Tras pasar la Nochebuena y el día de Navidad todos juntos en casa de Leonor, Matt y Gisele regresaron a su casa. Durante los días siguientes, Gisele y Sarah aprovecharon cada minuto del día para estar juntas, pero por la noche Sarah se quedaba en casa de Jason y Gisele regresaba a casa con Matt.

Animada por Matt, Gisele organizó la fiesta de fin de año en casa con la ayuda de Sarah. Invitaron a todos los amigos y a la familia, Elsa incluida, pero finalmente la fiesta de fin de año se convirtió en una noche de parejitas: Matt y Gisele; Jason y Sarah; y Tyler y Kelly.

—Cariño, estás preciosa —le susurró Matt a Gisele abrazándola desde atrás mientras ella se miraba en el espejo—. Los invitados están aparcando, deberíamos bajar a recibirlos.

Una hora más tarde, todos estaban sentados a la mesa y disfrutando de una deliciosa cena de fin de año en la mejor compañía. Bromearon, rieron y se divirtieron hasta que llegó la medianoche y con ella el año nuevo, al que le dieron la bienvenida con un brindis.

Un par de días más tarde, Sarah regresó a la capital y Gisele retomó las clases para afrontar los exámenes de final de semestre. Entre las clases y estudiar, a Gisele apenas le quedaba tiempo libre. Matt le dio espacio para no agobiarla, pero siempre se las apañaban para cenar juntos y charlar un rato antes de irse a dormir.

El último día de exámenes antes de las vacaciones del semestre, Matt fue a recoger a Gisele a la universidad como todos los días, pero con un plan entre manos. Se había pasado casi toda la noche trabajando desde casa y por la mañana, tras llevar a Gisele a la universidad, había regresado a casa para preparar el equipaje de ambos. Cuando lo tuvo todo listo, se dirigió a la agencia para confirmar que el plan iba según lo previsto y dejó allí el equipaje para que lo cargaran en el avión privado de la agencia. Se aseguró de dar las instrucciones necesarias a Jason y a Tyler para que se encargaran de la agencia en su ausencia, pues no quería que les molestasen a menos que se tratara de una urgencia. Había pospuesto la luna de miel, pero había llegado el momento de disfrutarla y quería sorprender a Gisele.

Matt aparcó frente a la universidad y esperó a que saliera. Pocos minutos más tarde, la vio despedirse de un par de compañeras y mirar a su alrededor. Matt levantó el brazo para llamar su atención y ella, con una amplia sonrisa en los labios, corrió hasta llegar a él y saltó a sus brazos mientras Matt la cogía al vuelo y le daba vueltas sobre sí mismo, contagiado de su alegría y su buen humor.

—Imagino que los exámenes te han ido genial.

—No podía haberme ido mejor, aunque tendremos que esperar a que publiquen las notas para confirmar los resultados. ¿Tienes trabajo esta tarde? Me gustaría invitarte a comer para celebrarlo —le propuso Gisele.

—Lo vamos a celebrar, pero antes tenemos que pasar por la agencia un momento —le respondió Matt dedicándole una sonrisa traviesa que no pasó desapercibida para Gisele.

— ¿Qué estás tramando?

— ¿Confías en mí?

— ¿Cómo no voy a confiar en mi marido? —Bromeó Gisele.

—Entonces, confía en mí. Te prometo que vamos a celebrar el final de tus exámenes semestrales y todo lo que tú quieras.

— ¿Todo lo que yo quiera?

El tono sugerente de Gisele hizo sonreír a Matt, que se sentía completamente hechizado por ella. Sin borrar la sonrisa de su rostro, Matt condujo hasta llegar a la agencia, concretamente al hangar donde les esperaba el avión.

— ¿Qué estamos haciendo aquí, Matt? —Le preguntó alzando las cejas, pues sabía que Matt estaba tramando algo.

—Si confías en mí, subirás al avión sin hacer preguntas.

—Confío en ti, pero solo subiré a ese avión si tú vienes conmigo.

—Por supuesto que yo también subiré a ese avión contigo, estaría loco si no lo hiciera —le aseguró él antes de estrecharla entre sus brazos y besarla con ternura—. ¿Estás preparada?

Gisele asintió emocionada por aquella nueva aventura, completamente enamorada de Matt y de su forma de cuidarla y sorprenderla. Sin hacer más preguntas, subió al avión seguida de Matt, tratando de adivinar a dónde se dirigían.

Se acomodaron en los sillones y se abrocharon el cinturón de seguridad para despegar y, en cuanto el avión alcanzó el modo crucero, les sirvieron la comida. Gisele dedujo que se trataba de un vuelo largo cuando, después de comer, Matt la instó para que descansaran unas horas en el pequeño camarote del avión.

