no quiso desaprovechar la oportunidad. Comenzó a depositar pequeños besos por su cuello mientras le acariciaba la espalda y Matt, haciendo un gran esfuerzo, se separó de ella y le dijo:

—La comida ya casi está, ¿te importa preparar la mesa?

Gisele no dijo nada, se limitó a hacer lo que Matt le había pedido. Durante los dos días siguientes, trató de provocar a Matt con todo lo que se le ocurrió, pero él huía de ella antes de dejarse caer en la tentación, aunque cada vez le resultase más difícil. Gisele se paseaba por la casa casi desnuda, se insinuaba constantemente y, con cualquier roce o caricia, hacía todo lo posible para excitarle y lo conseguía, pero Matt estaba entrenado para soportar cualquier tipo de situación y de nuevo se alejaba de ella.

—Si sigues haciendo ejercicio, te vas a deshidratar —se mofó Jason desde el otro lado del teléfono cuando Matt le contó la situación—. Aunque supongo que lo equilibras con las duchas de agua fría.

—No tiene gracia —gruñó con frustración.

—Tú eres el único culpable de esta situación, ¿cómo no quieres que me ría?

—El doctor dijo que Gisele debe guardar reposo y tampoco quiero que piense que solo me intereso por ella por el sexo…

—Y, en lugar de andarte con tantas sutilezas, ¿por qué no se lo dices a ella directamente?

—Supongo que por la misma razón por la que tú no se lo dices a Sarah.

—Eso ha sido un golpe bajo —protestó Jason—. Y te recuerdo que tú estás casado con Gis, hace más de un año que vivís juntos. Te aconsejo que hables con ella cuanto antes, el tiempo pasa volando y antes de que te des cuenta habrá pasado tu primer año como hombre casado.

—Tengo que colgar, no quiero que Gisele se despierte —se despidió Matt y añadió antes de colgar—: Mantenedme informado.

Matt dejó el teléfono móvil sobre la mesita de noche y se metió de nuevo en la cama junto a Gisele. La conversación con Jason le hicieron pensar en algo que había estado evitando pensar, no estaba preparado para hablar de futuro con Gisele. Su plan era demostrarle a Gisele día tras día que ella era lo más importante para él, al margen del contrato.

— ¿Va todo bien? —Preguntó Gisele medio dormida, acurrucándose contra el cuerpo de Matt.

—Todo va bien —le confirmó Matt envolviéndola con sus brazos—. Duérmete otra vez, solo son las cinco de la mañana.

—Mm… No quiero dormir, Matt —ronroneó Gisele.

—Gisele…

—Te necesito Matt, eres mi marido y…

Matt no la dejó terminar la frase, la besó apasionadamente, cediendo ante su petición que casi fue una súplica. La desnudó lentamente, con mucho cuidado para no hacerle daño ya que todavía tenía hematomas por todo el cuerpo debido al accidente, besando cada centímetro de su piel y adorándola como si fuera una diosa. Quería colmarla de placer sin penetrarla, pero Gisele fue muy clara a la hora de expresar lo que necesitaba:

—Te necesito dentro, Matt.

—Gisele…

Pero Matt ya no se sentía con fuerzas para detenerla. La colocó sobre él, la envolvió con sus brazos y le hizo el amor despacio, con mucha ternura y delicadeza, hasta que ambos estallaron en mil pedazos.

—Cariño, ¿estás bien? —Quiso asegurarse Matt.

—No podría estar mejor —le confirmó Gisele casi en un susurro.

Abrazados el uno al otro, ambos se durmieron de nuevo. Habían sido unos días complicados, pero por fin todo regresaba a la normalidad y volvían a disfrutar de su peculiar vida de matrimonio.

