Hasta que el contrato nos separe 44.

Antes de marcharse de la Agencia, uno de los enfermeros le dio a Matt un informe con todas las indicaciones para realizar las curas de las heridas a Gisele y también con la medicación y los complementos vitamínicos que debía tomar. Agarró a Gisele por la cintura para sostenerla mientras caminaban hacia el coche para regresar a casa. Matt había pedido que recuperaran el equipaje que Gisele llevaba cuando sufrió el accidente y lo guardó en el maletero de su coche. Tenía la intención de escaparse con Gisele unos días a la playa, tal y como ella había planeado, pero la sensatez le hizo aplazar aquel viaje. Había llamado a Sarah y le había pedido que pasara el fin de semana con Gisele, ya que supuso que, dada la tensión que había entre ellos, no quería que se sintiera sola. Además, Gisele necesitaba descansar y guardar reposo, no podía someterla a un viaje en coche de dos horas en su estado.

— ¿Estás bien así? —Le preguntó Matt tras ayudarla a sentarse en el coche y abrocharle el cinturón de seguridad. Ella asintió con un leve gesto de cabeza y Matt añadió—: Conduciré despacio, avísame si te mareas.

Gisele asintió de nuevo, pero no dijo nada. Ella no necesitaba descansar, tan solo necesitaba que la abrazase y le dijera que toda iba a ir bien.

Llegaron a casa y Matt le pidió a Elsa que ayudara a Gisele a darse un baño mientras él hacía un par de llamadas. Leonor y Kelly se habían enterado de lo ocurrido y querían visitar a Gisele, pero Matt las convenció para que les visitaran al día siguiente. Llamó a Jason para decirle que se dirigieran a su casa en cuanto llegaran y también llamó a Ben, quien le confirmó que Pamela ya había sido detenida. Era cuestión de horas que averiguaran quién la había ayudado a llevar a cabo su maléfico plan. Cuando terminó de hablar por teléfono con Ben, subió a la habitación justo en el momento en el que Gisele salía del baño con la ayuda de Elsa.

—Estaba a punto de ir a buscarte, tenemos que curarle las heridas de nuevo —le dijo Elsa visiblemente preocupada.

—Yo me encargo, Elsa. Por favor, prepara la habitación de invitados para Sarah.

A Elsa no le pasó por alto la tensión que había en el ambiente y les dejó a solas, aquellos dos tenían mucho de lo que hablar. Matt se acercó a Gisele despacio mientras ella se deshacía del albornoz, quedándose completamente desnuda frente a él. En otro situación, Matt no hubiera resistido la tentación de abrazarla y besarla, pero las magulladuras y moratones en el cuerpo de Gisele le hicieron estremecerse. Se concentró en leer las instrucciones que el doctor había redactado para curar las heridas de Gisele y preparó la medicación que le habían pautado mientras ella se vestía. Cuando se acercó a ella dispuesto a curar y secar la herida de su frente y otras raspaduras que tenía por todo el cuerpo, Gisele le dijo tajante:

—Puedo hacerlo yo.

—Como quieras —gruñó Matt de mal humor.

Matt no estaba acostumbrado a que le ocultaran información, ni a que le replicaran, mucho menos a que le desobedecieran, pero estaba haciendo un gran esfuerzo por controlar la frustración que sentía. Estaba enfadado con Gisele, pero también aliviado de que ella estuviera bien, o todo lo bien que se podía estar después de sufrir semejante accidente. Había tenido mucha suerte y el simple hecho de pensar que le podía haber sucedido algo mucho peor hacía que la ira invadiera su cuerpo. Quería gritarle casi tanto como abrazarla y besarla, pero Gisele se mostraba distante y desafiante, no se lo pondría fácil y no la culpaba, se había comportado con ella como un idiota. La observó en silencio mientras ella curaba sus heridas y, cuando terminó, le tendió las pastillas para que se las tomara al mismo tiempo que le decía:

—Es un antibiótico, un antinflamatorio, un analgésico y el complemento vitamínico, tómate todas las pastillas.

—Sí, Capitán —bufó Gisele, frustrada por la frialdad de Matt.