— ¿Todavía no vas a decirme a dónde vamos? —Le preguntó Gisele cuando se despertó de la siesta.

—No, es una sorpresa —le contestó Matt, sonriendo divertido.

—Y, al menos, ¿puedes decirme cuánto tardaremos en llegar?

—Aterrizaremos en un par de horas y pasaremos un par de días en la ciudad, pero no es nuestro destino final, tan solo es una escalada para que no te aburras de tanto viaje.

El tono guasón de Matt obtuvo un almohadazo a modo de respuesta por parte de Gisele. Ambos se enzarzaron en una dulce guerra de almohadas que terminó con los dos desnudos y exhaustos sobre la cama del camarote del avión, hasta que el pilotó anunció por megafonía que aterrizarían en veinte minutos.

Una vez aseados, vestidos y adecentados, Matt y Gisele se acomodaron en los sillones del avión y se abrocharon los cinturones de seguridad para aterrizar. Gisele miró por una de las ventanillas del avión y vio lo que le pareció una gran ciudad soleada en mitad de mucha naturaleza, pero no logró adivinar dónde estaban.

— ¿Dónde estamos? —Preguntó Gisele mientras bajaban las escaleras del avión, buscando con la mirada cualquier cartel que indicara el nombre de la ciudad donde se encontraban.

—Estamos en Seattle, en el Estado de Washington, Estado Unidos.

— ¿Estamos aquí por algún motivo en concreto?

—No te gusta demasiado el frío, ¿eh? —Bromeó Matt.

—No es eso, es que no sé a qué hemos venido —le aclaró Gisele—. ¿Hemos venido de vacaciones?

—Más o menos, ya te he dicho que solo nos quedaremos aquí un par de días.

— ¿Y después?

—Después nos dirigiremos a nuestro destino final, donde disfrutaremos de nuestra luna de miel.

— ¿Dónde? —Quiso saber Gisele emocionada.

—Cariño, creía que habías dicho que confías en mí —le respondió Matt con tono burlón.

— ¡Matt!

La protesta de Gisele, con los brazos en jarras, el ceño fruncido y poniendo morritos, hizo que Matt soltara una sonora carcajada. La estrechó entre sus brazos, la abrazó con fuerza, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Vamos a instalarnos en el mejor hotel de Seattle, descansaremos en nuestra suite y haremos turismo por la ciudad durante los siguientes dos días. Después, subiremos al avión y volaremos hasta un lugar cálido y con playa donde permaneceremos durante dos largas semanas, solos tú y yo.

—Parece un buen plan —reconoció Gisele con tono sugerente.

—Gisele…

Ella sonrió ante la advertencia de Matt, pero él la agarró por la cintura al mismo tiempo que le hacía cosquillas y, cuando Gisele le rogó entre risas que parara, él le susurró:

— ¿Vas a portarte bien hasta que lleguemos al hotel?

—Solo hasta que lleguemos al hotel —le aseguró Gisele sonriendo pícaramente.

Matt aceptó aquella tregua y le plantó un beso en los morros, dejándose llevar por la espontaneidad y la positividad de ella que tanto le gustaba.

Media hora más tarde, ambos se instalaban en la suite presidencial del mejor hotel de Seattle. Estaban agotados después del largo viaje en avión y también hambrientos, pues ya era la hora de cenar. Gisele entró en el cuarto de baño para dejar sus cosas se aseo y, cuando vio la enorme bañera, no puedo evitar resistirlo:

—Matt, ¿te apetece que nos demos un baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió abrazándola desde la espalda—, pero antes tenemos que cenar. ¿Quieres bajar al restaurante o pedimos que nos suban la cena?

—Pedimos que nos suban la cena.

Dicho y hecho. Matt llamó por teléfono al servicio de habitaciones y, mientras esperaban que les subieran la cena, terminaron de instalarse en la suite.

Más tarde, cenaron en el amplio salón de la suite, junto al calor de la chimenea y mientras observaban por la ventana cómo nevaba.

— ¿Te gustaría vivir aquí?

— ¿Aquí dónde?

—En Seattle —le aclaró Matt.

—Parece una ciudad interesante, incluso romántica, pero me resultaría bastante deprimente vivir en un lugar en el que el cielo siempre es gris y llueve casi todos los días.

—Prefieres los lugares cálidos —afirmó Matt.

— ¿A qué viene todo esto? ¿Es que vas a mudarte?

—No, solo era una pregunta.

Gisele no se quedó satisfecha con aquella respuesta, era evidente que Matt le estaba ocultando algo, pero decidió dejarlo estar ya que tomar aquel camino significaba acabar discutiendo con Matt y no quería estropear el viaje. Su luna de miel.