Matt dedicaba todo su tiempo a hacer feliz y complacer a Gisele en todas sus demandas, tan solo llamaba por teléfono a la Agencia un par de veces al día para informarse de cómo iban las cosas por allí. Pamela había sido detenida y confesó que había contratado a una banda para que acabara con Gisele pero, como quería estar segura de que cumplían con el trato, decidió acompañarles mientras llevaban a cabo su plan. Habían localizado y detenido a tres de los miembros de la banda, pero todavía buscaban a dos de ellos.

— ¿Hasta cuándo nos quedaremos aquí? —Le preguntó Gisele tras pasar una semana en la casa de la playa.

— ¿Ya te has aburrido de mí? —Bromeó Matt.

—Me sorprende que estés alejado tantos días de la Agencia y tampoco te he visto trabajar desde tu ordenador portátil.

—Han intentado matar a mi esposa, tú eres lo único que me importa en este momento.

—Entonces, ¿podemos quedarnos unos días más?

— ¿Te gustaría pasar el verano aquí? Podríamos decorar la casa a tu gusto, ir a la playa y salir a navegar —la tanteó Matt.

— ¿Cómo vamos a quedarnos aquí todo el verano? —Le respondió Gisele pensando que Matt estaba bromeando.

—Ya has acabado la carrera, no tienes que ir a la universidad.

— ¿Y tú?

—Lo único bueno de ser el jefe es que puedes faltar al trabajo cuando quieras sin que nadie te diga nada —le respondió Matt.

—No puedes estar dos meses sin trabajar, ¿qué pensarán tus empleados?

—Me da igual lo que piensen los demás, solo me importa lo que pienses tú —le dejó claro Matt, no quería que ella tuviera ninguna duda—. Estaremos a un par de horas de distancia de casa y de la Agencia. Si quieres, puedes invitar a Sarah y a Kelly, o a quién tú quieras para que pase unos días con nosotros. Pero reserva las dos últimas semanas para unas vacaciones de verdad, solo tú y yo.

—Tengo que buscar trabajo y…

—De eso también quería hablar contigo —la interrumpió Matt—. Lo he estado pensando mucho estos días y, tras entender que no voy a poder mantenerte al margen de las investigaciones que llevamos en la Agencia sobre tu ex novio, creo que lo mejor es que formes parte del equipo. Solo como agente de oficina —le advirtió Matt.

— ¿Estás seguro? No tienes que hacerlo si no quieres y…

—Estoy seguro, conoces al sujeto mejor que nadie y estás académicamente preparada para hacerlo. Ben seguirá siendo tu supervisor pero si volvéis a ocultarme información importante, le despediré a él y a quien os haya ayudado —le advirtió tajante. Gisele abrió la boca para protestar, pero Matt continuó hablando—: Me da igual lo que digas, no voy a consentir que nadie permita que estés ante más mínimo riesgo.

—No volveré a ocultarte nada —le aseguró Gisele arrepentida.

—Si te hubiera pasado, no me lo hubiera perdonado jamás —le confesó Matt en un susurro, estrechándola con fuerza contra su cuerpo.

—Entonces, ¿cuándo empiezo a formar parte de los empleados de la Agencia?

—En septiembre, cuando regresemos de vacaciones.

Gisele sonrió feliz y se abrazó a Matt aún más fuerte. Había pasado más de un año desde que conoció a Matt y había sido el mejor año de su vida pese a que había descubierto que Erik era un criminal y de que Pamela casi la mata. Pero la alegría se convirtió en temor al recordar que ya llevaba seis meses casada con Matt y solo le quedaban otros seis meses más para estar a su lado.

— ¿Ocurre algo? —Le preguntó Matt al ver la expresión agridulce de Gisele.

—No pasa nada.

—Mientes fatal, Gisele.

—Estoy bien.

—De acuerdo, ya me hablarás de ello cuando quieras —se rindió Matt antes de besarla—. Me quedaría en la cama todo el día contigo.

—No hay nada que nos lo impida —le tentó.

— ¿Quieres pasar el resto del día en la cama conmigo?

—Estaría loca si te dijera que no.