Una vez más, Matt se mordió la lengua para no caer en las provocaciones de Gisele y evitar una nueva discusión. Tenía una conversación pendiente con ella y le debía una disculpa, pero estaba demasiado molesto para hacerlo en aquel momento. Gisele se tomó las pastillas, se puso una fina bata de seda para tapar su diminuto pijama por si recibía alguna visita y se tumbó sobre la cama.

—Intenta dormir un poco, te avisaré cuando llegue Sarah.

Gisele pensó que Matt se marcharía a su despacho, pero se quedó en la habitación con ella. Se sentó en el sofá y se dedicó a observarla mientras jugueteaba con su teléfono móvil en las manos. Gisele cerró los ojos, le dolía demasiado ver a Matt tan frío y distante con ella.

Media horas más tarde, Elsa anunció la llegada de Sarah y Jason. Ambos subieron a la habitación y Gisele sonrió por primera vez desde el accidente al ver a Sarah. Las dos amigas se abrazaron, se echaban de menos y, después de lo sucedido, Sarah estaba muy preocupada por Gisele. Matt le había contado por teléfono lo que había ocurrido con Gisele y, mientras volaban de regreso a la ciudad, Jason le contó que la pareja estaba enfadada. Consciente de que ambas necesitaban intimidad, Matt y Jason las dejaron a solas y se retiraron al despacho.

—Un pajarito me ha dicho que Matt y tú estáis enfadados, ¿quieres hablar de ello? —Le preguntó Sarah con dulzura.

Gisele le contó todo lo que había pasado, incluida la reacción de Matt después del accidente, aunque omitió la parte en la que le reprochó que había incumplido el contrato. Sarah entendía que Matt estuviera molesto porque su esposa le hubiera ocultado semejante información que la había puesto en peligro, pero ver a su amiga llorar y sentirse tan sola le rompió el corazón en mil pedazos. Los chicos regresaron junto a las chicas después de comprobar cómo iba la investigación y Sarah, con fingida inocencia, le dijo a Matt:

—Gis está un poco agobiada, creo que le vendría bien cambiar de aires y yo tengo unos días libres, puede quedarse conmigo en la Capital.

Matt clavó la mirada en Gisele y no le costó adivinar que tenía los ojos rojos e hinchados de haber estado llorando. Se odiaba por ello, sabía que él era el único causante de sus lágrimas, pero descubrir que Gisele pretendía marcharse con Sarah a la Capital sin siquiera hablar antes con él le decepcionó.

—No puedo ir, el doctor me ha dicho que he de guardar reposo unos días —se oyó decir Gisele al darse cuenta de lo que pretendía su amiga.

Matt respiró aliviado, tenía argumentos de sobra para que Gisele se quedara en casa con él, pero dudaba que ella quisiera escucharlos.

—En un par de días ya estará mucho mejor y el viaje a la capital es corto, sobre todo si vamos en avión —insistió Sarah y, al ver que nadie decía nada, añadió—: Gis necesita que la mimen en este momento y no hay nadie mejor que yo para hacerlo.

—Matt ya tiene planes con Gisele —intervino Jason.

— ¿Podéis dejarme un momento a solas con Gisele? —Musitó Matt con cara de pocos amigos.

Sarah miró a Gisele esperando su aprobación y, solo cuando Gisele asintió, Sarah decidió dejarles a solas y salió de la habitación seguida de Jason. Matt se acercó a Gisele y se sentó en la cama junto a ella. Le sostuvo la mirada durante unos segundos pero sin desafiarla, tan solo tratando de hacer tiempo para encontrar las palabras adecuadas que ella no pudiera malinterpretar.

— ¿Cómo te encuentras? —Le preguntó finalmente, suavizando su tono de voz y enterrando el hacha de guerra.

—Estoy bien.

—No, no estás bien —la corrigió—. Sé que has estado llorando y quieres marcharte con Sarah a la Capital.

—Sarah me conoce mejor que nadie, sabe que no estoy bien y tampoco le ha costado adivinar que estás enfadado conmigo.

—Estoy enfadado contigo porque tenías sospechas de que podías estar en peligro y no me dijiste nada, sin embargo no te faltó tiempo para decírselo a Ben. Pero eso no justifica mi actitud contigo, te debo una disculpa.

—Si no te dije nada no fue porque no confíe en ti, sino porque no quería preocuparte. Pensé que quizás era una paranoia mía y me sentía ridícula haciéndote perder el tiempo —se justificó Gisele.

—Soy tu marido, es a mí a quién tienes que hacer perder el tiempo contándole tus cosas, no pedírselo a uno de mis agentes —le espetó Matt dolido—. Solo de pensar en lo que te podría haber pasado yo…

—Estoy bien, Matt. Pero no te mentiré y te diré que podría estar mejor.

—Quiero que te quedes conmigo, Gisele. Tenías planes para este fin de semana y, aunque no haya salido tal y cómo habías previsto, me encantaría pasar unos días contigo en la casa de la playa. Aunque, si prefieres irte unos días con Sarah a la Capital, lo comprenderé.

— ¿Quieres que me quede contigo para seguir frío y distante conmigo?

—Quiero que te quedes conmigo para cuidarte y mimarte como debí haberlo hecho en cuanto recobraste la conciencia —la corrigió Matt—. Si lo prefieres, podemos pedirles a Sarah y Jason que vengan con nosotros a la casa de la playa. Pero prométeme que si vuelves a tener la más mínima sospecha de que sucede algo poco habitual a tu alrededor me lo dirás, aunque pienses que sea una tontería.

—Te lo prometo —le dijo ella con un hilo de voz.

—Y yo te prometo que vas a estar a salvo, no permitiré que nada malo te ocurra —le susurró Matt al oído. Le dio un leve y casto beso en los labios y, con una amplia sonrisa en los labios, añadió—: Entonces, ¿te apetece pasar unos días conmigo en la playa?

—Estaría loca si te dijera que no.

Matt la estrechó entre sus brazos y Gisele rio divertida, soltando toda la tensión que había acumulado durante las últimas horas.

—Necesitaba sentirte entre mis brazos, cariño —le confesó mientras la acunaba.

—Yo también lo he echado de menos.

Permanecieron abrazados sobre la cama durante varios minutos, hasta que Gisele recordó que tenían visita y que probablemente les estuvieran esperando:

—Creo que deberíamos ocuparnos de los invitados.

—Elsa se ocupará de ellos, necesitas descansar y no pienso separarme de ti.

Casi una hora más tarde, Jason y Sarah llamaron a la puerta del dormitorio, preocupados porque ninguno de los dos hubiera salido todavía.

— ¿Va todo bien ahí dentro? —Les preguntó Jason pegando la oreja en la puerta para escuchar mejor—. Será mejor que os adecentéis, voy a abrir la puerta en cinco segundos.

—No pienso despegarme de tu lado —le advirtió Matt a Gisele en un susurro antes de que Sarah y Jason entraran en el dormitorio.

—La parejita de enamorados ya se ha reconciliado —constató Sarah al verlos tan acaramelados.

—Estupendo porque Elsa ya ha preparado la cena y estoy hambriento.

—Cariño, ¿quieres bajar a cenar o prefieres que te suba la cena al dormitorio? —Le preguntó Matt a Gisele.

—Me alegra saber que seguís tan empalagosos como siempre, pero la cena se enfría.

—Bajo a cenar con vosotros —decidió Gisele.

—Como quieras, pero después de cenar regresas a la cama. El doctor ha sido muy claro al decir que debes guardar reposo —le recordó Matt.

Gisele rodó los ojos, pero Matt frunció el ceño y ella le plantó un beso en los morros para hacerle sonreír. Los cuatro bajaron a cenar al comedor y Gisele insistió en que Elsa se uniera a ellos. Charlaron animadamente durante la cena y Matt estuvo pendiente de Gisele en todo momento, mostrándose mucho más cariñoso de lo habitual. Terminaron de cenar y se quedaron charlando un rato más hasta que Sarah vio a Gisele bostezar y le dijo a Matt:

—Lleva a Gis a la cama, está agotada y necesita descansar.

—Odio que habléis de mí como si yo no estuviera delante —protestó Gisele.

—Cariño, ¿nos vamos a la cama? —Le preguntó Matt en un susurro.

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió Gisele al oído con tono sugerente.

Con una amplia sonrisa en los labios, Matt cogió en brazos a Gisele, se despidió de sus amigos, la llevó al dormitorio y se metió con ella en la cama, donde durmieron abrazados toda la noche.

2 comentarios

  1. Excelente capitulo. Saludos.

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